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¿Por qué Cataluña climatiza ahora sus aulas y cuándo estarán listas?

El plan para climatizar las escuelas catalanas arranca con 100 centros y 2.500 millones previstos para transformar toda la red pública hasta 2031.

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una clase catalana

Resumen

  • Cataluña prevé climatizar 2.530 centros públicos antes de 2031
  • Los primeros 100 colegios deberán estar adaptados para el curso 2028-2029
  • El plan incluye aislamiento, aerotermia, ventilación y energías renovables

La Generalitat ha puesto fecha y dinero a uno de los problemas que cada final de primavera vuelve a las aulas catalanas con la puntualidad de un examen: el calor. El Govern de Salvador Illa plantea movilizar 2.500 millones de euros para climatizar los 2.530 centros educativos públicos de Cataluña con el horizonte del curso 2030-2031. La primera fase se concentrará en 100 colegios e institutos considerados prioritarios, con una inversión directa de 100 millones de euros y las obras previstas para quedar terminadas antes del curso 2028-2029.

El calendario tiene, eso sí, una ironía difícil de ignorar. El gran anuncio llega a mediados de septiembre, justo cuando los días empiezan a acortarse y el otoño asoma por el calendario. A buenas horas, podría pensarse: ahora que viene el frío. Pero el problema que intenta resolver el Plan Actualiza Clima no pertenece únicamente al verano de 2026. Es estructural. Hay edificios escolares envejecidos, aulas mal orientadas, fachadas con poco aislamiento y centros incapaces de responder con comodidad tanto a episodios de calor extremo como a inviernos especialmente fríos.

Cien centros serán los primeros, pero las obras llegarán hasta 2028

La primera intervención fuerte afectará a 100 centros educativos públicos seleccionados por la Generalitat. Dispondrán de 100 millones de euros, aproximadamente un millón por centro como media si se repartiera la partida de forma lineal, aunque las necesidades y el coste real serán diferentes en cada edificio.

La elección no se ha hecho al azar. El Govern ha tenido en cuenta el equilibrio territorial, la vulnerabilidad del alumnado, las temperaturas extremas, la orientación de las aulas y las características arquitectónicas de los edificios. Una clase orientada al sur y encerrada entre pasillos, cristal y hormigón puede convertirse en junio en algo parecido a un pequeño invernadero. No hace falta demasiada teoría térmica para entenderlo.

El objetivo oficial es que las actuaciones de estos primeros centros estén completadas antes del inicio del curso 2028-2029. La planificación contempla licitar las obras por lotes durante 2027 y desarrollarlas fundamentalmente durante el curso siguiente. Es decir, el anuncio se produce ahora, pero la climatización integral no será inmediata.

Ese matiz importa. Una familia que haya soportado este septiembre un aula sofocante no debería interpretar el anuncio como la llegada inminente de aparatos de aire acondicionado durante las próximas semanas. Estamos ante una operación de infraestructura a varios años, no ante una campaña para repartir máquinas portátiles.

Climatizar no significa llenar las paredes de aparatos de aire

El término puede inducir a engaño. El plan no consiste simplemente en instalar splits encima de las pizarras. La intención es intervenir sobre los propios edificios mediante aislamiento térmico, fachadas, cubiertas, cerramientos y sistemas de ventilación, además de sustituir calderas alimentadas con combustibles fósiles por soluciones de aerotermia e incorporar placas fotovoltaicas donde corresponda.

Es una diferencia importante. En un edificio que pierde frío y calor por todas partes, colocar aire acondicionado sin mejorar previamente la envolvente puede acabar siendo una versión energética del cubo agujereado: funciona, sí, pero consumiendo más de lo razonable.

La Generalitat ya había fijado en su planificación la necesidad de retirar instalaciones de calefacción obsoletas, mejorar la ventilación y adaptar cubiertas y cerramientos poco eficientes. El objetivo declarado es lograr edificios capaces de conservar una temperatura razonable durante todo el año y, al mismo tiempo, reducir consumo energético y emisiones.

Del ventilador de emergencia a una reforma de 2.500 millones

El anuncio llega después de varios cursos en los que la temperatura dentro de los centros ha dejado de ser una incomodidad ocasional para convertirse en un conflicto recurrente. En algunas aulas se han denunciado temperaturas de 34 y 35 grados, con mareos, agotamiento y dificultades evidentes para mantener una clase normal. Un ventilador girando sobre veinte o treinta alumnos puede mover el aire. Milagros, de momento, no hace.

Educación puso en marcha previamente un plan de choque para instalar ventiladores en centenares de centros. A comienzos de septiembre se habían colocado equipos en 228 centros, con un gasto de unos 5,5 millones de euros, dentro de una actuación inicialmente planteada con un presupuesto bastante mayor. La medida servía para aliviar las situaciones más inmediatas, no para resolver la raíz del problema.

Y ahí aparece la dimensión real del asunto. Según las estimaciones manejadas por el Departamento de Educación, adaptar el conjunto de la red puede exigir al menos 2.500 millones de euros. Más de uno de cada cuatro centros educativos públicos fue construido antes de 1965 y buena parte del parque escolar nació en una época en la que preparar un aula catalana para encadenar jornadas de calor extremo sencillamente no figuraba entre las prioridades arquitectónicas.

El clima, mientras tanto, ha cambiado bastante más deprisa que las ventanas.

Los otros 2.430 centros dependen de una maquinaria financiera mayor

Tras los primeros 100 edificios queda lo complicado: extender las actuaciones a otros 2.430 centros y cumplir el objetivo de llegar al conjunto de la red en 2031.

La Generalitat pretende combinar recursos propios con cooperación municipal y distintas fórmulas financieras. Los ayuntamientos podrán participar adelantando inversiones o recurriendo a mecanismos vinculados al Instituto Catalán de Finanzas, mientras el Govern garantiza posteriormente el retorno de determinadas cantidades. El Ejecutivo ha abierto además un periodo para conocer qué administraciones locales están dispuestas a incorporarse al despliegue.

Aquí está probablemente la parte menos vistosa y más decisiva del anuncio. Prometer 2.500 millones no significa que exista una única bolsa con esa cantidad esperando junto a una máquina de aire acondicionado. El despliegue completo necesita financiación durante varios ejercicios, coordinación entre administraciones, proyectos técnicos, licitaciones y obras ejecutadas sin convertir los centros en una sucesión interminable de andamios.

Por eso el compromiso de 2031 debe entenderse como un horizonte político y presupuestario que todavía tendrá que superar unas cuantas pruebas bastante menos fotogénicas que una presentación institucional: presupuestos, contratos, calendarios y capacidad de ejecución.

¿Por qué anunciar la climatización cuando termina el verano?

Porque el problema no empieza cuando el termómetro alcanza los 35 grados ni desaparece cuando llega octubre. Preparar miles de edificios requiere años, y esperar al siguiente junio para comenzar significaría volver exactamente al mismo punto, solo que con otro abanico sobre la mesa.

También hay una explicación política. El curso 2026-2027 ha comenzado en Cataluña con conflicto entre el Govern y parte de la comunidad educativa, movilizaciones docentes y una presión creciente para mejorar las condiciones materiales de los centros. La climatización se ha convertido en una de las reivindicaciones visibles junto con los recursos, las plantillas y la financiación general del sistema.

Illa ha situado precisamente el anuncio dentro de una propuesta más amplia para abrir un debate educativo y avanzar hacia el objetivo de dedicar el 6% a la educación, una referencia presente desde hace años en el debate catalán.

Así que sí, el aire acondicionado aparece en los titulares cuando el jersey comienza lentamente a recuperar espacio en el armario. Pero las decisiones sobre infraestructura escolar siempre llegan con cierto desfase respecto al termómetro. La cuestión relevante no es tanto por qué se anuncia en septiembre como si los trabajos estarán realmente terminados cuando vuelvan los próximos episodios extremos.

El termómetro va más deprisa que las obras

La transformación de los colegios catalanes llega tarde respecto a una realidad que lleva años entrando por las ventanas. Pero convertir esa tardanza en argumento para no actuar sería todavía peor. El calor extremo ya forma parte del calendario escolar, sobre todo en mayo, junio y las primeras semanas de septiembre, y los edificios diseñados hace medio siglo no pueden seguir dependiendo eternamente de persianas, botellas de agua y ventiladores como respuesta principal.

Los primeros 100 centros tendrán prioridad y deberían estar plenamente adaptados para 2028. El resto tendrá delante un recorrido bastante más largo, hasta 2031, siempre que financiación, administraciones y obras avancen al ritmo prometido.

La paradoja queda servida: Cataluña empieza a preparar sus aulas contra el calor justo cuando el verano recoge sus cosas. Pero el verdadero examen llegará cuando vuelva junio. Entonces se sabrá si aquellos 2.500 millones y 2.530 centros eran un plan de transformación del parque escolar o simplemente otra fecha escrita con rotulador sobre un calendario político.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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