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Naturaleza

¿Por qué braman los ciervos en otoño? La berrea entra en su recta final

Los machos pierden hasta un tercio de su peso en dos semanas sin apenas comer. La berrea apura sus últimos días: esto es lo que ocurre en los montes.

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Resumen

  • La berrea, el celo de los ciervos, entra en su recta final: se desarrolla entre mediados de septiembre y mediados de octubre, con el amanecer y el atardecer como horas punta.
  • Los machos dejan prácticamente de comer y dormir durante el celo y pueden perder hasta un tercio de su peso en dos semanas.
  • 25 años de datos en Doñana muestran que el cambio climático retrasa la berrea y reduce la frecuencia de los bramidos, con riesgo para la supervivencia de las crías.

«Los venados berrean cuando se les moja el lomo». El refrán castellano lleva razón a medias, y entender la otra mitad explica por qué estos días los montes españoles suenan como nunca —y por qué el espectáculo está a punto de terminar. Desde mediados de septiembre, al caer la tarde y al clarear el día, los bramidos roncos de los ciervos macho retumban en dehesas, sierras y hayedos. Es la berrea, el periodo de celo más ruidoso del calendario natural ibérico, y ahora mismo entra en su recta final.

La berrea no es un capricho sonoro: es una carrera contrarreloj reproductiva que lleva meses preparándose en silencio y que se juega en apenas tres o cuatro semanas. Estos son sus mecanismos, sus escenarios y la amenaza que, según la ciencia, la está apagando poco a poco.

Qué es exactamente la berrea y por qué suena así

La berrea es la época de celo y reproducción del ciervo (Cervus elaphus). Su detonante principal es la reducción de las horas de luz: cuando los días se acortan tras el equinoccio, el organismo de los machos activa el ciclo hormonal del celo. El bramido —ese sonido gutural que puede oírse a kilómetros— cumple dos funciones a la vez: atraer a las hembras y advertir a los machos rivales de que el territorio tiene dueño.

La lluvia y la caída de las temperaturas actúan como acelerador. Cuando llegan las primeras aguas de septiembre, el celo «explota»: los machos marcan territorio, las hembras forman los llamados arenes a su alrededor y los bramidos se encadenan desde el atardecer hasta el alba. Si dos machos no se intimidan con la voz, la disputa pasa al choque de cornamentas, combates que pueden durar varios minutos y que, pese a su aparatosidad, rara vez terminan en heridas graves.

7.000
venados se calculan solo en la Reserva de la Biosfera de Monfragüe
⅓
del peso corporal puede perder un macho en dos semanas de celo
8 meses
de gestación: las crías nacerán en primavera, cuando hay más comida

Un mes sin comer ni dormir: el precio que paga el macho

El celo es un ejercicio de desgaste extremo. Raúl Sancho, guía de Monfragüe Natural Ecoturismo, lo resume con crudeza: «Están tan pendientes de las hembras, de marcar el territorio, de enfrentarse con otros machos, que se olvidan hasta de comer y pueden llegar a perder un tercio de su peso en dos semanas». Los grandes machos apenas comen y duermen durante la berrea; viven de las reservas de grasa acumuladas en primavera y verano.

«Están tan pendientes de las hembras, de marcar el territorio, de enfrentarse con otros machos, que se olvidan hasta de comer y pueden llegar a perder hasta un tercio de su peso en dos semanas» — Raúl Sancho, guía de Monfragüe Natural Ecoturismo

De ahí que el refrán del lomo mojado sea solo media verdad: la lluvia de septiembre activa el celo, pero lo que determina si el macho llega en condiciones es la lluvia del otoño anterior. Las precipitaciones de hace un año condicionan el pasto de primavera y verano, y por tanto la condición corporal con la que los venados afrontan su mes más duro. En los años secos, el monte suena menos —menos machos en forma—, pero los pocos ejemplares dominantes acaparan los harenes de hembras con un monopolio casi absoluto.

El calendario tampoco es casualidad. La gestación de la cierva dura unos ocho meses —alrededor de 235 días—, de modo que el apareamiento otoñal garantiza que los cervatillos nazcan en primavera, cuando el campo rebosa de alimento. Si la hembra no queda fecundada, vuelve a ovular unos dieciocho días después, dentro de la misma temporada.

La berrea se apaga: por qué cada año suena más tarde y menos

Aquí llega la parte incómoda. Los datos recopilados durante 25 años en la Reserva Biológica de Doñana por investigadores de las universidades de Córdoba y Granada confirman que el aumento de las temperaturas y la reducción de precipitaciones están retrasando progresivamente la berrea y disminuyendo la frecuencia de los bramidos. El dicho popular lleva razón, pero cada vez llueve más tarde.

📌 Dato clave: un apareamiento tardío provoca nacimientos más adentrado el año, y las crías llegan con menos desarrollo al invierno siguiente. La berrea silenciosa no es solo un monte menos espectacular: es una generación de cervatillos en desventaja.

Mientras la biología se complica, el negocio crece: el ecoturismo de la berrea bate récords, con safaris guiados que en algunos parques nacionales alcanzan los 180 euros por persona. Solo en Extremadura, las empresas de naturaleza ofrecen salidas de entre 45 y 75 euros, muchas con cata de productos de la tierra incluida. La paradoja de pagar por un espectáculo que el clima está arruinando no se le escapa a los biólogos.

Dónde escucharla antes de que termine: cinco escenarios de referencia

Quedan los últimos días —la berrea se concentra hasta mediados de octubre, algo más en zonas de montaña—, y las mejores horas siguen siendo las primeras luces del alba y la caída de la tarde. Estos son los enclaves donde más resuena:

  • ✓Parque Nacional de Monfragüe (Cáceres). El santuario por excelencia: unos 7.000 venados y puntos clásicos como Villarreal de San Carlos o la zona de la Báscula.
  • ✓Sierra de San Pedro y Tajo Internacional (Badajoz/Cáceres). Monte mediterráneo abierto; el mirador de las Viñas, entre Santiago de Alcántara y Carbajo, regala vistas sobre la dehesa.
  • ✓Reserva Regional de Caza de Cíjara (Badajoz). En el nordeste de la provincia, con el observatorio de Valdemoros (Fuenlabrada de los Montes) como atalaya de madera para escuchar sin molestar.
  • ✓Geoparque Villuercas-Ibores-Jara (Cáceres). Sierras y valles en torno a Cañamero, Guadalupe y Alía, otro refugio fiable del ciervo extremeño.
  • ✓Parque Natural de Redes (Asturias) y Cabañeros (Ciudad Real). El norte pone hayedos calizos y el sur, la mancha mediterránea más densa en ciervos de España; en ambos, la berrea resuena entre mediados de septiembre y primeros de octubre.

Un apunte para quien llegue tarde este año: cuando los ciervos callan, toma el relevo la ronca del gamo, su primo hermano de celo, un gruñido gutural más breve que se prolonga unas semanas más, sobre todo al atardecer. En sitios como el Bosque de Riofrío (Segovia), ambos espectáculos llegan incluso a solaparse.

Las reglas no escritas del buen observador

Ver la berrea no consiste en acercarse todo lo posible; consiste justo en lo contrario. Los expertos coinciden en un decálogo mínimo de sentido común: mantener la distancia y usar prismáticos en lugar de pasos, moverse en silencio, evitar flashes, focos y altavoces, no dar comida a los animales y —por muy tentador que parezca para el vídeo de turno— no imitar los bramidos para provocarlos. Un macho alterado por un intruso humano gasta energías que no puede permitirse perder, y una hembra asustada puede abandonar el harén. El monte no es un plató.

Si os acercáis estos días a un mirador extremeño, a un hayedo asturiano o a una dehesa castellana al caer la tarde, no hace falta mucha ciencia: silencio, paciencia y prismáticos. En algún punto del valle, un macho de doscientos kilos está dejando de comer para gritar que existe. Aprovechad mientras dure, porque cada otoño el coro empieza un poco más tarde y suena un poco menos. Y el día que la berrea se calle del todo, el monte habrá perdido bastante más que su banda sonora.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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