Actualidad
¿Por qué crece el rechazo a la ampliación del aeropuerto de Palma?
La protesta del 20 de septiembre reabre el debate sobre Son Sant Joan: pasajeros, ruido, inversiones y los límites del crecimiento turístico.

Foto: AleXorz / Wikimedia Commons — Trabajo propio, CC BY-SA 3.0.
Resumen
- La protesta contra Son Sant Joan está convocada para el 20 de septiembre
- Aena prevé 35,7 millones de pasajeros en Palma para el año 2031
- El límite declarado se mantiene en 66 operaciones por hora
El aeropuerto de Palma de Mallorca vuelve al centro del debate sobre los límites del turismo en Baleares. La Plataforma contra la Ampliación del Aeropuerto ha convocado una protesta para el próximo domingo 20 de septiembre, a las 18.00 horas, frente a la Delegación del Gobierno en Palma, con el respaldo de una quincena de entidades vecinales, ecologistas y contrarias a la turistificación.
La movilización llega, además, en un momento especialmente sensible. Aena proyecta que Son Sant Joan pueda alcanzar 35,7 millones de pasajeros anuales en 2031, frente a los 33,8 millones registrados en 2025. Son casi dos millones más en apenas cinco años. Para los convocantes, esa previsión confirma que el aeropuerto seguirá alimentando un modelo turístico que consideran saturado; Aena, por el contrario, sostiene que sus inversiones buscan gestionar mejor una demanda que ya existe y no aumentar el número máximo de vuelos que puede operar la infraestructura.
No es, por tanto, una discusión tan sencilla como levantar otra terminal o añadir una pista. En realidad, Mallorca está discutiendo algo bastante más incómodo: cuánto puede seguir creciendo el tráfico aéreo sin que el incremento de visitantes termine chocando con la vivienda, las carreteras, los recursos naturales y, sencillamente, la vida cotidiana de quienes viven todo el año en la isla.
Una protesta contra el crecimiento de Son Sant Joan
La concentración de Palma se celebrará simultáneamente con otras movilizaciones en Ibiza y Barcelona. En la capital balear, el punto de encuentro será la Delegación del Gobierno; en Ibiza, la protesta partirá del paseo Vara de Rey.
Entre las organizaciones que han mostrado su apoyo aparecen colectivos ecologistas, asociaciones de vecinos y plataformas contra la masificación turística. Las reivindicaciones no se limitan a las obras aeroportuarias: reclaman frenar la apertura de nuevas rutas aéreas, restringir los vuelos nocturnos, actuar sobre la aviación privada, revisar las ayudas vinculadas al combustible aéreo y avanzar hacia una mayor participación de Baleares en la gestión de sus aeropuertos.
El argumento de fondo es conocido, pero cada temporada alta gana algunos decibelios más. Mallorca recibe millones de visitantes porque tiene hoteles, playas, conexiones internacionales y una industria turística formidable; pero precisamente ese éxito ha convertido la capacidad del territorio en una especie de goma elástica. Se estira, se vuelve a estirar… y nadie parece tener demasiado claro dónde está el punto de rotura.
La protesta también critica la promoción turística y la incorporación de nuevas conexiones internacionales. Los colectivos movilizados consideran contradictorio defender públicamente una política de contención mientras se amplía la conectividad aérea y se preparan las infraestructuras para atender a más viajeros.
Dos millones más de pasajeros hasta 2031
El número que explica buena parte del conflicto es 35,7 millones. Es la estimación de pasajeros que podría alcanzar el aeropuerto de Palma en 2031 dentro del escenario manejado para el nuevo Documento de Regulación Aeroportuaria, el denominado DORA III, que abarcará el periodo 2027-2031.
Son Sant Joan cerró 2025 con 33.806.427 pasajeros, un 1,5% más que el año anterior, y 246.486 operaciones. Solo el tráfico internacional superó los 24,8 millones de viajeros, con Alemania y Reino Unido como los grandes mercados de origen y destino.
La previsión hasta 2031 supone un crecimiento aproximado del 5,6%. Es importante el matiz: una estimación de pasajeros no equivale automáticamente a un aumento idéntico de vuelos. Los aviones pueden transportar más viajeros, mejorar su ocupación o cambiar de tamaño, y una parte de los usuarios son residentes que entran y salen de las islas.
Ahí aparece precisamente una de las grandes diferencias entre Aena y quienes protestan. Para la plataforma, preparar unas instalaciones capaces de absorber más viajeros facilita inevitablemente un crecimiento turístico posterior. Para el gestor aeroportuario, esa relación no es automática: el aeropuerto gestiona los flujos que genera la demanda, pero no decide el número de plazas hoteleras, las frecuencias comerciales que programan las aerolíneas ni cuántas personas quieren viajar a Mallorca.
Aena mantiene el límite de 66 operaciones por hora
Hay otro dato que evita convertir el debate en una caricatura. Aena asegura que no pretende aumentar la capacidad declarada de Son Sant Joan, establecida desde hace más de quince años en 66 operaciones por hora: 33 llegadas y 33 salidas.
Eso significa que el escenario de más pasajeros no implica, sobre el papel, elevar ese techo operativo. El objetivo declarado por el gestor es absorber mejor la demanda, modernizar instalaciones y hacer más eficiente el movimiento de viajeros.
También conviene distinguir entre inversión y ampliación física. Para el periodo 2027-2031 se han planteado más de 621 millones de euros de inversión en el aeropuerto de Palma, con actuaciones en plataformas, pavimentos, calles de rodaje, pasarelas de embarque, aparcamientos, urbanización y energía fotovoltaica.
Palma, sin embargo, no figura entre los aeropuertos para los que el nuevo ciclo inversor prevé las grandes ampliaciones de terminal que sí aparecen en otros puntos de la red. Buena parte de la remodelación de Son Sant Joan corresponde al periodo anterior y se encuentra ya ejecutada o en su tramo final.
La palabra “ampliación”, así, se ha convertido casi en otro campo de batalla. Los críticos observan un sistema preparado para recibir progresivamente más personas; Aena distingue entre mejorar instalaciones, atender el crecimiento previsto y aumentar formalmente la capacidad máxima de vuelos.
Ruido, vuelos nocturnos y vecinos junto al aeropuerto
Más allá de las cifras millonarias, el conflicto se vuelve bastante menos abstracto en núcleos próximos a las pistas. Vecinos de zonas como Sa Casa Blanca llevan años denunciando el impacto acústico de la actividad aérea durante los meses de mayor intensidad.
Según sus representantes, durante determinados periodos estivales el movimiento de aviones puede extenderse durante cerca de 20 horas, desde primeras horas de la mañana hasta bien entrada la madrugada. Para quien observa Son Sant Joan desde una hoja de cálculo son franjas horarias y operaciones. Para quien duerme debajo de una ruta aérea son motores, ventanas cerradas y noches cortadas por el ruido. La perspectiva cambia bastante.
Por eso una de las demandas de los colectivos consiste en limitar los horarios de actividad, tomando como referencia restricciones existentes en otros aeropuertos europeos. No se trata solo de discutir cuántas personas aterrizan en Mallorca, sino también cómo y cuándo llegan.
Los jets privados entran también en la discusión
La aviación privada ocupa otro lugar incómodo dentro del debate. Mallorca e Ibiza son dos destinos muy relevantes para los jets privados, precisamente el segmento que simboliza mejor la paradoja turística de las islas: pocos pasajeros, mucha capacidad económica y un impacto ambiental proporcionalmente elevado.
Las organizaciones convocantes quieren restricciones específicas para esta clase de vuelos y vinculan su crecimiento con un modelo de turismo de lujo especialmente intensivo en recursos. También reclaman cambios en la fiscalidad y en las políticas públicas asociadas a la aviación.
No todo el tráfico aéreo es comparable, claro. Un vuelo regular lleno que conecta Mallorca con Madrid no tiene la misma función económica ni social que un avión privado ocupado por unas pocas personas. Meterlo todo en el mismo saco sería cómodo, aunque poco útil.
La cogestión aeroportuaria vuelve al tablero político
La polémica llega mientras Baleares mantiene abierta otra discusión de largo recorrido: quién debe decidir sobre sus aeropuertos. Los colectivos que convocan la manifestación respaldan una fórmula de cogestión que otorgue mayor capacidad de intervención a las instituciones de las islas.
El objetivo sería que decisiones sobre capacidad, rutas o estrategia aeroportuaria incorporasen de forma más directa los límites territoriales de Baleares. Aena ha mostrado reparos ante determinadas propuestas de cogestión y el asunto tiene, además, una dimensión jurídica y competencial nada menor.
Para los defensores del modelo actual, una red aeroportuaria integrada permite planificación, financiación y conectividad con criterios estatales. Para sus críticos, tratar igual un aeropuerto peninsular y otro situado en una isla sometida a una enorme presión turística ignora algo bastante visible desde cualquier atasco de agosto: el territorio no es infinito.
Y ahí está probablemente el verdadero desacuerdo. No tanto en si Palma necesita ascensores mejores, controles más ágiles o instalaciones renovadas —difícil discutir eso—, sino en si toda mejora que permita absorber más demanda termina haciendo posible un nuevo escalón de crecimiento.
Mallorca vuelve a discutir dónde está su límite
La manifestación del 20 de septiembre convierte el aeropuerto de Palma en escenario de una discusión que desborda las pistas de Son Sant Joan. El debate alcanza al turismo, la vivienda, la movilidad, los recursos naturales, el empleo y el modelo económico de unas islas que viven en buena medida de recibir visitantes, pero que llevan años preguntándose cuánto crecimiento pueden soportar.
Los datos explican por qué la tensión no desaparece. El aeropuerto movió 33,8 millones de pasajeros en 2025 y el escenario para 2031 apunta hacia 35,7 millones. Aena sostiene que no incrementará el máximo declarado de operaciones por hora y defiende que las inversiones permitirán gestionar mejor el tráfico. Los colectivos movilizados ven exactamente el reverso: una infraestructura cada vez más preparada para recibir más pasajeros en un territorio que consideran saturado.
Las dos afirmaciones pueden incluso convivir. Un aeropuerto puede mantener su límite horario y, al mismo tiempo, transportar más personas mediante aviones más llenos, aeronaves de mayor capacidad o una explotación más eficiente de las franjas disponibles.
Por eso el debate de Palma ya no cabe del todo en la palabra “ampliación”. Lo que se está discutiendo es qué Mallorca se quiere alimentar desde el aeropuerto. Una isla permanentemente conectada y capaz de seguir creciendo, o una que empiece a poner límites donde durante décadas casi siempre hubo una puerta de embarque abierta.

Actualidad¿Cómo avanza Venezuela tras los terremotos y qué falta reconstruir?
Naturaleza¿Dónde están los incendios activos en España este 14 de septiembre?
OcioFichajes Liga Endesa: ¿qué movimientos cambian el mercado de la ACB?
ActualidadTerremoto en Colombia: ¿cómo avanza la reconstrucción un mes después?
Naturaleza¿Cuántos muertos y desaparecidos deja la tragedia de Nepal y el Tíbet?
Ocio¿Cómo murió Hayden Panettiere? La pista de la oxicodona con fentanilo
Actualidad¿Qué se sabe de la muerte de una niña de 12 años en el Halo de Vigo?
Ocio¿Cuándo vuelve Oasis a Barcelona en 2027? Fechas, precios y entradas
Economía¿Cuatro subidas más del BCE? El mercado ya apunta a tipos del 3,5%
Actualidad¿Qué se sabe de Claudia Tacoronte, la estudiante asesinada en México?
Ocio¿Qué le pasa a Alma Bollo? Así fue su evacuación de Supervivientes
Tecnología¿Qué trae iOS 26.7 y por qué Apple lo ofrece junto al nuevo iOS 27?




















