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¿Quién mató a Claudia Tacoronte? Las cámaras apuntan a un sospechoso
Las cámaras de Cuautla siguen el rastro de un sospechoso tras el asesinato de Claudia Tacoronte y reavivan las dudas sobre la seguridad en Morelos.

Foto: @atiemponot / X.
Resumen
- Las cámaras siguen el rastro de un sospechoso tras el asesinato de Claudia
- Vecinos identifican al hombre como «El Trompas», sin confirmación oficial
- Morelos ya acumulaba alertas de seguridad y otros crímenes de estudiantes
Aún no hay un autor identificado oficialmente ni una detención anunciada por el asesinato de Claudia Tacoronte Aguilera, la estudiante española de 21 años apuñalada en Cuautla, en el estado mexicano de Morelos. La investigación, sin embargo, ha estrechado el cerco sobre un hombre vestido de blanco y con una mochila negra que fue grabado por cámaras de seguridad corriendo por la zona poco después del ataque. La Fiscalía de Morelos lo busca y ese recorrido captado en vídeo se ha convertido en una de las principales pistas del caso.
Hay un nombre circulando con fuerza: «El Trompas». Vecinos de Cuautla aseguran reconocer en las grabaciones a un hombre llamado Paco, conocido en la zona por ese apodo y señalado por robos anteriores. Pero aquí conviene separar el dato de la sospecha: las autoridades no han confirmado públicamente su identidad como asesino de Claudia ni han comunicado que esté imputado. Por ahora es un hombre buscado dentro de una investigación todavía abierta.
Claudia, natural de Gran Canaria y estudiante de cuarto curso de Educación Infantil en la Universidad de Granada, había llegado a México a mediados de agosto. Realizaba una estancia académica en la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, la UAEM, gracias a un convenio firmado entre ambas instituciones en 2023. Apenas llevaba unas semanas allí. Los primeros datos conocidos sobre Claudia Tacoronte y su asesinato en México ya dibujaban un crimen brutal; las horas posteriores han añadido cámaras, sospechas y una creciente controversia sobre la seguridad del destino universitario.
El hombre de blanco que aparece después del ataque
La noche del sábado 12 de septiembre, Claudia se encontraba en Cuautla, a unos 50 kilómetros de Cuernavaca, donde estaba su campus universitario. Había viajado para asistir a una feria dedicada a las plantas medicinales y se alojaba ese fin de semana en la Casa de la Cultura.
La reconstrucción disponible sitúa el ataque en las inmediaciones de ese edificio. Claudia habría sido víctima de un asalto o intento de robo y recibió varias heridas con arma blanca. Consiguió correr hasta la Casa de la Cultura para refugiarse y pedir auxilio. Allí fue atendida por varias personas, pero los servicios sanitarios no lograron salvarle la vida. La hipótesis del robo es la principal línea difundida hasta el momento, aunque la investigación continúa sin un móvil establecido de forma definitiva.
Las cámaras privadas de la zona han adquirido un valor especial. Una de ellas registra alrededor de las 20.50 horas a un hombre con camiseta o sudadera blanca y mochila oscura. Primero camina, desaparece momentáneamente del encuadre y poco después vuelve a aparecer corriendo. Otras grabaciones prolongan su recorrido durante la huida y permiten reconstruir parte de sus movimientos.
No es la única pista. Ese mismo hombre habría quedado grabado anteriormente robando en comercios de Cuautla, incluso con una indumentaria similar. De ahí surge el apodo que ahora se repite entre los vecinos: «El Trompas». Es una identificación nacida entre residentes de la zona y difundida después en redes sociales, no una condena ni una identificación judicial. La diferencia no es pequeña. En un asesinato, señalar es fácil; probar, bastante menos.
Una espera de unos 30 minutos que también genera preguntas
El tiempo transcurrido hasta la llegada de los servicios de emergencia también ha generado indignación. Vecinos presentes aquella noche sitúan la llegada de la ambulancia aproximadamente hacia las 21.15 horas, cerca de media hora después del ataque. Algunos aseguran que realizaron varias llamadas de auxilio y encontraron dificultades para obtener una respuesta inmediata.
Cuando los sanitarios llegaron, Claudia se encontraba ya en una situación crítica y no pudieron salvarla. Este extremo ha añadido otra capa de dolor al caso, aunque no permite concluir que una intervención anterior hubiese cambiado el desenlace. Para determinar algo así hacen falta datos médicos y una reconstrucción precisa de las heridas y de los tiempos asistenciales, no intuiciones retrospectivas.
Por qué el crimen se investiga bajo protocolo de feminicidio
La Fiscalía de Morelos abrió la investigación bajo el protocolo de feminicidio, como corresponde al análisis de una muerte violenta de una mujer cuando deben examinarse también posibles razones de género. Esto no significa que esté acreditado que Claudia fuera atacada por ser mujer ni descarta otras hipótesis, incluido el posible robo.
El matiz importa. La causa debe determinar quién la atacó, por qué lo hizo y qué elementos rodearon el crimen. Las autoridades mexicanas mantienen abiertas las diligencias y desde el Gobierno federal se ha ofrecido colaboración. Desde España también se ha reclamado el esclarecimiento completo de los hechos y que el responsable responda ante la Justicia.
El caso tampoco aparece sobre un terreno precisamente tranquilo. Morelos registró 21 feminicidios entre enero y julio de 2026, mientras el conjunto de México contabilizó 380 durante ese mismo periodo según los datos oficiales disponibles. Claudia llegó, por tanto, a un estado donde la violencia contra las mujeres y la delincuencia grave no eran fenómenos desconocidos.
Claudia era la cuarta alumna asesinada en siete meses
Hay otro dato que ha terminado por sacudir a las universidades españolas. Claudia es la cuarta estudiante de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos asesinada en apenas siete meses, después de los casos de Kimberly Ramos, Karol Toledo y Michelle Fuentes. Los anteriores crímenes ya habían provocado movilizaciones y protestas entre el alumnado mexicano.
La Universidad de Granada afirma que desconocía esos tres asesinatos anteriores y sostiene que la institución mexicana no se los había comunicado. Claudia era, además, la primera alumna de Granada que viajaba a la UAEM mediante el acuerdo de intercambio firmado en 2023. Tras conocer el contexto y producirse el asesinato, la UGR canceló las tres movilidades previstas hacia Morelos para el siguiente semestre.
No es un detalle administrativo perdido entre formularios. El asesinato ha colocado bajo el foco cómo se evalúan los destinos internacionales cuando la inseguridad de un territorio empeora y qué información reciben realmente los alumnos antes de marcharse. La controversia se agravó con la denuncia de la hermana de Claudia sobre la Universidad de Morelos, que abrió nuevas preguntas sobre lo que conocían las instituciones antes de la estancia.
La advertencia sobre Morelos que ya existía antes del viaje
La Universidad de Granada sí consultaba las recomendaciones oficiales del Ministerio de Asuntos Exteriores. Y ahí aparece el punto más delicado de la polémica: Morelos ya figuraba expresamente entre las zonas donde debían extremarse las precauciones.
Las recomendaciones españolas para México, actualizadas el 24 de julio de 2026 y vigentes cuando Claudia estaba en el país, advertían en el caso concreto de Morelos de un incremento de la violencia ligada al narcotráfico y de los secuestros. También aconsejaban informarse antes de visitar localidades aisladas, evitar en lo posible los desplazamientos nocturnos y no aventurarse en solitario por lugares desconocidos.
La advertencia existía, pues. Otra cosa es qué consecuencia debía extraerse de ella. Exteriores no prohibía viajar a Morelos ni ordenaba suspender los intercambios universitarios. La Universidad de Granada interpretó que las recomendaciones permitían mantener la movilidad y asegura que no conocía los asesinatos anteriores de alumnas de la UAEM.
Después del crimen, esa frontera entre una recomendación de prudencia y una situación suficientemente grave como para cancelar una estancia se ha convertido en el centro de la discusión. Sobre el papel son categorías distintas. Cuando una estudiante de 21 años muere a miles de kilómetros de casa, la letra pequeña pesa de otra manera.
La familia de Claudia ha expresado precisamente su malestar por no haber recibido información sobre los anteriores crímenes vinculados a la universidad mexicana. No cuestiona solamente lo sucedido aquella noche. También reclama respuestas sobre las condiciones en las que se organizó la movilidad y sobre la información disponible antes del viaje.
Granada suspende los intercambios con la universidad de Morelos
La reacción ha sido inmediata. La Universidad de Granada ha suspendido los próximos intercambios con la UAEM y busca destinos alternativos para tres estudiantes que tenían previsto viajar allí durante el segundo semestre. También contactó con sus alumnos desplazados en otras universidades mexicanas para ofrecerles apoyo y la posibilidad de regresar.
La decisión marca un antes y un después en un convenio que apenas había comenzado a enviar estudiantes desde Granada a Morelos. El acuerdo existía desde 2023, aunque la relación entre ambos centros había sido reducida y Claudia era la primera alumna de la UGR enviada allí.
Su asesinato también ha provocado vigilias, concentraciones y homenajes tanto en Granada como en México. En la UAEM, estudiantes han reclamado más seguridad y respuestas concretas después de varios asesinatos que han dejado de poder contemplarse como episodios aislados. Las velas sirven para recordar. Para impedir otro crimen hacen falta otras cosas.
Un sospechoso en las cámaras y muchas respuestas pendientes
La investigación ha avanzado desde las primeras horas, pero el punto esencial permanece abierto: no se ha determinado oficialmente quién asesinó a Claudia Tacoronte. Las cámaras ofrecen una pista importante y existe un hombre buscado cuya apariencia coincide con las grabaciones. Vecinos lo identifican como «El Trompas»; la Justicia todavía tiene que convertir una sospecha en hechos probados.
También falta esclarecer con precisión el móvil. El posible robo encaja con los primeros testimonios y con los antecedentes atribuidos al hombre señalado por vecinos, pero la Fiscalía mantiene el protocolo de feminicidio y las diligencias continúan. No hay, hasta este momento, una versión judicial definitiva.
Claudia había llegado a México para cursar parte de su último año universitario. Tenía 21 años, estudiaba para trabajar con niños y llevaba menos de un mes en Morelos. Esa es la dimensión que corre el riesgo de diluirse entre cámaras, protocolos, comunicados y responsabilidades cruzadas.
Mientras la policía sigue el rastro del hombre vestido de blanco y con mochila negra, España y México tienen delante algo bastante menos abstracto que una estadística de violencia: un asesinato que debe resolverse, una familia esperando respuestas y una cadena de decisiones institucionales que también tendrá que explicarse.

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