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Historia

Los fenicios de Málaga: qué esconde el yacimiento del que solo han excavado un 10%

Solo se ha excavado el 10% del mayor yacimiento fenicio de Málaga. Lo aparecido este verano ya reescribe su historia.

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Resumen

  • La Universidad de Málaga cierra la quinta campaña en el Cerro del Villar, el yacimiento fenicio más importante de la provincia, con casi 3.000 años de antigüedad.
  • Ánforas de un almacén incendiado, pesas de balanza y una máscara de terracota confirman un puerto comercial de primer orden ligado a la legendaria Mainake.
  • Solo se ha excavado menos del 10% de la superficie: el yacimiento estuvo ocupado sin interrupción entre los siglos VIII y V a.C., algo que nadie esperaba.

En la desembocadura del río Guadalhorce, a un paso del aeropuerto de Málaga, dormita bajo tierra la ciudad fenicia mejor conservada de la Andalucía mediterránea. Lleva casi 3.000 años ahí y los arqueólogos solo han destapado menos del 10% de su superficie. La quinta campaña de excavación, cerrada el 18 de septiembre, acaba de añadir piezas nuevas a un puzzle que ya apunta a algo grande: el Cerro del Villar no fue un poblado de comerciantes de paso, sino una potencia portuaria con urbanismo propio.

La Junta de Andalucía lo declaró Bien de Interés Cultural y sostiene que el enclave «excede a los restantes centros fenicios de la Andalucía mediterránea» por su trazado urbano complejo y desarrollado. Traducido del lenguaje administrativo: aquí había ciudad, y ciudad con mayúsculas, cuando Málaga —la Malaka fenicia— apenas empezaba a existir.

Qué han encontrado los arqueólogos este verano

El equipo de la Universidad de Málaga (UMA), dirigido científicamente por el profesor de Prehistoria José Suárez, trabajó del 24 de agosto al 18 de septiembre en dos sectores al norte de la antigua isla —porque el Cerro del Villar era una isla fluvial, no un cerro rodeado de tierra firme—. El botín de esta quinta campaña:

  • ✓Seis ánforas fenicias en una habitación que funcionaba como almacén, junto a semillas y madera quemada de las estanterías donde se apoyaban.
  • ✓Un fragmento de máscara de terracota, pieza de probable significado ritual, rarísima en contexto doméstico.
  • ✓Nuevas pesas de balanza de metrología fenicia, en plomo o bronce, usadas para pesar productos de alto valor.
  • ✓Tres fases arquitectónicas superpuestas, fechadas entre finales del siglo VIII y el siglo VII a.C.
  • ✓Edificaciones fenicias arcaicas bajo los restos romanos, en el otro extremo de la isla.

Cada hallazgo suelto parecería menor; juntos dibujan el perfil de una comunidad que comerciaba a escala mediterránea, pesaba sus mercancías con un sistema de medidas estandarizado —las pesas fenicias funcionaban como una moneda de confianza antes de que existiera la moneda— y vivía en casas que se reconstruían una y otra vez sobre las anteriores durante siglos.

Las pesas merecen un párrafo aparte, porque son la prueba del algodón del comercio antiguo. Un mercader fenicio que vendía púrpura o estaño en la costa malagueña no podía fiarse de balanzas locales: llevaba las suyas, con sus pesas de plomo y bronce calibradas según la metrología de Tiro. Encontrar varias pesas nuevas en un mismo nivel doméstico indica que en esa casa se cerraban tratos de forma habitual. Era, a todos los efectos, una oficina comercial de hace 2.700 años.

📌 Dato clave: bajo los hornos y testares (vertederos de alfarería) con ánforas, lebrillos, platos y cuencos de los siglos VI y V a.C., el equipo confirmó una ocupación ininterrumpida del siglo VIII al V a.C. — algo desconocido hasta ahora para el yacimiento.

El incendio que lo congeló todo

Los desastres son, para los arqueólogos, regalos envueltos en ceniza. El almacén que ha aparecido esta campaña sufrió un incendio que derrumbó el techo sobre las ánforas, las semillas y las estanterías de madera. Ese fuego lo selló todo: los objetos quedaron exactamente donde estaban el día de la desgracia, sin que nadie volviera a moverlos en veintisiete siglos.

Es el mismo principio que hizo de Pompeya una ventana al pasado, aplicado a escala fenicia. Las semillas carbonizadas permitirán saber qué se almacenaba y de dónde venía; la madera quemada de las estanterías se puede datar con precisión de calendario; y la disposición de las seis ánforas dice cómo se organizaba el espacio. Ninguna excavación convencional proporciona ese nivel de detalle.

El yacimiento ya había dado muestras de esta preservación excepcional en campañas anteriores, con niveles de finales del tercer milenio y estructuras del gran proyecto urbanístico del siglo VII a.C., el que sitúa al Cerro del Villar entre los asentamientos más importantes de su época en el extremo occidental del Mediterráneo.

«Esto significa que en esos momentos el asentamiento funcionó como un ámbito artesanal relacionado con la ciudad, pero con una entidad superior a lo que se había imaginado hasta el momento» — José Suárez, director científico de la campaña

¿Mainake? El puerto que pudo ser la ciudad legendaria

Y aquí entra el misterio que hace salivar a los historiadores. Las fuentes griegas y romanas hablan de Mainake, una colonia fenicia legendaria en la costa malagueña de la que apenas quedan rastros seguros. Algunos investigadores relacionaron en su día el Cerro del Villar con esa ciudad perdida. La campaña de este año no resuelve el enigma, pero lo alimenta: un puerto comercial de primer orden en el siglo VII a.C., con urbanismo planificado y comercio de alto valor, encaja perfectamente con lo que las fuentes atribuyen a Mainake.

El contexto ayuda a entender la escala. Los fenicios de Tiro montaron en el primer milenio antes de Cristo la primera red comercial verdaderamente global del Mediterráneo: factorías desde Chipre hasta Cádiz, con Málaga y el Guadalhorce como escala clave en la ruta del estaño y los metales de Tartessos. Cada ánfora del Cerro del Villar transportaba aceite, vino o salazones; cada pesa de balanza cerraba tratos entre lenguas distintas.

La relación con Mainake tiene además un giro melancólico. Las fuentes antiguas situaban la ciudad legendaria junto a la desembocadura de un río, en una isla o península fácilmente defendible. El Cerro del Villar cumple todos los requisitos geográficos: era una isla fluvial protegida, con puerto natural y control directo de las rutas hacia el interior. Que la respuesta siga sin ser definitiva, después de cinco campañas, dice mucho de lo despacio y lo bien que trabaja aquí la arqueología: nadie quiere proclamar un descubrimiento histórico con el 90% del yacimiento todavía intacto bajo los campos de cultivo.

Por qué apenas han excavado el 10% (y por qué es una buena noticia)

Que tras cinco campañas siga enterrado más del 90% del yacimiento puede parecer lentitud exasperante. Es justo lo contrario. La arqueología moderna excava despacio porque cada palada destruye información que nadie podrá recuperar: el suelo solo se puede leer una vez. Con el «excepcional estado de conservación» que presenta el Cerro del Villar, la estrategia es excavar lo mínimo imprescindible y dejar el resto intacto para las técnicas del futuro —que siempre son mejores que las del presente.

El calendario inmediato ya está escrito. Los resultados de esta campaña se presentarán en noviembre en las Jornadas Locales de Santanyí y el equipo seguirá documentando las fases de ocupación. Mientras tanto, bajo los campos del Guadalhorce sigue esperando una ciudad fenicia casi completa: calles, almacenes, hornos y casas de hace 2.700 años que nadie ha visto jamás. Pocas capitales europeas tienen un tesoro arqueológico tan grande y tan virgen a diez minutos de su aeropuerto.

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Director editorial de Don Porqué y analista de iGaming con más de 15 años cubriendo el sector del juego online en España. Especializado en regulación, bonos y seguridad de los casinos online.

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