Economía
¿Por qué sube el petróleo Brent y supera los 107 dólares por barril?
El petróleo Brent vuelve a superar los 107 dólares por barril entre ataques, tensión en Ormuz y dudas sobre el suministro energético mundial.

Resumen
- El Brent supera los 107 dólares tras una nueva subida cercana al 1,6 %
- Ormuz y el oleoducto saudí elevan el temor a problemas de suministro
- Un petróleo caro puede presionar carburantes, inflación y costes en España
El petróleo Brent ha vuelto a superar con claridad los 107 dólares por barril este martes 15 de septiembre, empujado por el temor a nuevas interrupciones del suministro en Oriente Medio. El crudo de referencia en Europa avanzaba alrededor de un 1,6 % en las primeras horas de la sesión y posteriormente se movía en el entorno de los 107,5 dólares, después de haber rozado los 110 dólares durante la jornada anterior.
La explicación está, sobre todo, bajo tierra y sobre el mar. Los nuevos ataques contra infraestructuras energéticas de Arabia Saudí han dejado fuera de servicio el oleoducto Este-Oeste, una arteria especialmente importante porque permite transportar crudo saudí hacia el mar Rojo sin atravesar el estrecho de Ormuz. A la vez, el tráfico de buques por ese paso estratégico se ha reducido con fuerza. Menos rutas seguras, menos margen de maniobra y el mismo mundo necesitando petróleo: el resultado se refleja rápidamente en la pantalla de cotizaciones.
El Brent supera los 107 dólares por el temor al suministro
A primera hora de este martes, el contrato del Brent para entrega en noviembre cotizaba a 107,35 dólares por barril, frente al nivel superior a los 105 dólares con el que había terminado la sesión anterior. Conforme avanzó la mañana, el precio llegó a rondar los 107,5 dólares.
No estamos ante un máximo aislado. Durante las últimas sesiones, el petróleo ha protagonizado movimientos bruscos, con subidas y correcciones de varios dólares en cuestión de horas. El mercado intenta poner precio a algo bastante difícil de medir: cuánto petróleo puede seguir saliendo de Oriente Medio con normalidad si la escalada militar continúa.
La referencia europea ya había llegado cerca de los 110 dólares el lunes. Después reculó. Este martes vuelve a escalar. Esa especie de montaña rusa explica bien el momento actual: los operadores compran petróleo cuando aumenta el riesgo de interrupciones y venden parte de esas posiciones cuando aparece alguna señal diplomática. El problema es que, de momento, las señales tranquilizadoras duran poco.
El oleoducto saudí que inquieta al mercado
El punto especialmente delicado está en Arabia Saudí. Su oleoducto Este-Oeste, conocido también por su conexión con Yanbu, permanece afectado después de los ataques sufridos contra instalaciones saudíes.
No es una tubería cualquiera. Esta infraestructura permite redirigir aproximadamente 4 millones de barriles diarios hacia la costa del mar Rojo, una cantidad equivalente a cerca del 4 % del suministro mundial de petróleo. Su función se ha vuelto todavía más importante porque ofrece a Arabia Saudí una salida alternativa cuando navegar por Ormuz se complica.
Ormuz vuelve a convertirse en el termómetro del petróleo
El estrecho de Ormuz es uno de esos lugares pequeños en el mapa que pueden provocar consecuencias enormes en la economía mundial. Antes de la actual escalada bélica, alrededor de una quinta parte del suministro mundial de petróleo atravesaba esta vía marítima.
El tráfico se ha reducido considerablemente durante las últimas jornadas. Y ahí aparece la paradoja incómoda: precisamente cuando Ormuz se convierte en una ruta más arriesgada, también está dañada una de las principales alternativas terrestres utilizadas por Arabia Saudí.
La combinación explica buena parte de la subida del Brent. No hace falta que desaparezcan millones de barriles del mercado para que el precio aumente; basta con que exista una posibilidad razonable de que ocurra. El petróleo cotiza el presente, sí, pero también el miedo al barril que quizá falte mañana.
Los ataques y la diplomacia mantienen la presión
La tensión aumentó después de nuevos ataques contra instalaciones saudíes, mientras las fuerzas hutíes respaldadas por Irán han continuado sus acciones en la región. El conflicto ha convertido infraestructuras energéticas, petroleros, puertos y rutas marítimas en piezas centrales de una guerra cuyo impacto económico ya rebasa ampliamente sus fronteras.
Había una posible válvula diplomática. Irán y varios países árabes del Golfo tenían prevista una reunión en Omán para abordar mecanismos que permitieran crear zonas seguras de tránsito por Ormuz. El encuentro fue aplazado.
Para los mercados, ese aplazamiento importa. Mucho. Cualquier acuerdo que garantice el paso de petroleros podría reducir rápidamente la prima de riesgo incorporada al precio del crudo. Sin ese avance, cada ataque vuelve a alimentar la misma sospecha: que el suministro puede deteriorarse antes de que exista una salida política.
El mercado ya no mira únicamente a cuánto petróleo se produce
En condiciones normales, la cotización depende en gran medida de producción, reservas, consumo mundial y decisiones de los grandes exportadores. En una crisis como la actual aparece otro elemento decisivo: la capacidad real de transportar el crudo.
Un barril puede estar disponible en un yacimiento y, sin embargo, convertirse en un problema si no existe una ruta segura para llevarlo hasta una refinería. Ahí entran los estrechos marítimos, los oleoductos, los puertos y los seguros de los buques, además del coste del transporte.
Ese es uno de los motivos por los que el Brent puede subir incluso sin conocerse una caída equivalente de la producción física. El mercado está pagando también por el riesgo logístico. Y transportar energía en medio de una guerra, como era previsible, no sale precisamente barato.
Qué supone un Brent de 107 dólares para España
El efecto sobre el consumidor español no aparece de manera automática al minuto siguiente de subir el barril. Brent y precio de la gasolina no son la misma cosa. Entre ambos están el coste del refino, los márgenes de distribución, la cotización del euro frente al dólar, los impuestos y las políticas temporales de bonificación.
Pero la dirección importa. Cuando el petróleo permanece durante días o semanas por encima de los 100 dólares, aumenta la presión sobre gasolina, gasóleo, queroseno para aviación y numerosos costes industriales y logísticos.
España llega, además, a este episodio con los carburantes convertidos ya en uno de los motores de la inflación. El IPC de agosto se situó en el 4,3 % interanual, siete décimas por encima del mes anterior, con el encarecimiento de combustibles y lubricantes entre los factores determinantes.
El impacto acaba viajando más lejos que el surtidor. Transportar fruta, pescado, paquetes, maquinaria o viajeros consume combustible. La aviación depende del queroseno; buena parte del transporte de mercancías, del gasóleo. Cuando la energía se encarece durante suficiente tiempo, parte de esa factura termina filtrándose hacia otros precios de la economía. No siempre inmediatamente, ni en idéntica proporción, pero termina encontrando rendijas.
Por qué los 100 dólares se han convertido otra vez en frontera
Durante buena parte de los últimos años, superar los 100 dólares por barril ha tenido un evidente peso psicológico y económico. No existe una magia especial en esa cifra redonda, pero sí cambia las expectativas de empresas, bancos centrales, gobiernos e inversores.
Un petróleo caro complica la lucha contra la inflación porque encarece una materia prima presente directa o indirectamente en buena parte de la economía. También reduce renta disponible: si llenar el depósito cuesta más, queda menos dinero para otros gastos. Para muchas empresas ocurre algo parecido, solo que multiplicado por cientos de vehículos, procesos industriales o envíos. La factura energética acaba ensanchándose por varios sitios a la vez.
La subida llega precisamente cuando los bancos centrales vuelven a vigilar con especial atención las presiones inflacionistas. Energía cara e inflación persistente forman una pareja poco cómoda: pueden retrasar bajadas de tipos o alimentar expectativas de políticas monetarias más restrictivas si el encarecimiento termina extendiéndose al resto de precios.
No significa que un Brent a 107 dólares vaya a provocar automáticamente una nueva espiral inflacionista. Sería demasiado sencillo. La duración importa más que una cotización puntual. Un pico de dos días puede quedar como una fotografía; varios meses de petróleo caro terminan pareciéndose bastante más a una película.
El precio dependerá de Ormuz, Arabia Saudí y la duración del conflicto
La atención está concentrada en tres piezas: la recuperación del oleoducto saudí Este-Oeste, la normalización del tráfico por Ormuz y cualquier avance diplomático capaz de reducir el riesgo de nuevas interrupciones.
Si Arabia Saudí recupera rápidamente su capacidad para desviar exportaciones hacia Yanbu y mejora la seguridad de las rutas marítimas, parte de la prima de riesgo podría desaparecer del precio. Si ocurre lo contrario —más ataques, daños prolongados o mayores dificultades para la navegación—, el mercado tendría argumentos para mantener el Brent en niveles elevados e incluso volver a tantear cotas superiores.
Por eso los 107 dólares cuentan menos como cifra aislada que como síntoma. El mercado está diciendo que ya no considera remoto un problema serio de suministro. El petróleo sigue fluyendo, pero lo hace por una región donde cada oleoducto dañado y cada petrolero que cambia de ruta estrechan un poco más el margen.
Y ahí está la cuestión verdaderamente incómoda para Europa y para España: mientras esa incertidumbre permanezca, el barril llevará incorporado algo más que petróleo. Llevará riesgo geopolítico, transporte más caro y la sospecha de que cualquier nuevo ataque puede volver a mover el precio en cuestión de minutos.

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