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Historia

¿Por qué el 16 de septiembre es la Independencia de México y qué pasó?

El 16 de septiembre recuerda el levantamiento iniciado por Miguel Hidalgo en 1810, una guerra que culminaría once años después con la independencia.

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la Independencia de México

Foto: EneasMx / Wikimedia Commons — Trabajo propio, CC BY 4.0.

Resumen

  • El 16 de septiembre recuerda el inicio de la rebelión de 1810
  • Hidalgo impulsó el levantamiento, pero la independencia llegó en 1821
  • El Grito se celebra la noche del 15 y no reproduce literalmente el de 1810

México celebra su Independencia el 16 de septiembre porque en la madrugada de ese día, en 1810, Miguel Hidalgo y Costilla llamó a la población de Dolores, en el actual estado de Guanajuato, a levantarse contra las autoridades virreinales. Aquel episodio, conocido como el Grito de Dolores, se considera el comienzo de la Guerra de Independencia mexicana. No fue, por tanto, el día en que México consiguió separarse definitivamente de España: fue el día en que comenzó la insurrección.

La diferencia importa. Mucho. La lucha se prolongó durante once años y la independencia se consumó en septiembre de 1821, cuando el Ejército Trigarante entró en Ciudad de México. Así que cada 16 de septiembre, cuando las banderas ocupan balcones y plazas y el verde, blanco y rojo se cuela hasta en escaparates y mesas familiares, México conmemora el inicio de su independencia, no su desenlace. En 2026 se cumplen 216 años de aquel levantamiento.

Qué ocurrió realmente el 16 de septiembre de 1810

La madrugada del 16 de septiembre no apareció de la nada. Nueva España llevaba años acumulando tensiones políticas, sociales y económicas, mientras la invasión napoleónica de España y la crisis de la monarquía habían abierto una profunda grieta de legitimidad. Fernando VII había sido apartado del trono, José Bonaparte gobernaba en España y, al otro lado del Atlántico, una pregunta empezaba a pesar cada vez más: quién debía ejercer el poder cuando la propia Corona estaba en crisis.

En ese ambiente crecieron conspiraciones y reuniones de quienes pretendían alterar el orden colonial. No todos perseguían exactamente el mismo objetivo ni imaginaban todavía un México independiente tal como hoy se entiende. Una de las conspiraciones más importantes se articuló en Querétaro, con figuras como Ignacio Allende, Juan Aldama, Miguel Hidalgo y Josefa Ortiz de Domínguez.

Cuando las autoridades descubrieron la trama, los conspiradores comprendieron que esperar equivalía a exponerse a la detención. El movimiento previsto tuvo que adelantarse. En Dolores, Hidalgo decidió actuar y convocó a la población durante la madrugada. Ahí empieza el episodio que la memoria mexicana convertiría después en uno de sus grandes símbolos nacionales.

Miguel Hidalgo y el momento que encendió la rebelión

La imagen que ha sobrevivido es poderosa: Hidalgo, la campana de Dolores, una multitud congregándose y una arenga que convierte una conspiración semiclandestina en levantamiento abierto. Los detalles exactos fueron adquiriendo capas con el paso del tiempo, pero el hecho esencial permanece: aquella mañana comenzó una rebelión contra el poder virreinal.

El movimiento creció con una velocidad considerable. A los primeros conspiradores se sumaron campesinos, indígenas, mestizos, trabajadores y habitantes de distintas poblaciones. Lo que había comenzado dentro de círculos relativamente reducidos se transformó en una movilización popular mucho más difícil de controlar, incluso para sus propios dirigentes.

En las semanas siguientes los insurgentes avanzaron por distintas zonas del centro de Nueva España. Llegaron a tomar ciudades importantes y amenazaron el equilibrio político existente. La Guerra de Independencia había dejado de ser una posibilidad discutida en habitaciones discretas. Estaba en las calles, en los caminos, en las haciendas. Y llevaba armas.

El Grito de Dolores no fue exactamente como se representa hoy

Hay un detalle que suele perderse entre campanas, banderas y ceremonias: no existe una transcripción indiscutible de las palabras pronunciadas por Miguel Hidalgo en Dolores. No conocemos una versión literal y definitiva de aquel discurso. Los testimonios posteriores permiten reconstruir su sentido general, pero las palabras exactas forman parte de una discusión histórica que lleva mucho tiempo abierta.

Las expresiones asociadas actualmente al Grito fueron cambiando a medida que México construía su propia memoria nacional. Los nombres de los héroes invocados, los vivas, la escenografía institucional e incluso determinados gestos ceremoniales pertenecen a una tradición desarrollada después de 1810.

Eso no convierte el Grito en una invención. Al contrario: muestra cómo funcionan los grandes símbolos históricos. Existe un acontecimiento real —la convocatoria de Hidalgo y el comienzo de la insurrección— y, alrededor de él, las generaciones siguientes levantan una ceremonia capaz de representarlo. La campana, Dolores, Hidalgo y el levantamiento pertenecen a la historia; el ritual actual es también producto de más de dos siglos de memoria política y popular.

Por qué el Grito se celebra la noche del 15 de septiembre

La escena puede resultar desconcertante para quien mira el calendario por primera vez: la fiesta nacional corresponde al 16 de septiembre, pero el gran Grito se celebra durante la noche del día 15. La razón está en la evolución de las propias fiestas patrias mexicanas y no, como sostiene una leyenda bastante resistente, únicamente en el cumpleaños de Porfirio Díaz.

Díaz nació el 15 de septiembre de 1830 y durante su prolongada presidencia la ceremonia adquirió una enorme importancia institucional. Sin embargo, existen registros de celebraciones iniciadas durante la víspera décadas antes de su llegada al poder. Ya en los primeros años del México independiente se fue asentando la costumbre de comenzar los festejos la noche anterior.

Porfirio Díaz sí dejó una huella relevante. En 1896, durante su gobierno, la histórica campana de Dolores fue trasladada a Palacio Nacional, reforzando el vínculo entre el poder político mexicano y la ceremonia del Grito. Pero reducir toda la tradición a una supuesta maniobra para hacer coincidir la fiesta con su cumpleaños resulta demasiado sencillo. Y la historia, para fastidio de las leyendas perfectas, rara vez lo es.

Las dos fechas acabaron adquiriendo funciones distintas. Durante la noche del 15 de septiembre se recrea ceremonialmente el Grito de Independencia; el 16 es la fecha oficial que conmemora el comienzo del movimiento insurgente de 1810.

La independencia de México no llegó hasta 1821

Miguel Hidalgo no llegó a conocer un México independiente. Después de las primeras campañas insurgentes sufrió varias derrotas, fue capturado y terminó fusilado en 1811. El hombre asociado para siempre al comienzo de la independencia murió cuando el proceso apenas había empezado.

La rebelión tampoco desapareció con él. Otros dirigentes tomaron el relevo, entre ellos José María Morelos, que dio al movimiento una estructura política y militar más definida. Después vendrían nuevas derrotas, ejecuciones y años en los que la insurgencia sobrevivió de forma fragmentada, con focos de resistencia encabezados por figuras como Vicente Guerrero.

Durante ese largo conflicto cambió también el escenario político español. La guerra mexicana no siguió una línea recta ni enfrentó durante once años a dos bloques idénticos. Hubo cambios de alianzas, intereses locales, transformaciones ideológicas y antiguos adversarios que terminaron encontrándose en el mismo lado. Uno de los casos más llamativos fue el de Agustín de Iturbide.

Del Plan de Iguala a la entrada del Ejército Trigarante

En 1821, Iturbide, que anteriormente había combatido a los insurgentes, impulsó el Plan de Iguala y alcanzó un acuerdo con Vicente Guerrero. El proyecto defendía tres garantías que darían nombre al nuevo ejército: religión, independencia y unión.

La alianza cristalizó en el Ejército de las Tres Garantías, conocido como Ejército Trigarante. El escenario había cambiado por completo respecto a aquella madrugada de Dolores. La causa independentista incorporaba ahora fuerzas, dirigentes e intereses que años atrás habían estado enfrentados.

El 27 de septiembre de 1821, el Ejército Trigarante entró en Ciudad de México. Al día siguiente se firmó el Acta de Independencia del Imperio Mexicano. Esa es una de las aparentes paradojas de la fiesta nacional: la gran fecha mexicana recuerda el comienzo de la lucha, el 16 de septiembre de 1810, y no el momento en que la independencia se consumó once años después.

España, además, no reconoció formalmente la independencia mexicana hasta 1836. La separación política, como tantas veces ocurre cuando un imperio pierde un territorio, no funcionó como un interruptor que alguien accionara una mañana. Hubo guerra, tratados, resistencias, negociaciones y una larga construcción de un nuevo Estado.

Qué representa el 16 de septiembre en el México actual

El 16 de septiembre se ha convertido en una de las fechas centrales del calendario cívico mexicano. La celebración combina historia, ceremonia de Estado y cultura popular: banderas, plazas llenas, música, comida, campanas, desfiles y la recreación del Grito forman parte de una tradición que se ha ido transformando junto con el propio país.

En 2026, el 16 de septiembre cae en miércoles y continúa siendo un día de descanso obligatorio conforme a la legislación laboral mexicana. La víspera concentra buena parte de las celebraciones populares e institucionales, mientras que el día 16 suele reservarse para actos cívicos y desfiles.

La ceremonia presidencial es la más conocida fuera del país, pero el Grito se reproduce también en estados y municipios. Cada lugar incorpora sus propios matices, aunque la estructura resulta reconocible: autoridades ante la población, vivas a los héroes de la Independencia, la campana y una plaza convertida durante unos minutos en escenario de memoria colectiva.

Una madrugada de 1810 que terminó definiendo a un país

El 16 de septiembre de 1810 no nació un México independiente de un plumazo. Empezó algo mucho más incierto: una rebelión que atravesaría victorias, derrotas, ejecuciones, pactos y cambios de protagonistas hasta desembocar once años más tarde en un Estado separado de la monarquía española.

Ahí reside buena parte de la fuerza de la fecha. México no conmemora exactamente el momento en que terminó su independencia, sino el instante en que comenzó a disputarla. Hidalgo abrió aquella madrugada un proceso cuyo desenlace él mismo no llegaría a conocer. Otros continuaron después, con proyectos que no siempre coincidían con el suyo.

Más de dos siglos después, el país vuelve cada septiembre a aquella madrugada en Dolores. La ceremonia ha añadido palabras, nombres, símbolos y alguna leyenda demasiado redonda, pero el núcleo histórico permanece intacto: el 16 de septiembre de 1810, una conspiración descubierta se convirtió en insurrección y empezó el proceso que acabaría rompiendo tres siglos de dominio colonial español.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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