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¿Por qué Yemen supera los 100.000 desplazados y miles huyen a Yibuti?

Más de 100.000 personas han sido desplazadas en Yemen y 2.400 han cruzado a Yibuti en cuatro días ante la escalada militar en la costa occidental.

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panorama de Yibuti

Foto: Skilla1st / Wikimedia Commons — Trabajo propio, CC BY-SA 4.0.

Resumen

  • Más de 100.000 personas han sido desplazadas por la nueva escalada en Yemen
  • Unas 2.400 han cruzado a Yibuti en apenas cuatro días buscando seguridad
  • Bab el-Mandeb concentra combates, rutas comerciales y el éxodo de civiles

La nueva escalada militar en Yemen ha obligado a más de 100.000 personas a abandonar sus hogares dentro del país. Los combates en la costa del mar Rojo, el avance de los rebeldes hutíes, los enfrentamientos con las fuerzas vinculadas al Gobierno reconocido internacionalmente y la respuesta militar saudí han reabierto una herida que llevaba años sin cicatrizar del todo.

La huida ya ha cruzado el mar. En apenas cuatro días, unas 2.400 personas han llegado a Yibuti atravesando el estrecho de Bab el-Mandeb, una travesía breve sobre el mapa pero mucho menos sencilla cuando se hace dejando atrás una guerra. Más del 60 % de quienes han desembarcado son mujeres, niños y personas mayores. Y Naciones Unidas teme que sean solo los primeros.

No se trata del número total de desplazados que acumula Yemen tras más de una década de conflicto. Esa cifra es muchísimo mayor: ACNUR calcula que en 2026 hay alrededor de 5,2 millones de desplazados internos en el país. Los más de 100.000 corresponden al nuevo éxodo provocado por esta fase de las hostilidades, acelerada durante las últimas semanas.

Más de 100.000 personas obligadas a abandonar sus casas

Los desplazamientos se han producido con especial rapidez en la costa occidental y afectan a familias procedentes de al menos ocho gobernaciones, entre ellas Hodeida, Taiz y Adén. La velocidad importa. Cuando un frente militar cambia en cuestión de días, las familias no suelen desplazarse con maletas ordenadas ni planes claros: salen con lo que cabe en un vehículo, una motocicleta o, sencillamente, en las manos.

La ofensiva hutí ha alterado de forma abrupta el equilibrio territorial en el oeste de Yemen. Los insurgentes, alineados con Irán, han consolidado posiciones en buena parte de la costa del mar Rojo y han avanzado hacia lugares estratégicos próximos al estrecho de Bab el-Mandeb. Las fuerzas yemeníes respaldadas por Riad intentan contener ese avance mientras Arabia Saudí ha intensificado sus operaciones militares contra posiciones hutíes.

El resultado vuelve a ser uno muy conocido en Yemen: carreteras cortadas, viviendas abandonadas y comunicaciones irregulares, con civiles desplazándose hacia zonas que tampoco están preparadas para recibirlos. En un país castigado durante años por el derrumbe económico y de los servicios básicos, cada nuevo movimiento de población cae sobre una estructura humanitaria que ya cruje.

La costa del mar Rojo vuelve a convertirse en frente de guerra

La escalada no apareció de la nada. Los hutíes controlan Saná y amplias zonas del norte y oeste del país desde la guerra iniciada en 2014. Arabia Saudí encabezó a partir de 2015 una coalición militar en apoyo del Gobierno yemení reconocido internacionalmente. Después de años de ataques, bombardeos y una crisis humanitaria enorme, la tregua alcanzada en 2022 redujo considerablemente la intensidad de los combates.

Pero aquello fue más una congelación del conflicto que una paz. Las instituciones siguieron divididas, los hutíes conservaron sus territorios y las tensiones regionales nunca desaparecieron. La violencia volvió a escalar durante el verano de 2026 y se aceleró especialmente en la franja occidental.

Los rebeldes han aumentado también sus ataques con misiles y drones contra Arabia Saudí, incluidas instalaciones militares y energéticas. En uno de los ataques contra una base aérea en Khamis Mushait, las autoridades saudíes informaron de 13 civiles heridos. Riad y las fuerzas yemeníes respondieron con nuevas operaciones contra posiciones hutíes, entre ellas zonas próximas a Moca.

Yibuti se convierte en la salida inmediata para miles de personas

Frente a la costa yemení aparece Yibuti. La distancia marítima es pequeña y eso lo convierte en una salida lógica para quienes viven cerca de Bab el-Mandeb y consideran demasiado peligroso desplazarse por tierra hacia otras zonas de Yemen.

Las 2.400 llegadas registradas en cuatro días muestran hasta qué punto la crisis ha cambiado de velocidad. ACNUR vigila también posibles movimientos hacia Somalia ante los indicios de que otras familias están preparando su salida del país.

Yibuti, sin embargo, tiene una capacidad limitada. Recibir varios miles de personas en pocos días implica proporcionar agua potable, alimentos, alojamiento y atención sanitaria a una población que llega después de abandonar precipitadamente sus casas. Cuando buena parte de los recién llegados son menores, personas mayores o mujeres, las necesidades se multiplican.

Aparece aquí una de las paradojas habituales de las emergencias humanitarias: cuando aumenta el número de personas que necesitan ayuda, los recursos disponibles no necesariamente aumentan con ellas. ACNUR había reducido personal en Yibuti debido a los recortes de financiación y ha tenido que reforzar la respuesta ante la nueva emergencia.

Bab el-Mandeb: una estrecha puerta por la que pasa medio mundo

La ubicación explica por qué lo que sucede en Yemen trasciende rápidamente las fronteras del país. Bab el-Mandeb conecta el mar Rojo con el golfo de Adén y constituye una de las grandes arterias marítimas entre Asia, Oriente Próximo, África y Europa.

Su nombre suele traducirse como la “Puerta de las Lágrimas”. Pocas veces la geografía resulta tan poco sutil.

El estrecho ya era estratégico, pero lo es todavía más en el contexto de las tensiones que afectan a otras rutas energéticas de Oriente Próximo. El avance hutí hasta posiciones cercanas al paso marítimo eleva el riesgo para buques comerciales, petroleros y cargamentos humanitarios.

Los hutíes sostienen que la navegación comercial puede continuar con seguridad, pero el movimiento de fuerzas militares en la zona, los antecedentes de ataques contra barcos en el mar Rojo y el intercambio de golpes con Arabia Saudí hacen que navieras y organismos internacionales observen cada movimiento con bastante menos tranquilidad.

La ayuda humanitaria también puede quedar atrapada

Para Naciones Unidas, la cuestión marítima tiene un efecto muy concreto. Bab el-Mandeb es también una vía logística esencial para llevar suministros a Yemen y atender otras emergencias de la región.

ACNUR ha advertido de que un deterioro grave de la seguridad podría obligar a desviar cargamentos alrededor del cabo de Buena Esperanza, en el extremo sur de África. El rodeo añadiría aproximadamente entre 25 y 30 días a determinados tiempos de transporte. No es un detalle menor cuando el cargamento lleva refugios, medicamentos o material destinado a familias que acaban de perder su casa.

Dentro de Yemen, el acceso ya se está complicando. Las organizaciones humanitarias encuentran carreteras dañadas, cortes de telecomunicaciones e inseguridad. Es decir, puede existir ayuda en un almacén y, aun así, no ser posible hacerla llegar a quien está a unos kilómetros. En las guerras, la distancia se mide de otra manera.

ACNUR ha activado un dispositivo de emergencia que contempla ayudas económicas para unas 1.000 familias, alojamiento de emergencia para otras 500 y materiales destinados a reparar viviendas dañadas.

La dimensión de esas primeras medidas revela también la diferencia entre las necesidades y la capacidad inmediata de respuesta. Con más de 100.000 personas recién desplazadas, atender a unos centenares o miles de hogares supone apenas abrir una puerta por la que intenta pasar una multitud.

La agencia ha señalado que podrá ampliar la intervención si obtiene financiación adicional. Yemen llega, además, a esta nueva escalada con una crisis humanitaria de fondo gigantesca: Naciones Unidas estima que 22,3 millones de personas, más de la mitad de la población, necesitarán algún tipo de asistencia durante 2026.

Una guerra regional que vuelve a caer sobre los civiles

La dimensión internacional del conflicto es imposible de separar de lo que ocurre sobre el terreno. Los hutíes mantienen una estrecha relación con Irán; Arabia Saudí respalda al Gobierno yemení reconocido internacionalmente; las rutas del petróleo atraviesan la región y Estados Unidos sigue de cerca cualquier amenaza contra la navegación del mar Rojo.

Pero para una familia que abandona Hodeida o Taiz esas grandes líneas geopolíticas quedan bastante lejos. Lo inmediato es encontrar combustible, cruzar una carretera antes de que cambie el frente, localizar a familiares o conseguir un lugar donde dormir. Más de 100.000 personas han tenido que tomar esa decisión durante esta nueva fase de la guerra.

La evolución del frente determinará si el desplazamiento se estabiliza o se convierte en una salida mucho mayor. Naciones Unidas ya trabaja con la posibilidad de nuevos movimientos internos y más travesías hacia Yibuti y Somalia.

Yemen conoce bien este mecanismo. Primero cambia el mapa militar. Después se llenan las carreteras. Más tarde aparecen campamentos improvisados, escuelas utilizadas como refugios y familias que pensaban marcharse durante unos días y terminan viviendo años lejos de casa. La guerra puede avanzar kilómetros en una tarde; reconstruir una vida tarda bastante más.

El peligro de que los 100.000 sean solo el principio

La cifra de desplazados funciona, por ahora, como una fotografía tomada en mitad de una escena que sigue moviéndose. Los combates continúan, las posiciones militares no están estabilizadas y Bab el-Mandeb se ha convertido simultáneamente en frente estratégico, ruta comercial y vía de escape.

La prioridad humanitaria pasa por mantener abiertas las rutas de asistencia y evitar que las familias desplazadas queden atrapadas entre zonas de combate. El escenario contrario —una nueva expansión del frente, mayores restricciones marítimas y otra oleada de ataques— aumentaría con rapidez tanto el éxodo interior como las salidas hacia el Cuerno de África.

Después de más de una década de guerra, Yemen vuelve así a una imagen demasiado familiar: gente que se marcha antes de saber exactamente adónde. Esta vez son más de 100.000 nuevos desplazados y miles de personas cruzando hacia Yibuti. La cifra ya es enorme. Lo inquietante es que todavía no parece definitiva.

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Fundador de DonPorqué y curioso empedernido. Escribe sobre tecnología, viajes, gastronomía, cultura y todo lo que le genera una pregunta con un buen «¿por qué?» detrás. En su tiempo libre es aficionado a los casinos online y aprovecha esa experiencia para compartir análisis y recomendaciones sobre el sector del iGaming.