Historia
¿Qué santos se celebran el 16 de septiembre? Santoral completo de hoy
San Cornelio y San Cipriano centran el santoral católico del 16 de septiembre, una fecha que recuerda también a Santa Eufemia y al beato Víctor III.

Resumen
- San Cornelio y San Cipriano centran el santoral del 16 de septiembre
- Santa Eufemia y el beato Víctor III también se recuerdan en esta fecha
- El día une martirio, reconciliación y siglos de historia cristiana
Este miércoles 16 de septiembre de 2026, el santoral católico tiene dos nombres principales: san Cornelio, papa, y san Cipriano, obispo, dos mártires del siglo III cuya memoria se celebra conjuntamente desde hace siglos. Son, por tanto, los santos que ocupan el centro de la jornada litúrgica. Uno gobernaba la Iglesia de Roma y el otro era obispo de Cartago, en el norte de África.
No son los únicos nombres del santoral del 16 de septiembre. La Iglesia recuerda también a santa Eufemia de Calcedonia, mártir durante las persecuciones romanas, y al beato Víctor III, papa del siglo XI y antiguo abad de Montecassino. De modo que Cornelios, Ciprianos, Eufemias y quienes celebren su onomástica vinculada a Víctor tienen una fecha señalada en el calendario.
San Cornelio y San Cipriano, los santos principales del 16 de septiembre
La memoria conjunta de san Cornelio y san Cipriano no es una asociación moderna ni una cómoda agrupación de calendario. Es muy antigua. Ambos vivieron en una Iglesia sometida a persecuciones exteriores y, al mismo tiempo, sacudida por una cuestión interna bastante incómoda: qué hacer con los cristianos que habían renegado de su fe para salvar la vida y posteriormente querían regresar.
Aquellos creyentes eran conocidos como lapsi, literalmente los «caídos». Tras las persecuciones ordenadas por el emperador Decio, algunos sectores cristianos defendían que quienes habían apostatado no debían ser readmitidos, al menos no con facilidad. Otros consideraban que el arrepentimiento sincero debía abrir la puerta a la reconciliación. No era una discusión académica, precisamente. Había familias rotas, miedo, cárceles, ejecuciones y comunidades enteras intentando recomponerse.
Cornelio y Cipriano quedaron asociados a una posición favorable a la reconciliación de los arrepentidos, aunque sometida a penitencia. Esa coincidencia fortaleció la relación entre Roma y Cartago y acabó uniendo también su recuerdo litúrgico.
San Cornelio, el papa que tuvo que afrontar un cisma
Cornelio fue elegido papa en el año 251, después de un periodo particularmente difícil provocado por la persecución del emperador Decio. Apenas llegó al pontificado tuvo delante un conflicto de enormes dimensiones para una comunidad cristiana que, por entonces, distaba mucho de ser aquella poderosa institución de siglos posteriores.
Su elección fue rechazada por Novaciano, partidario de una disciplina mucho más severa con los cristianos que habían abandonado públicamente su fe durante la persecución. Novaciano terminó siendo consagrado como antipapa y se produjo un cisma en Roma.
Cornelio defendió que la Iglesia podía perdonar y readmitir a quienes verdaderamente se arrepintieran. Desde Cartago recibió el respaldo de Cipriano. No se trataba de fingir que nada había ocurrido, sino de admitir que una caída no tenía por qué convertirse en una condena perpetua. Una discusión del siglo III que, quitándole las túnicas y el latín, tampoco resulta tan remota.
El pontificado de Cornelio fue brevísimo. Durante una nueva etapa de hostilidad contra los cristianos fue desterrado a Civitavecchia, donde murió en 253. Posteriormente sus restos fueron trasladados a Roma y sepultados en las catacumbas de San Calixto. La tradición cristiana lo veneró como mártir.
San Cipriano, de retórico pagano a obispo de Cartago
La vida de Cipriano de Cartago siguió un camino muy distinto. Nacido en el norte de África a comienzos del siglo III, recibió una educación elevada para su época y desarrolló una carrera ligada a la retórica antes de convertirse al cristianismo siendo adulto.
Su ascenso dentro de la comunidad cristiana fue rápido. Fue ordenado sacerdote y acabó convertido en obispo de Cartago, una de las sedes más importantes del cristianismo africano. Escribió extensamente sobre la Iglesia, el episcopado, la disciplina y la unidad de los cristianos, y terminó convertido en una de las figuras más influyentes de la Iglesia latina antigua.
También él tuvo que lidiar con los lapsi. Cipriano se opuso tanto a una readmisión indiscriminada como al rigor de quienes prácticamente cerraban para siempre la puerta a los que habían cedido durante las persecuciones. Esa posición lo acercó a Cornelio y convirtió a ambos en aliados frente a los movimientos cismáticos de la época.
Una amistad separada por más de mil kilómetros
Roma y Cartago estaban separadas por el Mediterráneo, pero Cornelio y Cipriano mantuvieron una relación estrecha en uno de los periodos más convulsos del cristianismo primitivo. Esa conexión explica en buena medida que la tradición haya conservado unidos sus nombres.
Cipriano sobrevivió algunos años a Cornelio. Durante la persecución del emperador Valeriano fue desterrado y después regresó a Cartago. Finalmente sufrió el martirio en 258, cuando fue ejecutado por decapitación. La conmemoración conjunta de ambos mártires aparece ya en antiguos martirologios y ha terminado fijada en el 16 de septiembre.
Santa Eufemia y el beato Víctor III también se recuerdan
El santoral del 16 de septiembre es más amplio. Entre sus figuras aparece santa Eufemia, mártir vinculada a Calcedonia, antigua ciudad de Bitinia situada en la actual Turquía. Según la tradición cristiana, murió durante las persecuciones desarrolladas bajo Diocleciano, alrededor del año 303, después de sufrir diversos tormentos.
Su nombre quedó unido además a un acontecimiento que va mucho más allá de su propia biografía. En la basílica dedicada a Eufemia se reunió en el siglo V el Concilio de Calcedonia, uno de los grandes concilios de la Antigüedad cristiana.
La jornada recuerda también al beato Víctor III, que antes de llegar al papado había sido abad de Montecassino durante unos 30 años. Su pontificado fue extraordinariamente corto, apenas unos meses, en una Roma agitada por conflictos religiosos y políticos. Murió en Montecassino en 1087.
Así, aunque Cornelio y Cipriano concentran la celebración litúrgica principal, el calendario de santos del día conserva distintas capas históricas: persecuciones del Imperio romano, controversias doctrinales, monasterios medievales, papas, obispos y mártires. Casi dieciocho siglos de historia condensados en una sola casilla del calendario.
Qué se celebra litúrgicamente este 16 de septiembre de 2026
La jornada de este 16 de septiembre de 2026 corresponde a la memoria de los santos Cornelio y Cipriano, mártires. Las lecturas litúrgicas incluyen el conocido pasaje de la primera carta de san Pablo a los Corintios sobre la primacía del amor, 1 Corintios 12,31–13,13, mientras que el Evangelio procede de Lucas 7,31-35.
La coincidencia resulta especialmente sugerente. La historia de Cornelio y Cipriano estuvo marcada precisamente por la tensión entre rigor y misericordia, autoridad y reconciliación. El pasaje paulino sitúa por encima de los demás dones la caridad. Más allá de la lectura estrictamente religiosa, permanece una idea reconocible incluso fuera de la fe: las instituciones también se definen por la manera en que tratan a quien ha fallado y pretende regresar.
Una fecha unida por el martirio, pero también por el perdón
El santo del 16 de septiembre no puede reducirse a anotar dos nombres junto a una fecha. San Cornelio y san Cipriano vivieron en lugares distintos y murieron en años diferentes, pero compartieron una misma crisis histórica: una Iglesia perseguida desde fuera y dividida por dentro sobre cómo tratar a quienes habían cedido ante el miedo.
Su recuerdo conjunto terminó convirtiendo esta jornada en una fecha ligada al martirio, la unidad y la reconciliación. Junto a ellos aparecen santa Eufemia y el beato Víctor III, ampliando un santoral que atraviesa desde las persecuciones romanas hasta la Europa medieval.
El 16 de septiembre pertenece, sobre todo, a Cornelio y Cipriano. Dos nombres poco habituales en el DNI español actual, sí, pero detrás de ellos hay una historia sorprendentemente contemporánea: caer, discutir sobre quién merece una segunda oportunidad y decidir si una comunidad se construye levantando muros o dejando alguna puerta abierta.

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