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¿Por qué un taxi de Palma acabó multado con 4.533 euros en Ibiza?

Un taxi de Palma suma 4.533 euros en multas en Ibiza tras ser localizado en una parada y desatar una disputa sobre la captación de clientes.

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el simbolo del taxi sobre el techo del coche

Un taxi con licencia de Palma ha terminado con dos sanciones que suman 4.533 euros después de ser localizado en Ibiza y estacionado en una parada reservada al servicio público de taxi. La principal multa, de 4.333 euros, ha sido impuesta por el Consell d’Eivissa al considerar que existió captación de clientes sin la autorización necesaria para operar en la isla. A esa cantidad se añaden otros 200 euros de la Policía Local de Eivissa por estacionar en una parada señalizada mientras el conductor estaba ausente.

El caso, ocurrido inicialmente el jueves 27 de agosto, ha crecido hasta convertirse en algo bastante más enrevesado que una multa de tráfico. La Federación Independent del Taxi de les Illes Balears (FITIB) niega que el vehículo estuviese trabajando: sostiene que siete taxistas de Palma habían viajado juntos a Ibiza para pasar el día y comer. Las autoridades ibicencas mantienen otra interpretación de lo sucedido. Entre medias han aparecido un segundo control, un viaje anterior del mismo taxi a la isla y una agria disputa pública entre la patronal y las instituciones.

La multa de 4.333 euros que origina la polémica

El vehículo fue localizado en una parada de taxis de Bartomeu Roselló, en la ciudad de Ibiza, durante una actuación conjunta de la Policía Local y el servicio de Inspección de Transportes del Consell. El taxi tenía licencia de Palma y, por tanto, no disponía de la autorización necesaria para captar viajeros como taxi urbano en Eivissa.

La actuación acabó con una sanción del Consell de 4.333 euros por captación de clientes. La normativa balear vigente considera muy grave carecer del permiso correspondiente y circular con los signos propios de un autotaxi de una forma orientada a captar pasajeros, o directamente captar clientes sin disponer de la licencia exigida.

La Ley 4/2014 de transportes terrestres y movilidad sostenible de Baleares establece para las infracciones muy graves de este tipo multas de entre 1.001 y 6.000 euros. Es decir, los 4.333 euros no son una cifra improvisada ni el máximo posible, sino una cuantía situada dentro de esa escala sancionadora.

Aparte quedó la infracción más sencilla, y también la menos discutida: la Policía Local impuso otros 200 euros porque el vehículo se encontraba estacionado en una parada de transporte público delimitada y el conductor no estaba junto a él. De ahí que la factura acumulada ascienda a 4.533 euros.

La versión de los taxistas de Palma: fueron a comer a Ibiza

La FITIB ofrece un relato completamente distinto. Su presidente, Biel —también citado públicamente como Gabriel— Moragues, sostiene que en el vehículo viajaban siete taxistas de Palma como amigos, no pasajeros que hubieran contratado un servicio. Habían embarcado hacia Ibiza para pasar el día, comer juntos y regresar después a Mallorca.

La patronal asegura que existen billetes de barco que acreditarían el desplazamiento y admite un error: dejar un taxi rotulado en una parada destinada a los profesionales de Ibiza fue, como poco, una pésima elección. Pero sostiene que una cosa es aparcar donde no corresponde y otra muy diferente trabajar ilegalmente o buscar clientes.

Precisamente por eso Moragues acepta la sanción de 200 euros como ajustada a la normativa, pero rechaza la multa del Consell. Según su versión, los otros taxistas explicaron a los inspectores que no eran clientes y que no habían contratado carrera alguna. La federación ha anunciado que recurrirá la sanción y ha llegado a plantear acciones legales por lo que considera una actuación administrativa incorrecta.

La discusión parece semántica hasta que uno imagina la escena: un taxi de Palma perfectamente identificado, aparcado en una parada de Ibiza en pleno agosto. Para los inspectores, la apariencia y las circunstancias apuntaban a una actividad de captación. Para sus ocupantes, aquello era simplemente el vehículo elegido por un grupo de compañeros para irse de comida. Mismo coche, misma parada, dos versiones enfrentadas.

El taxi había estado en Ibiza unos días antes

El asunto ha adquirido otra dimensión al conocerse que no era la primera aparición reciente del vehículo en la isla. El Consell tiene constancia de que ese mismo taxi llegó a Ibiza el 18 de agosto, nueve días antes de la intervención que originó la multa.

La patronal tampoco niega ese viaje. Según Moragues, aquel día el conductor había acudido a Ibiza acompañado por sus hijas, llegó por la mañana y regresó por la tarde. Un desplazamiento particular de un taxi fuera de su municipio no constituye por sí mismo una infracción: un taxista puede viajar con su vehículo como cualquier otro conductor. La cuestión aparece cuando se considera que está prestando servicios o captando clientes fuera del ámbito para el que dispone de autorización.

Hay otro detalle que ha alimentado las sospechas. Tras la denuncia del jueves, el taxi volvió a ser identificado esa noche por inspectores de transporte, esta vez en la zona del aeropuerto de Ibiza.

El barco de las ocho complicó todavía más la explicación

La versión inicial indicaba que el grupo regresaría ese mismo jueves a Palma. Sin embargo, el conductor perdió el ferry de las 20.00 horas. Según la explicación trasladada por la patronal, acudió posteriormente al aeropuerto para llevar a cuatro de los taxistas que viajaban con él y que optaron por volver a Mallorca en avión.

Ese cambio de planes explica, según la FITIB, por qué el taxi seguía circulando por Ibiza cuando teóricamente debía haber abandonado ya la isla. Para las autoridades, en cambio, la concatenación de circunstancias ha reforzado las dudas sobre la presencia del vehículo.

No es un detalle menor. El intrusismo en el transporte de pasajeros constituye uno de los conflictos recurrentes de las temporadas turísticas en Ibiza, donde taxis reglados, VTC, vehículos sin autorización y servicios ilegales compiten en un mercado especialmente tensionado durante julio y agosto. Cada coche extraño en una parada llama la atención. Y bastante.

Consell y Ayuntamiento defienden a policías e inspectores

La disputa abandonó definitivamente el terreno de la simple sanción este sábado 29 de agosto. El Consell d’Eivissa y el Ayuntamiento de Eivissa han cerrado filas en defensa de los funcionarios y policías que participaron en la intervención después de que el presidente de la FITIB cuestionara públicamente la actuación y hablara de una “apariencia xenófoba”.

El conseller insular de Territorio, Movilidad e Infraestructuras Viarias, Mariano Juan, ha considerado “absolutamente inaceptable” esa acusación y ha exigido una rectificación a la federación. Su argumento es bastante sencillo: discrepar de una multa y recurrirla forma parte del procedimiento administrativo; atribuir motivaciones xenófobas a los funcionarios que la tramitan es otra cosa.

Juan sostiene que los inspectores trabajan con rigor y conforme a la normativa y recuerda que el conductor dispone de los mecanismos legales habituales para presentar alegaciones, aportar pruebas y recurrir. La administración no considera que la defensa corporativa de un profesional justifique poner bajo sospecha a quienes realizan los controles.

El Ayuntamiento de Eivissa ha adoptado una posición similar. El concejal de Movilidad Integral, Rubén Sousa, ha expresado su apoyo a la Policía Local y a los inspectores del Consell y ha defendido que su profesionalidad no puede quedar cuestionada cada vez que una actuación administrativa disgusta al sector afectado.

La batalla, por tanto, se jugará también sobre el papel. Será el expediente sancionador, las pruebas aportadas por ambas partes y, eventualmente, los recursos posteriores los que determinen si hubo realmente una conducta orientada a captar clientes o si el taxi estaba siendo utilizado exclusivamente como vehículo particular por un grupo de compañeros.

Ibiza lleva tiempo vigilando los taxis llegados de fuera

El episodio tampoco aparece en el vacío. En julio de 2025, la Policía Local de Eivissa ya denunció a un taxi procedente de Barcelona que, según las autoridades, estaba trabajando ilegalmente en la ciudad. También entonces se tramitó una infracción muy grave con una sanción posible de entre 1.001 y 6.000 euros.

Los controles se intensifican durante la temporada turística porque Ibiza reúne casi todos los ingredientes para que florezca el transporte irregular: enormes movimientos de viajeros, desplazamientos nocturnos, aeropuerto, puertos, discotecas y momentos en los que la demanda supera ampliamente la disponibilidad inmediata de vehículos.

Las administraciones insulares han convertido precisamente la lucha contra la competencia desleal y los taxis pirata en uno de los argumentos para reforzar la coordinación entre inspectores y policías locales. Resulta inevitable cierta ironía: esta vez el vehículo bajo sospecha no era un coche clandestino sin distintivos, sino un taxi perfectamente legal. Legal en Palma, eso sí. Y ahí empieza todo el problema.

Una parada, 4.533 euros y una disputa que decidirá el expediente

A 29 de agosto, los hechos administrativos son claros: existe una multa de 4.333 euros del Consell y otra de 200 euros de la Policía Local, mientras la patronal balear anuncia recursos contra la primera. También está confirmado que el mismo taxi había viajado previamente a Ibiza el 18 de agosto y que volvió a ser localizado cerca del aeropuerto después de la primera intervención.

Lo que sigue en disputa es el elemento decisivo: si aquel taxi de Palma estaba captando clientes en Ibiza o simplemente transportaba a varios amigos que, casualidades del verano balear, eran también taxistas.

La administración tendrá que sostener la primera interpretación en el expediente. La patronal intentará desmontarla con billetes, testimonios y el resto de pruebas que considere oportunas. Porque estacionar un taxi de otra isla en una parada ajena puede ser una torpeza monumental; demostrar que detrás había realmente una actividad profesional no autorizada, en cambio, es lo que convierte esa torpeza en una sanción de varios miles de euros.

Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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