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Ciencia

¿Por qué llamaban «pueblo maldito» a los agotes y qué ha revelado por fin su ADN?

Ni godos, ni vikingos, ni leprosos: el primer estudio genómico de los agotes de Bozate resuelve quién era el «pueblo maldito» de los Pirineos.

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Resumen

  • El primer estudio genómico completo de los agotes, publicado en iScience, demuestra que su origen es local: ni godos, ni vikingos, ni leprosos, ni sarracenos.
  • Se analizaron muestras de 125 vecinos de Bozate (Arizkun, valle del Baztan), el único núcleo donde persiste la comunidad tras ocho siglos de marginación.
  • La hipótesis que mejor encaja con el ADN es el origen cátaro: comunidades aisladas tras la cruzada albigense del siglo XIII.

En el barrio de Bozate, un rincón de Arizkun pegado a la carretera que sube hacia el Baztan más profundo, hubo durante siglos una puerta de la iglesia que solo podían usar unos vecinos concretos. Tenían su propia pila, su propio asiento y su propio cementerio. No podían caminar descalzos por la calle, ni tocar los alimentos en el mercado, ni casarse con el resto del pueblo. Sobre su ropa, durante generaciones, cosieron una insignia de tela roja con forma de pata de oca para que cualquiera pudiera reconocerlos a distancia. Eran los agotes, los «intocables de los Pirineos».

Ocho siglos después, un equipo liderado por la Universidad Complutense de Madrid ha hecho algo que ni la historia ni la etnografía habían conseguido: leer su ADN completo. Y el resultado, publicado en la revista iScience (CellPress), desmonta de golpe todas las leyendas que alimentaron aquella persecución.

Quién eran los agotes: el «pueblo maldito» de los Pirineos

Los agotes fueron una comunidad marginada que habitó ambos lados de los Pirineos, desde el centro hasta el oeste de la cordillera, con presencia destacada en Gipuzkoa, Navarra, Aragón y el suroeste francés. Con el paso de los siglos, su asentamiento más persistente quedó fijado en Bozate, el barrio de Arizkun que hoy ha protagonizado el estudio.

Lo extraordinario del caso no es la discriminación en sí —la historia europea está llena de chivos expiatorios—, sino su duración y su arbitrariedad. Los agotes no profesaban otra religión, no hablaban otra lengua y no venían de otro país. Eran vasco-navarros católicos como sus vecinos. Aun así, la segregación sobrevivió a la propia ley: aunque desde comienzos del siglo XVI existían normas que los protegían, y en 1817 se aprobó la igualdad de derechos en todos los territorios de Navarra, los prejuicios y las costumbres prolongaron la marginación hasta el siglo XIX e incluso el XX.

¿De dónde salió entonces el odio? Durante siglos, las explicaciones fueron tan variadas como infundadas. Y ahí está el valor del nuevo estudio: por primera vez hay genomas completos para contrastarlas.

📌 Dato clave: hasta ahora los agotes solo habían sido estudiados desde la etnografía y la historia, con análisis serológicos muy limitados realizados en los años 50 del siglo pasado. El trabajo de la Complutense es el primer análisis de genomas completos de este grupo.

Ni godos, ni vikingos, ni leprosos: lo que han revelado 125 genomas

En 2020, los investigadores tomaron muestras de frotis bucal a 125 individuos de Bozate —agotes y mestizos—, que además rellenaron fichas genealógicas sobre sus antepasados. Tras la extracción de ADN y un filtrado estricto para evitar sesgos por parentesco cercano, compararon los perfiles genéticos con los de otras poblaciones mediante herramientas bioinformáticas, y completaron el análisis con el ADN mitocondrial y el cromosoma Y, que permiten rastrear las líneas materna y paterna.

El veredicto es contundente: los agotes tienen origen genético local, con una afinidad ancestral compartida con las poblaciones vasco-navarras y del suroeste de Francia. Todas las teorías exóticas se caen:

Los mitos (descartados)
  • Descendientes de godos desertores
  • Restos de invasores vikingos
  • Judíos o soldados sarracenos
  • Transmisores de la lepra
  • Delincuentes huidos de la Francia feudal
Lo que dice el ADN
  • Ancestros locales vasco-navarros
  • Afinidad con poblaciones del suroeste de Francia
  • Microestructura genética propia por aislamiento social
  • Homocigosidad superior a otras poblaciones
  • Separación del entorno hacia el siglo XII

Hay un matiz fascinante escondido en esos datos. Los agotes presentan «niveles de homocigosidad superiores» al resto de poblaciones analizadas y una microestructura genética propia. No porque fueran un pueblo distinto, sino porque la propia discriminación los encerró en sí mismos: siglos de endogamia forzada —casarse solo entre agotes, porque nadie más quería— dejaron su firma en el genoma. La genética no documenta un origen extranjero, documenta un delito social prolongado.

«Este es el primer análisis de sus genomas completos, aportando una resolución científica definitiva a un debate de siglos» — Antonio González Martín, director del departamento de Biodiversidad, Ecología y Evolución de la UCM

La hipótesis cátara: por qué todo apunta a una herejía del siglo XIII

Si el origen es local, ¿por qué los separaron? Aquí el estudio no cierra el caso, pero señala al sospechoso mejor situado. Las curvas demográficas proyectadas mediante simulaciones genómicas sitúan la separación de los agotes respecto a las poblaciones del entorno alrededor del siglo XII, justo cuando estallaba la persecución de la herejía cátara en Occitania.

«Esto sugiere que el grupo original pudo estar compuesto por comunidades locales conversas al catarismo que quedaron aisladas tras la cruzada religiosa albigense», explican los investigadores. Es la tesis que se sostiene desde el siglo XVI, como recuerda Jesús María Usunáriz, catedrático de Historia Moderna de la Universidad de Navarra, y la que «mejor se ajusta a los datos genómicos».

La secuencia tendría sentido histórico: la cruzada contra los albigenses (1209-1229) arrasó el sur de Francia; los huidos o señalados por simpatizar con los cátaros cargaron con un estigma religioso que, en los valles pirenaicos, se transformó en una casta hereditaria. El pecado original dejó de ser teológico y pasó a ser de sangre: de ahí los «requisitos de limpieza de sangre» que los excluían de los gremios, de las iglesias principales y de los matrimonios mixtos. Con el tiempo, ni siquiera hacía falta justificación. El sambenito se heredaba como los apellidos.

Los canteros agotes, paradójicamente, dejaron su firma en decenas de iglesias y caseríos del Baztan: la comunidad se refugió en los oficios de la piedra y la madera, los únicos que se les permitían. Algunas de esas obras siguen en pie, firmadas por las familias que no podían entrar por la puerta principal de los templos que construían.

Bozate hoy: del barrio maldito al patrimonio vivo de Navarra

En el estudio, junto a la Complutense, participan la Universitat de Barcelona, la Universidad Nacional Autónoma de México, la Johns Hopkins, la Universidad de Uppsala y la empresa PharmaMar. Los resultados se presentaron primero a los propios vecinos —los descendientes de las 125 muestras— antes de publicarse internacionalmente, un detalle que dice mucho sobre cómo se hace hoy la ciencia con comunidades pequeñas.

Porque el trabajo no busca solo resolver un enigma académico. En palabras del equipo investigador, «se devuelve la visibilidad y dignifica la memoria de un grupo históricamente denigrado, sustituyendo los mitos discriminatorios por certezas científicas». Bozate conserva hoy su museo etnográfico y sus casas blasonadas con la pata de oca, esa insignia que un día fue marca de infamia y ahora es símbolo de identidad reivindicada.

Queda una pregunta incómoda flotando sobre el valle: si el ADN demuestra que los agotes eran, genéticamente, idénticos a sus vecinos, ¿qué separaba realmente a unos de otros? La respuesta no está en los laboratorios de la Complutense, sino en las puertas traseras de las iglesias pirenaicas. Ocho siglos de historia española caben en esa puerta: el tiempo que tarda un prejuicio en volverse tradición cuando nadie se atreve a cerrarlo.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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