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¿Cómo perdió Roger Federer 52 millones y dejó de ser milmillonario?
Roger Federer perdió 52 millones de dólares tras el desplome de On Holding y su fortuna cayó por debajo de los 1.000 millones, según Forbes.

Roger Federer ha dejado de figurar, al menos por el momento, entre los milmillonarios del mundo. No ha sido por un divorcio, una compra extravagante ni una mala noche en un casino de Montecarlo. El golpe llegó desde un lugar bastante menos cinematográfico: Wall Street. El desplome de las acciones de On Holding, la firma suiza de ropa y calzado deportivo de la que el extenista es accionista, redujo su patrimonio estimado hasta 952,4 millones de dólares, según Forbes.
La revista calcula que Federer perdió al menos 52 millones de dólares de patrimonio en unas horas durante la sesión del martes 11 de agosto, después de que On llegara a hundirse más de un 20% tras presentar sus resultados del segundo trimestre. Conviene matizarlo: no desaparecieron 52 millones de una cuenta bancaria. Se redujo, fundamentalmente, el valor bursátil de su participación empresarial. La Bolsa tiene esas pequeñas crueldades contables: uno puede acostarse inmensamente rico y despertarse… también inmensamente rico, pero fuera de una lista.
El episodio cuenta algo más interesante que la fortuna personal de una celebridad. Explica hasta qué punto Federer transformó su carrera después —e incluso antes— de guardar la raqueta: pasó de cobrar por anunciar productos a poseer una parte del negocio. Ese salto fue precisamente el que le llevó al club de los milmillonarios. Y el que ahora lo ha sacado de él.
Una caída del 19% que borró millones sobre el papel
On Holding llegó a perder alrededor de un 22% durante la jornada del 11 de agosto, camino de una de sus sesiones bursátiles más duras. Terminó moviéndose en torno a una caída del 19%, después de que los inversores digirieran unas ventas trimestrales inferiores a las previsiones del mercado.
El golpe fue considerable porque Federer mantiene, según las estimaciones publicadas sobre su patrimonio, aproximadamente un 2,5% de On Holding. Cuando una compañía valorada en miles de millones pierde cerca de una quinta parte de su precio en pocas horas, una participación aparentemente pequeña puede encoger decenas de millones. Eso fue, básicamente, lo que ocurrió.
La cotización logró recuperar después una pequeña parte del terreno perdido. Tras el desplome, las acciones de On se movían alrededor de los 31 dólares, lejos de los 38,78 dólares con los que habían cerrado antes de aquella brusca caída. El rebote existe, pero no borra por sí solo el agujero abierto tras los resultados.
Y aquí aparece una distinción importante. Decir que Federer “perdió 52 millones” describe la caída de su patrimonio estimado, pero no significa que haya vendido acciones y materializado esa pérdida. Mientras conserve su participación, su valor seguirá respirando con la cotización de On: subirá, bajará y podría volver a situarlo por encima de los 1.000 millones de dólares.
Qué salió mal en las cuentas de On Holding
Paradójicamente, On no presentó unas cuentas desastrosas. Todo lo contrario en varios apartados. La compañía cerró el segundo trimestre de 2026 con 850,3 millones de francos suizos en ventas, un 13,5% más que un año antes y un 21,6% más a tipos de cambio constantes. El problema estaba en las expectativas: el mercado esperaba aproximadamente 878 millones. Y en Bolsa no basta con crecer; a veces hay que crecer exactamente al ritmo que los analistas habían metido previamente en sus hojas de Excel.
La rentabilidad tampoco parece la de una empresa en apuros. On obtuvo un beneficio neto de 105 millones de francos durante el trimestre, frente a unas pérdidas de 40,9 millones en el mismo periodo del año anterior. Su margen bruto alcanzó el 65,4%, desde el 61,5% de 2025, y la compañía elevó al menos al 65% su previsión de margen bruto para el conjunto del ejercicio.
Entonces, ¿por qué semejante castigo bursátil? Porque los inversores estaban mirando otra pista.
Estados Unidos enfrió el entusiasmo
América representa más de la mitad del negocio de On y su crecimiento se frenó hasta aproximadamente el 13% a tipos de cambio constantes, después del 17% registrado en el primer trimestre. Mientras tanto, Asia-Pacífico creció con mucha más fuerza y el negocio de Europa, Oriente Próximo y África también mantuvo un ritmo elevado.
También se abrió una diferencia notable entre canales. Las ventas directas al consumidor —tiendas propias y comercio electrónico— aumentaron más deprisa que el negocio mayorista. La compañía está restringiendo deliberadamente determinadas ventas a distribuidores para proteger el precio de sus productos y evitar entrar en la guerra permanente de descuentos que domina parte del sector deportivo.
Es una apuesta razonable desde la lógica de una marca prémium, aunque incómoda para quien espera crecimiento explosivo trimestre tras trimestre. On mantiene unas previsiones de fuerte expansión para 2026, con unas ventas anuales que podrían situarse alrededor de los 3.500 millones de francos suizos.
La compañía no está, pues, hundiéndose. Está creciendo más despacio de lo que Wall Street deseaba en una de sus regiones fundamentales. Y eso, en una acción cuyo precio incorpora grandes expectativas de expansión futura, basta para montar una pequeña carnicería bursátil.
Los 52 millones de Federer no estaban en una maleta
La cifra merece otra vuelta porque aquí suele comenzar el equívoco. Forbes situaba la fortuna de Federer en aproximadamente 1.100 millones de dólares cuando lo incorporó al club de los milmillonarios. Tras el desplome de On, su estimación cayó hasta 952,4 millones.
Es una valoración, no una auditoría de cada franco que posee el suizo. El patrimonio neto de una persona con participaciones empresariales se calcula atribuyendo un valor de mercado a sus activos y descontando las obligaciones conocidas o estimadas. Una acción que ayer cotizaba a 39 dólares y hoy vale 31 reduce automáticamente el valor teórico de la fortuna de su propietario aunque este no haya tocado una sola acción.
De ahí que el estatus de milmillonario pueda ir y venir con relativa facilidad cuando alguien se encuentra cerca del umbral. Federer no se ha empobrecido en el sentido cotidiano de la palabra —la expresión produce incluso cierto pudor tratándose de semejantes cifras—; sencillamente, la valoración de su patrimonio ha caído por debajo de los 1.000 millones de dólares.
Su participación en On sigue siendo uno de sus activos más importantes. En 2025 se estimaba que rondaba el 3% y que podía valer más de 375 millones de dólares, en un momento en el que la capitalización bursátil de la compañía se acercaba a los 15.000 millones. Las estimaciones posteriores han situado su porcentaje alrededor del 2,5%.
La operación que convirtió a Federer en algo más que una imagen
Federer se incorporó a On en 2019 como inversor y copropietario, cuando todavía competía profesionalmente. No se limitó a posar con unas zapatillas ante un fotógrafo. Participó en el desarrollo de calzado de tenis y de la línea The Roger, convirtiendo el acuerdo en algo bastante distinto del patrocinio deportivo tradicional.
Dos años después, On salió a Bolsa en Nueva York. El crecimiento posterior de la empresa convirtió aquella inversión en una pieza central de la riqueza del tenista. Una bonita ironía empresarial: Federer ganó muchísimo dinero golpeando una pelota, pero una de las decisiones financieras decisivas de su vida llegó cuando decidió comprar una parte de quien fabricaba zapatillas.
La dimensión se entiende mejor al compararla con sus ingresos deportivos. Durante sus 24 años como profesional ganó cerca de 131 millones de dólares en premios, conquistó 20 títulos de Grand Slam, sumó 103 torneos ATP y permaneció 310 semanas como número uno del mundo. Una carrera difícil de exagerar. Aun así, su patrimonio terminó dependiendo mucho más de empresas, inversiones y contratos comerciales que de aquellos cheques levantados junto a los trofeos.
Federer llegó a generar alrededor de 1.000 millones de dólares antes de impuestos y comisiones mediante patrocinios, apariciones y otros negocios a lo largo de su carrera. Durante años fue, además, uno de los tenistas con mayores ingresos del planeta incluso cuando su presencia en las pistas comenzaba a disminuir.
Ahí aparecen acuerdos de largo recorrido con marcas como Uniqlo, Rolex o Mercedes-Benz, junto con iniciativas empresariales vinculadas al deporte. También está la Laver Cup, competición que Federer impulsó junto a su socio Tony Godsick. No parece precisamente un patrimonio construido con una sola columna de Excel.
De entrar en el club en 2025 a salir un año después
Federer alcanzó el estatus de milmillonario en las estimaciones de Forbes en agosto de 2025, con un patrimonio calculado en alrededor de 1.100 millones de dólares. En 2026 volvió a aparecer entre las grandes fortunas mundiales antes de que la brusca caída de On alterase de nuevo el cálculo.
El mérito financiero no estaba tanto en haber acumulado contratos publicitarios —algo relativamente habitual entre las mayores estrellas del deporte— como en haber convertido parte de su prestigio deportivo en capital empresarial. En vez de limitarse a cobrar una cantidad por temporada, Federer obtuvo exposición directa al crecimiento de una compañía.
Naturalmente, eso funciona en las dos direcciones. Cuando On Holding subía en Bolsa, su participación disparaba su fortuna. Cuando la acción se desploma, el golpe llega también a su patrimonio calculado. El antiguo número uno ha descubierto una regla que conocen bien los grandes accionistas y que resulta bastante menos elegante que su revés a una mano: poseer una parte de una empresa significa poseer también parte de sus días malos.
No obstante, la distancia respecto al umbral del millardo sigue siendo relativamente pequeña para una fortuna de esta magnitud. La estimación de 952,4 millones de dólares deja a Federer a menos de 50 millones del nivel simbólico que separa a un multimillonario extremadamente rico de un milmillonario oficialmente registrado como tal. Una recuperación significativa de On o una revalorización de otros activos podría cambiar otra vez la fotografía.
Una fortuna que sigue el marcador de Wall Street
La noticia llamativa es que Roger Federer ha dejado de ser milmillonario según la valoración publicada tras el desplome. La más reveladora, quizá, es cómo llegó a serlo. Su riqueza dejó hace años de depender fundamentalmente del tenis y pasó a descansar sobre marcas, contratos e inversiones, especialmente su posición en On Holding.
El desplome bursátil del 11 de agosto borró al menos 52 millones de dólares de su patrimonio estimado y dejó la cifra alrededor de los 952,4 millones. On, entretanto, sigue creciendo, mantiene beneficios y conserva márgenes robustos; lo que decepcionó fue el ritmo de determinadas áreas del negocio, especialmente América, y unas expectativas que el mercado había colocado muy arriba.
Federer perdió así un título que nunca ganó sobre hierba ni tierra batida. Tampoco parece el más importante de su colección. Pero el episodio retrata bastante bien la segunda carrera del suizo: ya no hay marcador electrónico sobre la pista, aunque Wall Street sigue actualizando el resultado cada segundo.

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