Ciencia
El anfibio con lengua de camaleón que vivió junto a los últimos dinosaurios de Huesca
Synorerpeton ribagorzana: un anfibio de cinco centímetros descubierto en Huesca que cazaba como los camaleones hace 66 millones de años.

Resumen
- Un equipo internacional describe Synorerpeton ribagorzana, una nueva especie de anfibio de hace 66 millones de años hallada en Arén (Huesca).
- Los fósiles se excavaron en 1997 en el yacimiento de Blasi y llevaban casi tres décadas esperando en el Museo de la Universidad de Zaragoza.
- El animal medía menos de cinco centímetros, tenía piel escamosa y cazaba con una lengua de proyección rápida, como los camaleones.
En 1997, una campaña paleontológica en el yacimiento de Blasi, junto a la localidad oscense de Arén, llenó varias cajas con más de 80 restos óseos diminutos: fragmentos de cráneo, vértebras, pedacitos de esqueleto que a simple vista no le dirían nada a nadie. Casi treinta años después, esas cajas guardaban una especie desconocida para la ciencia. Se llama Synorerpeton ribagorzana, vivió hace unos 66 millones de años —medio millón de años antes de que el asteroide de Chicxulub reescribiera la historia de la vida— y su descripción acaba de publicarse en la revista Cretaceous Research.
El descubrimiento que llevaba tres décadas en un cajón
Lo fascinante de este hallazgo no es solo lo que se ha encontrado, sino dónde estaba: en el Museo de Ciencias Naturales de la Universidad de Zaragoza, clasificado, etiquetado y esperando. Parte del material de Blasi ya se había estudiado antes, pero no había evidencia suficiente para afirmar que pertenecía a una especie distinta. Hacían falta más piezas del puzzle y, sobre todo, alguien que volviera a mirarlas con las preguntas adecuadas.
El trabajo lo ha liderado Alexandre R. D. Guillaume, de la Universidade NOVA de Lisboa, bajo la supervisión de Miguel Moreno-Azanza, del grupo Aragosaurus-IUCA de la Universidad de Zaragoza, y de Eduardo Puértolas-Pascual, con la colaboración de Hugues-Alexandre Blain (IPHES-CERCA) y del Instituto Geológico y Minero de España (IGME-CSIC). La revisión del cráneo y de las vértebras cervicales fue la que dio la certeza: aquello no encajaba con ninguna especie conocida.
Menos de cinco centímetros de pura rareza
Synorerpeton ribagorzana pertenece a los albanerpetóntidos, uno de los grupos más desconcertantes de la paleontología. A primera vista parecían salamandras pequeñas, pero por dentro eran otra cosa completamente distinta:
- ✓Medían menos de cinco centímetros.
- ✓Tenían la piel seca y escamosa, nada que ver con la piel húmeda de los anfibios actuales.
- ✓Presentaban garras queratinosas y párpados, rasgos más propios de reptiles.
- ✓Cazaban con una lengua de proyección rápida, un sistema parecido al de los camaleones actuales.
- ✓Habitaron los ecosistemas terrestres durante buena parte del Mesozoico, entre hace unos 245 y 65 millones de años.
Esa mezcla imposible —anfibio con escamas, párpados y lengua balística— es precisamente lo que hace tan difícil estudiarlos. Su reducido tamaño y la fragilidad extrema de sus huesos provocan que el registro fósil sea escaso y fragmentario. Cada vértebra bien conservada cuenta.
Blasi: una ventana al último capítulo de los dinosaurios
El yacimiento de Blasi no es un hallazgo aislado en un sitio cualquiera. La Ribagorza oscense se ha convertido en una de las mejores ventanas de Europa para asomarse a los últimos momentos del Cretácico. Como recuerda el propio equipo investigador, esta zona ha sido muy productiva en vertebrados fósiles: en los últimos años se han descrito aquí dos nuevas especies de dinosaurios y dos de cocodrilos.
¿Por qué importa tanto la fecha? Porque estudiar los sedimentos depositados justo antes del límite K/Pg —la frontera geológica que marca el impacto del asteroide— es lo más parecido a fotografiar un ecosistema europeo minutos antes del apocalipsis. Saber qué animales pequeños vivían ahí, cuántos linajes convivían y cómo se relacionaban con los de América del Norte o Asia ayuda a entender no solo la extinción, sino también quiénes heredaron la Tierra después.
Albanerpetóntidos: los anfibios que rompían todas las reglas
Para entender por qué este hallazgo importa, hay que entender qué eran los albanerpetóntidos. Durante décadas desconcertaron a los paleontólogos: aparecían en el registro fósil con rasgos de anfibio y, al mismo tiempo, con características que parecían sacadas de un reptil. Esa combinación imposible hizo que su clasificación fuera discutida durante años y que hoy se les considere un linaje propio, separado de salamandras, ranas y cecilias.
Piensa en lo que supone: un animal de menos de cinco centímetros, con piel seca cubierta de escamas, párpados móviles y garras de queratina en los dedos, que además proyectaba la lengua a velocidad de vértigo para cazar pequeños invertebrados. Ningún anfibio actual hace nada parecido. Las salamandras, sus parientes más próximos en apariencia, dependen de la piel húmeda para respirar y de la humedad ambiental para sobrevivir. Los albanerpetóntidos, en cambio, parecen haber conquistado ambientes terrestres mucho más secos, lo que explicaría su amplia distribución por Europa, Asia y América del Norte durante más de 150 millones de años.
Y sin embargo, se extinguieron. Sobrevivieron al asteroide de Chicxulub —hay registros de albanerpetóntidos en el Paleógeno— pero terminaron desapareciendo hace unos pocos millones de años, por razones que todavía se debaten. Cada nueva especie descrita, como la de Arén, añade una pieza a ese misterio: ¿qué tenían estos animales que les permitió durar tanto, y qué les faltó para llegar hasta hoy?
Dos linajes conviviendo en la Europa del final del Cretácico
Además de describir la especie nueva, el estudio aporta un segundo resultado igual de interesante: hay indicios de que dos linajes diferentes de albanerpetóntidos pudieron coexistir en Europa durante el final del Cretácico. Y los datos apuntan a conexiones biogeográficas sorprendentes para animales de cinco centímetros:
- 1Las poblaciones de Europa occidental mostrarían conexiones con América del Norte.
- 2Las de Europa oriental podrían mantener vínculos con Asia o con poblaciones europeas más antiguas.
- 3La península ibérica queda confirmada como punto caliente para entender la dispersión de los pequeños vertebrados mesozoicos.
La historia de los grandes dinosaurios se cuenta sola —tienen el tamaño y el cine de su parte—, pero la de los animales pequeños que vivían a sus pies es la que está reescribiendo ahora mismo la paleontología española. Y esta vez el protagonista cabe en la palma de la mano.
Lo que queda por contar en la Ribagorza
Los resultados abren nuevas líneas de investigación sobre la evolución, la dispersión y la distribución geográfica de estos pequeños vertebrados. Traducido: las cajas de Blasi probablemente no han terminado de hablar. Cada revisión de material antiguo con nuevas técnicas —y nuevas preguntas— puede reordenar otra pieza del ecosistema pre-extinción.
Queda una pregunta flotando sobre Arén, y no es retórica: ¿cuántas especies más duermen ya excavadas en los almacenes de los museos españoles, esperando a que alguien vuelva a abrirlas? Si el caso de Synorerpeton ribagorzana sirve de guía —29 años de espera para ser descubierta—, la respuesta es que probablemente unas cuantas. La paleontología, a veces, no consiste en excavar más, sino en mirar mejor lo ya excavado.
El nombre elegido para la especie también tiene su historia. Synorerpeton alude a la convivencia de linajes —ese «syn» griego de compañía— en la Europa cretácica, y ribagorzana rinde homenaje a la comarca que la vio vivir y morir: la Ribagorza oscense. Es la denominación que quedará fijada para siempre en la literatura científica, publicada ya en Cretaceous Research, y convierte a un pueblo de Huesca en coordenada obligatoria para cualquiera que estudie los últimos días de la era de los dinosaurios en Europa.
Mientras tanto, en Arén, el yacimiento de Blasi sigue ahí, discreto, sin la espectacularidad de los grandes huesos. Los dinosaurios acaparan las portadas, pero fueron los animales de cinco centímetros —los que cabían en la palma de la mano y cazaban moscas con la lengua— los que realmente heredaron el mundo después del asteroide. Sus descendientes, los mamíferos, acabaríamos incluyendo a una especie capaz de desenterrar sus vértebras, meterlas en una caja y esperar 29 años a entenderlas. Si eso no es un final digno para una historia del Cretácico, se le parece bastante.












