Economía
¿Ha pasado ya lo peor de la crisis de Ormuz para petróleo y mercados?
Ormuz vuelve a abrir y el petróleo baja, pero los ataques, las minas y la tregua frágil mantienen en vilo a barcos, mercados y consumidores.

Resumen
- Ormuz está abierto, pero el tráfico marítimo sigue lejos de la normalidad
- El petróleo baja mientras persisten ataques, minas y una tregua frágil
- España y Europa notarán el alivio energético de forma lenta y desigual
Lo peor de la crisis de Ormuz parece haber quedado atrás para los mercados, pero no para los barcos que deben cruzar el estrecho. El petróleo se ha abaratado, algunos grandes petroleros vuelven a navegar y Arabia Saudí ha reanudado las cargas en Ras Tanura. Son señales importantes. Aun así, el tráfico continúa muy por debajo de su nivel habitual, persiste la amenaza de nuevos ataques y el acuerdo entre Estados Unidos e Irán ha empezado a crujir apenas unos días después de entrar en vigor.
La fotografía del 27 de junio es incómoda: el estrecho está abierto, pero no normalizado. El carguero Ever Lovely fue alcanzado cerca de la costa de Omán, Estados Unidos respondió atacando instalaciones militares iraníes e Irán anunció después operaciones contra objetivos vinculados a Washington. Baréin, sede de la Quinta Flota estadounidense, denunció también una incursión con drones iraníes. Mucha tregua sobre el papel y demasiado estruendo en el agua.
El mercado ha respirado antes que el mar
El crudo Brent cerró el viernes en 71,99 dólares por barril, tras caer un 4,34% durante la sesión y casi un 11% en la semana. El West Texas Intermediate estadounidense terminó en 69,23 dólares. Ambos precios han regresado a niveles próximos a los registrados antes del comienzo de la guerra con Irán, el 28 de febrero.
La reacción puede parecer extraña. Un buque comercial atacado, bombardeos estadounidenses, represalias iraníes… y el petróleo baja. Sin embargo, los operadores no están valorando únicamente el último misil, sino la cantidad de crudo que puede llegar durante las próximas semanas. Varios petroleros han conseguido abandonar el golfo Pérsico, otros han entrado para cargar y Saudi Aramco ha recuperado actividad en Ras Tanura, el mayor puerto petrolero del mundo, después de casi cuatro meses de parálisis.
El mercado, animal nervioso y de memoria selectiva, ha pasado del temor a la escasez a anticipar una posible acumulación de oferta petrolera. Dentro del golfo hay cargamentos retenidos, los productores quieren recuperar ingresos y la demanda china todavía no ha reaccionado con la misma fuerza. El petróleo almacenado durante la crisis no se ha evaporado; estaba esperando una rendija.
Esa rendija existe. La garantía de que permanezca abierta, no.
Abierto no significa normal
El viernes cruzaron el estrecho 13 petroleros en ambas direcciones, frente a los 24 del jueves y los 27 del miércoles. El 24 de junio se contabilizaron 62 tránsitos de todo tipo de embarcaciones, el mejor dato desde el inicio del conflicto, aunque equivalía aproximadamente a la mitad de la actividad registrada un año antes. Antes de la guerra navegaban por la zona unos 125 buques diarios.
La recuperación, por tanto, es real pero endeble. Al menos cuatro petroleros, incluidos tres superpetroleros capaces de transportar hasta dos millones de barriles cada uno, entraron en el golfo para cargar. Otro salió por el lado omaní con unos dos millones de barriles. Son movimientos relevantes, no una vuelta a la rutina.
Las navieras necesitan algo más que declaraciones diplomáticas. Necesitan corredores despejados, instrucciones inequívocas, primas de seguro asumibles y la certeza razonable de que sus tripulaciones no acabarán atrapadas entre dos radares militares. La Organización Marítima Internacional ha verificado al menos 46 ataques contra la navegación comercial desde finales de febrero. Cada incidente deja una cicatriz que no desaparece porque el precio del Brent caiga durante tres sesiones.
La seguridad sigue siendo el verdadero peaje
El ataque contra el Ever Lovely mostró la fragilidad del dispositivo. Estados Unidos atribuyó a Irán el lanzamiento de un dron contra el carguero, de bandera singapurense y operado por la compañía taiwanesa Evergreen Marine. Teherán no asumió formalmente la autoría, aunque insistió en que no puede garantizar la seguridad de quienes naveguen fuera de las rutas aprobadas por sus autoridades.
La Organización Marítima Internacional suspendió temporalmente su plan para evacuar buques y marineros varados en el golfo. Miles de tripulantes llevan meses esperando una salida segura, sometidos al calor, la incertidumbre logística y el desgaste de unas provisiones que tampoco son infinitas. En el mar, las grandes disputas geopolíticas suelen terminar convertidas en problemas bastante terrenales: combustible, agua, turnos interminables y una llamada a casa que nunca explica del todo lo que ocurre.
Irán sostiene que la navegación debe coordinarse con Teherán y Omán. Estados Unidos y los países del Consejo de Cooperación del Golfo reclaman, en cambio, un tránsito libre, incondicional y sin peajes. La discusión no es administrativa. Quien imponga las reglas en Ormuz podrá influir sobre una de las arterias energéticas más importantes del planeta.
Una tregua de 60 días con demasiada letra pequeña
El acuerdo provisional entre Washington y Teherán estableció una tregua de 60 días, la reapertura del estrecho y una negociación destinada a transformar el memorando inicial en un pacto más amplio. Durante ese plazo deben abordarse asuntos mucho más ásperos: el programa nuclear iraní, las sanciones, los activos congelados, la reconstrucción, la seguridad regional y la futura gestión del paso marítimo.
El problema ha llegado antes que la solución. Estados Unidos bombardeó el 26 de junio depósitos de misiles y drones, además de instalaciones de radar costeras iraníes, después del ataque contra el Ever Lovely. Irán respondió al día siguiente contra objetivos que describió como vinculados a las fuerzas estadounidenses. Ambas partes se acusan de violar la tregua mientras aseguran respetarla. Una interpretación bastante elástica del alto el fuego, por decirlo con suavidad.
El episodio no implica necesariamente el regreso inmediato a una guerra abierta. Los dos gobiernos mantienen incentivos económicos y políticos para evitarlo. Irán necesita exportar petróleo, recuperar infraestructuras e ingresar divisas; Estados Unidos quiere estabilizar los precios energéticos y reducir una presencia militar costosa. Pero una sucesión de represalias limitadas puede romper el acuerdo casi por accidente. Las guerras también se reanudan así, mediante pequeñas decisiones que todos presentan como defensivas.
El petróleo vuelve; la confianza, aún no
Antes del conflicto atravesaban Ormuz alrededor de 20 millones de barriles diarios de petróleo. Durante marzo, abril y mayo, los flujos quedaron reducidos a una media cercana a los 2,7 millones. La pérdida acumulada de suministro de los productores de Oriente Próximo superó los 1.300 millones de barriles, una interrupción sin precedentes en el mercado energético moderno.
La Agencia Internacional de la Energía calcula que la oferta mundial caerá en 2026 unos 3,9 millones de barriles diarios. La liberación de reservas estratégicas, el aumento de las exportaciones americanas y el descenso del consumo han evitado el escenario más extremo. No ha salido gratis: las existencias públicas de los países desarrollados han descendido a niveles que no se veían desde 1990.
La reapertura permitirá recuperar producción, pero las minas deben localizarse y retirarse, las refinerías necesitan volver a operar, los puertos tienen que descongestionarse y cientos de buques esperan instrucciones. No es pulsar un interruptor. Es más parecido a deshacer un atasco gigantesco en un túnel estrecho, con barcos de 300 metros, cargamentos inflamables y varias potencias militares discutiendo en la entrada.
España y Europa reciben el alivio con retraso
La bajada del petróleo reduce el riesgo de otro salto brusco en la gasolina, el gasóleo, el transporte y la electricidad. Sin embargo, el barril cae antes que el surtidor. Las refinerías compran con antelación, los distribuidores trabajan con inventarios adquiridos a precios distintos y los costes de transporte, seguros y financiación tardan en ajustarse.
El Banco Central Europeo prevé que la inflación de la zona euro alcance una media del 3% en 2026, impulsada en buena medida por el encarecimiento previo de la energía y los alimentos. En España, el índice de precios de consumo se situó en mayo en el 3,2% interanual, mientras la inflación subyacente alcanzó el 3%. Los precios industriales subieron un 10,5%, una señal de que el golpe energético ya circula por las fábricas y puede tardar en desaparecer de los precios finales.
Para las familias españolas, una reapertura estable de Ormuz supone menos presión sobre el combustible y sobre productos cuyo coste depende del transporte. Para las empresas significa fletes más razonables, menor incertidumbre y facturas energéticas menos salvajes. El alivio será gradual. La energía sube como una llamarada y suele bajar como la cera: despacio, dejando marca.
Ormuz no es únicamente una autopista del petróleo. Antes de la guerra pasaban por allí cerca de un tercio de la urea comercializada en el mundo y casi la mitad del azufre transportado por mar, dos componentes esenciales para fabricar fertilizantes.
Desde la tregua han salido del golfo unas 640.000 toneladas de azufre y 427.000 toneladas de urea. Buena parte corresponde a contratos retrasados, no a nuevos pedidos. Todavía hay centenares de barcos bloqueados y daños en instalaciones energéticas de varios países de la región. Los especialistas del sector no esperan una recuperación sólida antes de agosto, incluso en un escenario favorable.
La agricultura europea recibe esta onda expansiva con varios meses de retraso. Fertilizantes más caros significan mayores costes para el cereal, las frutas, las hortalizas y la ganadería. Después vienen el transporte refrigerado, el envase y el supermercado. Ormuz queda lejos en el mapa, pero cabe perfectamente dentro de una cesta de la compra.
El alivio todavía navega con escolta
El peor momento de la crisis probablemente ha pasado: el petróleo ha abandonado sus máximos, los grandes cargamentos vuelven a moverse y el mercado ya no considera inevitable una escasez inmediata. Esa es la buena noticia. La menos cómoda es que Ormuz sigue funcionando bajo amenaza, con rutas enfrentadas, minas pendientes de retirar y una tregua capaz de producir ataques casi diarios sin admitir que está rota.
La crisis solo podrá darse por superada cuando el tráfico se acerque de forma sostenida a sus niveles anteriores, bajen los seguros marítimos, terminen las agresiones y Estados Unidos e Irán sustituyan el memorando provisional por reglas reconocibles para todos. Hasta entonces habrá alivio, no rescate; reapertura, no normalidad. Los mercados han declarado la paz bastante antes que los capitanes de los barcos.

Actualidad¿Vuelve a temblar Venezuela? Última hora de sismos y 6.509 muertos
Actualidad¿Cómo queda la Liga Endesa? Todos los fichajes y bajas ACB 2026-27
Actualidad¿Cuántos muertos deja el terremoto en Colombia? Último balance oficial
Actualidad¿Qué fichajes cambian LaLiga Hypermotion tras el cierre de mercado?
ActualidadNuevo balance en Nepal y Tíbet: 1.326 muertos y 5.429 desaparecidos
Actualidad¿Qué fichajes NBA dominan el mercado antes de la temporada 2026-27?
Actualidad¿Qué fichajes NFL dominan la última hora antes del estreno de 2026?
Viajes¿Qué vuelos de Volotea se cancelan por la huelga de pilotos francesa?
Actualidad¿Cómo pudo una jueza sentenciar ocho días antes de celebrar el juicio?
Actualidad¿Por qué el TEDH corrige a Manuel Marchena por el cerco al Parlament?
ActualidadIndonesia: ¿qué pasó con las comidas gratis que enfermaron a 2.000?
Actualidad¿Qué pasó en Alzira? Muere una niña de 11 años tras caerle un pilar





















