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¿Por qué Silvia Intxaurrondo habla de un ataque híbrido en Ceuta?

El vídeo de Silvia Intxaurrondo sobre Ceuta pone el foco en la desinformación, las redes rusas y las incógnitas que aún investiga la Justicia.

Publicado

el

que reclama Silvia Intxaurrondo a RTVE

Resumen

  • Intxaurrondo habla de un «ataque híbrido algorítmico» contra Ceuta
  • Bruselas detectó amplificación rusa tras comenzar la entrada masiva
  • La Justicia investiga si hubo una organización detrás de la movilización

Silvia Intxaurrondo ha convertido poco más de un minuto de televisión en uno de los fragmentos políticos más compartidos de estos días. La presentadora de La hora de La 1 sostuvo que España había sufrido en Ceuta un «ataque híbrido algorítmico» dirigido contra su frontera sur y planteó que el debate público se estaba concentrando en la política migratoria del Gobierno mientras dejaba en segundo plano una cuestión bastante más incómoda: quién provocó la llegada masiva de más de 70.000 personas desde Marruecos y con qué mecanismos.

La expresión es rotunda. Los hechos conocidos, algo menos sencillos. La Unión Europea sí considera que la manipulación informativa, la desinformación y la instrumentalización de movimientos migratorios pueden formar parte de una amenaza híbrida. También ha detectado que canales rusos amplificaron rápidamente en internet la crisis de Ceuta después de que comenzara la avalancha. Pero no existe una prueba pública que permita atribuir a un único actor la planificación completa del episodio ni afirmar que ese supuesto actor controló desde el principio migrantes, redes sociales, algoritmos y frontera como piezas de un mismo mecanismo.

Ahí está precisamente el interés del minuto de Intxaurrondo. No tanto en una etiqueta bastante aparatosa —«algorítmico» tiene esa virtud televisiva de sonar a futuro inquietante— como en el debate que abre sobre las causas de una crisis que todavía está bajo investigación policial y judicial.

El minuto de Intxaurrondo que se volvió viral

La intervención se produjo en TVE después de semanas de discusión sobre la situación de Ceuta. Intxaurrondo pidió mirar el episodio desde otro ángulo y afirmó que España había sido atacada en su frontera sur mediante una operación híbrida relacionada con el entorno digital.

Su tesis es que la entrada masiva no puede analizarse únicamente como un problema convencional de inmigración irregular. Según ese planteamiento, determinada información difundida y multiplicada a través de redes sociales habría contribuido a mover a miles de personas hacia la frontera, generando posteriormente una emergencia humanitaria, una crisis política española y un foco de tensión dentro de la propia Unión Europea.

La presentadora añadió que esa crisis podía terminar dañando los delicados equilibrios de convivencia de Ceuta y señaló que la inmigración constituye uno de los grandes campos de batalla electorales de la ultraderecha europea.

El fragmento se difundió con enorme rapidez precisamente porque condensa, en apenas unos segundos, varias discusiones distintas: Marruecos, Rusia, Israel, las redes sociales, las mafias, el Gobierno de Pedro Sánchez, la política migratoria europea y la extrema derecha. Demasiados cables cruzados para una frase. Y, sin embargo, algunos existen.

Qué significa realmente un «ataque híbrido»

El concepto de amenaza híbrida no nació con la crisis de Ceuta ni es una invención televisiva. Forma parte desde hace años del vocabulario de seguridad de la Unión Europea y de la OTAN.

Una operación híbrida busca debilitar o desestabilizar a un Estado combinando herramientas que, tomadas individualmente, pueden no parecer un ataque convencional: desinformación, presión económica, ciberataques, sabotajes, influencia política clandestina o instrumentalización de movimientos migratorios. No hace falta que haya tanques cruzando una frontera. Esa es precisamente la gracia —bastante siniestra— del modelo.

Europa dispone incluso de un concepto específico para las campañas de manipulación e injerencia informativa extranjera, conocido por las siglas inglesas FIMI. Se refiere a comportamientos deliberados y coordinados destinados a manipular el espacio informativo, alimentar divisiones sociales o perjudicar procesos políticos.

La UE también reconoce desde hace años la posibilidad de utilizar la migración como instrumento de presión. Lo hizo de manera muy clara al analizar las operaciones impulsadas desde Bielorrusia contra las fronteras de Polonia, Lituania y Letonia. Personas desesperadas convertidas en fichas geopolíticas: pocas imágenes explican mejor lo desagradable del asunto.

Lo «algorítmico» es otra cuestión

Aquí conviene afinar. «Ataque híbrido algorítmico» no es la denominación oficial utilizada habitualmente por las instituciones europeas para clasificar este tipo de operaciones.

La expresión de Intxaurrondo intenta describir el papel que pueden tener los algoritmos de las plataformas digitales cuando determinados vídeos, mensajes o rumores comienzan a multiplicarse. Un contenido que genera reacciones fuertes recibe más interacción; esa interacción puede darle mayor visibilidad; la visibilidad genera nuevas reacciones. Una pequeña chispa digital puede acabar convertida en una hoguera bastante real.

Pero un algoritmo que amplifica contenido no demuestra por sí mismo que exista un actor que controle toda la operación. Para sostener una acusación de ese calibre hacen falta pruebas sobre coordinación, intención, origen y responsables. Ese es justamente el terreno que todavía se está investigando.

Qué ha confirmado Bruselas sobre las redes rusas

Hay un dato especialmente relevante porque introduce bastante más precisión que la batalla política española. La Comisión Europea explicó que había observado canales vinculados al ecosistema ruso que comenzaron a amplificar rápidamente la situación de Ceuta a través de distintas plataformas a partir del 30 de julio.

Bruselas habló de canales relacionados con el ámbito de la manipulación informativa extranjera, entre ellos medios controlados por el Estado, canales diplomáticos o fuentes alineadas con estructuras estatales rusas.

Pero añadió un detalle decisivo: antes del 30 de julio no había detectado esa misma actividad de amplificación.

La diferencia no es menor. Una cosa es explotar propagandísticamente una crisis cuando ya ha estallado; otra, bastante más grave, es haberla organizado previamente.

La Comisión también comenzó a trabajar con las plataformas digitales, las autoridades españolas, Frontex y Europol para vigilar convocatorias y posibles nuevos intentos de cruzar la frontera. Europa tiene experiencia suficiente para saber que las redes sociales pueden funcionar como acelerador de movimientos migratorios, rumores y operaciones de desinformación.

Cuando se preguntó expresamente a la Comisión por las acusaciones españolas contra Rusia e Israel, Bruselas respondió que no disponía de información propia para confirmar esa atribución y remitió al trabajo del Servicio Europeo de Acción Exterior.

Dicho de otro modo: existen indicios y actividad digital identificada, pero la fotografía continúa incompleta.

Sánchez apunta a varias causas y Marruecos sigue bajo la lupa

Pedro Sánchez ha defendido una explicación que combina varios factores. En su comparecencia en el Congreso, después de un mes de recopilación de información, describió lo ocurrido como un fenómeno «complejo y multicausal» en el que participaron diferentes actores y circunstancias que pudieron retroalimentarse incluso sin estar coordinados entre sí.

Uno de los detonantes, según el presidente, habría sido la difusión de una interpretación tergiversada de una resolución judicial española relacionada con las entradas por mar. El mensaje fue circulando por redes sociales hasta transformarse en la idea de que alcanzar Ceuta a nado permitiría permanecer automáticamente en territorio español.

Las mafias y personas que hicieron negocio con los cruces aprovecharon también esa expectativa, según la reconstrucción del Ejecutivo.

La dimensión resultó extraordinaria. Más de 70.000 personas llegaron a Ceuta durante los momentos más críticos de finales de julio, una presión sobre una ciudad de poco más de 80.000 habitantes difícil de imaginar desde la península. Hospitales, servicios sociales, fuerzas de seguridad, instalaciones de acogida y calles quedaron sometidos a una tensión brutal.

El Gobierno afirma que entre el 90 % y el 95 % de quienes habían entrado regresaron a Marruecos durante las primeras jornadas. A finales de agosto, Sánchez calculaba que todavía permanecían varios miles de personas en Ceuta.

Y mientras la política discutía sobre sustantivos —avalancha, crisis, invasión, ataque— la ciudad soportaba el peso concreto del episodio. Ahí las palabras pesan menos que una frontera saturada.

La cuestión más delicada continúa situada al otro lado del Tarajal. Un informe policial conocido esta semana sostiene que las fuerzas marroquíes presentaron durante momentos fundamentales de la crisis una actitud de extraordinaria permisividad.

El documento recoge testimonios según los cuales algunos agentes habrían indicado a migrantes hacia dónde dirigirse y señala que el despliegue policial marroquí era menor de lo habitual en determinadas zonas.

También considera difícil que las organizaciones dedicadas normalmente al tráfico de migrantes dispusieran por sí solas de capacidad suficiente para movilizar una cantidad semejante de personas.

Eso no demuestra automáticamente que el Gobierno de Marruecos ordenara la operación.

Pedro Sánchez insistió en que ninguna institución española, europea o internacional había proporcionado hasta entonces pruebas sólidas de que Rabat planificara la entrada masiva. Reconoció, sin embargo, que durante aproximadamente diez horas críticas las fuerzas marroquíes permitieron los cruces y sostuvo que todavía debe determinarse si aquello respondió a una decisión deliberada o a la incapacidad de contener a la multitud.

Marruecos rechaza haber organizado la crisis y ha relacionado el episodio con las redes sociales, las mafias y la confusión creada alrededor de la interpretación de las normas españolas.

Hay, por tanto, dos niveles diferentes que a menudo se mezclan en la discusión política: averiguar si hubo pasividad o colaboración sobre el terreno y determinar si existió una estrategia estatal diseñada desde arriba. Lo primero cuenta ya con indicios recogidos por la Policía. Lo segundo continúa sin demostrarse públicamente.

La Audiencia Nacional busca aclarar quién estaba detrás

La historia ha dejado de ser únicamente una bronca parlamentaria o televisiva. La Fiscalía ha respaldado que la Audiencia Nacional investigue lo sucedido.

El Ministerio Público considera que existen elementos suficientes para abrir diligencias y esclarecer si detrás de la movilización hubo una organización criminal. Entre los posibles delitos que deberán analizarse aparecen el favorecimiento de la inmigración ilegal, homicidios y lesiones por imprudencia grave y organización criminal.

El informe policial incorporado al procedimiento sostiene que una parte significativa de una eventual planificación, movilización, logística y difusión digital podría haberse desarrollado en territorio marroquí, mientras los efectos principales terminaron produciéndose en España.

La investigación todavía no se dirige contra una persona concreta. Y ese detalle importa. Mucho.

Porque la versión más espectacular sería descubrir una sala oscura con un mapa de Ceuta, varios ordenadores encendidos y alguien pulsando un botón. La realidad de estas crisis suele ser menos cinematográfica: redes que copian mensajes, comerciantes que detectan negocio, propagandistas que aprovechan el caos, decisiones políticas, fuerzas fronterizas que actúan o dejan de actuar y miles de personas que reciben en su teléfono una promesa de que al otro lado existe una oportunidad.

Entre el algoritmo y una frontera muy real

El minuto de Silvia Intxaurrondo ha funcionado porque coloca una expresión nueva sobre un fenómeno reconocible: la frontera ya no termina en la valla. También pasa por TikTok, Telegram, Facebook, X, WhatsApp y cualquier espacio capaz de convertir un rumor local en una convocatoria multitudinaria.

Hay una base real para hablar de amenazas híbridas y manipulación informativa alrededor de Ceuta. Bruselas ha constatado actividad de amplificación vinculada a canales rusos y está estudiando cómo detectar antes este tipo de movimientos digitales. La propia doctrina europea contempla tanto la desinformación como la instrumentalización migratoria dentro del repertorio híbrido.

Lo que todavía no está demostrado es algo distinto: que la entrada de más de 70.000 personas fuera el resultado de una única operación algorítmica conscientemente dirigida por un actor identificado. La Justicia española intenta aclarar precisamente esa zona oscura.

La frase de Intxaurrondo, pues, señala un problema verdadero pero adelanta una conclusión que los investigadores todavía tienen que rellenar con pruebas. Entre una cosa y otra hay un trecho. En periodismo, en política y también en seguridad nacional, ese trecho suele ser el lugar donde se decide casi todo.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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