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¿Cómo se mantiene Elsa Pataky en forma a los 50 y qué come cada día?

Elsa Pataky desvela qué come a los 50, cómo entrena y qué suele evitar entre semana, sin renunciar a la pizza, los postres y algún capricho.

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Elsa Pataky

Elsa Pataky cumplió 50 años el pasado 18 de julio y su físico vuelve a ocupar titulares, aunque esta vez la información interesante está menos en la fotografía que en lo que hay detrás. La actriz ha ido detallando durante los últimos meses cómo organiza su alimentación, qué suele desayunar, por qué apenas bebe alcohol o café y de qué manera encaja una pizza o un postre sin convertir el fin de semana en una especie de pecado nutricional.

La respuesta, en realidad, tiene bastante menos misterio del que prometen ciertos titulares sobre dietas de famosos. Pataky asegura que intenta comer de forma equilibrada, reduce el azúcar durante la semana, incorpora frutas, avena y semillas a sus desayunos y se permite pizza, donuts o postres cuando le apetecen, especialmente durante el fin de semana. No habla de contar cada caloría ni de expulsar los hidratos de carbono de la cocina. Su filosofía consiste, según ha explicado, en moderar las cantidades y evitar los extremos.

Qué desayuna Elsa Pataky y por qué la avena aparece tanto

La mañana de Pataky suele tener un protagonista bastante reconocible: la avena. El porridge se convirtió en uno de sus desayunos habituales desde que se instaló en Australia. Lo acompaña con fruta y semillas y también ha mencionado ingredientes como las semillas de lino y las bayas de goji.

En otras ocasiones prepara batidos más completos con fruta congelada, avena y proteína. La actriz ha hablado asimismo de creatina y otros suplementos que utiliza dentro de su rutina personal. Aquí conviene separar dos mundos que internet mezcla con sorprendente facilidad: una cosa es conocer lo que toma Elsa Pataky y otra concluir que todo el mundo necesita copiarlo.

Parte de sus declaraciones recientes sobre nutrición se han producido coincidiendo con proyectos relacionados con la suplementación. Es un contexto relevante. Los suplementos pueden tener utilidad en determinadas circunstancias, pero el cuerpo humano no exige un catálogo de polvos y cápsulas para reconocer un desayuno razonablemente equilibrado. Una fruta sigue siendo una fruta aunque no llegue en un bote de diseño.

Menos azúcar entre semana, pero sin alimentos oficialmente prohibidos

La actriz insiste especialmente en una idea: no quiere vivir a dieta. Consume poco azúcar durante la semana, pero no elimina completamente los alimentos que suelen etiquetarse como caprichos. Durante el fin de semana puede tomar un postre, un donut o una pizza.

Ahí aparece su peculiar sistema para no renunciar a casi nada. Más que un truco, es una cuestión de proporción. Pataky intenta compensar, controla las cantidades y, cuando llega el momento del dulce, suele optar por compartir el postre. Nada particularmente revolucionario. Tal vez precisamente por eso resulta interesante.

Su discurso se aleja así de esas dietas de celebridades en las que desayunar parece una operación militar y una cucharada de chocolate exige penitencia. Pataky sostiene que pasar de una restricción feroz a comer sin medida genera estrés y resulta difícil de mantener. Prefiere una alimentación estable, observando cómo responde su cuerpo.

Pizza sí: el método de Elsa Pataky consiste en no convertirla en drama

La pizza se ha convertido en el detalle más llamativo de sus declaraciones porque resume bastante bien su planteamiento. No la elimina. Tampoco la presenta como un alimento cotidiano alrededor del cual construir la dieta.

Durante la semana procura mantener una alimentación ordenada y deja más espacio para estos alimentos cuando llega el fin de semana. Ese margen evita, según su propia explicación, la sensación de estar permanentemente castigándose. La actriz habla de control y equilibrio antes que de prohibiciones absolutas.

Hay aquí una diferencia importante. Que Elsa Pataky coma pizza no significa que exista una misteriosa dieta de la pizza capaz de explicar su físico. Su estado de forma responde a décadas de actividad física constante, entrenamiento de fuerza, trabajo cardiovascular y una vida particularmente activa. Esperar el mismo resultado copiando únicamente la cena del sábado sería, digamos, optimismo nutricional.

Donde Pataky sí establece límites bastante más claros es en las bebidas. El alcohol prácticamente no forma parte de su rutina. Puede beber alguna copa de champán ocasionalmente con amigos, pero normalmente lo evita porque considera que no le aporta demasiado y se encuentra peor al día siguiente.

Con el café ocurre algo diferente: sencillamente nunca le ha gustado demasiado. Lo reserva para momentos excepcionales de cansancio o jet lag, cuando su efecto es mayor precisamente porque no lo consume habitualmente. Su bebida cotidiana es el , que suele acompañarla durante el día.

No hay, por tanto, una lista interminable de productos desterrados. Dos hábitos llaman la atención precisamente porque contrastan con la cultura cotidiana de muchas personas: poco alcohol y prácticamente ningún café. El resto se mueve en un territorio bastante más flexible.

El ayuno de 14 horas que ya no sigue a rajatabla

Otra pieza de su rutina es el ayuno intermitente. Durante una época Pataky llegó a seguirlo con bastante disciplina. Actualmente se lo toma de manera más flexible y adapta los horarios a cómo se encuentra.

Su vida en Australia facilita un horario que en España puede resultar casi extraterrestre: suele cenar con sus hijos alrededor de las 18.30 horas y puede terminar de comer antes de las 19.00. Si desayuna hacia las 9.00 del día siguiente, el intervalo ronda las 14 horas sin ingerir alimentos.

Pero incluso ella ha rebajado el dogmatismo. Si se levanta con hambre, desayuna. No pretende completar el ayuno a cualquier precio ni considera que la misma fórmula tenga que funcionar necesariamente para todas las personas.

Ese matiz importa porque la investigación disponible no convierte el ayuno intermitente en una solución milagrosa. Las revisiones recientes de ensayos clínicos apuntan a que puede producir poca diferencia en la pérdida de peso frente a otras pautas dietéticas convencionales cuando la ingesta total es comparable. El horario puede funcionar para algunas personas porque les resulta cómodo y sostenible; no porque el reloj posea poderes metabólicos secretos.

El gimnasio explica bastante más que cualquier desayuno

Mirar únicamente el plato de Elsa Pataky deja fuera probablemente la mitad de la fotografía. La actriz lleva muchos años vinculada al deporte y actualmente concede especial importancia al entrenamiento de fuerza, sobre todo al hablar del envejecimiento y de la pérdida progresiva de masa muscular.

También realiza ejercicio cardiovascular. Ha contado que incorpora entrenamientos por intervalos de alta intensidad, alternando esfuerzos exigentes con periodos de recuperación. No es precisamente una vuelta tranquila alrededor de la manzana.

Su jornada, además, transcurre en un entorno muy activo. Vive con Chris Hemsworth y sus hijos en Australia, monta a caballo, practica actividades al aire libre y ha explicado que algunas mañanas comienza el día entrando en agua fría antes de llevar a los niños al colegio y entrenar.

La ecuación completa se entiende mejor así: alimentación, ejercicio, descanso, constancia y genética. Reducirla a un bol de avena sería cómodo para un titular, pero bastante pobre para explicar un cuerpo trabajado durante décadas.

Cumplir 50 cambia también su manera de entrenar

Pataky habla ahora del ejercicio con una preocupación distinta a la de sus primeros años de carrera. No se trata únicamente de conservar una determinada apariencia. Al acercarse a los 50 explicaba que una de sus mayores inquietudes era perder capacidad física con el paso del tiempo y dejar de hacer las actividades que disfruta.

Por eso ha aumentado la atención que presta a la fuerza y al trabajo cardiovascular. También ha hablado de los cambios hormonales a partir de los 40, del cansancio y de cómo su propio cuerpo ha ido obligándola a modificar costumbres.

Ese discurso encaja con sus recientes comentarios sobre la reina Letizia, cuyo aspecto fuerte y musculado ha elogiado. Pataky ha defendido durante años los cuerpos fuertes y el trabajo muscular frente a la vieja obsesión de reducir el ejercicio femenino a adelgazar y poco más.

Una rutina menos misteriosa de lo que parece

Lo más curioso de la alimentación de Elsa Pataky quizá sea precisamente su falta de exotismo. Avena, fruta, semillas, alimentos variados, poco azúcar, alcohol casi inexistente, cantidades controladas y algún capricho. Luego viene una cantidad considerable de ejercicio. No hay un ingrediente clandestino escondido en una despensa australiana.

La pizza entra en ese esquema porque no necesita desaparecer para que el conjunto funcione. Pataky la reserva para determinados momentos y evita convertir una comida en una batalla moral. Su ayuno tampoco es una religión: si tiene hambre, lo rompe. Y aunque utiliza suplementos dentro de su rutina, su experiencia personal no constituye una receta universal.

A los 50, lo que describe es menos una dieta que una forma de organizarse mantenida durante años. Y ahí está probablemente la parte menos espectacular, pero más reveladora: la constancia pesa bastante más que el alimento de moda. Incluso cuando hay pizza sobre la mesa.

Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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