Naturaleza
El desmán ibérico ha perdido el 69% de su territorio: así lo rastrean con el ADN que deja en el agua
Un mamífero nocturno, único de la península, ha perdido dos tercios de su territorio. Ahora los científicos lo buscan en el ADN del río.

Resumen
- El desmán ibérico ha perdido cerca del 69% del territorio que ocupaba hace tres décadas, según la Lista Roja de la UICN.
- Genetistas de la Universidad de Oviedo han logrado detectarlo sin verlo ni capturarlo, analizando el ADN que deja en el agua de cuatro ríos.
- La PCR digital detectó el 31,3% de las muestras positivas donde la técnica clásica no encontraba nada; funciona mucho mejor en corrientes y rápidos que en pozas.
Hay un animal que solo existe en la península ibérica, vive en los ríos de montaña, tiene una trompa de rastreador y unas patas traseras de nadador olímpico… y la mayoría de la gente nunca lo ha visto. Ni lo verá. El desmán ibérico (Galemys pyrenaicus) es nocturno, esquivo y está desapareciendo a una velocidad que asusta: ha perdido cerca del 69% de su territorio en las últimas tres décadas, según los datos de la Lista Roja de la UICN.
La mala noticia tiene ahora un contrapeso técnico. Un equipo de genetistas de la Universidad de Oviedo ha probado con éxito una forma de saber si el desmán sigue en un río sin verlo, sin capturarlo y sin molestarlo: buscando en el agua el ADN que el animal va dejando a su paso. Los resultados los presentó el genetista Luis J. Royo en las Jornadas Científicas del Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama, cuyo resumen se publicó el 29 de octubre.
Un desconocido imprescindible
El desmán ibérico es un pequeño mamífero semiacuático que depende por completo de la salud de los ecosistemas fluviales de montaña. Ronda los 300 gramos, luce un pelaje densísimo e impermeable, unas patas traseras palmeadas de nadador y una trompa móvil que usa como radar táctil para cazar en la oscuridad del fondo. Es endémico: no existe en ningún otro lugar del mundo. De día resulta casi imposible de ver; de noche, cuando sale a cazar larvas de insectos y otros invertebrados acuáticos, cualquier observación depende más de la suerte que del método.
Justo por eso su declive ha pasado durante años casi inadvertido. Históricamente ocupaba los ríos de montaña de buena parte de la península —de la cordillera Cantábrica a los Pirineos, con núcleos en el Sistema Central—, pero la Lista Roja de la UICN lo sitúa hoy entre los mamíferos más amenazados de Europa, y en España hay quien lo da ya por desaparecido de tramos enteros donde era habitual hace treinta años. Por eso funciona como un indicador ambiental de primer orden: si hay desmán, el río suele estar sano. Si desaparece, algo más se está rompiendo.
Los genetistas distinguen además cinco unidades evolutivas de la especie que deberían gestionarse por separado, lo que complica cualquier plan de conservación genérico. Proteger al desmán no es salvar a un animal simpático y raro: es conservar la conectividad de los ríos, la calidad de su agua y toda la biodiversidad que arrastran. En palabras de los propios investigadores, «proteger al desmán significa también conservar la conectividad, la calidad del agua y la biodiversidad de los ecosistemas fluviales».
El río como archivo biológico
La técnica se llama ADN ambiental (eDNA, por sus siglas en inglés) y parte de una idea sencilla: todos los seres vivos soltamos ADN al entorno con células de la piel, mucosidad, heces u orina. Un río que fluye arrastra ese material y lo concentra aguas abajo. El equipo de Oviedo lo describe como un «archivo biológico»: en cada litro de agua hay páginas de información sobre quién vive ahí.
El dispositivo que probaron es casi artesanal: cápsulas con gasas estériles sumergidas en la corriente, que filtran el agua y atrapan el ADN durante horas. Las colocaron en 21 puntos de cuatro ríos del norte de España: Espinaredo, Narcea, Pigüeña y Teverga. De las 83 muestras válidas, 26 dieron positivo para desmán: un 31,3%.
Por qué se detecta mejor en corrientes que en pozas
El estudio incluyó pruebas controladas que revelan un detalle contraintuitivo: el método funciona mejor donde el agua corre. La detección alcanzó el 86,5% en corrientes y rápidos, frente a solo el 30,3% en pozas. El agua en movimiento renueva y concentra el material genético que filtra la gasa; la poza lo diluye y lo degrada.
| Parámetro | Resultado | Qué significa |
|---|---|---|
| Muestras válidas analizadas | 83 | en 21 puntos de 4 ríos |
| Positivos para desmán | 26 (31,3%) | solo con PCR digital |
| Detección en corrientes y rápidos | 86,5% | el agua mueve y concentra el ADN |
| Detección en pozas | 30,3% | el material se diluye y degrada |
| Territorio perdido en 3 décadas | ≈69% | según la Lista Roja de la UICN |
Fuente: equipo de genética de la Universidad de Oviedo · Jornadas Científicas de la Sierra de Guadarrama, 2026
El equipo también analiza otras fuentes de ADN: heces frescas recogidas en el río (que conservan «una parte importante» de la información genética, aunque no toda), pelo e incluso los invertebrados del fondo, que delatan qué come la población local. Cuatro vías complementarias para estudiar al animal y a su río a la vez.
Qué está arrinconando al desmán
El declive no tiene una sola causa, sino una lista larga y conocida. Los factores que la investigación pone sobre la mesa:
- ✓Presas, embalses y canalizaciones: fragmentan el río y transforman el hábitat de corriente que el desmán necesita para cazar.
- ✓Pérdida de vegetación de ribera: sin bosque de orilla, el río se calienta y pierde los invertebrados de los que se alimenta.
- ✓Contaminación y cambio climático: menos caudal y peor calidad del agua en los veranos cada vez más largos.
- ✓El visón americano: una especie invasora que no deja de extenderse y que depreda directamente al desmán.
Lo que falta para que el método sea oficial
Conviene una advertencia de prudencia que los propios autores señalan: el trabajo de PCR digital (Montes-Bernardo y colaboradores) se ha enviado a publicación pero aún no ha pasado la revisión por pares, y el estudio de heces sigue en preparación. El método, por ahora, es prometedor más que definitivo.
Su encaje natural es como complemento de los censos de campo tradicionales —que exigen capturar animales o recorrer tramos de río a pie—, especialmente útil en zonas remotas de difícil acceso. Todo dentro de un plan de recuperación con seis líneas de trabajo.
La técnica tampoco es una rareza aislada: el ADN ambiental ya se usa para detectar decenas de especies en humedales de Cataluña y para vigilar invasoras como el mejillón cebra o el propio visón americano. Lo que el equipo de Oviedo aporta es la demostración de que funciona con un mamífero tan escaso y tan difícil como el desmán, siempre que se use la técnica de laboratorio adecuada y se coloquen las gasas donde el río corre. Saber dónde queda desmán, con precisión y sin tocarlo, es el paso previo para decidir dónde merece la pena restaurar el río, retirar barreras o controlar al visón. El archivo está en el agua; ahora toca leerlo antes de que se borre.












