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¿Qué es farmear aura y por qué sus batallas arrasan entre jóvenes?

Farmear aura convierte carisma, poses y gestos en puntos imaginarios: la tendencia juvenil que salta de TikTok a batallas en parques reales.

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Qué es farmear aura

“Farmear aura” es, en esencia, acumular prestigio imaginario. No dinero, no seguidores necesariamente, ni puntos que puedan consultarse en una aplicación: aura. Esa mezcla difícil de medir entre carisma, seguridad, estilo y presencia, la capacidad para hacer algo aparentemente extraordinario sin que parezca costar demasiado. La expresión nació del lenguaje digital y se ha convertido en una de esas bromas de internet que, de tanto repetirse, terminan saliendo de la pantalla.

Y ha salido literalmente. Las llamadas batallas de farmear aura enfrentan a jóvenes que improvisan poses, movimientos, gestos, bailes o entradas teatrales mientras quienes miran deciden, sin reglas demasiado solemnes, quién desprende más presencia. La tendencia tendrá este domingo 16 de agosto una convocatoria en Esperanza, en la provincia argentina de Santa Fe, después de que Paraná celebrase el sábado una competición semejante que reunió a alrededor de un centenar de jóvenes.

Qué significa realmente “farmear aura”

La palabra “farmear” lleva años instalada en el vocabulario de los videojuegos. Procede del inglés farm, granja, aunque dentro de un juego significa repetir determinadas acciones para acumular experiencia, recursos, monedas o ventajas. Uno derrota enemigos una y otra vez para conseguir un objeto; otro recoge materiales durante horas. Está farmeando.

Internet hizo el resto. Si dentro de un videojuego podían acumularse recursos, también podía acumularse algo mucho más etéreo fuera de él: aura. La palabra se utiliza aquí como una puntuación ficticia de magnetismo personal. Una forma bastante elaborada —y deliberadamente absurda— de decir que alguien tiene estilo.

El término se ha extendido especialmente entre la Generación Z y la Generación Alfa, mezclando códigos procedentes de los videojuegos, el anime, los memes y TikTok. “Farmear aura” describe comportamientos ejecutados con una seguridad o una estética capaces de provocar esa reacción tan simple como universal: este tío mola.

No existe, claro, un marcador oficial. Alguien puede lanzar una botella y hacer que caiga perfectamente de pie: más aura. Entrar en una habitación con una tranquilidad cinematográfica: más aura. Intentar repetirlo, tropezar y mirar alrededor para comprobar quién lo ha visto: desastre bursátil. Los puntos imaginarios se evaporan.

Ahí está buena parte del chiste.

Cómo funciona una batalla de farmear aura

Las competiciones llevan esa lógica a un escenario público. Los participantes se colocan frente a otros jóvenes y buscan impresionar sin parecer que están intentando impresionar, contradicción magnífica donde las haya.

Puede bastar una caminata exageradamente tranquila, una pose, un giro, un baile corto, una mirada, un movimiento corporal bien ejecutado o una improvisación inesperada. La reacción del público funciona como jurado informal. En las versiones que circulan en redes aparecen puntuaciones igualmente ficticias: 1.000 puntos de aura por una ejecución impecable, puntos negativos cuando algo queda forzado o termina en ridículo.

El enemigo mortal del aura: esforzarse demasiado

Aquí aparece la letra pequeña. Parecer espontáneo importa más que la dificultad real.

Una persona puede hacer algo técnicamente espectacular y perder la gracia porque se nota demasiado preparado. Otra apenas mueve dos dedos, mantiene una expresión impasible y gana la escena. La lógica procede directamente del humor de internet: cuanto más evidente resulta la necesidad de parecer cool, menos cool parece uno.

Ese equilibrio entre admiración y vergüenza ajena explica parte de su éxito. “Aura farming” puede utilizarse como elogio, pero también como burla. El contexto manda. La frontera entre tener aura y fabricar una representación desesperada de ella es finísima; TikTok, naturalmente, disfruta muchísimo viendo cómo alguien la cruza.

Esperanza prepara su propia batalla de aura

La convocatoria anunciada en Esperanza, Santa Fe, está fijada para el domingo 16 de agosto a las 16 horas en el Parque de la Agricultura. El encuentro ha surgido de manera informal entre jóvenes y está dirigido principalmente a adolescentes y adultos jóvenes, con una franja aproximada de 13 a 25 años. Los organizadores no han avanzado una cifra fiable de asistencia.

El parque ofrece un escenario bastante distinto al habitual vídeo vertical visto desde el sofá: unas tres hectáreas de espacio abierto donde participantes, espectadores y curiosos podrán convertir un meme en acontecimiento presencial. También se espera movimiento procedente de localidades próximas por la posición de Esperanza entre las rutas provinciales 6 y 70.

No será, pese a algunas formulaciones que han acompañado la convocatoria, la primera experiencia de este tipo en Argentina. Un día antes, el sábado 15 de agosto, Paraná celebró su primera batalla de farmear aura en la zona del Puente de los Suspiros, en el Parque Urquiza. Medios locales situaron la participación en torno al centenar de jóvenes, con bailes, poses, gestos e improvisaciones pese a la llovizna.

La anécdota tiene cierta gracia sociológica: un lenguaje creado para puntuar escenas dentro del teléfono termina convocando a chavales a un parque. Internet lleva años enviándonos hacia las pantallas; esta vez, por una carambola bastante improbable, el meme ha sacado a la gente a la calle.

El niño indonesio que puso cara al fenómeno

Aunque la idea de los “puntos de aura” circulaba antes, el fenómeno recibió uno de sus mayores impulsos con Rayyan Arkan Dikha, un niño indonesio de 11 años que se hizo mundialmente conocido después de aparecer bailando sobre la proa de una embarcación durante una carrera tradicional de Pacu Jalur, en la provincia de Riau.

El vídeo tenía todos los ingredientes que internet premia: gafas de sol, movimientos sencillos, equilibrio extraordinario y, sobre todo, una tranquilidad casi insultante mientras decenas de hombres remaban a toda velocidad debajo de sus pies. El clip terminó convertido en el ejemplo perfecto de lo que las redes empezaron a llamar “aura farming”.

Detrás del meme había una tradición real

La historia resulta más interesante cuando se aparta el filtro de TikTok. Rayyan no estaba simplemente haciendo un baile inventado para conseguir visitas.

Participaba en el Pacu Jalur, una tradicional competición de largas embarcaciones de madera de Kuantan Singingi. Los barcos pueden medir entre 25 y 40 metros y transportar equipos de decenas de remeros. En la proa viaja un joven bailarín que celebra cuando su embarcación marcha por delante y anima al equipo mientras mantiene el equilibrio sobre una superficie estrecha que se mueve a gran velocidad.

Rayyan llevaba años participando junto a su padre y entrenaba varias veces por semana. Él mismo explicó después que el movimiento que terminó haciéndole famoso había sido espontáneo, no una coreografía diseñada para internet. Tras la viralización obtuvo una beca y fue nombrado embajador cultural en Riau.

Internet hizo algo muy propio de internet: tomó una tradición local, recortó unos segundos, añadió música, bautizó aquello con una expresión juvenil y lo repartió por medio planeta. Después llegaron las imitaciones de deportistas, creadores y usuarios corrientes. El significado original quedó debajo de varias capas de meme, pero la imagen sobrevivió.

Por qué farmear aura engancha tanto a los jóvenes

La idea parece nueva porque utiliza vocabulario nuevo. El comportamiento, bastante menos.

Los adolescentes llevan generaciones buscando maneras de ganar estatus delante de su grupo: vestir de determinada forma, dominar un deporte, bailar mejor, contar un chiste en el momento exacto, mantener la compostura cuando todos los demás la pierden. Antes se decía tener personalidad, estilo, carisma, presencia, rollo. Cada época fabrica su diccionario.

“Farmear aura” convierte ese viejo mecanismo social en el lenguaje de una generación criada entre videojuegos y vídeos de pocos segundos. El prestigio deja de ser abstracto y pasa a imaginarse como si fuese la barra de experiencia de un personaje. Ganaste 5.000 puntos. Los perdiste todos. Volviste a recuperarlos. Nadie lleva la cuenta y, precisamente por eso, funciona.

También existe una segunda capa: la parodia de la propia obsesión por parecer interesante. Buena parte de estos vídeos no se toma en serio a sí misma. Se ríen simultáneamente del protagonista, del espectador y de una cultura digital donde incluso caminar hacia una cámara puede convertirse en una actuación pública.

Esa mezcla de competitividad y autoparodia es terreno fértil para las redes. El formato se entiende en segundos, puede copiarse sin material especial y permite que cada grupo invente sus propias reglas. No hace falta explicar demasiado. Alguien entra, hace algo absurdo con una seguridad extraordinaria y la multitud decide.

Del vídeo de 20 segundos a las plazas

Las batallas muestran una evolución curiosa de las tendencias digitales. El contenido ya no termina cuando se publica el vídeo: primero aparece el meme, después llega la imitación y finalmente surge la reunión física organizada alrededor del meme.

Paraná y Esperanza ofrecen dos ejemplos recientes. En lugar de limitarse a repetir movimientos delante de la cámara del dormitorio, los participantes se encuentran en parques y espacios públicos, actúan ante otros y vuelven después a subir las imágenes a TikTok, Instagram y otras plataformas. Un pequeño círculo perfecto: la red provoca el encuentro y el encuentro produce nuevo material para la red.

No conviene buscar una revolución cultural detrás de cada baile viral. Algunas modas digitales duran meses; otras desaparecen antes de que los adultos hayan aprendido a pronunciarlas correctamente. Pero farmear aura retrata bastante bien el humor juvenil actual: códigos de videojuegos, ironía, actuación, estética y una enorme conciencia de estar siendo observado.

Y quizá ahí esté la razón de que funcione. Durante décadas se ha fingido indiferencia para parecer interesante. La novedad es que alguien le ha puesto puntos, nombre de videojuego y cámara vertical. El viejo arte de hacerse el interesante, vaya, acaba de recibir una actualización de software.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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