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¿Por qué se disparó un 76 % el odio en redes tras la crisis de Ceuta?
Ceuta dejó una fuerte estela de odio digital: en agosto se detectaron 101.025 contenidos racistas y xenófobos y crecieron los ataques a menores.

Resumen
- El odio racista y xenófobo en redes creció un 76 % durante agosto
- Ceuta concentró el 39 % de los contenidos analizados por el OBERAXE
- Las personas del norte de África fueron el principal objetivo del odio
La crisis migratoria vivida en Ceuta a finales de julio ha tenido una segunda onda expansiva lejos de la frontera: las redes sociales. El Observatorio Español del Racismo y la Xenofobia (OBERAXE) detectó durante agosto 101.025 contenidos de carácter racista y xenófobo, un 76 % más que los 57.406 registrados en julio. El salto no es menor. En apenas un mes, decenas de miles de mensajes adicionales entraron en el radar del sistema que monitoriza Facebook, Instagram, TikTok, YouTube y X.
El episodio de Ceuta aparece en el centro de ese crecimiento. El 39 % de los contenidos analizados en agosto estuvo relacionado con el cruce fronterizo y sus consecuencias, mientras ganaban terreno los mensajes que presentan a las personas migrantes como una amenaza para la seguridad o la convivencia. También creció la hostilidad contra mujeres y contra niños, niñas y adolescentes no acompañados, uno de los aspectos más preocupantes del último informe.
No todo contenido detectado por el OBERAXE equivale, conviene precisarlo, a un delito de odio. El Sistema FARO rastrea mensajes que pueden ser constitutivos de delito o infracción administrativa, pero también publicaciones que vulneran las propias normas de las plataformas. La cifra, por tanto, mide la dimensión del discurso racista, xenófobo y discriminatorio localizado en internet, no un recuento de delitos cometidos. Una diferencia importante cuando las cifras empiezan a correr por las mismas redes que se intenta analizar.
Ceuta convirtió la inmigración en el gran foco del odio digital
El origen inmediato del repunte está en los acontecimientos registrados en la frontera a finales de julio. Ya entonces el sistema FARO había localizado 9.590 mensajes de odio únicamente durante los días 30 y 31, cuando la llegada de migrantes disparó la conversación digital. Julio terminó con 57.406 contenidos detectados, frente a los 40.800 de junio. Agosto, lejos de enfriar aquella dinámica, la llevó por encima de los 100.000.
La conversación tampoco quedó limitada al hecho fronterizo. La permanencia de migrantes en Ceuta, la atención que recibían, el funcionamiento de los recursos de acogida y el debate político posterior mantuvieron la cuestión activa durante semanas. De ahí que el discurso asociado a las políticas públicas representara el 19 % de los contenidos detectados en agosto. La discusión sobre qué recursos públicos se destinaban a la acogida fue utilizada en parte de esos mensajes para alimentar narrativas de rechazo.
La mecánica es conocida: un acontecimiento real se mezcla con generalizaciones, episodios aislados, bulos o afirmaciones imposibles de comprobar y termina convertido en una imagen colectiva. El migrante deja de aparecer como individuo y pasa a funcionar como categoría. Ahí empieza el terreno más fértil para el discurso xenófobo.
La inseguridad se convierte en argumento recurrente
La inseguridad ciudadana estuvo presente en el 37 % de los contenidos analizados por el observatorio durante agosto. Buena parte de los mensajes relacionados con Ceuta vinculaba la llegada o presencia de migrantes con un supuesto deterioro general de la seguridad y la convivencia.
No es una relación nueva en el discurso de odio. Antes incluso de la crisis ceutí, el OBERAXE había comprobado que las narrativas sobre delincuencia e inseguridad eran uno de los motores habituales de los contenidos xenófobos. En mayo, por ejemplo, esa temática aparecía en el 82 % de los mensajes analizados durante aquel mes. Cambian los acontecimientos que prenden la mecha; el vocabulario, bastante menos.
Las personas del norte de África siguen siendo el principal objetivo
El grupo más golpeado por esa hostilidad vuelve a ser el mismo. Las personas procedentes del norte de África concentraron el 72 % de los contenidos de odio detectados en agosto, cuatro puntos más que en julio. Los mensajes contra personas migrantes alcanzaron el 22 %, mientras aquellos dirigidos contra musulmanes representaron el 18 %, dos puntos más que el mes anterior.
Los porcentajes ayudan a dibujar algo más profundo que una sucesión de insultos. El 43 % de los contenidos presentó a los colectivos afectados como una amenaza, cinco puntos más que en julio. Otro 37 % empleó narrativas deshumanizantes y el 58 % recurrió a lenguaje agresivo explícito mediante insultos, amenazas o descalificaciones.
Cuando una persona pasa a ser descrita sistemáticamente como invasora, peligrosa o responsable colectiva de problemas sociales, la conversación cambia de naturaleza. Ya no se debate una política migratoria, una frontera o la capacidad de un sistema de acogida. Se atribuyen características negativas a grupos enteros. Parece una diferencia semántica. No lo es.
Mujeres y menores aparecen cada vez más en la diana
El informe de agosto introduce otra señal inquietante: el aumento de contenidos dirigidos contra mujeres y menores no acompañados. El OBERAXE los identifica como colectivos especialmente expuestos a vulnerabilidad y discriminación y relaciona esta evolución, entre otros factores, con la prolongada repercusión pública de lo ocurrido en Ceuta.
El desplazamiento resulta significativo porque amplía el objetivo del discurso hostil. Ya no se concentra únicamente en una representación genérica del migrante adulto, sino que alcanza a personas cuyo sexo, edad o situación administrativa pueden convertirse en un segundo elemento utilizado para estigmatizarlas.
TikTok retira todo lo notificado y YouTube apenas un 8 %
La otra gran diferencia del informe está en la respuesta de las propias plataformas. En conjunto, el 63 % de los contenidos reportados mediante las vías utilizadas por la institución o como verificador confiable acabó siendo retirado. El comportamiento, sin embargo, cambia enormemente dependiendo de dónde se publique el mensaje.
TikTok eliminó el 100 % de los contenidos que le fueron notificados, mientras X retiró el 93 %, Instagram el 72 % y Facebook el 68 %. En el extremo contrario aparece YouTube: solo eliminó el 8 % de los contenidos comunicados por el observatorio. La distancia entre plataformas resulta llamativa; bajo normas comunitarias que sobre el papel persiguen contenidos similares, la respuesta práctica puede ir desde la retirada total hasta dejar en línea más de nueve de cada diez mensajes notificados.
La retirada tampoco resuelve por sí sola el problema. Un contenido puede haber circulado durante horas, acumular reproducciones, capturas o réplicas y reaparecer después en otras cuentas. Internet tiene una memoria peculiar: a veces olvida una rectificación en minutos y conserva una falsedad durante años.
Cómo funciona el sistema que ha detectado los 101.025 mensajes
Las cifras proceden del Sistema FARO, la metodología utilizada por el OBERAXE desde marzo de 2025 para localizar y analizar en tiempo real contenidos racistas, xenófobos, islamófobos, antisemitas y antigitanos. El sistema combina herramientas tecnológicas e inteligencia artificial con revisión especializada y monitoriza publicaciones en español difundidas en Facebook, Instagram, TikTok, YouTube y X.
El observatorio realiza esta vigilancia diariamente. El equipo analiza los contenidos identificados, estudia qué colectivos aparecen como objetivo, qué acontecimientos alimentan determinadas narrativas y cómo reaccionan las plataformas cuando esos mensajes son notificados. Por eso los datos sirven especialmente para observar tendencias y picos de hostilidad digital, más que para hacer equivalencias automáticas con estadísticas policiales o judiciales.
Esa precisión metodológica importa. Decir que se detectaron 101.025 contenidos de odio no significa que existan 101.025 autores distintos, ni 101.025 delitos, ni siquiera 101.025 historias independientes. Significa que el sistema identificó ese volumen de publicaciones dentro de sus criterios de monitorización. El número sigue siendo enorme, pero entender qué representa evita convertir una estadística seria en otra pieza de ruido.
Del conflicto fronterizo a una hostilidad que permanece
Los datos de agosto muestran hasta qué punto una crisis localizada geográficamente puede seguir respirando durante semanas en las redes. Ceuta fue el desencadenante visible, pero después llegaron las narrativas sobre seguridad, recursos públicos, religión, origen y convivencia. Más de 100.000 contenidos detectados en un mes revelan la facilidad con la que un episodio migratorio puede transformarse en combustible para discursos que sobreviven al propio acontecimiento.
También dejan una fotografía menos cómoda de la conversación digital: las personas del norte de África continúan siendo el principal objetivo, crece la hostilidad hacia colectivos vulnerables y la reacción de las plataformas sigue siendo tremendamente desigual. Agosto terminó, pero el rastro digital de la crisis de Ceuta no lo hizo. Y esa quizá sea la parte más reveladora del informe: una frontera puede estabilizarse mucho antes que las palabras que dejó detrás.

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