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¿Qué pena recibe el condenado por agresión sexual en Vialia de Vigo?

El acusado reconoció la agresión sexual en los baños de Vialia Vigo y aceptó un año de prisión, alejamiento y una indemnización de 800 euros.

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agresión sexual en Vialia

Resumen

  • El acusado acepta un año de prisión por la agresión sexual en Vialia Vigo
  • La pena queda suspendida dos años si cumple las condiciones del tribunal
  • Deberá pagar 800 euros y no acercarse a la víctima durante tres años

Un hombre acusado de agredir sexualmente a una mujer en los baños del centro comercial Vialia de Vigo ha reconocido los hechos y aceptado una condena de un año de prisión por los delitos de agresión sexual y maltrato de obra. El procedimiento se resolvió mediante un acuerdo de conformidad ante la sección penal, plaza 3, del Tribunal de Instancia de Vigo.

La condena no supone, de entrada, su ingreso en prisión. La ejecución del año de cárcel ha quedado suspendida durante dos años, siempre que el condenado no vuelva a delinquir, abone la responsabilidad civil fijada y participe en un programa formativo de educación sexual. También deberá pagar 800 euros a la víctima por daños morales y una multa de 180 euros.

Qué ocurrió en los baños de Vialia de Vigo

Los hechos se remontan al 16 de septiembre de 2024. Según la acusación asumida por el procesado al reconocer los hechos, la víctima, una mujer de 28 años, caminaba por uno de los pasillos del centro comercial cuando advirtió que un hombre la estaba siguiendo.

Ella le preguntó por qué iba detrás. La respuesta fue explícita: el hombre le dijo que iba a masturbarse mientras la miraba, al tiempo que se tocaba por encima del pantalón. La joven le pidió que la dejara tranquila y entró en uno de los baños intentando ponerse a salvo.

El hombre la siguió.

Ya dentro de los aseos, se bajó la ropa y comenzó a masturbarse delante de ella. La mujer trató de cerrar la puerta para impedir que se acercara, pero el acusado logró abrirla de una patada. Lo intentó de nuevo. Ocurrió lo mismo.

En ese momento, según los hechos aceptados judicialmente, el hombre se aproximó a la víctima y le tocó un pecho sin su consentimiento.

La víctima se defendió y avisó de que llamaría a la Policía

La mujer reaccionó propinándole una bofetada. El agresor respondió golpeándola y continuó masturbándose en el interior del baño. La escena terminó cuando ella advirtió de que iba a llamar a la Policía.

Entonces él abandonó los aseos y se marchó.

La víctima consiguió localizar a un vigilante de seguridad de Vialia, explicó lo sucedido y el personal del centro alertó a los agentes. El sospechoso fue finalmente detenido.

No estamos, por tanto, ante una condena basada únicamente en una acusación pendiente de juicio. El hombre ha reconocido la autoría de los hechos y ha aceptado las penas correspondientes en la vista celebrada en Vigo.

De tres años pedidos por la Fiscalía a uno de prisión

Antes de alcanzarse el acuerdo, la Fiscalía reclamaba una pena sensiblemente mayor. El Ministerio Público había solicitado tres años de cárcel por la agresión sexual, junto con otras medidas accesorias.

El juicio previsto para el 14 de septiembre no llegó a desarrollarse como una vista ordinaria con declaración de testigos y práctica completa de pruebas. El acusado aceptó los hechos y se alcanzó una conformidad, una figura procesal mediante la que el procesado reconoce la acusación y acepta una determinada pena, evitando que el procedimiento continúe hasta una sentencia tras un juicio completo.

Ese acuerdo dejó la condena en un año de prisión por la agresión sexual, acompañada de la pena correspondiente al delito de maltrato de obra y de varias prohibiciones y obligaciones.

Tres años sin acercarse ni comunicarse con la víctima

El condenado tendrá prohibido acercarse o comunicarse con la mujer durante tres años. La medida pretende impedir cualquier contacto, tanto físico como por otros medios, durante el periodo establecido judicialmente.

También queda inhabilitado durante dos años para ejercer profesiones u oficios que impliquen contacto con menores.

A ello se añaden los 800 euros de indemnización por daños morales que deberá pagar a la víctima y una multa de 180 euros.

Son consecuencias distintas del año de cárcel. La prisión constituye la pena principal más visible, pero el acuerdo judicial incorpora restricciones que siguen vigentes aunque su entrada en prisión haya quedado suspendida.

Por qué el condenado no entra inicialmente en prisión

Este es uno de los puntos que puede resultar más llamativo del caso. Haber sido condenado a un año de cárcel no significa necesariamente que el hombre vaya directamente a un centro penitenciario.

El tribunal ha acordado la suspensión de la ejecución de la pena durante dos años. Durante ese periodo deberá cumplir varias condiciones: no cometer nuevos delitos, satisfacer la responsabilidad civil impuesta y someterse a un programa formativo de educación sexual.

La suspensión de una pena privativa de libertad no borra la condena ni convierte el fallo en una simple multa. La pena existe, pero su ejecución queda condicionada al comportamiento del condenado y al cumplimiento de las obligaciones impuestas por el tribunal.

Si incumpliera las condiciones en los términos previstos legalmente, la suspensión podría ser revocada y la pena de cárcel podría llegar a ejecutarse.

El reconocimiento de los hechos cambió el desenlace del proceso

Horas antes de conocerse el acuerdo, la información disponible apuntaba a un juicio en el que el acusado se enfrentaba a tres años de prisión. Esa era la petición inicial de la Fiscalía.

El escenario cambió con el reconocimiento de los hechos.

La conformidad permitió cerrar el procedimiento con una pena inferior a la planteada inicialmente y evitó la celebración completa del juicio. El condenado ratificó el acuerdo por videoconferencia ante el tribunal.

El matiz es importante porque explica por qué algunas informaciones publicadas durante la mañana hablaban todavía de tres años de prisión mientras que, horas después, la condena conocida era de uno. No son dos sentencias distintas: tres años era la petición fiscal previa y un año es la pena finalmente aceptada.

Una agresión iniciada en un pasillo y terminada con una detención

El episodio comenzó de una manera aparentemente cotidiana: una mujer caminando por un centro comercial. En pocos minutos, aquella normalidad acabó trasladándose a unos aseos en los que intentó refugiarse mientras el hombre que la seguía impedía que pudiera cerrar la puerta.

La víctima logró cortar la situación cuando amenazó con avisar a la Policía. Después buscó ayuda entre el personal de seguridad del recinto. Ese aviso permitió activar la intervención policial y terminó con la detención del hombre.

Dos años después de aquellos hechos, el procedimiento penal se ha resuelto con el reconocimiento del acusado y una condena que combina prisión, multa, indemnización, alejamiento, inhabilitación y formación obligatoria.

La resolución deja también despejada la diferencia que podía provocar cierta confusión al seguir la noticia durante el día: el hombre se enfrentaba inicialmente a tres años, pero finalmente ha aceptado un año de cárcel, cuya ejecución queda suspendida durante dos años mientras cumpla las condiciones impuestas por el tribunal.

La condena que queda tras el acuerdo en Vigo

El caso de Vialia termina judicialmente, salvo posteriores incidencias en la ejecución, con unos hechos reconocidos y una víctima indemnizada con 800 euros por daños morales. El condenado no podrá acercarse ni comunicarse con ella durante tres años y tendrá restringido durante dos años el ejercicio de trabajos relacionados con menores.

Sobre el papel figura un año de prisión. En la práctica, no ingresará inicialmente en la cárcel porque la pena ha sido suspendida durante dos años. Esa suspensión, sin embargo, lleva condiciones muy concretas: no delinquir, pagar la responsabilidad civil y completar el programa de educación sexual establecido.

Ese es el desenlace judicial de una agresión ocurrida en septiembre de 2024 en los baños de Vialia Vigo, después de que la mujer intentara protegerse de un hombre que la había seguido por el centro comercial y que, finalmente, ha reconocido ante la Justicia lo ocurrido.

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Fundador de DonPorqué y curioso empedernido. Escribe sobre tecnología, viajes, gastronomía, cultura y todo lo que le genera una pregunta con un buen «¿por qué?» detrás. En su tiempo libre es aficionado a los casinos online y aprovecha esa experiencia para compartir análisis y recomendaciones sobre el sector del iGaming.