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¿Cómo logra Vox 1,6 millones de votos nuevos de PP, PSOE y Sumar?
Una encuesta sitúa a Vox en 67 escaños y revela que su crecimiento se alimentaría sobre todo de antiguos votantes del PP, además de PSOE y Sumar.

Resumen
- Vox sumaría 1,6 millones de votos más que en las generales de 2023
- El PP sería la principal fuente de nuevos apoyos para Santiago Abascal
- El sondeo sitúa a PP y Vox en una holgada mayoría de 212 diputados
Vox sería el partido que más crecería respecto a las elecciones generales de 2023 si se cumpliese la última estimación de Hamalgama Métrica. El sondeo atribuye a la formación de Santiago Abascal 4.715.896 votos, el 19,3% del total y 67 diputados, prácticamente el doble de los 33 escaños obtenidos el 23-J. La diferencia supone alrededor de 1,66 millones de votos adicionales.
El origen de ese crecimiento es quizá el dato más llamativo. Una parte muy relevante procede del PP, pero Vox también captaría antiguos electores del PSOE y, en proporciones bastante menores, de Sumar y otros espacios donde el estudio incluye a Podemos. No se trata, por tanto, de 1,6 millones de personas que abandonen conjuntamente PP y PSOE para abrazar a Abascal, sino del crecimiento neto estimado de Vox respecto a las últimas generales. Y esa precisión importa. Mucho.
El PP es el gran caladero del crecimiento de Vox
La fotografía más nítida aparece cuando se observa de dónde proceden quienes votarían ahora a Vox. Según Hamalgama Métrica, el 60,4% de sus futuros votantes ya respaldó al partido en 2023, mientras que un 21,2% habría votado entonces al PP. Otro 7,7% llegaría desde el PSOE y un 1,4% desde Sumar. El estudio agrupa un 4,2% adicional bajo la categoría de otros, donde figura también Podemos, aunque no ofrece en el dato publicado una proporción individual precisa para la formación morada.
Hay aquí dos movimientos distintos. Primero, Vox conserva buena parte de su base anterior. Después, consigue ensancharla. El sondeo calcula una fidelidad del 93,1% entre quienes ya votaron a Abascal en 2023, una retención extraordinariamente elevada en un escenario donde otros partidos sufren fugas mucho más profundas.
Conviene no mezclar porcentajes que parecen iguales pero miden cosas diferentes. Que el 21,2% del futuro electorado de Vox proceda del PP no significa que el 21,2% de todos los votantes populares se marche a Vox. Mirando desde el otro extremo, Hamalgama estima que el 12,2% de quienes votaron al PP en 2023 elegiría ahora a Vox. Una cifra sigue siendo considerable, claro, pero el denominador cambia y con él cambia la historia que cuentan los números.
Vox crece mientras el PP apenas se mueve
Quizá ahí se encuentre una de las paradojas del sondeo. El ascenso del bloque de la derecha no descansa fundamentalmente en una gran expansión del Partido Popular. El PP pasaría del 33,1% logrado en julio de 2023 al 33,6%, una variación pequeña, y alcanzaría 145 diputados. Vox, mientras tanto, subiría del 12,4% al 19,3%. Es decir, mientras Alberto Núñez Feijóo mantiene una posición muy parecida en porcentaje de voto, Abascal amplía notablemente su espacio.
La suma sería enorme en términos parlamentarios: PP y Vox alcanzarían 212 diputados, 36 por encima de los 176 necesarios para una mayoría absoluta en el Congreso. Entre ambos reunirían el 52,9% de los votos según esta estimación. Son cifras de encuesta, no unas elecciones anticipadas dentro de una urna de cristal, pero muestran hasta qué punto se habría ensanchado la ventaja de ese bloque.
Y hay otro sondeo publicado este mismo 13 de septiembre que apunta en una dirección parecida, aunque con números diferentes. Target Point sitúa a Vox en el 18,9% y entre 66 y 67 diputados, mientras concede al PP un 31,5%. En ese estudio, Vox gana 1,3 puntos respecto a julio y parte de esa subida también procede del electorado popular. La coincidencia no certifica el resultado futuro, pero sí dibuja una tendencia: Vox está compitiendo por una porción cada vez mayor del voto situado a la derecha del PSOE.
El dato incómodo para el PSOE: también pierde votos hacia Vox
Que Vox recoja electores del PP entra dentro de la competencia natural entre dos partidos próximos en varios asuntos. Más significativa políticamente resulta la existencia de una fuga desde el PSOE. Hamalgama calcula que el 4,7% de quienes votaron socialista en 2023 elegiría ahora a Vox. Vista desde la composición del futuro electorado de Abascal, esa aportación supone el 7,7% de sus votos estimados. No son porcentajes gigantescos, pero tampoco una anécdota estadística cuando las elecciones se deciden por décimas, provincias y últimos escaños.
El problema socialista es además más ancho que esa transferencia. Según el mismo estudio, el PSOE retendría solo al 70,5% de sus votantes de 2023. Un 10,5% optaría por el PP, un 4,7% por Vox y un 9,6% se inclinaría por la abstención. El resultado proyectado sería un 25,1% y 101 diputados, frente al 31,7% y los 121 escaños conseguidos en las últimas generales.
Esa sangría tiene dos direcciones y quizá esa sea la peor combinación para cualquier partido: perder electores hacia el adversario y perder otros hacia la abstención. El sofá, como se sabe, jamás concede entrevistas, pero puede decidir elecciones.
Sumar se fragmenta y Vox pesca incluso entre sus antiguos votantes
A la izquierda del PSOE la fotografía es todavía más áspera. Hamalgama atribuye a Sumar un 5,6% de los votos y siete diputados, mientras Podemos lograría el 3,8% y tres escaños. En 2023, la candidatura encabezada entonces por Yolanda Díaz había logrado 31 diputados. La división transforma aquel espacio parlamentario en apenas diez representantes entre ambas formaciones según la proyección.
Solo el 32,8% de quienes votaron a Sumar repetiría elección. El estudio estima que un 25,9% pasaría a Podemos, un 20% se abstendría y un 13,3% votaría al PSOE. Una pequeña fracción, además, terminaría en Vox: el 1,4% de la futura base electoral de Abascal procedería de Sumar.
Aquí conviene evitar una lectura demasiado novelesca. No estamos ante una avalancha de electores de izquierda convirtiéndose súbitamente en votantes de Vox. El grueso de su crecimiento sigue viniendo de la consolidación de su electorado, del PP y de antiguos abstencionistas. Pero la existencia de trasvases que atraviesan las fronteras ideológicas revela algo interesante: cuando el malestar político pesa más que la identificación partidista, algunas paredes electorales dejan de ser de hormigón y se convierten en cartón yeso.
Ceuta aparece como acelerador, no como explicación única
El trabajo de campo de Hamalgama Métrica se realizó entre el 1 y el 8 de septiembre sobre 1.000 entrevistas, después de una crisis política marcada por los acontecimientos migratorios de Ceuta. La inmigración ha vuelto a situarse en el centro del debate público, un terreno donde Vox lleva años construyendo uno de sus perfiles políticos más reconocibles.
Otros estudios recientes apuntan igualmente hacia un fortalecimiento de la derecha. El barómetro de septiembre de 40dB colocó conjuntamente a PP y Vox por primera vez por encima del 50% de estimación de voto: 32,4% para el PP y 17,8% para Vox. Las cifras no coinciden con Hamalgama —ni tendrían por qué hacerlo—, pero la dirección general sí resulta similar.
Esto también obliga a poner freno a una costumbre muy española: convertir cada encuesta del domingo en unas elecciones generales celebradas el lunes. Un sondeo es una fotografía tomada con una muestra, una metodología y un margen de incertidumbre; sirve para detectar movimientos, no para repartir ministerios con meses de antelación.
Los 1,6 millones explican algo más que una subida de Vox
El dato verdaderamente relevante no es únicamente que Vox pudiera sumar 1.656.896 votos respecto a 2023. Es cómo los conseguiría. Hamalgama dibuja un partido capaz de mantener casi intacta su base anterior mientras roba espacio al PP, obtiene una fracción del voto socialista, atrae abstencionistas y penetra, aunque sea tímidamente, en electorados situados bastante más a la izquierda.
Ese cóctel llevaría a Abascal hasta su mejor resultado histórico, con 67 diputados, y modificaría también el equilibrio interno de la derecha. Un PP primero pero prácticamente estancado en porcentaje conviviría con un Vox mucho más grande, capaz de convertir una eventual mayoría parlamentaria de ambos en algo holgado y, a la vez, de negociar desde una posición sustancialmente más fuerte.
Las urnas tendrán la última palabra y los sondeos, por definición, no escriben resultados electorales. Pero varias encuestas de septiembre están enseñando la misma corriente bajo aguas distintas: Vox no solo conserva a sus votantes; está ampliando el perímetro de donde los obtiene. Y cuando un partido empieza a captar voto fuera de su caladero habitual, el dato deja de ser una simple subida porcentual. Empieza a mover las fronteras del tablero político español.












