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¿Qué es el diseño olfativo y cómo cambiará casas, hoteles y oficinas?

El aroma entra en el diseño de interiores como una capa capaz de cambiar la percepción de casas, hoteles, oficinas y otros espacios cotidianos.

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el diseño olfativo

Resumen

  • El diseño olfativo incorpora aromas al proyecto de casas y oficinas
  • Mane ha mapeado cientos de esencias y su relación con las emociones
  • El olor puede alterar la percepción de confort, limpieza y espera

El diseño olfativo empieza a salir del territorio de las perfumerías y los ambientadores para entrar, literalmente, en los planos de casas, hoteles, oficinas, tiendas y espacios públicos. La idea es sencilla de explicar, aunque bastante más compleja de ejecutar: diseñar un lugar teniendo en cuenta no solo lo que vemos, tocamos u oímos, sino también cómo huele y qué sensaciones puede despertar ese olor.

El salto está en convertir el aroma en una parte deliberada del proyecto. El grupo francés Mane ha catalogado cientos de esencias y estudia su relación con distintas respuestas emocionales, mientras avanza una colaboración con POLI.design, vinculado al Politécnico de Milán, alrededor de esta disciplina. Ya no se habla únicamente de colocar un difusor con aroma a vainilla en una esquina. Se intenta decidir qué identidad olfativa debe tener un espacio, cuándo debe percibirse y qué papel desempeña en la experiencia de quien lo utiliza.

El olor entra en el plano del arquitecto

Durante décadas hemos diseñado interiores pensando principalmente en la vista: luz natural, colores, muebles, materiales, proporciones. Después ganaron peso la acústica, la temperatura o la iluminación inteligente. La nariz, entretanto, parecía una invitada que estaba allí pero a la que nadie preguntaba nada. El nuevo enfoque pretende incorporar también el paisaje olfativo a esa ecuación.

El diseño olfativo parte de algo bastante cotidiano: un espacio puede provocar una impresión antes incluso de que lo hayamos observado con detenimiento. Basta entrar en un hotel, una vivienda desconocida o una clínica. Hay lugares cuyo olor transmite inmediatamente una sensación de limpieza, calma, humedad, encierro o confort. Esa primera impresión, invisible y difícil de explicar, pesa.

La propuesta consiste en trabajar deliberadamente sobre ese paisaje aromático, igual que un arquitecto trabaja con la luz o un diseñador de interiores elige una textura. No se busca necesariamente que una habitación huela intensamente. Al contrario: un aroma excesivo puede saturar y resultar molesto. El objetivo es que el olor dialogue con los materiales, el uso y la atmósfera del espacio.

Qué significa que un lugar tenga una firma olfativa

Una firma olfativa funciona de manera parecida a una identidad visual. Un hotel reconoce su marca en el logotipo, los colores, la decoración o el uniforme de su personal; el planteamiento es que también pueda resultar reconocible mediante una determinada combinación de aromas.

No hace falta identificar conscientemente un perfume. Puede ser algo mucho más discreto: madera, notas verdes, cítricos, tejidos limpios o determinadas flores. Una presencia de fondo que modifica el carácter del ambiente sin anunciarse. Precisamente ahí aparece una de las posibilidades más llamativas: el mismo espacio físico puede sentirse diferente sin mover un solo mueble.

Una estancia fría y minimalista podría percibirse como más acogedora con determinado paisaje aromático; otra podría transmitir frescura o serenidad mediante una composición diferente. Es casi una segunda capa de decoración, aunque en este caso no se ve. Se respira.

De una sala de espera a una habitación de hotel

Las salas de espera son un buen laboratorio. Quien aguarda una consulta médica no analiza conscientemente cada elemento del entorno, pero recibe un conjunto de señales: iluminación, temperatura, ruido, distancia entre las sillas y, por supuesto, olor ambiental.

La investigación sobre aromas lleva tiempo analizando su posible influencia sobre la percepción del tiempo y el estado emocional. Los efectos no son idénticos para todas las personas ni funcionan como una fórmula automática, pero determinadas condiciones olfativas pueden alterar cómo se vive una espera. No hacen desaparecer media hora de retraso —eso sería un invento bastante más solicitado—, aunque sí pueden modificar la experiencia subjetiva del entorno.

Algo parecido ocurre en hoteles, comercios y viviendas. Un aroma agradable puede reforzar una percepción de confort, cuidado o limpieza antes incluso de que el visitante examine la habitación. Al contrario, un olor desagradable puede arruinar en pocos segundos un espacio impecable sobre el papel.

Cómo se intenta medir algo tan subjetivo como un aroma

El terreno más interesante aparece cuando el diseño olfativo deja de depender únicamente de la intuición del perfumista y empieza a cruzarse con datos relacionados con las emociones y las respuestas humanas. Mane trabaja con Wellmotion, una plataforma desarrollada para estudiar las emociones asociadas a determinadas fragancias mediante observaciones y diferentes sistemas de medición.

El propósito es avanzar desde la materia —las moléculas olorosas y las esencias— hacia algo mucho menos tangible: la emoción que provoca un perfume. El aroma pasa así a formar parte del proyecto de un lugar y puede contribuir a construir su atmósfera, su identidad e incluso la forma en que las personas lo recuerdan.

Eso no significa que exista una tabla universal del tipo lavanda igual a calma o cítrico igual a alegría. El olfato está profundamente atravesado por recuerdos, contexto, costumbres y asociaciones personales. Un olor puede llevar a alguien a las vacaciones de su infancia y recordar a otra persona un detergente insoportable. La nariz también tiene memoria, y no siempre pregunta antes de abrir el archivo.

Una arquitectura invisible que modifica el ambiente

Los especialistas que trabajan en este campo hablan de una especie de arquitectura invisible. La expresión no es gratuita. El aroma no ocupa visualmente una estancia, pero puede alterar la forma en la que interpretamos ese espacio y relacionarnos con él.

Además, el olor se desplaza. Circula por el aire, puede quedar impregnado en determinados materiales, desaparece y vuelve a aparecer. Eso obliga a pensar en ventilación, intensidad, duración y distribución. Un perfume atractivo mal utilizado termina pareciéndose bastante a compartir ascensor con alguien que acaba de vaciar medio frasco de colonia.

Por eso el diseño olfativo se cruza con la arquitectura, la química, la psicología y el propio interiorismo. Su desarrollo apunta a una concepción de los edificios en la que el olor deja de ser una consecuencia accidental para convertirse en una variable del proyecto.

El aroma puede cambiar cómo percibimos limpieza y confort

Una de las aplicaciones más llamativas está relacionada con la percepción de la limpieza. Un espacio con un olor asociado a frescura puede parecernos más cuidado incluso antes de fijarnos en los muebles, el suelo o las paredes. El cerebro trabaja deprisa y completa la escena con las señales que recibe.

También puede intervenir la percepción del confort. Una habitación sencilla, poco iluminada o casi desnuda puede resultar más agradable cuando su ambiente olfativo acompaña correctamente al resto del espacio. Y ocurre también en sentido contrario: una decoración espectacular pierde buena parte de su encanto cuando el aire resulta cargado o desagradable.

El fenómeno tiene otra dimensión especialmente poderosa: la memoria. A veces basta una nota aromática para reconstruir de golpe un lugar que no visitábamos desde hacía años. Regresan una habitación, una persona, un viaje. No con precisión fotográfica, pero sí con una sorprendente intensidad. Es esa relación entre olor y recuerdo la que convierte la identidad olfativa en una herramienta tan atractiva para hoteles, comercios y espacios culturales.

Un perfume no arregla un mal espacio

Conviene introducir una dosis de realidad. Un aroma agradable no convierte automáticamente una habitación incómoda en una buena habitación. Tampoco sustituye una ventilación adecuada, la limpieza, una temperatura razonable o una iluminación bien resuelta.

Cuanto más avance esta disciplina, más importante será evitar la tentación de utilizar el perfume como maquillaje. Si una oficina está mal ventilada, perfumarla no resuelve el problema. Si una sala de espera acumula retrasos interminables, ninguna esencia debería convertirse en coartada para normalizarlos. El interés verdadero está en integrar el olor como una capa más del proyecto, no en emplearlo para ocultar defectos.

También hay que considerar las diferencias entre personas. Lo que para alguien resulta agradable puede ser incómodo para otro, y existen espacios compartidos en los que un entorno prácticamente neutro será la mejor decisión. Más aroma no significa mejor diseño. A veces, la intervención más sofisticada es precisamente aquella que casi pasa inadvertida.

La arquitectura también empieza a recordarse por la nariz

Hay una escena que cualquiera reconoce. Entramos años después en una casa, un hotel o incluso una tienda y aparece un olor familiar. Durante un segundo, aquel lugar anterior regresa entero: muebles, personas, una época concreta. El cerebro completa lo que la nariz acaba de empezar.

El diseño olfativo quiere trabajar conscientemente con esa capacidad y convertirla en una herramienta para proyectar espacios. Hoteles con identidad aromática, consultas menos hostiles, comercios reconocibles o viviendas en las que materiales, luz y olor formen parte de una misma atmósfera. No solo decorar habitaciones, sino construir experiencias sensoriales más completas.

La disciplina todavía tiene mucho terreno por explorar y deberá separar cuidadosamente los efectos que puedan demostrarse de las promesas comerciales que inevitablemente crecerán alrededor del bienestar. Pero la dirección resulta clara: la arquitectura contemporánea empieza a dejar de considerar el olor como un accidente.

Durante mucho tiempo preguntábamos cómo debía verse un espacio. Después, cómo debía sonar, iluminarse o sentirse al tacto. El diseño olfativo añade otra capa, silenciosa y difícil de fotografiar, pero capaz de cambiar nuestra relación con una habitación. La siguiente frontera del interiorismo, al parecer, llevaba siempre delante de nuestras narices.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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