Historia
¿Qué secretos mayas oculta Copán? Drones y tecnología LiDAR los buscan
Copán inicia un nuevo mapeo con drones y tecnología LiDAR para localizar estructuras mayas ocultas, revisar registros y proteger el yacimiento.

Resumen
- Copán escaneará 25 km² con drones y tecnología LiDAR
- El objetivo es localizar estructuras mayas ocultas bajo la vegetación
- La campaña actualizará mapas y ayudará a proteger el patrimonio arqueológico
El valle de Copán volverá a ser observado desde el aire con tecnología LiDAR para localizar estructuras mayas ocultas bajo la vegetación, actualizar el mapa arqueológico y comprobar cuánto patrimonio ha sobrevivido —o se ha perdido— durante las últimas décadas. La nueva campaña abarcará unos 25 kilómetros cuadrados alrededor del gran enclave maya del oeste de Honduras y utilizará un dron equipado con sensores capaces de reconstruir el relieve en tres dimensiones.
El objetivo no es buscar tesoros en el sentido cinematográfico del término. Nada de cofres esperando bajo una ceiba. Lo realmente valioso para los arqueólogos son montículos, plataformas, terrazas y pequeños altares, restos de construcciones y modificaciones del terreno que pueden revelar cómo estaba organizado el antiguo Copán. El arqueólogo japonés Seiichi Nakamura, vinculado durante décadas a las investigaciones en la zona, sostiene que todavía queda mucho por conocer de un valle excavado y estudiado desde finales del siglo XIX.
Copán vuelve a mirar bajo el bosque con tecnología LiDAR
El nuevo levantamiento pretende obtener una imagen mucho más precisa del terreno mediante LiDAR, acrónimo inglés de Light Detection and Ranging. De manera sencilla: un sensor lanza pulsos láser hacia la superficie y mide el tiempo que tardan en regresar. Al procesar millones de esos puntos puede reconstruirse la topografía y, mediante técnicas informáticas, separar en parte la vegetación del suelo que hay debajo.
Ahí está la gracia. En un paisaje cubierto de árboles, arbustos y cultivos, una construcción baja puede desaparecer visualmente a pocos metros de distancia. Desde arriba parece bosque; en el modelo digital aparece una elevación de líneas sospechosamente rectas. Un patio, una plataforma, quizá una terraza agrícola. La selva deja de ser una cortina completamente opaca.
Según Nakamura, el dispositivo previsto para esta campaña volará aproximadamente entre 80 y 100 metros de altura, instalado en un helicóptero no tripulado o dron. El proyecto cuenta con colaboración tecnológica japonesa y pretende renovar la cartografía arqueológica de todo el sector estudiado.
Conviene precisar una cuestión terminológica: aunque algunas informaciones han descrito el proyecto como un mapeo satelital, el trabajo explicado por sus responsables se basa fundamentalmente en teledetección aérea mediante LiDAR, no en un satélite tomando imágenes convencionales desde el espacio.
Un mapa para saber qué apareció, qué sigue ahí y qué se perdió
Hace alrededor de medio siglo, equipos arqueológicos recorrieron físicamente el valle registrando uno a uno los montículos y demás rasgos reconocibles sobre el terreno. Aquella tarea produjo una referencia fundamental para estudiar el asentamiento maya, pero tenía una limitación bastante humana: había que ver, interpretar y medir caminando por un territorio difícil.
El nuevo modelo permitirá colocar aquel mapa frente al paisaje actual. La comparación puede mostrar estructuras que pasaron inadvertidas, pero también restos que figuraban en los antiguos registros y hoy han desaparecido o presentan alteraciones.
Eso convierte el proyecto en algo más que una búsqueda de novedades espectaculares. También funciona como una radiografía del estado de conservación del valle. La agricultura, las carreteras, otras infraestructuras y la transformación progresiva del territorio pueden borrar vestigios aparentemente modestos que, puestos en conjunto, cuentan tanto sobre una ciudad antigua como un gran templo.
Las 3.588 estructuras que sirven como referencia
Nakamura recuerda que los trabajos anteriores llegaron a registrar 3.588 estructuras arqueológicas en el valle de Copán. La nueva cartografía permitirá revisar esa cifra: cuáles continúan identificables, cuáles pudieron resultar dañadas y cuántas construcciones desconocidas aparecen ahora gracias a una lectura mucho más detallada del relieve.
Una diferencia de unas decenas de centímetros puede ser suficiente. En arqueología tropical, una pequeña elevación que a simple vista parece natural puede corresponder al basamento de una vivienda o a una modificación realizada hace más de mil años. El LiDAR sirve para localizar esas anomalías y señalar dónde merece la pena volver con botas, herramientas y paciencia.
Porque el láser tampoco hace magia. Detectar una forma no equivale a identificarla arqueológicamente. Los modelos digitales necesitan interpretación y, cuando es posible, comprobación sobre el terreno. Una elevación puede ser una construcción, pero también una formación natural. La tecnología reduce el bosque de posibilidades; no sustituye al arqueólogo.
Copán ya tuvo un gran escaneo LiDAR en 2013
Aquí aparece un detalle que obliga a matizar la idea de que Copán vuelve a cartografiarse tecnológicamente medio siglo después. El valle ya fue objeto de una campaña aérea LiDAR en mayo de 2013 dentro del proyecto internacional MayaArch3D, impulsado con participación del Instituto Arqueológico Alemán y del Instituto Hondureño de Antropología e Historia.
Aquel trabajo cubrió aproximadamente 25 kilómetros cuadrados, prácticamente la misma escala territorial mencionada para la nueva campaña. Se utilizó un sistema LiDAR instalado en una aeronave y los datos permitieron producir modelos digitales del terreno, mejorar mapas arqueológicos e identificar elementos que no aparecían en registros anteriores.
La referencia a los 50 años tiene sentido, por tanto, cuando se compara la nueva cartografía con los grandes levantamientos pedestres realizados en los años setenta y comienzos de los ochenta, pero no significa que Copán haya permanecido medio siglo sin teledetección moderna. Hubo un precedente importante en 2013. Y eso, lejos de restar interés al proyecto de 2026, lo vuelve más valioso: existe otra fotografía tecnológica del paisaje con la que contrastar cambios.
Qué puede aportar ahora un nuevo vuelo. Trece años son mucho tiempo para los sensores y también para el territorio. Nuevos equipos, distintas resoluciones, métodos de procesamiento más avanzados y una comparación entre campañas pueden detectar variaciones que antes quedaban diluidas entre millones de puntos.
La utilidad arqueológica no está únicamente en encontrar una pirámide desconocida. Puede reconstruirse la densidad de los antiguos barrios, analizarse la relación entre viviendas y centros ceremoniales, observar terrazas y vías de comunicación, estudiar modificaciones agrícolas o descubrir cómo los habitantes aprovecharon pendientes, cauces y zonas elevadas.
Es, en cierto modo, pasar de contemplar monumentos aislados a intentar leer la ciudad completa y su paisaje. El gran cambio que el LiDAR ha producido en la arqueología maya durante las últimas décadas ha sido precisamente ese: mostrar que bajo muchos bosques tropicales no había puntos dispersos de ocupación, sino territorios intensamente transformados.
Un lugar excepcional del mundo maya donde aún queda mucho enterrado
Copán fue uno de los grandes centros políticos y culturales del mundo maya durante el periodo Clásico. Su dinastía histórica estuvo formada por 16 gobernantes, iniciada por K’inich Yax K’uk’ Mo’, figura cuya llegada al valle se sitúa en el siglo V. En septiembre de 2026 Honduras ha conmemorado los 1.600 años vinculados al establecimiento de aquella dinastía.
La ciudad alcanzó una extraordinaria sofisticación artística. Sus estelas, altares, plazas, templos y esculturas han convertido Copán en una referencia para entender el arte y la escritura mayas. La Escalinata de los Jeroglíficos, con una de las inscripciones mayas conocidas más extensas, es quizá su rostro más famoso. La Unesco incorporó el sitio a la Lista del Patrimonio Mundial en 1980.
Pero el parque monumental que contempla el visitante es apenas una parte de una realidad arqueológica mucho mayor. Alrededor del núcleo ceremonial se extendían barrios residenciales y áreas productivas, además de otros conjuntos que ayudan a reconstruir la vida cotidiana. Ahí está buena parte de lo que persigue el nuevo mapeo: no solo el palacio o la tumba excepcional, sino la huella de quienes vivían alrededor.
Nakamura ha señalado que, pese a más de un siglo de investigación, algunas estimaciones arqueológicas sitúan entre el 15 % y el 20 % la parte del potencial arqueológico de Copán que ha sido investigada en profundidad. La cifra debe entenderse como una aproximación, no como un inventario matemático del subsuelo, pero ilustra bien el problema: conocemos mucho de Copán y, al mismo tiempo, queda muchísimo sin excavar.
Del huracán Mitch a una tumba real inesperada
Copán ya ha demostrado que un descubrimiento importante puede aparecer donde inicialmente nadie esperaba encontrarlo. Tras el devastador paso del huracán Mitch en 1998, los daños sufridos por una carretera próxima al área arqueológica propiciaron trabajos que terminaron sacando a la luz una tumba de gran relevancia.
Entre los objetos recuperados figuraban cerámicas y un pectoral de jade excepcional. Nakamura ha relacionado los restos con uno de los gobernantes de la dinastía copaneca, posiblemente el sexto o el séptimo, aunque esa atribución continúa planteada como hipótesis arqueológica.
El episodio explica bastante bien por qué un nuevo mapa detallado puede resultar tan prometedor. No hace falta que una gran estructura sobresalga entre los árboles. Bajo un terreno aparentemente anodino puede conservarse información capaz de alterar la interpretación de una etapa histórica completa.
Ahora la lógica será menos accidental. En lugar de esperar a que una carretera dañada revele algo, los arqueólogos dispondrán de un modelo tridimensional desde el que seleccionar zonas de interés. Primero se observa el paisaje digital; después se decide dónde mirar físicamente.
El nuevo mapa de Copán también protegerá lo que aún existe
La campaña llega en un momento especialmente activo para el sitio. Honduras y Japón han reforzado su cooperación en torno a Copán y se ha anunciado también un nuevo centro de visitantes, mientras las instituciones buscan combinar investigación, conservación y turismo en uno de los principales conjuntos arqueológicos de Centroamérica.
Esa última palabra —conservación— importa tanto como descubrimiento. Saber dónde están los restos permite protegerlos antes de que una obra, un cultivo o la erosión los conviertan en una línea perdida de un mapa antiguo. Un modelo LiDAR detallado también funciona como registro del patrimonio en un momento concreto, una especie de huella digital del valle.
Puede que el nuevo vuelo encuentre construcciones desconocidas. Es probable que refine otras ya detectadas y que obligue a corregir mapas que durante décadas parecían definitivos. Quizá su mayor valor, sin embargo, sea menos vistoso y más profundo: permitir contemplar Copán no solo como un puñado de monumentos extraordinarios, sino como un paisaje histórico completo, marcado durante siglos por miles de personas.
Cincuenta años después de los grandes recorridos a pie y trece después de una importante campaña LiDAR, el bosque vuelve a ser interrogado desde el aire. Esta vez, cada pequeña irregularidad del terreno puede contar una historia.

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