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¿Qué predicciones de Regreso al futuro sí terminaron siendo realidad?
De las videollamadas a los drones y las zapatillas automáticas: las predicciones de Regreso al futuro que el tiempo acabó convirtiendo en realidad.

Resumen
- Regreso al futuro anticipó videollamadas, drones y pantallas planas
- La biometría y las zapatillas automáticas también saltaron a la realidad
- Los coches voladores y el hoverboard auténtico siguen siendo ciencia ficción
Regreso al futuro II imaginó en 1989 cómo sería la vida el 21 de octubre de 2015 y, aunque dejó aparcados varios disparates maravillosos —seguimos esperando ese tráfico de coches voladores—, acertó de forma sorprendente con tecnologías que terminarían formando parte de la rutina. Pantallas planas, videollamadas, pagos biométricos, tabletas, dispositivos que obedecen a la voz, gafas inteligentes, drones, videojuegos sin mando y hasta zapatillas capaces de ajustarse solas aparecen, con mayor o menor precisión, en aquel Hill Valley del futuro.
Hay que poner una pequeña frontera entre profecía y coincidencia. Robert Zemeckis y Bob Gale nunca pretendieron elaborar un informe científico sobre 2015. Sabían que predecir el futuro con exactitud era imposible y buscaban, sobre todo, construir un mañana reconocible, optimista y divertido. Precisamente por eso resulta tan llamativo revisar la película décadas después: varios de aquellos chistes tecnológicos se parecen demasiado a objetos que tenemos sobre la mesa, en el bolsillo o colgados de la muñeca.
De las pantallas gigantes a vivir permanentemente conectados
El primer gran acierto está prácticamente en cualquier salón. La casa de los McFly tiene televisores planos de gran formato, colocados en la pared y capaces de mostrar diferentes contenidos simultáneamente. En 1989 no era la imagen habitual de un televisor doméstico; con el paso de los años se convirtió en algo completamente corriente. La propia película incluso juega con la idea de dividir la pantalla entre varios canales, una posibilidad que la tecnología moderna ha normalizado.
Segundo acierto: las videollamadas. Marty adulto conversa desde casa con Needles utilizando una gran pantalla, mientras aparecen datos personales del interlocutor. Skype, FaceTime, Zoom, Meet y tantas otras plataformas convirtieron ese recurso futurista en una costumbre doméstica. Después llegó el teletrabajo y remató la jugada: aquello que en la película servía para mostrar un 2015 extravagante terminó siendo una forma perfectamente normal de asistir a una reunión un lunes por la mañana. Menos emocionante que viajar en un DeLorean, desde luego.
El tercer acierto estaba incorporado a esa misma casa: los aparatos activados mediante la voz. El universo de Marty presenta televisores y dispositivos domésticos que responden a órdenes habladas. La idea dejó de ser ciencia ficción con los televisores inteligentes, altavoces conectados y asistentes de voz capaces de controlar luces, música, climatización o electrodomésticos.
Huellas digitales para abrir puertas y pagar
El cuarto acierto probablemente impresiona más porque toca una tecnología que en los años ochenta conservaba cierto aroma a película de espías. En Hill Valley, una huella dactilar funciona como identificación: sirve para autorizar operaciones e interactuar con sistemas cotidianos.
La biometría acabó siguiendo exactamente ese camino. Durante años millones de teléfonos incorporaron lectores de huellas para desbloquear el dispositivo, autorizar compras o identificarse ante aplicaciones. Los pagos digitales incorporaron después sistemas biométricos como capa de seguridad. La película no clavó todos los detalles técnicos, claro, pero entendió algo más importante: el cuerpo acabaría convirtiéndose en una contraseña.
Y ahí aparece el quinto acierto. Cuando un hombre pide a Marty una aportación para conservar la torre del reloj, utiliza un dispositivo portátil y plano en el que puede registrarse electrónicamente la operación. Visto desde la actualidad, resulta difícil no pensar en una tableta utilizada para cobrar, firmar una entrega o rellenar un formulario.
No fue una predicción milimétrica del iPad, que llegaría muchos años después, pero sí una aproximación visual extraordinariamente familiar: una pantalla portátil sustituye al papel y permite completar una transacción directamente sobre ella. El futuro llegó sin condensador de flujo; bastaron una pantalla táctil y una batería que nunca parece durar lo suficiente.
Gafas inteligentes, drones y videojuegos sin mando
El sexto acierto estaba literalmente delante de los ojos de los personajes. En varias escenas aparecen dispositivos electrónicos llevados sobre la cabeza, especialmente durante la cena de la familia McFly. Aquellas gafas futuristas anticipaban, al menos conceptualmente, la expansión de la tecnología vestible: desde gafas inteligentes hasta visores de realidad virtual y aumentada.
No son idénticos a los aparatos de la película, ni falta que hace. Lo interesante es la intuición: la informática dejaría de estar encerrada exclusivamente dentro de un ordenador y empezaría a acompañar al usuario físicamente. Relojes inteligentes, auriculares conectados y visores han seguido justamente esa senda.
El séptimo acierto vuela. Los drones aparecen en Regreso al futuro II realizando funciones que entonces parecían un gag: cámaras autónomas que pueden desplazarse por el aire y participar incluso en la cobertura informativa. Actualmente se emplean para grabación audiovisual, inspección, agricultura, vigilancia de infraestructuras, emergencias y multitud de trabajos civiles.
Algunos de aquellos usos de drones fueron concebidos prácticamente como una broma. La realidad, una vez más, decidió tomársela bastante en serio.
El octavo acierto dura apenas unos segundos, pero envejeció de manera especialmente curiosa. Dos niños observan a Marty jugando a una máquina recreativa y se sorprenden porque debe utilizar las manos. Para ellos, un videojuego controlado físicamente mediante botones pertenece prácticamente a la prehistoria.
La industria terminaría desarrollando controles mediante movimiento, gestos y cámaras, con sistemas capaces de interpretar el cuerpo del jugador sin necesidad del mando tradicional. El videojuego convencional no desapareció —de hecho, los botones demostraron tener una salud envidiable—, pero el concepto imaginado por la película dejó de resultar absurdo.
Las zapatillas de Marty terminaron saliendo de la pantalla
El noveno acierto necesita una pequeña corrección en el calendario. Marty McFly se pone unas Nike que se ajustan automáticamente y los cordones se cierran solos. Era una de las imágenes más reconocibles del 2015 cinematográfico y, durante mucho tiempo, también una de las más imposibles.
Hasta que Nike decidió convertir el sueño en producto.
La compañía presentó las HyperAdapt 1.0 en 2016, unas zapatillas capaces de detectar el pie y ajustar electrónicamente el sistema de cierre. La tecnología no llegó exactamente cuando Zemeckis colocó a Marty en Hill Valley, sino aproximadamente un año después, pero pocas predicciones de la película tuvieron una materialización tan literal.
Aquí hay, además, una deliciosa paradoja. No estamos solamente ante una película que adivinó una tecnología futura: la propia ficción ayudó a inspirarla. Diseñadores e ingenieros trabajaron durante años para transformar en un producto funcional aquella zapatilla creada originalmente como atrezo cinematográfico. La película no miró únicamente hacia el futuro; en cierta medida, lo empujó.
Los Chicago Cubs acertaron con un año de retraso
El décimo caso no lleva cables, sensores ni pantallas. Es béisbol.
Cuando Marty llega al 2015 ficticio descubre que los Chicago Cubs han ganado las Series Mundiales, algo deliberadamente disparatado cuando se escribió la película. El equipo no conquistaba el campeonato desde 1908 y precisamente por eso resultaba perfecto para la broma: parecía uno de los acontecimientos deportivos más improbables que podían imaginar sus guionistas.
La película falló por muy poco. Los Cubs no fueron campeones en 2015, pero el 2 de noviembre de 2016 derrotaron a Cleveland en el séptimo partido de las Series Mundiales y conquistaron su primer título en 108 años. Un año de desviación después de una predicción escrita casi tres décadas antes. Para una comedia sobre viajes temporales, tampoco está mal.
Eso sí, conviene no retorcer la casualidad. La película también imaginaba que Chicago derrotaría a un equipo de Miami en las Series Mundiales, algo que no ocurrió. Curiosamente, cuando se rodó la cinta ni siquiera existía todavía una franquicia de las Grandes Ligas en Miami. Los Florida Marlins comenzarían a competir posteriormente y terminarían adoptando el nombre de Miami Marlins. Incluso dentro del fallo había una pieza extrañamente bien orientada.
Lo que Hill Valley no consiguió adivinar
Para medir aquellas predicciones con cierta justicia también hay que mirar al otro lado. No circulamos normalmente en coches voladores, los hoverboards auténticos no han sustituido al monopatín y nadie mete una pizza diminuta en un hidratador doméstico para obtener una cena completa segundos después.
La película también concedía al fax una longevidad que resultó excesivamente optimista. En ese 2015 imaginario había aparatos de fax por todas partes, mientras que el mundo real se desplazaba hacia el correo electrónico, la mensajería instantánea y los documentos almacenados en la nube.
Y se produjo una ausencia gigantesca: el teléfono inteligente. Los creadores no imaginaron un único aparato capaz de actuar simultáneamente como ordenador, cámara, grabadora, calculadora, reproductor, navegador, cartera, agenda y medio de comunicación. Paradójicamente, una de las tecnologías que más definieron el verdadero 2015 apenas estaba allí.
Tampoco debemos confundir las tablas autoequilibradas con ruedas que durante unos años se comercializaron como hoverboards con la tabla flotante de Marty. Aquello fue, básicamente, marketing con bastante imaginación. El aeropatín de la película continúa perteneciendo a ese rincón del futuro que todavía nos debe una explicación.
El futuro que acertó precisamente porque sabía exagerar
Lo fascinante de las predicciones de Regreso al futuro no es contar cuántos objetos acertó como quien corrige una quiniela tecnológica. La película entendió algo más profundo: las pantallas serían mayores y más abundantes, los aparatos empezarían a reconocernos, hablaríamos con máquinas, llevaríamos ordenadores encima y delegaríamos pequeñas tareas en dispositivos autónomos.
Luego la realidad hizo lo suyo. Algunas ideas llegaron antes, otras después y unas cuantas tomaron formas que en 1989 habrían resultado incluso más extrañas que las imaginadas por Hollywood. Las zapatillas se ataron solas, los Cubs terminaron ganando y las videollamadas se hicieron tan corrientes que hasta conseguimos aburrirnos en ellas.
El DeLorean sigue sin aparecer por la puerta. Pero, repasando Hill Valley desde 2026, resulta evidente que parte de aquel futuro ya llegó. Y lo hizo sin rayos, sin plutonio y, para desgracia de varias generaciones de espectadores, sin el dichoso hoverboard.

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