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¿Cómo ganó Enric Mas en Aitana y reforzó el maillot rojo de La Vuelta?

Enric Mas conquista Aitana, amplía diferencias sobre Roglic y Gall y alcanza el primer descanso de La Vuelta con un liderato mucho más sólido.

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Enric Mas en la Vuelta 2022

Enric Mas ha ganado la novena etapa de la Vuelta a España 2026 en el Alto de Aitana y ha salido de una de las jornadas más exigentes de la carrera con algo bastante más valioso que una victoria: un liderato más sólido. El ciclista de Movistar atacó en el tramo decisivo de la ascensión, resistió la presión de sus principales rivales y amplió sus diferencias en la clasificación general.

El balear completó los 187,4 kilómetros entre La Vila Joiosa y el Alto de Aitana en 5 horas, 10 minutos y 40 segundos. Oscar Onley cruzó la meta con el mismo tiempo, Primoz Roglic cedió 12 segundos y Felix Gall, 18. Con las bonificaciones y las diferencias acumuladas, Mas alcanza el primer día de descanso con 1:18 sobre Roglic y 1:39 sobre Gall. Oscar Onley es cuarto, a 2:20, y Richard Carapaz quinto, a 3:26. Ya no se trata simplemente de conservar el rojo recién estrenado. Mas lo ha defendido pedaleando.

Mas gana en Aitana y convierte el maillot rojo en autoridad

La etapa alicantina tenía cierto aroma a examen oral: poco margen para esconderse y demasiados kilómetros de montaña para improvisar una respuesta convincente. La organización había dibujado más de 5.000 metros de desnivel positivo, seis ascensiones puntuables y una llegada a 1.543 metros de altitud. El último puerto, Aitana, ofrecía 22 kilómetros al 5,8 % de pendiente media después de una jornada que ya había pasado por Tárbena, Miserat, Tollos, Tudons y Benifallim.

El Miserat, con 5,2 kilómetros alrededor del 10 % y rampas especialmente ásperas, había servido para vaciar piernas mucho antes de la subida definitiva. Ese era precisamente el problema de Aitana: la pendiente media del último puerto no parece feroz sobre el papel, pero llega cuando el depósito lleva horas parpadeando en reserva. Una larga pared blanca bajo el calor alicantino, carretera hacia arriba y piernas cada vez más castigadas.

Movistar asumió desde el comienzo las obligaciones que acompañan al líder. Mas estrenaba realmente el maillot rojo y Aitana se presentaba como su primera gran prueba vestido de jefe de la clasificación. El pelotón quiso comprobar enseguida hasta dónde llegaba esa autoridad.

El ataque de Enric Mas que decidió la etapa

Por delante se había formado una escapada numerosa en la que destacó Pavel Sivakov, junto con corredores como Marcel Camprubí. Sivakov terminó quedándose solo y entró en los últimos diez kilómetros de Aitana con opciones de convertir la fuga en victoria, pero detrás la batalla por la general empezaba a devorar segundos con bastante rapidez.

Decathlon endureció la ascensión para Felix Gall. El austriaco atacó a ocho kilómetros de la cima, aunque sin conseguir abrir una diferencia decisiva. Sepp Kuss fue uno de los que pagó aquel movimiento; Mas, Roglic y el resto de favoritos continuaron dentro de una selección que se hacía más pequeña a cada cambio de ritmo.

Entonces apareció el movimiento que cambió la fotografía de la jornada. A unos tres kilómetros de la meta, Mas arrancó. No fue un latigazo decorativo para salir unos segundos en televisión. Abrió hueco, alcanzó la cabeza de carrera y convirtió el final de etapa en una persecución entre los hombres que todavía podían responder.

Onley aguanta la rueda; Roglic y Gall pierden terreno

Oscar Onley fue quien mejor reaccionó. El británico consiguió permanecer junto a Mas y terminó entrando con el mismo tiempo, pero sin superar al mallorquín en la llegada. Roglic trató de cerrar el hueco desde atrás y acabó perdiendo 12 segundos; Gall, 18. Cristian Rodríguez y Mattias Skjelmose llegaron a 20 segundos, mientras Richard Carapaz cedió 54.

Mas había hecho exactamente aquello que necesitaba hacer un líder recién llegado al cargo: no esperar acontecimientos. Y hay una pequeña ironía en ello. Durante años se le ha reclamado que atacara más, que arriesgara antes, que dejara de calcular cada metro como un notario con bicicleta. En Aitana eligió precisamente el momento de romper ese guion y atacar para ganar.

La victoria supone también su primer triunfo de etapa en la Vuelta desde 2018, una espera de ocho años especialmente larga para un corredor que ha terminado tres veces segundo en la clasificación general de la ronda española. Mas reconoció después que atraviesa probablemente el mejor momento de su carrera, aunque mantuvo el tono prudente que le caracteriza: demasiados golpes acumulados como para confundir una gran primera semana con una carrera ganada.

De la caída de Pogacar a una Vuelta completamente distinta

El contexto hace todavía más significativa la victoria. Veinticuatro horas antes, la Vuelta había sufrido un vuelco brutal. Tadej Pogacar, dominador de la carrera y gran favorito, se cayó durante la octava etapa camino de Xeraco y tuvo que abandonar. Las pruebas médicas detectaron una conmoción cerebral, una fractura desplazada de clavícula izquierda y una fractura estable en la vértebra C7, además de diversas abrasiones.

Mas heredó entonces el liderato, pero evitó ponerse el maillot rojo durante la ceremonia del podio como gesto de respeto hacia el esloveno. Deportivamente, la situación podía resultar incómoda: una cosa es recibir el liderato porque desaparece de carrera quien estaba por delante y otra muy distinta convencer al pelotón de que uno piensa conservarlo.

Aitana ha servido para separar ambas cosas. El español llegó líder por las circunstancias del sábado y se marcha líder por lo sucedido sobre la carretera el domingo. Roglic estaba a un minuto antes de la etapa y queda a 1:18; Gall pasa de 1:11 a 1:39. No son diferencias definitivas, ni mucho menos, pero el cronómetro empieza a dibujar una jerarquía propia de esta nueva carrera sin Pogacar.

Movistar vuelve a trabajar como equipo del líder

Para Movistar, la escena también tiene una dimensión especial. Mas se convirtió tras la octava etapa en el primer español que lidera la Vuelta desde Jesús Herrada en 2018, y el conjunto telefónico volvió a encontrarse defendiendo el liderato de una gran vuelta por primera vez desde el Giro de Italia conquistado por Richard Carapaz en 2019. Mucho calendario ha pasado por ahí.

El equipo controló buena parte del día sin intentar domesticar una etapa prácticamente indomesticable. Cuando Decathlon aceleró para Gall, Mas quedó expuesto a una batalla más individual, pero respondió sin señales de debilidad. Esa quizá sea una de las lecturas más importantes de Aitana: Movistar puede proteger el rojo, pero Mas tendrá que defenderlo también con sus piernas frente a equipos y corredores que ya han comprobado que la Vuelta está abierta.

Primoz Roglic continúa siendo el rival más próximo. Cuatro veces ganador de la ronda española, conoce esta carrera como pocos y sigue a una distancia que permite cambiar la clasificación con una sola gran jornada. Gall ha demostrado capacidad para endurecer la montaña; Onley, que terminó pegado a Mas en Aitana, se coloca cuarto a 2:20. Carapaz, Skjelmose y Kuss permanecen más alejados, aunque todavía queda terreno suficiente como para que nadie sensato empiece a envolver el trofeo.

Mas llega al descanso con una ventaja que ya se ha ganado

La clasificación después de nueve etapas deja a Enric Mas primero con 28 horas, 34 minutos y 3 segundos. Roglic es segundo a 1:18; Gall, tercero a 1:39; Onley, cuarto a 2:20; Carapaz, quinto a 3:26; Skjelmose, sexto a 3:55; y Kuss, séptimo a 4:09.

La Vuelta se reanudará el martes 1 de septiembre con los 184,7 kilómetros entre Alcaraz y Elche de la Sierra. Después llegarán nuevas montañas, Calar Alto, La Pandera, la contrarreloj entre El Puerto de Santa María y Jerez y, sobre todo, el durísimo Collado del Alguacil antes del desenlace en Granada el 13 de septiembre.

Queda media Vuelta larga y bastante incómoda. Pero Aitana ha cambiado la naturaleza del liderato español. Mas ya no viste de rojo únicamente por las circunstancias de carrera: ha atacado, ha ganado y ha aumentado su ventaja frente a quienes pretenden quitárselo.

Aitana cambia el peso del maillot rojo

El ciclismo tiene esa costumbre poco educada de desmontar certezas en una curva y fabricar otras en una montaña. La certeza del domingo es bastante sencilla. Enric Mas llegó a Aitana como líder y salió como vencedor, con más margen sobre Roglic y Gall y con una actuación que modifica el paisaje de esta Vuelta.

Queda muchísimo terreno y las diferencias todavía permiten más de un sobresalto. Pero el rojo pesa de otra manera cuando se acompaña de una victoria en una cima como Aitana. Mas no se limitó a conservarlo: lo defendió al ataque. Y, por unas horas al menos, todos los demás deberán mirar hacia él.

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Director editorial de Don Porqué y analista de iGaming con más de 15 años cubriendo el sector del juego online en España. Especializado en regulación, bonos y seguridad de los casinos online.

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