Ciencia
¿Cuándo llega el equinoccio de otoño 2026 y qué ocurrirá en España?
El otoño astronómico de 2026 empieza en España el 23 de septiembre a las 2:05, con días cada vez más cortos hasta el solsticio de diciembre.

Resumen
- El otoño astronómico empieza en España el 23 de septiembre a las 2:05
- El equinoccio ocurre cuando el Sol cruza el plano del ecuador terrestre
- Los días seguirán acortándose hasta el solsticio de diciembre
El equinoccio de otoño de 2026 llegará a España en la madrugada del miércoles 23 de septiembre. El instante astronómico se producirá a las 2:05 horas en la España peninsular, Baleares, Ceuta y Melilla, mientras que en Canarias serán las 1:05 horas. En tiempo universal, el fenómeno tendrá lugar exactamente a las 00:05 UTC. Ese minuto, y no todo el día, marca el comienzo oficial del otoño astronómico en el hemisferio norte.
No ocurre porque de repente haga frío, caigan las primeras hojas o aparezca una nube gris sobre media España. La explicación es bastante más limpia: en ese momento, el centro del Sol cruza el plano del ecuador terrestre en su desplazamiento aparente hacia el sur. Desde entonces, las noches irán ganando terreno a las horas de luz en nuestras latitudes hasta alcanzar el solsticio de diciembre. Mientras aquí entra el otoño, al otro lado del ecuador comienza la primavera.
El otoño de 2026 empieza el 23 de septiembre, no el 22
La fecha puede provocar cierta confusión porque el equinoccio de septiembre aparece como 22 de septiembre en numerosos calendarios y publicaciones internacionales. No es necesariamente un error. El fenómeno ocurre simultáneamente en todo el planeta, pero los relojes cuentan historias distintas según el huso horario.
En 2026, el cruce se produce a las 00:05 UTC del 23 de septiembre. En España peninsular estaremos dos horas por delante del tiempo universal debido al horario de verano, de modo que serán las 2:05 de la madrugada. En zonas de América situadas varias horas al oeste de Greenwich todavía será la tarde o la noche del día 22. El mismo instante, dos fechas. Una pequeña trampa del calendario.
La fecha del equinoccio tampoco es fija de un año a otro. Puede desplazarse entre distintos días de septiembre porque el calendario gregoriano no encaja al milímetro con el tiempo que tarda la Tierra en completar su ciclo alrededor del Sol. El llamado año tropical dura aproximadamente 365,242 días, algo más de 365 días y bastante menos de 366. Los años bisiestos corrigen periódicamente ese desfase.
Qué ocurre exactamente durante un equinoccio
La Tierra gira alrededor del Sol con su eje inclinado aproximadamente 23,4 grados. Esa inclinación —y no la distancia de nuestro planeta respecto al Sol— es la responsable fundamental de las estaciones.
Durante buena parte del año, uno de los hemisferios está inclinado más directamente hacia el Sol que el otro. Alrededor del solsticio de junio, el hemisferio norte recibe una iluminación más directa y disfruta de días largos. Después, mientras la Tierra continúa recorriendo su órbita, esa ventaja se va reduciendo.
En el equinoccio llega una especie de empate geométrico: ninguno de los dos hemisferios queda especialmente inclinado hacia el Sol. Los rayos solares inciden directamente sobre el entorno del ecuador y la línea que separa la zona iluminada de la zona nocturna atraviesa aproximadamente ambos polos.
El Sol cruza el ecuador celeste hacia el sur
Visto desde la Tierra, el Sol parece desplazarse lentamente hacia el sur después del solsticio de junio. En septiembre cruza el llamado ecuador celeste, una prolongación imaginaria del ecuador terrestre sobre el cielo.
Ese cruce es el equinoccio. A partir de ahí, el punto de la Tierra situado directamente bajo el Sol continuará avanzando hacia latitudes australes hasta llegar al solsticio de diciembre, cuando alcanzará su posición más meridional. Después comenzará el viaje aparente de vuelta hacia el norte.
Día y noche casi iguales, pero no exactamente
Aquí aparece uno de los mitos más resistentes del equinoccio. El nombre procede del latín y transmite la idea de una noche igual al día, pero las 24 horas no se reparten realmente en dos bloques perfectos de doce horas de luz y doce de oscuridad.
En Madrid, por ejemplo, el 23 de septiembre de 2026 el Sol saldrá aproximadamente a las 8:03 y se pondrá hacia las 20:10, dejando unas 12 horas y siete minutos de luz. En Valencia la duración será también ligeramente superior a doce horas.
¿De dónde salen esos minutos de propina? Primero, el amanecer se considera iniciado cuando aparece por el horizonte el borde superior del disco solar, no cuando emerge su centro. Con el ocaso sucede lo mismo a la inversa.
Luego interviene la atmósfera. La refracción atmosférica curva ligeramente la luz y permite ver el Sol cuando geométricamente todavía se encuentra por debajo del horizonte al amanecer —o cuando ya ha descendido tras él al atardecer—. Entre una cosa y otra, el día aparente se estira unos minutos.
El día realmente equilibrado tiene otro nombre
Existe incluso un término específico para la jornada en la que día y noche se aproximan mucho más a una duración idéntica: equilux. Su fecha cambia según la latitud y no tiene por qué coincidir con el equinoccio.
Es una distinción pequeña, sí, pero útil. El equinoccio es ante todo un acontecimiento geométrico y astronómico, definido por la posición relativa del Sol y el ecuador terrestre. No por lo que marque el cronómetro entre amanecer y anochecer.
Otoño astronómico y otoño meteorológico no empiezan juntos
Hay otra fecha que suele bailar en estas conversaciones. Para la astronomía, el otoño comienza con el equinoccio de septiembre. Para la meteorología y la climatología, en cambio, se utiliza normalmente un calendario más sencillo: septiembre, octubre y noviembre forman el otoño meteorológico.
Eso significa que, desde el punto de vista climatológico, el otoño de 2026 comenzó el 1 de septiembre. Esta división permite trabajar con meses completos y comparar de manera más sencilla temperaturas, lluvias y otros registros entre unos años y otros.
La diferencia tiene una razón práctica. La meteorología organiza las estaciones en bloques mensuales; la astronomía, en cambio, mira la posición de la Tierra respecto al Sol y espera a que la geometría orbital marque la frontera. Dos relojes distintos para observar una misma estación.
Las tardes perderán luz hasta diciembre
Tras el equinoccio, en España continuará el acortamiento de los días que comenzó después del solsticio de junio. No se trata de un cambio repentino al amanecer del 23 de septiembre; la pérdida de luz lleva semanas produciéndose y seguirá avanzando durante el otoño.
En Madrid, el día 21 de septiembre tendrá unas 12 horas y 12 minutos de luz; el 23 serán algo más de 12 horas y siete minutos y, apenas tres días después, el 26, la duración caerá ya por debajo de las doce horas. La evolución varía ligeramente según la latitud: cuanto más al norte, más acusados resultan los cambios estacionales en las horas de luz.
El otoño astronómico de 2026 terminará con el solsticio de invierno del 21 de diciembre, que ocurrirá a las 20:50 UTC, es decir, a las 21:50 horas en la España peninsular. Para entonces el hemisferio norte habrá alcanzado su periodo anual de menor iluminación solar.
Una frontera precisa entre dos estaciones
El equinoccio tiene algo extraño frente a nuestra manera cotidiana de entender las estaciones. Fuera puede seguir haciendo calor, las terrazas continuar llenas y los árboles conservar todavía buena parte de su verde. Y, sin embargo, a las 2:05 de la madrugada del 23 de septiembre, el verano astronómico habrá terminado en España.
No hay campanadas ni un cambio súbito en el cielo. Hay una posición concreta de la Tierra, el Sol cruzando imaginariamente el ecuador celeste y una nueva distribución de la luz entre ambos hemisferios. Desde ese instante, el otoño de 2026 estará oficialmente en marcha en nuestras latitudes. El calendario seguirá diciendo septiembre; las tardes, poco a poco, contarán otra historia.












