Economía
¿Por qué Ubisoft Barcelona afronta tres semanas de huelga por el ERE?
Ubisoft Barcelona afronta tres semanas de paros por un ERE que pone en riesgo 51 empleos y agrava el conflicto laboral en el estudio catalán.

Resumen
- Ubisoft Barcelona afronta tres semanas de paros contra un ERE con 51 despidos
- La protesta se celebrará del 30 de junio al 17 de julio, martes y jueves
- El estudio se centrará en Rainbow Six Siege y perderá casi el 28% de plantilla
La plantilla de Ubisoft Barcelona ha convocado tres semanas de paros parciales para protestar contra el expediente de regulación de empleo que amenaza con dejar fuera a 51 trabajadores, alrededor del 28% del estudio. Las movilizaciones se desarrollarán del 30 de junio al 17 de julio, todos los martes y jueves a partir de las 14.30 horas.
No será una huelga continuada, pero tampoco un gesto simbólico para hacerse una foto a la puerta de la oficina. El comité de empresa pretende obligar a la multinacional francesa a negociar la continuidad de las personas afectadas y a ofrecer garantías sobre el futuro de una sede que reducirá drásticamente su plantilla y concentrará su actividad en Rainbow Six Siege.
Tres semanas de paros contra 51 despidos
Los trabajadores detendrán su actividad durante parte de la jornada los martes y jueves comprendidos entre el 30 de junio y el 17 de julio. La protesta ha sido convocada por el comité de empresa, formado por representantes del Sindicato de Espectáculos, Artes Gráficas, Audiovisuales y Papel, integrado en la CGT y la Coordinadora Sindical del Videojuego, junto con Comisiones Obreras.
El detonante es el nuevo ERE anunciado por Ubisoft para su división barcelonesa. El procedimiento afectará a 51 profesionales de una plantilla de unas 180 personas. Dicho de otra forma: casi tres de cada diez puestos desaparecerán si la empresa ejecuta el recorte en los términos previstos.
La movilización busca abrir una negociación real para evitar o reducir los despidos, no limitarse a discutir las indemnizaciones. Esa diferencia importa. Un periodo de consultas puede convertirse en un trámite administrativo, con reuniones, documentos y café de máquina, o servir para estudiar recolocaciones y alternativas. La plantilla quiere lo segundo.
El estudio quedará concentrado en Rainbow Six Siege
La reestructuración modificará también la función de Ubisoft Barcelona dentro del grupo. El estudio dejará de participar en una cartera diversa de proyectos para centrarse exclusivamente en contenidos y soporte para Rainbow Six Siege, una de las franquicias más estables de la compañía.
Durante los últimos años, los equipos de Barcelona han colaborado en sagas como Assassin’s Creed, Far Cry, The Crew, Ghost Recon e Immortals Fenyx Rising. El ERE golpeará especialmente a profesionales vinculados a proyectos de Assassin’s Creed, según la información trasladada por la representación sindical.
No se trata, por tanto, de podar unas cuantas ramas. Ubisoft está redibujando la identidad del estudio: menos plantilla, menos proyectos y una dependencia mayor de una sola franquicia. La especialización puede mejorar la eficiencia, palabra fetiche en cualquier reestructuración corporativa, pero también deja menos margen para absorber cambios de producción, cancelaciones o decisiones tomadas a miles de kilómetros.
El procedimiento afecta a Ubisoft Barcelona, la división dedicada principalmente al desarrollo para consolas y ordenadores. No incluye a Ubisoft Barcelona Mobile, el estudio especializado en juegos para dispositivos móviles que la compañía también mantiene en la capital catalana.
La distinción evita confusiones, aunque no rebaja la magnitud del ajuste. La sede amenazada forma parte del tejido español del videojuego desde 1998 y ha participado durante casi tres décadas en algunas de las marcas internacionales más conocidas de Ubisoft.
Qué reclama la plantilla además de frenar el ERE
La continuidad de los 51 trabajadores encabeza las reivindicaciones, pero el conflicto arrastra asuntos anteriores que nunca terminaron de cerrarse. El comité reclama un compromiso que proteja el empleo frente a nuevos expedientes durante un periodo mínimo de cinco años.
También exige que se cumplan las promociones y ascensos que habían sido prometidos y posteriormente congelados. Para los representantes laborales, no resulta coherente pedir más flexibilidad y productividad mientras se aplazan mejoras profesionales ya acordadas. El viejo truco corporativo de llamar paciencia a lo que, visto desde la nómina, parece simplemente espera.
La negociación incorpora otra demanda: revisar el plan de mejora salarial y los beneficios asociados al contrato. El malestar, según la plantilla, no nació con el anuncio de junio. El ERE ha actuado más bien como una cerilla sobre un suelo que llevaba tiempo seco.
El teletrabajo vuelve al centro del conflicto
Los sindicatos piden recuperar de forma inmediata el modelo híbrido conocido como 60/40, que permitía trabajar a distancia el 60% del tiempo y acudir presencialmente a la oficina el 40% restante.
La reducción unilateral del teletrabajo ya provocó movilizaciones en febrero de 2025. Los empleados sostenían entonces que la empresa estaba alterando una condición consolidada durante varios años. La discusión reaparece ahora dentro de un problema mucho más grave: cuando 51 puestos están amenazados, la presencialidad deja de ser una cuestión de agenda y pasa a formar parte de una relación laboral deteriorada.
Ubisoft puede defender que reunir a los equipos favorece la coordinación y la creatividad. La plantilla responde que el sistema híbrido funcionaba, estaba integrado en su organización cotidiana y había influido en decisiones personales tan concretas como la vivienda, los cuidados familiares o el lugar de residencia. Entre una diapositiva sobre sinergias y un tren de cercanías a primera hora suele existir cierta distancia. A veces, bastante.
Los despidos forman parte de un ajuste internacional
El recorte en Barcelona no es una decisión aislada. Ubisoft desarrolla una amplia reestructuración internacional destinada a reducir costes, concentrar recursos en sus franquicias más rentables y simplificar una estructura que creció con fuerza durante los años de expansión del mercado.
La misma oleada ha incluido el cierre de los estudios de Winnipeg, en Canadá, y Belgrado, en Serbia, además de reducciones en otras divisiones. En conjunto, los últimos movimientos podrían afectar a cerca de 380 empleos en distintos países.
La empresa francesa lleva varios ejercicios encadenando cancelaciones, cierres y despidos después de que algunos lanzamientos quedaran por debajo de las expectativas comerciales. La dirección pretende reforzar sus marcas principales y abandonar una dispersión de proyectos que considera demasiado costosa. Para el personal, sin embargo, la traducción de ese lenguaje estratégico es bastante menos abstracta: estudios cerrados, carreras interrumpidas y equipos desmantelados después de entregar años de trabajo.
El sector del videojuego vive una paradoja incómoda. Genera más ingresos, alcanza a públicos enormes y presume de sofisticación tecnológica, pero mantiene una notable fragilidad laboral. Los proyectos necesitan cientos de especialistas durante años y, una vez entregados o cancelados, esos mismos equipos pueden convertirse de pronto en una casilla de costes. Mucha épica digital; poca inmunidad en la vida real.
Una negociación que decidirá el tamaño del estudio
Los paros parciales aumentarán la presión durante el periodo en el que deberían negociarse las condiciones del expediente. Su impacto dependerá del seguimiento entre la plantilla y de la disposición de Ubisoft a estudiar medidas que permitan mantener empleos, redistribuir funciones o rebajar el número de salidas.
Por ahora, las posiciones están alejadas. La empresa plantea un estudio más pequeño y especializado en Rainbow Six Siege. El comité reclama preservar los puestos amenazados, recuperar derechos laborales y obtener un blindaje frente a nuevos recortes. Entre ambos extremos queda el terreno de la negociación, que en los ERE suele ser menos cinematográfico que cualquier tráiler, aunque bastante más decisivo.
También está en juego la confianza de quienes continúen en la compañía. Un despido colectivo no termina cuando salen las últimas personas afectadas. Queda la carga de trabajo, la incertidumbre sobre la siguiente reorganización y la sensación de que los proyectos pueden cambiar de continente con una reunión del consejo.
Barcelona, termómetro del empleo en el videojuego
La huelga de Ubisoft Barcelona rebasa las paredes de una única empresa. El resultado será observado por trabajadores de otros estudios españoles, en una industria donde la sindicalización ha avanzado con lentitud y donde durante años se normalizaron jornadas extensas, contratos inestables y picos de trabajo ligados a cada lanzamiento.
Los paros del 30 de junio al 17 de julio medirán hasta qué punto una plantilla organizada puede influir en una reestructuración decidida desde la cúpula internacional. No resolverán por sí solos la crisis de Ubisoft ni la precariedad estructural del sector, claro. Pero colocan una pregunta incómoda sobre la mesa: cuánto talento puede perder una empresa mientras asegura que está protegiendo su futuro.
Ubisoft Barcelona seguirá funcionando, aunque el estudio que salga de este proceso podría ser considerablemente más pequeño y menos diverso. Para los 51 empleados afectados, la discusión no gira alrededor de una franquicia, una estrategia comercial o un gráfico de rentabilidad. Gira alrededor de algo bastante menos virtual: conservar su trabajo.

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