Historia
Fallece Catherine Ringer: ¿qué queda de la voz de Les Rita Mitsouko?
La muerte de Catherine Ringer a los 68 años despide una voz esencial de Les Rita Mitsouko y una carrera marcada por canciones, riesgo y libertad.

Foto: Thesupermat / Wikimedia Commons — Flickr, CC BY-SA 2.0.
Resumen
- Catherine Ringer ha muerto a los 68 años tras un cáncer fulminante
- Fue la voz de Les Rita Mitsouko junto a Fred Chichin durante casi 30 años
- Marcia Baïla y C’est comme ça forman parte de su legado musical
Catherine Ringer, una de las voces más reconocibles de la música francesa y figura inseparable de Les Rita Mitsouko, ha muerto a los 68 años. La cantante falleció durante la noche del 14 de septiembre de 2026 a causa de un cáncer fulminante, según comunicó su familia. La noticia de su muerte se conoció este martes 15 de septiembre y deja a la cultura francesa sin una artista que durante más de cuatro décadas hizo casi todo a su manera.
La familia no ha precisado públicamente qué tipo de cáncer padecía Catherine Ringer, cuánto tiempo llevaba enferma ni qué tratamiento había seguido. Ese matiz importa. Está confirmada la enfermedad que provocó su muerte, pero no existe información fiable que permita ir más allá del comunicado familiar. Ringer fallece, además, pocas semanas antes de cumplir 69 años, el 18 de octubre.
Queda una carrera difícil de meter en una sola caja. Rock, pop, funk, chanson, teatro, danza, provocación, poesía. Y aquella voz: flexible y afilada, capaz de pasar de un fraseo casi susurrado a una sacudida vocal en cuestión de segundos. Durante cerca de tres décadas formó con Fred Chichin uno de los dúos más insólitos y reconocibles de la música europea.
Un cáncer fulminante y una muerte anunciada por su familia
El comunicado de sus hijos y allegados confirmó que Catherine Ringer había sido “emportée par un cancer foudroyant”, expresión francesa que puede traducirse como un cáncer fulminante o de evolución extremadamente rápida. Su muerte se produjo durante la noche del 14 de septiembre de 2026. No han trascendido más detalles médicos.
Había existido, eso sí, una señal pública relacionada con su estado de salud, aunque no hay elementos suficientes para vincularla directamente con el cáncer. A finales de junio, Ringer anunció la cancelación de una lectura musical prevista en la Maison de la Poésie debido a una extinción de voz. Seguía trabajando, actuando y explorando otros registros escénicos, incluida la poesía.
La proximidad entre ambos hechos puede resultar llamativa, pero no demuestra una relación clínica. Ni la cantante ni su familia habían atribuido públicamente aquella pérdida de voz a la enfermedad. En una época en la que dos fechas próximas parecen bastar para fabricar una teoría médica en las redes sociales, conviene quedarse con lo conocido: la familia ha confirmado un cáncer fulminante y no ha detallado su naturaleza.
Les Rita Mitsouko, una rareza que acabó convertida en clásico
Catherine Ringer conoció a Fred Chichin en 1979, durante una audición en Montreuil para el espectáculo musical Flash Rouge. El encuentro acabó siendo bastante más que una colaboración profesional: pareja artística y sentimental, laboratorio creativo y, finalmente, el origen de Rita Mitsouko, nombre al que años después añadirían el artículo “Les” porque buena parte del público confundía Rita Mitsouko con el nombre de la cantante.
Antes de llenar grandes salas hubo pequeños escenarios, noches de ensayo y una mezcla bastante improbable de sonidos. El primer sencillo llegó en 1981 y en 1984 publicaron su álbum de debut. El éxito no apareció inmediatamente. Después llegó una canción extraña, colorista y dolorosa llamada “Marcia Baïla”. Entonces cambió todo.
“Marcia Baïla”, la canción que abrió todas las puertas
“Marcia Baïla” estaba dedicada a la bailarina y coreógrafa argentina Marcia Moretto, fallecida de cáncer. La canción mezclaba duelo, baile, percusión, pop y una interpretación de Ringer que parecía escapar de cualquier manual. El sencillo terminó vendiendo más de un millón de copias y convirtió al dúo en un fenómeno popular sin obligarlo, cosa poco habitual, a dejar de ser raro.
Les Rita Mitsouko no sonaban como casi nadie. Tampoco parecían demasiado preocupados por conseguirlo. Ringer cantaba, gesticulaba, bailaba y utilizaba el vestuario como parte del espectáculo; Chichin construía detrás una arquitectura de guitarras, teclados y ritmos electrónicos. Entre ambos borraban las fronteras entre rock, funk, pop, música latina y chanson francesa.
El siguiente gran golpe llegó con “The No Comprendo”, publicado en 1986 y producido con Tony Visconti, estrechamente asociado a la obra de David Bowie. De allí salieron canciones como “Andy”, “Les Histoires d’A” y “C’est comme ça”. A esas alturas ya no había duda: aquello no era la extravagancia pasajera de un verano.
Una identidad que nunca necesitó parecerse a otra
“C’est comme ça” sigue siendo uno de los ejemplos más claros de aquella fórmula difícil de imitar. Guitarras tensas, percusión, electrónica, un estribillo que se pegaba como chicle y Ringer pronunciando cada palabra como si también formara parte de la sección rítmica. Música de los ochenta, sí, pero no exactamente encerrada en los ochenta.
El dúo colaboró durante su trayectoria con artistas como Sparks e Iggy Pop y convirtió el videoclip en otra extensión de su lenguaje. La imagen no era un envoltorio colocado alrededor de las canciones. Vestuario, danza, maquillaje, escenografía y realización formaban parte del mismo universo, deliberadamente exagerado y difícil de confundir.
Ahí está una de las razones por las que Les Rita Mitsouko han envejecido de manera peculiar. Muchas producciones de aquella década llevan su fecha impresa en la frente. Las suyas también, claro, pero la mezcla era tan personal que terminó escapando de la simple nostalgia. Lo excéntrico se convirtió en identidad, no en decoración.
Fred Chichin, la pérdida que partió su carrera en dos
La historia del dúo cambió abruptamente en noviembre de 2007, cuando Fred Chichin murió a los 53 años víctima también de un cáncer de rápida evolución. Ringer perdió a su compañero sentimental, al padre de sus hijos y a la otra mitad de un proyecto musical construido durante casi tres décadas. Les Rita Mitsouko, tal como habían existido, dejaron de tener sentido.
Pero Catherine Ringer siguió cantando. Retomó compromisos escénicos y abrió después una etapa con su propio nombre. En 2011 publicó “Ring n’ Roll”, su primer álbum de estudio en solitario, y en 2012 recibió la Victoire de la Musique a la artista femenina del año. No parecía interesada en convertirse en una estatua dedicada a su propio pasado.
También probó otros territorios. Trabajó con Plaza Francia, proyecto que cruzaba tango y sonidos contemporáneos, siguió interpretando el repertorio de Les Rita Mitsouko y regresó periódicamente a aquellas canciones con nuevas formaciones. Su hijo Raoul Chichin llegó a acompañarla a la guitarra, una imagen inevitablemente cargada de memoria.
En 2019, la Philharmonie de Paris acogió conciertos con los que Ringer celebró los 40 años de su encuentro con Fred Chichin. Allí estaban “Marcia Baïla”, “Andy”, “C’est comme ça”, “Le Petit Train” y tantas otras. El pasado regresaba, pero sin vitrina ni naftalina. Seguía siendo música de escenario, músculo y ruido.
Una artista que hizo de la libertad algo más que una pose
Nacida el 18 de octubre de 1957 en la periferia parisina, Catherine Ringer creció en un ambiente marcado por el arte. Su padre, Sam Ringer, era pintor y había sobrevivido a la deportación y a varios campos de concentración nazis; su madre trabajaba como arquitecta. Aquel padre dejó una huella profunda en su manera de entender el color, la creación y, seguramente, la obstinación por seguir adelante.
Ringer abandonó los estudios a los 15 años y pasó por el teatro, la danza, la interpretación y distintas experiencias escénicas antes de encontrar en la música el lugar en el que podían convivir todas aquellas partes. No llegó al rock siguiendo el recorrido habitual de conservatorio, grupo, maqueta y contrato. Llegó dando rodeos. Quizá por eso nunca pareció obedecer demasiado sus normas.
Su biografía tuvo asimismo capítulos que una industria más convencional habría tratado de esconder bajo la alfombra. Durante su juventud trabajó en el cine pornográfico, un pasado que nunca negó y que volvió a ser utilizado públicamente contra ella cuando ya era una estrella. Ringer se negó a aceptar que aquella etapa anulase el resto de su vida. Parece obvio escrito así; durante mucho tiempo no lo fue tanto.
La libertad fue, de hecho, una constante bastante menos decorativa de lo que suele significar esa palabra en la industria musical. En su caso implicó cantar raro, vestir raro y mezclar estilos cuando ninguna de esas cosas garantizaba vender discos. También significó reconstruir una carrera después de la muerte de Chichin sin fingir que nada había ocurrido.
Su personalidad pública conservó hasta el final ese punto imprevisible. Podía aparecer interpretando el repertorio de Les Rita Mitsouko, recitando poesía o cantando “La Marsellesa” con modificaciones en favor de la igualdad entre hombres y mujeres. Nunca fue una artista particularmente dócil. Tampoco parecía interesarle serlo.
Una voz que seguirá sonando fuera de época
La muerte de Catherine Ringer deja a la música francesa sin una intérprete difícil de reemplazar precisamente porque nunca construyó un molde reproducible. Era cantante, compositora, música y performer, pero separar esas funciones resulta casi artificial: en sus mejores canciones una sílaba podía pesar tanto como una guitarra y un movimiento corporal funcionaba como otra línea melódica.
Quedan “Marcia Baïla”, “Andy”, “C’est comme ça” y “Les Histoires d’A”, además de una discografía mucho más amplia que los grandes éxitos que siguen sonando en las radios. Queda también aquella asociación inevitable entre Ringer y Fred Chichin, dos personalidades que encontraron juntas un sonido que prácticamente no existía antes de ellos.
Catherine Ringer murió a los 68 años después de un cáncer fulminante. No se ha hecho público el tipo concreto de tumor que padecía. Lo que sí está perfectamente definido es su lugar en la cultura popular francesa: el de una artista que convirtió la rareza en un lenguaje propio y que, más de cuatro décadas después de irrumpir con Les Rita Mitsouko, seguía resultando extraordinariamente difícil de confundir con nadie.

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