Tecnología
¿Cuánto ahorra un coche eléctrico al año frente a gasolina y diésel?
Un coche eléctrico puede ahorrar más de 1.100 euros al año frente a gasolina si cargas en casa, pero el ahorro cambia mucho fuera del garaje.

Con 15.000 kilómetros al año, un coche eléctrico eficiente que se cargue habitualmente en casa puede gastar alrededor de 490 euros anuales en electricidad, frente a unos 1.645 euros en gasolina para un turismo comparable. La diferencia ronda los 1.155 euros al año únicamente en energía. Dicho de otra forma: casi cien euros al mes que dejan de pasar por el surtidor.
El diésel tampoco sale especialmente bien parado con los precios actuales. Tomando como referencia un consumo contenido de 5 litros cada 100 kilómetros y un gasóleo A alrededor de 1,88 euros por litro, esos mismos 15.000 kilómetros representarían aproximadamente 1.409 euros al año. Frente al eléctrico cargado en casa, la diferencia se acercaría a 920 euros. Son cálculos orientativos, naturalmente: pesan el modelo, la carretera, la temperatura, el pie derecho y, sobre todo, dónde se enchufe el coche.
El ahorro de un coche eléctrico en 15.000 kilómetros
La comparación permite bajar el debate del terreno de las opiniones —siempre bastante concurrido cuando se habla de coches— al de la calculadora. Para el eléctrico se puede tomar un consumo de 15 kWh cada 100 kilómetros, razonable para un turismo eficiente. Recorrer 15.000 kilómetros exigiría así unos 2.250 kWh.
Con un coste doméstico de referencia de 0,218 euros por kWh, el resultado es de unos 490,50 euros al año. Cada 100 kilómetros salen por aproximadamente 3,27 euros.
Un gasolina que consuma 6,3 litros cada 100 kilómetros necesita 945 litros para recorrer esa misma distancia. Con la gasolina 95 alrededor de 1,741 euros por litro, la factura anual se acerca a 1.645 euros, o casi 10,97 euros cada 100 kilómetros.
La distancia económica es considerable: el gasolina consume en energía más de tres veces lo que necesita el eléctrico en este supuesto. En cinco años y 75.000 kilómetros, manteniendo precios y consumos constantes —hipótesis improbable, pero útil para comparar—, la diferencia acumulada superaría 5.700 euros.
El diésel se mueve en medio, aunque la fotografía de finales de agosto resulta peculiar porque el gasóleo está especialmente caro. Con 5 litros cada 100 kilómetros y un precio próximo a 1,88 euros por litro, recorrer 100 kilómetros supone unos 9,39 euros. Para 15.000 kilómetros, algo más de 1.400 euros.
No hay magia aquí. El eléctrico aprovecha mucha más energía para mover el vehículo y la electricidad doméstica cuesta, en estas condiciones, bastante menos por kilómetro que los carburantes.
La cuenta cambia según el consumo real
Los 15 kWh/100 km sirven para un eléctrico eficiente, pero no describen todo el mercado. Un utilitario puede moverse incluso por debajo en determinadas condiciones; un SUV pesado, una conducción rápida por autopista o el invierno pueden llevar la cifra claramente por encima de los 20 kWh.
Algo parecido ocurre con la combustión. Un híbrido de gasolina capaz de mantenerse cerca de 5 litros cada 100 kilómetros reduce bastante la diferencia. Un SUV que ronde 8 litros, en cambio, la ensancha. Comparar únicamente “eléctrico contra gasolina” sin mirar dos coches de tamaño, potencia y uso similares puede producir cifras tan espectaculares como inútiles.
También existen pérdidas durante la recarga. La electricidad que sale del contador no llega íntegramente a la batería: intervienen el cargador del propio vehículo, la electrónica, el cableado y, en ocasiones, la climatización del acumulador. Diversas pruebas sitúan las pérdidas de una wallbox doméstica aproximadamente entre el 5% y el 7% en numerosos modelos, mientras que enchufar a una toma doméstica convencional puede elevarlas bastante más.
Eso significa que un cálculo basado exclusivamente en el consumo mostrado por el coche puede quedarse corto. Incluso añadiendo cierto margen por pérdidas, sin embargo, el escenario doméstico continúa ofreciendo una diferencia notable respecto a gasolina y diésel.
Cargar en casa es donde aparece la gran diferencia
Aquí está el detalle que a menudo se pierde entre autonomías, baterías gigantes y discusiones sobre cargadores: el lugar de recarga condiciona buena parte de la rentabilidad.
Quien dispone de garaje y conecta el vehículo durante las horas más baratas puede conseguir costes por kilómetro muy bajos. El coche permanece aparcado de todos modos; mientras su propietario cena, duerme o mira una serie, va recuperando la energía consumida. Es quizá la transformación menos vistosa de la movilidad eléctrica, pero económicamente es la importante.
El precio doméstico tampoco es una constante grabada en mármol. Cambia según el contrato, el mercado, los impuestos y la hora. En las tarifas con discriminación horaria pueden producirse diferencias importantes dentro del mismo día, por lo que programar la carga en las horas económicas puede reducir notablemente el coste.
Y existe una pequeña paradoja comercial: una tarifa bautizada específicamente como “para coche eléctrico” no tiene por qué ser la más barata. Algunas ofertas colocan un precio muy atractivo durante unas pocas horas y lo compensan encareciendo otras franjas o términos de la factura. Para una vivienda importa el coste conjunto del suministro, no la cifra luminosa que aparece en el anuncio.
Sin garaje, el eléctrico sigue ahorrando, pero bastante menos
La fotografía cambia al depender de cargadores públicos. Supongamos los mismos 2.250 kWh anuales, pero pagando unos 0,39 euros por kWh mediante una tarifa con suscripción de 9,90 euros mensuales. La electricidad costaría unos 878 euros y las cuotas sumarían casi 120 euros. Total aproximado: 998 euros al año.
Frente a los 1.645 euros del gasolina utilizado en la comparación, todavía quedarían cerca de 648 euros de ahorro anual. Ya no son los 1.155 euros del garaje privado, pero tampoco una diferencia menor.
A 0,45 euros por kWh más una cuota anual semejante, el coste se movería alrededor de 1.132 euros. El margen frente a la gasolina bajaría a poco más de 500 euros.
Y hay otro coste, menos fácil de meter en Excel: el tiempo. Buscar cargador, desviarse, esperar, encontrarse una estación ocupada o depender de la infraestructura pública modifica la experiencia de uso. El conductor con plaza privada empieza cada mañana, en cierto modo, con su pequeña gasolinera en casa. El que no la tiene juega otro partido.
Las comparaciones de coste energético por cada 100 kilómetros dibujan una diferencia bastante clara: la recarga doméstica se sitúa muy por debajo de gasolina y gasóleo, mientras que la carga rápida pública puede acercarse mucho más al coste de un combustible tradicional.
El taller favorece al eléctrico; el seguro, no tanto
La electricidad no cuenta toda la historia. Un motor eléctrico prescinde de aceite de motor, bujías, embrague tradicional y sistema de escape, además de numerosas piezas asociadas a un propulsor de combustión. Hay neumáticos, suspensión, climatización, líquido de frenos y otros elementos que siguen existiendo, por supuesto. El coche eléctrico no es un electrodoméstico eterno.
Las estimaciones europeas sitúan una revisión anual media alrededor de 140 euros para un eléctrico, frente a aproximadamente 250 euros en un gasolina o diésel. Son unos 110 euros adicionales de ahorro anual.
El reverso aparece en el seguro. Las pólizas a todo riesgo de vehículos eléctricos equivalentes pueden resultar más caras que las de gasolina. El valor del vehículo y el coste potencial de determinadas reparaciones, especialmente tras daños que afecten a la batería, pesan en las primas.
Por eso sería engañoso sumar simplemente los 1.155 euros de energía y los 110 de taller y presentar el resultado como dinero limpio en el bolsillo. Seguro, financiación, neumáticos, depreciación y precio de compra también existen. La economía de un automóvil se parece más a una cebolla que a una resta: hay capas.
Cuándo se recupera el mayor precio de compra
Este es el punto decisivo para quien todavía no tiene coche. Ahorrar cada mes no significa necesariamente que comprar cualquier eléctrico sea más barato desde el primer día.
Un eléctrico nuevo equivalente puede tener un precio inicial varios miles de euros superior al de una versión de gasolina, aunque la distancia se ha reducido con la llegada de modelos más asequibles y puede alterarse mediante ayudas, descuentos comerciales o campañas de financiación.
Tomando una diferencia de compra de entre 4.000 y 8.000 euros y un ahorro energético cercano a 1.155 euros anuales, una cuenta extremadamente simple colocaría la recuperación del sobreprecio aproximadamente entre tres años y medio y siete años para alguien que recorra 15.000 kilómetros al año y cargue principalmente en casa. El mantenimiento puede acortar ese plazo; un seguro más caro, una financiación desfavorable o una depreciación mayor pueden alargarlo.
A 5.000 kilómetros anuales, por ejemplo, la economía cambia por completo. El ahorro energético sería aproximadamente una tercera parte y harían falta muchos más años para compensar una diferencia importante en el precio de adquisición. A 25.000 o 30.000 kilómetros, sucede lo contrario: cada kilómetro barato trabaja más deprisa para amortizar el vehículo.
Por eso, cuantos más kilómetros se recorren y mayor es el porcentaje de carga doméstica, más favorable resulta la aritmética del eléctrico. No es ideología sobre ruedas. Es multiplicación.
El verdadero ahorro empieza en el enchufe de casa
Para un conductor que recorra unos 15.000 kilómetros anuales, el escenario más favorable y bastante realista deja una cifra contundente: alrededor de 1.100 euros menos al año frente a un gasolina y cerca de 900 euros frente a un diésel eficiente, únicamente por la energía necesaria para circular.
El ahorro puede crecer con una buena tarifa doméstica y menores costes de mantenimiento, pero también reducirse por el seguro, el precio inicial del coche, las pérdidas de carga o el uso intensivo de estaciones rápidas. Dos propietarios del mismo modelo eléctrico pueden terminar pagando cantidades muy diferentes por recorrer exactamente los mismos kilómetros.
Ahí está, probablemente, la frontera económica más importante. No tanto entre batería y depósito como entre enchufar en casa y depender de la carretera. Con garaje, una tarifa razonable y cierto kilometraje anual, las cifras favorecen con claridad al eléctrico. Sin esas condiciones, gana todavía algunas partidas, pero la goleada desaparece.

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