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¿Por qué tiembla Granada? Terremoto de magnitud 5, daños y réplicas
Granada sufre un terremoto de magnitud 5 seguido de numerosas réplicas, daños leves y una larga madrugada de miedo en el área metropolitana.

Granada ha pasado una madrugada difícil. Un terremoto de magnitud 5,0 con epicentro al noreste de Alhendín sacudió el área metropolitana a las 1:04 horas de este sábado 15 de agosto, despertó a miles de personas y fue percibido mucho más allá de la provincia. El Instituto Geográfico Nacional (IGN) le asigna una intensidad máxima de V-VI, suficiente para explicar el fuerte movimiento de muebles y objetos, los desperfectos observados en algunos inmuebles y, sobre todo, el sobresalto de quienes estaban durmiendo cuando el suelo decidió recordar que la Vega de Granada es una de las zonas sísmicamente más activas de España.
La situación, pese a las escenas de vecinos en la calle y a una larga cadena de temblores posteriores, no ha dejado por el momento daños personales. Sí hay grietas, caída de cornisas, cascotes, muros y otros desperfectos, mientras bomberos, policías y técnicos revisan los puntos más afectados. El 112 había gestionado más de 200 avisos y la Junta de Andalucía mantiene activada la fase de emergencia, situación operativa 1, del Plan ante el Riesgo Sísmico. Las inspecciones se han concentrado especialmente en Granada capital, Ogíjares, La Zubia y Armilla.
Un terremoto de magnitud 5 seguido de decenas de temblores
El movimiento principal figura en el catálogo actualizado del IGN con magnitud 5,0 mbLg, epicentro al noreste de Alhendín y hora local de las 1:04. La primera estimación difundida durante la noche fue inferior, de ahí que algunos titulares iniciales hablasen de 4,8; la revisión posterior del organismo oficial elevó la magnitud a 5,0. Es algo normal en sismología: las primeras mediciones son provisionales y los datos se afinan conforme se incorporan registros de distintas estaciones.
Después llegaron muchos más. A las 1:10 se registró un terremoto de magnitud 2,6 cerca de Gójar; otro 2,6 apareció a la 1:34 cerca de Villa de Otura. Ya entrada la mañana hubo movimientos de 3,3 en Gójar, 2,1 en la misma zona y, a las 8:57, uno de magnitud 3,0 al suroeste de Gójar, sentido con intensidad III-IV. La actividad continuó: el catálogo del IGN anotaba todavía a las 10:23 un pequeño seísmo de magnitud 1,5 al sureste de La Zubia. Es decir, no fue un golpe seco y silencio. El subsuelo siguió crujiendo durante horas.
Esa sucesión explica por qué buena parte de la noche se vivió fuera de casa en algunos barrios y municipios. Tras un temblor fuerte, cada vibración posterior se siente de otra manera: ya no es el vaso que tiembla en una estantería, es el cuerpo esperando otra sacudida. El miedo a las réplicas corre bastante más rápido que las ondas sísmicas.
La actividad había comenzado antes del terremoto principal
El episodio tampoco apareció completamente de la nada durante la madrugada. El viernes, a las 18:43 horas, el IGN había registrado un terremoto de magnitud 3,7 al noroeste de La Zubia. A medianoche se produjo otro de 2,3 cerca de Ogíjares y después llegaron varios movimientos menores en el mismo entorno antes y después del terremoto de magnitud 5.
Eso permite hablar de una secuencia sísmica intensa, aunque conviene no apresurarse con las etiquetas. Que haya muchos terremotos próximos entre sí no convierte automáticamente el episodio en un enjambre sísmico en sentido técnico.
¿Es realmente un enjambre sísmico?
La expresión ha empezado a circular porque Granada acumula numerosos temblores en pocas horas, pero científicamente existe un matiz importante. Un enjambre sísmico suele describir una concentración de numerosos terremotos en una zona relativamente pequeña sin que exista un único movimiento claramente dominante. En una secuencia clásica, en cambio, aparece un terremoto principal y después una serie de réplicas más pequeñas. La frontera entre ambos fenómenos no siempre es limpia.
En este caso hay, por ahora, un terremoto que sobresale con claridad: el de magnitud 5,0. Los movimientos posteriores registrados durante la mañana son sensiblemente inferiores. Por eso resulta más prudente hablar de una secuencia sísmica con un terremoto principal y numerosas réplicas mientras los especialistas analizan su evolución, en lugar de dar por sentado que se trata de un nuevo enjambre comparable al vivido años atrás.
Granada ya conoce bien este fenómeno
La comparación inevitable es la crisis de Atarfe-Santa Fe de 2020 y 2021. Aquello sí fue una secuencia extraordinariamente persistente. Entre diciembre de 2020 y finales de agosto de 2021 se registraron más de 3.000 terremotos, incluidos cinco consecutivos de magnitudes entre 4,1 y 4,4 y otro de magnitud 4,5 meses después.
La geología granadina favorece este tipo de actividad. La cuenca está atravesada por sistemas de fallas activas y forma parte del complejo escenario tectónico de las cordilleras Béticas. No es una anomalía recién descubierta ni una grieta misteriosa aparecida bajo la ciudad durante la noche. Granada lleva siglos conviviendo con terremotos, algunos mucho más destructivos que los registrados en época reciente.
Por qué Granada tiembla tanto
El sur y sureste de la Península están condicionados por la interacción tectónica entre las placas africana y euroasiática. El movimiento es lentísimo a escala humana, apenas perceptible durante una vida, pero suficiente para acumular tensiones en las fallas de la corteza. Cuando parte de esa tensión se libera bruscamente, la roca se desplaza y genera ondas sísmicas. Eso, dicho sin convertir la geología en jeroglífico, es un terremoto.
En la cuenca de Granada se han producido históricamente numerosos episodios de magnitud moderada. Los terremotos superficiales de mayor magnitud registrados instrumentalmente en esta zona rondan precisamente magnitud 5. También existen precedentes históricos mucho más severos, como el gran terremoto de Arenas del Rey de 1884, uno de los más destructivos conocidos en la Península Ibérica.
El dato ayuda a colocar la madrugada de este 15 de agosto en perspectiva. Magnitud 5 es un terremoto considerable y, cuando ocurre cerca de zonas pobladas y a poca profundidad, puede sentirse con mucha violencia. Pero magnitud 5 no equivale por sí misma a catástrofe. Influyen la profundidad, la distancia al epicentro, el tipo de suelo, la vulnerabilidad de los edificios y la forma concreta en que se propagan las ondas.
Magnitud e intensidad no son lo mismo
Aquí suele aparecer otra confusión. La magnitud mide la energía liberada por el terremoto y ofrece un valor para el evento. La intensidad describe los efectos observados en un lugar determinado: cuánto se sintió, qué se movió, qué daños produjo.
El IGN atribuye al terremoto de Alhendín una intensidad máxima de V-VI, mientras que su magnitud es 5,0. Son dos fotografías distintas del mismo episodio. Por eso un único terremoto puede sentirse brutalmente cerca del epicentro y apenas como una vibración lejana a cientos de kilómetros.
Y este se sintió lejos. Hubo avisos desde numerosas localidades andaluzas y testimonios de percepción en otras zonas de España. La sacudida nocturna, con las casas en silencio y buena parte de la población acostada, también hizo que el movimiento resultara especialmente evidente.
Daños en edificios, cornisas y calles del área metropolitana
El balance material continúa sujeto a inspecciones, pero las primeras revisiones apuntan principalmente a daños ligeros en elementos no estructurales. Se han comunicado grietas, desprendimientos de cornisas y cascotes, caída de muros y desperfectos en fachadas. La Junta movilizó al Grupo de Arquitectos Voluntarios de Andalucía para colaborar en la evaluación de los edificios afectados.
En Alhendín, uno de los puntos más castigados por la sacudida, la caída de elementos de un inmueble llegó a alcanzar un vehículo. En Granada capital también se detectaron desperfectos en edificios históricos, entre ellos elementos del campanario de la iglesia de San Miguel, en el Albaicín, y elementos decorativos de la iglesia de la Magdalena. Las zonas comprometidas han sido acordonadas mientras continúan las comprobaciones.
El mayor peligro después de un terremoto moderado no siempre está en otro gran temblor inmediato, sino unos metros por encima de la cabeza: una cornisa debilitada, una teja suelta, una fachada antigua que ya estaba tocada y ha recibido el empujón que le faltaba. De ahí que las autoridades hayan pedido no acercarse a edificios o elementos balizados y respetar las restricciones mientras duren las inspecciones.
Las réplicas pueden continuar sin anunciar otro gran terremoto
Que continúen produciéndose pequeños terremotos después del principal entra dentro del comportamiento esperable de muchas secuencias sísmicas. Las réplicas son reajustes en las fallas y zonas próximas después de la liberación de tensión provocada por un movimiento mayor; normalmente, su frecuencia disminuye progresivamente con el tiempo, aunque pueden prolongarse durante días, semanas o más.
Lo incómodo es que la sismología puede describir bastante bien cómo funcionan estas secuencias, pero no puede predecir con precisión el momento, lugar y magnitud de un futuro terremoto. Tampoco una sucesión de pequeños temblores permite afirmar que vaya a producirse inevitablemente otro mayor. Después de una madrugada así resulta tentador leer cada vibración como una cuenta atrás. La naturaleza, por desgracia para quienes quieren certezas de calendario, no trabaja con agenda.
También conviene separar el terremoto del eclipse total de Sol vivido en España tres días antes, por llamativa que resulte la coincidencia y por muchos comentarios que haya provocado. Los eclipses no generan un efecto gravitatorio especial capaz de explicar este episodio sísmico. Una cosa puede ocurrir después de otra sin que la primera haya provocado la segunda. Parece elemental, aunque internet suele necesitar que se lo recuerden.
Granada vuelve a convivir con un suelo que no termina de callarse
Granada llega al mediodía del 15 de agosto con actividad sísmica todavía registrada, técnicos revisando inmuebles y una población lógicamente pendiente de cualquier nuevo movimiento. El seísmo de magnitud 5 ha sido fuerte, muy perceptible y capaz de producir desperfectos; el dato fundamental, sin embargo, sigue siendo que no constan víctimas y que los daños comunicados hasta el momento son fundamentalmente materiales.
Las réplicas forman ya una larga hilera en el catálogo sísmico, desde Alhendín y Gójar hasta Ogíjares y La Zubia. Algunas apenas alcanzan magnitudes de 1,5 o 2; otras, como las de 3,3 y 3,0 registradas durante la mañana, han vuelto a sentirse. Habrá que distinguir el temblor real del eco inevitable que deja una noche así.
Granada conoce ese lenguaje subterráneo. Lo sufrió en 2021 y lo conoce desde mucho antes de que existieran sismógrafos, aplicaciones móviles o vídeos grabados desde una cama a la una de la madrugada. Esta vez el suelo habló alto. Magnitud 5, numerosas réplicas y daños contenidos: esa es, de momento, la dimensión real de un terremoto que ha devuelto de golpe la sismicidad granadina al centro de la actualidad.

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