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¿Qué denuncia la hermana de Claudia sobre la Universidad de Morelos?
Claudia Tacoronte, estudiante grancanaria de 21 años, fue asesinada en México. Su familia cuestiona la información recibida antes del intercambio.

Foto: JorgeBarreraM / Wikimedia Commons — Trabajo propio, CC BY-SA 4.0.
Resumen
- Claudia Tacoronte fue la cuarta alumna de la UAEM asesinada en siete meses
- Su familia denuncia que nadie les informó de los tres crímenes anteriores
- La Universidad de Granada ha suspendido nuevas movilidades a Morelos
La familia de Claudia Tacoronte Aguilera, la estudiante grancanaria de 21 años asesinada en México mientras realizaba un intercambio universitario, reclama explicaciones que van más allá de identificar y detener al autor del crimen. Su hermana, Laura Tacoronte, ha denunciado que nadie les había advertido de un dato especialmente grave: otras tres alumnas de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos habían sido asesinadas o localizadas sin vida durante 2026. Claudia se convirtió en la cuarta.
Ese es el núcleo de la indignación familiar. Claudia llevaba apenas unas semanas en México, adonde había llegado desde la Universidad de Granada para cursar parte de cuarto de Educación Infantil. Según ha explicado su hermana, la joven terminó conociendo ya allí la existencia de los anteriores casos. Sus padres estaban inquietos; aun así, ella quería aprovechar su estancia, viajar, estudiar y conocer otro país. Lo normal a los 21 años. Lo que la familia cuestiona ahora es qué información sobre seguridad se manejaba antes de autorizar aquella movilidad y por qué determinados antecedentes no llegaron hasta ellos.
Cuatro alumnas de la UAEM muertas en pocos meses
La muerte de Claudia no aparece aislada cuando se observa lo sucedido alrededor de la UAEM durante 2026. Antes que ella murieron Kimberly Joselín Ramos Beltrán, Karol Toledo Gómez y Michelle Itzayana Fuentes Calderón, todas vinculadas a la misma universidad mexicana.
Conviene introducir aquí un matiz importante: hablar de cuatro estudiantes de una misma universidad muertas violentamente no significa que los cuatro casos ocurrieran dentro del mismo campus. La UAEM tiene decenas de miles de alumnos distribuidos entre distintas sedes del estado de Morelos y los hechos sucedieron en lugares diferentes. Lo inquietante es el vínculo universitario común y la sucesión temporal, extraordinariamente corta.
Kimberly Ramos, de 18 años, desapareció el 20 de febrero. Su caso provocó movilizaciones, cierres de accesos y protestas de estudiantes. Su cadáver fue localizado días después en una zona próxima a Cuernavaca. La propia UAEM calificó públicamente su muerte de feminicidio y reclamó justicia. Hubo un detenido relacionado con aquel caso.
Casi al mismo tiempo desapareció Karol Toledo, también de 18 años y estudiante de Enfermería. Su cuerpo fue hallado en marzo en Coatetelco. Después llegó el caso de Michelle Itzayana Fuentes Calderón, de solo 15 años, alumna del Sistema Universitario de Educación Mixta. Había desaparecido el 24 de mayo después de salir de casa y fue localizada muerta a comienzos de junio.
Tres nombres, tres investigaciones y una comunidad universitaria movilizada que ya había salido a la calle reclamando seguridad mucho antes de que Claudia aterrizara en Morelos.
La Universidad de Granada dice que desconocía los casos
La Universidad de Granada sostiene que no había sido informada de las muertes anteriores cuando se produjo la movilidad de Claudia. El convenio entre la institución granadina y la UAEM estaba vigente desde 2023 y la relación académica entre ambas era todavía reducida.
Tras conocerse el crimen, la UGR decidió suspender las tres movilidades previstas hacia la Universidad Autónoma del Estado de Morelos y buscar otros destinos para los estudiantes afectados. También condenó públicamente el asesinato, celebró un minuto de silencio y se puso a disposición de la familia y de las autoridades consulares españolas.
La decisión abre, inevitablemente, una cuestión delicada sobre los programas internacionales. Un intercambio académico nunca puede garantizar riesgo cero —tampoco lo garantiza quedarse en casa—, pero las universidades sí deben valorar las condiciones objetivas del destino y ofrecer información suficiente. Cuando existen antecedentes graves y recientes relacionados con estudiantes de la institución receptora, esa evaluación adquiere otro peso.
Qué ocurrió la noche en que asesinaron a Claudia
Claudia había llegado a México aproximadamente un mes antes. Vivía en Cuernavaca y durante el fin de semana se había desplazado a Cuautla, a unos 100 kilómetros al sur de Ciudad de México, para asistir a una feria relacionada con plantas medicinales y medicina tradicional.
El sábado 12 de septiembre sufrió una agresión con arma blanca en las inmediaciones de la Casa de la Cultura de Cuautla. Según la reconstrucción conocida hasta el momento, intentó ponerse a salvo después del ataque y llegó herida al recinto. Los servicios de emergencia no consiguieron salvarla.
Su hermana ha explicado que la familia recibió como primera versión la de un intento de robo del teléfono móvil: un hombre habría perseguido a Claudia cuando trató de escapar y la habría apuñalado varias veces. Esa hipótesis figura entre las líneas manejadas por los investigadores, aunque la Fiscalía de Morelos mantiene abiertas otras posibilidades mientras intenta determinar el móvil exacto.
Un sospechoso grabado mientras huía
Las cámaras situadas en la zona captaron a un hombre que abandonaba el lugar poco después de la agresión. Las imágenes muestran a un sospechoso vestido de blanco y con una mochila negra corriendo por las inmediaciones. A 15 de septiembre, las autoridades mexicanas continuaban trabajando para identificarlo, localizarlo y detenerlo.
La Fiscalía investiga la muerte bajo el protocolo de feminicidio. Eso no significa que el móvil haya quedado establecido definitivamente como un crimen cometido por razón de género; significa que una muerte violenta de una mujer debe investigarse incorporando esa perspectiva y sin descartar prematuramente elementos relevantes. Paralelamente, la hipótesis del robo continúa formando parte de las pesquisas.
España también ha pedido que la investigación llegue hasta el final. El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, ha reclamado justicia y las autoridades españolas mantienen contacto con México. La presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, y responsables federales han señalado igualmente que colaborarán con la investigación.
La cifra que explica la preocupación de la familia
El contexto de Morelos hace más difícil presentar lo ocurrido como una desgracia completamente imprevisible. Entre enero y julio de 2026, 69 mujeres fueron asesinadas en ese estado mexicano: 21 casos quedaron registrados como feminicidios y otros 48 como homicidios dolosos. En el conjunto de México fueron contabilizadas durante esos siete meses 1.250 muertes violentas de mujeres, entre ellas 380 feminicidios.
Las cifras no permiten establecer por sí solas qué riesgo concreto corría Claudia. Tampoco todos los asesinatos de mujeres tienen el mismo contexto, causa o relación con la violencia machista. Pero sirven para entender por qué su hermana se resiste a considerar normal lo ocurrido. Cuatro estudiantes vinculadas a una misma universidad muertas en un periodo tan corto constituyen un antecedente que, como mínimo, exige preguntas incómodas.
Y esas preguntas no recaen únicamente sobre la Universidad de Granada. La UAEM conocía necesariamente los anteriores casos: había emitido comunicados, expresado condolencias y afrontado protestas estudiantiles. Tras la muerte de Kimberly, estudiantes llegaron a ocupar espacios universitarios y reclamar medidas de protección. Meses más tarde murió Michelle. Después llegó Claudia.
La denuncia de Laura Tacoronte
Laura Tacoronte ha expresado públicamente su indignación ante una sucesión de muertes que considera imposible normalizar. Su denuncia tiene dos planos. El primero es personal: su hermana viajó a México para estudiar, no para asumir silenciosamente un nivel de riesgo que su familia desconocía. El segundo es institucional: quiere saber quién conocía los antecedentes y qué se hizo con esa información.
La familia asegura que Claudia supo de los otros casos cuando ya estaba en México. Ese dato había aumentado la preocupación de sus padres, pero la estudiante decidió continuar con el intercambio. Tenía 21 años, acababa de comenzar una experiencia que llevaba tiempo deseando y quería conocer el país. No hay nada extraño en ello. Convertir retrospectivamente esa decisión en una imprudencia sería cargar sobre la propia víctima una responsabilidad que no le corresponde.
Claudia era natural de Santa Brígida, Gran Canaria, estudiaba cuarto curso del grado de Educación Infantil en Granada y apenas llevaba unas semanas instalada en México. Su asesinato ha provocado homenajes tanto en España como en la propia Universidad Autónoma del Estado de Morelos, donde compañeros colocaron flores, velas y una silla vacía con su fotografía.
El problema no termina con detener al agresor
La prioridad inmediata sigue siendo localizar al responsable del asesinato y esclarecer exactamente qué ocurrió en Cuautla. Pero el caso deja otra investigación, menos policial y bastante más incómoda, sobre la mesa: cómo se evalúa la seguridad de un destino universitario internacional cuando existen antecedentes recientes tan graves.
Una universidad no puede prever un asesinato concreto. Sería absurdo exigirlo. Sí puede, en cambio, revisar información pública, mantener canales eficaces con sus instituciones asociadas y reaccionar cuando el contexto cambia de forma sustancial. La suspensión de las futuras movilidades a Morelos demuestra que, después de la muerte de Claudia, la valoración del riesgo ya no es la misma.
Queda también por aclarar hasta qué punto hubo comunicación entre la UAEM y la Universidad de Granada acerca de Kimberly, Karol y Michelle. La institución española afirma que desconocía esas muertes antes del crimen de Claudia. Si esa ausencia de información se confirma, la discusión no será solo qué ocurrió aquella noche, sino por qué tres casos anteriores de alumnas no formaron parte de la información relevante alrededor de un programa de intercambio.
Cuatro nombres que no deberían convertirse en estadística
Kimberly, Karol, Michelle y Claudia pertenecían a lugares y circunstancias distintas. Sus muertes tampoco pueden fundirse alegremente en una única explicación. Hacerlo sería otra forma de borrar los hechos. Cada caso tiene su propia investigación y circunstancias, y no todos cuentan con la misma clasificación jurídica.
Pero la coincidencia existe y pesa: cuatro estudiantes vinculadas a la UAEM muertas violentamente o localizadas sin vida durante 2026. Tres de esos casos ya habían sacudido a la universidad antes de que Claudia llegara desde Granada. Esa es la realidad que su hermana ha puesto de nuevo bajo el foco.
La investigación debe determinar quién asesinó a Claudia y por qué. Después vendrán las responsabilidades que correspondan, penales si las hay, institucionales si se acreditan fallos. Lo que difícilmente puede sostenerse, después de cuatro nombres en tan poco tiempo, es que no había nada que mirar.












