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Economía

¿Por qué Varta entra en insolvencia tras 139 años y 300 millones?

Varta afronta una insolvencia tras perder un cliente clave, sufrir presión china y agotar el margen financiero que debía sostener su futuro.

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una bateria de litio Varta

Imagen: Claus Ableiter / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0

Resumen

  • Varta entra en insolvencia tras 139 años y una reestructuración fallida
  • La pérdida de un gran cliente y la presión china agravaron la crisis
  • Los 300 millones públicos financiaron proyectos, no un rescate del grupo

Varta, uno de los grandes nombres históricos de la industria alemana de baterías, atraviesa una insolvencia que amenaza con trocear el grupo después de 139 años de trayectoria. La compañía solicitó en julio de 2026 la apertura de procedimientos de insolvencia para la matriz y varias filiales después de constatar un agujero estructural de financiación previsto para 2027. Y la situación se ha endurecido desde entonces: en septiembre, el tribunal de Stuttgart transfirió el control patrimonial de las sociedades afectadas al administrador concursal provisional Tobias Wahl.

No hay una sola causa ni, pese al atractivo del relato, una explicación tan sencilla como «China hundió Varta». La empresa acumuló problemas de demanda, costes, divisas y financiación; perdió un cliente decisivo en su negocio de pequeñas baterías recargables y llegó a esta nueva crisis apenas un año después de completar una profunda reestructuración. Los 300 millones de euros de ayudas públicas concedidos en 2020 tampoco fueron un cheque para tapar pérdidas: estaban vinculados a proyectos industriales y de innovación en baterías dentro del programa europeo IPCEI. No bastaron, eso sí, para asegurar la viabilidad posterior del grupo.

Varta no ha desaparecido, pero su estructura está en juego

Conviene hacer una precisión importante. Varta no ha apagado la luz, cerrado todas sus fábricas ni dejado de fabricar pilas de un día para otro. El procedimiento afecta a VARTA AG, VARTA Microbattery, VARTA Micro Production y VARTA Storage. El negocio de pilas domésticas, VARTA Consumer Batteries, quedó fuera de las solicitudes de insolvencia y ha seguido operando de manera separada.

También hay una confusión habitual por el nombre. Las baterías VARTA para automóviles pertenecen actualmente a una estructura empresarial distinta. La propia VARTA Automotive explica que esa actividad quedó separada históricamente y que Clarios y VARTA AG son grupos diferentes, sin vinculación societaria entre ellos. De modo que la insolvencia de VARTA AG no significa que desaparezca automáticamente la conocida marca de baterías de arranque para coches que muchos conductores identifican con el logotipo amarillo y azul.

La fotografía real es menos redonda y bastante más incómoda. Una compañía histórica, fuerte en determinados nichos tecnológicos, intenta conservar las partes viables mientras acreedores, accionistas y posibles inversores discuten quién se queda con qué. El administrador concursal mantiene abierto un proceso para encontrar compradores y ya comunicó que existe interés de potenciales inversores.

La pérdida de un gran cliente golpeó donde más dolía

Uno de los golpes decisivos llegó desde Nördlingen, en Baviera. Allí Varta fabricaba sus pequeñas baterías recargables CoinPower, utilizadas principalmente en auriculares inalámbricos. En mayo, la compañía anunció el cierre de esa producción después de que su cliente principal decidiera no contar con Varta para una nueva generación de productos.

Varta no identificó oficialmente a ese comprador, pero informaciones publicadas por medios económicos señalaron a Apple, que habría optado por un proveedor chino para las celdas destinadas a sus AirPods. La consecuencia anunciada fue especialmente visible: unos 350 puestos de trabajo afectados entre Nördlingen y Ellwangen y el cierre de la planta bávara durante el otoño.

Era una fábrica extremadamente especializada. Según explicó la propia empresa, aquel cliente garantizaba prácticamente toda la ocupación de la planta. Cuando una línea industrial depende de un comprador de ese tamaño, perder el contrato no es perder una venta más: es quedarse con maquinaria, personal y capacidad productiva diseñada para un pedido que deja de existir.

China entra por el precio, pero el problema venía de antes

La competencia asiática pesa, naturalmente. Fabricantes chinos han ganado escala y capacidad tecnológica mientras mantienen estructuras de costes difíciles de igualar desde Europa. En el caso de las baterías pequeñas, donde unos pocos céntimos pueden multiplicarse por millones de unidades, esa diferencia cuenta mucho.

Pero atribuir toda la insolvencia a los fabricantes chinos sería cómodo y bastante incompleto. Cuando Varta presentó su solicitud en julio habló de empeoramiento de las condiciones del mercado, menor demanda y efectos negativos de los tipos de cambio, además de la salida del cliente principal. La compañía aclaró incluso que el problema inmediato no era una incapacidad para pagar sus obligaciones en ese momento, sino un déficit estructural de financiación que esperaba a partir de 2027.

El detalle de las divisas tampoco es menor. En un grupo que produce en Europa y vende internacionalmente, un dólar débil frente al euro puede convertir un contrato grande en un negocio mucho menos rentable. Fuentes conocedoras de la producción de las CoinPower señalaron que Varta ya estaba obteniendo escaso beneficio con aquellas celdas precisamente por el efecto del cambio de moneda.

Los 300 millones públicos no fueron un rescate de Varta

El número resulta irresistible: 300 millones de euros. Puesto al lado de la palabra insolvencia, parece la historia perfecta de dinero público arrojado a un agujero industrial. La realidad necesita algo más de letra pequeña.

En junio de 2020, el Gobierno federal alemán y los estados de Baviera y Baden-Wurtemberg aprobaron hasta 300 millones para proyectos de Varta vinculados al programa europeo IPCEI de baterías. El objetivo era desarrollar nuevas generaciones de celdas de ion-litio, mejorar su densidad energética y llevar tecnología propia hacia formatos mayores y aplicaciones industriales y de movilidad.

Qué financiaban realmente esas ayudas

La financiación se dividió fundamentalmente entre dos programas industriales. Uno estaba dedicado al desarrollo e industrialización de celdas de ion-litio con formato de botón y recibió alrededor de 198,5 millones; el segundo, dotado con hasta 101,5 millones, cubría pequeñas celdas de litio y formatos especiales. Los fondos estaban asociados a inversiones y gastos elegibles de esos proyectos, no a cubrir indefinidamente las pérdidas generales de Varta.

Eso no elimina la cuestión política e industrial que deja la insolvencia: Alemania destinó una cantidad considerable de dinero público a reforzar una tecnología considerada estratégica y, seis años después, algunas de las sociedades beneficiarias están bajo administración concursal. Pero son dos cosas distintas. Una subvención tecnológica no garantiza la supervivencia de una empresa frente a futuros cambios de mercado, clientes, deuda o costes.

Ahí está precisamente uno de los aspectos más incómodos del caso Varta. Europa lleva años intentando reducir su dependencia de Asia en baterías; levantar capacidad propia cuesta miles de millones. Sin embargo, conseguir tecnología no resuelve automáticamente el otro problema: fabricar a un precio capaz de competir con empresas asiáticas que producen a una escala gigantesca.

La reestructuración de 2025 tampoco logró estabilizar el grupo

Lo más llamativo es la velocidad del deterioro. Varta había terminado en abril de 2025 una importante reestructuración financiera mediante el procedimiento alemán StaRUG. La compañía anunció entonces una recapitalización, reducción de deuda y 120 millones de euros entre nuevo capital y financiación, con Porsche y el inversor austríaco Michael Tojner incorporados a la nueva estructura accionarial. El mensaje de aquella primavera era de estabilización y regreso al crecimiento.

Duró poco.

En julio de 2026, poco más de un año después, Varta regresó al punto crítico. Los accionistas no aportaron el capital adicional que habría necesitado el grupo y las empresas afectadas acabaron recurriendo al procedimiento de insolvencia. El intento inicial de mantener una administración en manos de la propia dirección también fue abandonado: el tribunal nombró a Tobias Wahl como administrador concursal provisional, concentrando bajo una gestión común los procesos de las diferentes sociedades.

Y el 11 de septiembre llegó otro paso relevante. El tribunal de Stuttgart impuso prohibiciones generales de disposición sobre el patrimonio de las cuatro compañías implicadas. En términos menos jurídicos: la dirección dejó de poder manejar libremente los activos y el control pasó al administrador provisional mientras se determina si existe una salida viable y cómo debe desarrollarse el procedimiento.

De las pilas de bolsillo a una industria estratégica

La caída resulta especialmente simbólica por el peso histórico de Varta. Sus raíces se remontan a 1887, cuando Adolf Müller fundó en Hagen una empresa que acabaría formando parte de la genealogía industrial de la marca. El nombre VARTA apareció posteriormente, a comienzos del siglo XX, y terminó convirtiéndose durante décadas en una referencia alemana asociada a acumuladores, pilas y sistemas portátiles de energía.

Ha sobrevivido a guerras, divisiones empresariales, cambios de propietarios, revoluciones tecnológicas y sucesivas transformaciones de la electrónica. Precisamente por eso su crisis va más allá de la nostalgia por aquellas pilas que aparecían en cajones, juguetes y radios. Lo que está en discusión es conocimiento industrial europeo en tecnología de baterías, justo cuando almacenamiento energético, movilidad eléctrica y electrónica portátil se han convertido en sectores estratégicos.

En Ellwangen la dimensión es muy concreta. Alrededor de un millar de personas trabajan para Varta en una ciudad de unos 24.500 habitantes, y el grupo mantiene alrededor de 2.300 empleos en Alemania. A ellos se suman proveedores y puestos indirectos. No estamos ante una multinacional cuya desaparición apenas deja una oficina vacía; en determinadas localidades, Varta forma parte del tejido económico como una vieja fábrica forma parte del paisaje.

El nombre puede sobrevivir aunque Varta cambie por completo

A finales de septiembre de 2026, el futuro sigue abierto. La insolvencia no equivale todavía a una liquidación completa y el objetivo declarado del administrador es encontrar inversores, preservar actividades viables y mantener cuantos empleos sea posible. Existen interesados y, al mismo tiempo, distintos acreedores y accionistas persiguen soluciones diferentes para los negocios del grupo.

Lo probable es que la Varta que salga de este proceso, si logra conservar sus principales actividades, no tenga exactamente la forma de la Varta que entró. El negocio rentable de pilas de consumo está protegido del procedimiento, mientras otras divisiones pueden terminar vendidas, reorganizadas o separadas. Marca, fábricas, patentes y trabajadores no tienen necesariamente el mismo destino.

Después de 139 años, Varta no se ha quedado literalmente sin batería. La metáfora funciona demasiado bien para resistirse, claro. Lo que se ha agotado es otra cosa: el margen financiero para seguir funcionando con la estructura actual. Entre una dependencia excesiva de determinados clientes, una competencia asiática feroz, una reestructuración que apenas dio un año de aire y un mercado de baterías donde el tamaño importa casi tanto como la tecnología, la vieja industria alemana se encuentra ante una de esas paradojas poco cómodas: Europa necesita fabricar más baterías propias precisamente cuando uno de sus nombres históricos lucha por seguir fabricándolas.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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