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¿Por qué Irán acusa a EE.UU. de atacar dos pesqueros cerca de Ormuz?

Irán denuncia que drones de EE.UU. atacaron dos pesqueros en el golfo Pérsico. Hay varios desaparecidos y aumenta la tensión en el estrecho de Ormuz.

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soldado de EEUU lanzandi misil

Foto: Sgt. 1st Class Ben Houtkooper / 34th Red Bull Infantry Division / Wikimedia Commons — DVIDS, dominio público.

Resumen

  • Irán denuncia un ataque de EE.UU. contra dos pesqueros en el golfo Pérsico
  • Varios pescadores siguen desaparecidos y continúan las labores de búsqueda
  • La acusación llega en plena escalada militar alrededor del estrecho de Ormuz

Irán ha acusado a Estados Unidos de atacar con drones dos embarcaciones pesqueras iraníes en aguas del golfo Pérsico, cerca de la provincia meridional de Hormozgan. Varios pescadores permanecen desaparecidos y las autoridades iraníes mantienen una operación marítima de búsqueda y rescate para intentar localizarlos.

El episodio ocurrió durante la noche del lunes 14 de septiembre en las inmediaciones del puerto de Korgan, en Hormozgan, una zona próxima al estrecho de Ormuz. Teherán atribuye directamente la acción a drones estadounidenses, aunque en las primeras horas posteriores al suceso no había una confirmación independiente de esa autoría ni una explicación pública estadounidense específicamente referida a los dos pesqueros.

Qué ocurrió con los dos pesqueros iraníes

El vicegobernador de Hormozgan para asuntos políticos y de seguridad, Ahmad Nafisi, informó de que las dos embarcaciones se encontraban faenando cuando fueron alcanzadas. El responsable iraní calificó lo sucedido como un ataque del «enemigo» estadounidense y confirmó que varios miembros de las tripulaciones están desaparecidos.

Las autoridades no han comunicado por ahora cuántas personas viajaban exactamente en los barcos, cuántos pescadores continúan sin localizar ni el estado en el que quedaron las embarcaciones. La prioridad inmediata está siendo rastrear el área y localizar a los desaparecidos.

No es un detalle menor. En un escenario de guerra, una afirmación oficial puede recorrer medio mundo antes de que aparezcan restos, imágenes, coordenadas o pruebas técnicas capaces de reconstruir con precisión lo ocurrido. De momento, el dato sólido es que Irán denuncia un ataque con drones y busca a varios pescadores. La atribución a Estados Unidos procede de las autoridades iraníes.

Una búsqueda marítima todavía abierta

Los equipos desplegados en la zona tratan de localizar a los desaparecidos en unas aguas sometidas desde hace meses a una intensa actividad militar. Hormozgan ocupa una posición especialmente delicada: su costa mira directamente hacia las rutas que conectan el golfo Pérsico con el estrecho de Ormuz y el golfo de Omán.

Ahí conviven pesqueros, petroleros, buques mercantes, patrulleras, sistemas no tripulados y fuerzas navales de varios países. Una mezcla poco tranquilizadora. El margen para confundir una embarcación o interpretar una maniobra como amenaza se estrecha cuando una zona marítima funciona prácticamente como un tablero militar.

La autoría del ataque sigue siendo el punto decisivo

La acusación iraní es grave porque no habla de una instalación militar ni de una patrullera de la Guardia Revolucionaria, sino de barcos dedicados a la pesca. Si se confirmara que eran objetivos civiles y que fueron atacados deliberadamente por fuerzas estadounidenses, el episodio abriría una nueva controversia sobre las operaciones militares en estas aguas.

Pero esa conclusión exige pruebas. En las primeras informaciones no se habían difundido elementos independientes que permitieran comprobar desde dónde partieron los drones, qué tipo de aparatos participaron o cuál fue el motivo del ataque. Precisamente por eso conviene distinguir el hecho denunciado de la autoría denunciada. Parecen lo mismo. No lo son.

Ormuz vuelve a convertirse en el centro de la tensión

El incidente llega en un momento particularmente delicado alrededor del estrecho de Ormuz, convertido en uno de los principales focos de tensión entre Washington y Teherán desde el comienzo de la guerra, el 28 de febrero.

Estados Unidos mantiene una fuerte presencia militar en la región y ha realizado ataques contra capacidades militares y marítimas iraníes. Irán, por su parte, ha respondido con acciones contra objetivos estadounidenses y con una creciente presión sobre la navegación en el estrecho.

Durante septiembre el choque se ha recrudecido. Washington y Teherán se han acusado mutuamente de ataques contra embarcaciones, mientras el tráfico comercial intenta atravesar un corredor en el que cualquier incidente puede adquirir dimensión internacional en cuestión de horas.

La razón se entiende mirando un mapa. Ormuz es la estrecha salida marítima del golfo Pérsico, encajada entre Irán y Omán, y durante años ha canalizado una parte enorme de las exportaciones energéticas de Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Irak y Catar. No es simplemente una ruta regional: lo que sucede allí puede acabar apareciendo, con otra forma, en el precio del petróleo, los seguros marítimos y los costes del transporte.

El caso del petrolero El Gaia agrava el cruce de versiones

Casi al mismo tiempo que se conocía el ataque denunciado contra los pesqueros, Irán y Estados Unidos volvían a ofrecer relatos completamente enfrentados sobre otro incidente marítimo.

La Armada de la Guardia Revolucionaria aseguró que el superpetrolero El Gaia, con bandera de Panamá, había explotado y se había incendiado después de chocar contra minas marinas mientras atravesaba una zona que Teherán considera prohibida al sur del estrecho de Ormuz.

El Mando Central de Estados Unidos, CENTCOM, rechazó esa versión. Washington sostiene que el petrolero había quedado inutilizado después de sufrir anteriormente el impacto de un misil iraní y que posteriormente volvió a ser alcanzado por un dron iraní. Es decir, las dos potencias no discuten únicamente sobre quién dispara: discuten incluso sobre qué ha golpeado a los barcos que aparecen dañados.

Una guerra de armas y también de versiones

Esa batalla por establecer el relato se ha convertido en otra característica del conflicto. Irán presenta muchas de sus actuaciones marítimas como respuesta a la presión militar estadounidense; Washington acusa a la Guardia Revolucionaria de amenazar la navegación comercial y utiliza esa amenaza para justificar parte de su despliegue naval en la región.

Entre ambos quedan los buques mercantes y, ahora, dos humildes pesqueros. La imagen resume bastante bien la situación. En un espacio marítimo recorrido por portaaviones, misiles, radares y drones, unos pescadores han acabado en el centro de una disputa entre dos potencias.

La ausencia inicial de una verificación externa obliga a mantener cierta cautela. Que exista una confrontación militar abierta hace plausible un ataque; no convierte automáticamente cada acusación en un hecho probado. Y que Washington rechace otras versiones iraníes tampoco demuestra por sí solo qué ocurrió con estas embarcaciones.

Por qué este ataque puede aumentar todavía más la tensión

El peligro del episodio no depende únicamente del tamaño de los barcos atacados. Ocurre lo contrario: precisamente porque se trataría de embarcaciones civiles, su impacto político puede superar con facilidad su importancia militar.

Teherán puede utilizar el caso para presentar la campaña estadounidense como una amenaza directa para la población civil iraní. Washington, mientras no confirme o explique lo sucedido, tendrá que afrontar una acusación que llega en un momento en el que su presencia naval alrededor de Irán ya es extraordinariamente sensible.

Hay también un riesgo más inmediato. Cuantos más drones, buques de guerra y sistemas de vigilancia operan en las mismas aguas, más oportunidades existen para una identificación errónea, una respuesta precipitada o una represalia calculada sobre información incompleta. Ormuz lleva meses funcionando con una tensión extrema, como un cable demasiado estirado.

Y debajo de esa dimensión militar está la económica. Antes de la actual crisis, por el estrecho circulaba aproximadamente una quinta parte del petróleo consumido en el mundo. La guerra ha alterado ese tráfico y ha obligado a navieras, productores y gobiernos a buscar rutas alternativas o sistemas adicionales de protección. Cada nuevo ataque vuelve más caro y peligroso mover energía por la región.

Los desaparecidos, la incógnita inmediata

Más allá del pulso entre Teherán y Washington, lo urgente continúa estando sobre el agua. Varios pescadores siguen desaparecidos y las autoridades iraníes todavía deben determinar qué ocurrió exactamente con las tripulaciones de los dos barcos.

Las investigaciones tendrán que aclarar cuántas personas estaban a bordo, qué daños sufrieron las embarcaciones, qué armas las alcanzaron y, sobre todo, si existen evidencias técnicas capaces de identificar al responsable. Hasta que aparezcan esos datos, atribuir definitivamente el ataque a Estados Unidos supondría ir más lejos de lo que permiten las pruebas públicas conocidas.

Ormuz suma otro episodio a una crisis cada vez más peligrosa

El golfo Pérsico añade así otro incidente a una cadena que empieza a parecer rutina, y precisamente ahí reside el peligro. Cuando los ataques dejan de sorprender, no dejan de ser graves. Dos pesqueros, varios desaparecidos y una acusación directa contra Estados Unidos bastan para recordar hasta qué punto una guerra concentrada alrededor de Ormuz puede saltar, en segundos, de los grandes movimientos estratégicos a la vida de quienes simplemente estaban trabajando en el mar.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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