Naturaleza
¿Qué hacen los seis hongos zombi de México, uno dedicado a Del Toro?
Seis hongos zombi de México manipulan hormigas y uno lleva el nombre de Guillermo del Toro: así funciona este sorprendente fenómeno natural.

Los llaman hongos zombi y el apodo, por una vez, no necesita demasiado maquillaje. Seis especies del género Ophiocordyceps documentadas en el oeste de México son capaces de parasitar hormigas, alterar su comportamiento y conducirlas hasta lugares concretos donde mueren. Allí, utilizando el cadáver como soporte y alimento, el hongo completa su desarrollo y libera nuevas esporas. Una de esas especies tiene además un nombre difícil de olvidar: Ophiocordyceps deltoroi, dedicado al cineasta mexicano Guillermo del Toro.
El hallazgo ha vuelto a cobrar actualidad en agosto de 2026 tras las declaraciones del investigador César Eduardo Ballesteros Aguirre, de la Universidad de Guadalajara. Conviene precisar el calendario: las seis especies fueron descritas científicamente en un estudio publicado en 2025 en la revista Persoonia. No estamos, pues, ante seis organismos aparecidos de repente en el bosque mexicano, sino ante especies que la ciencia ha conseguido identificar, comparar y bautizar después de años de muestreos.
Seis nuevas especies escondidas en los bosques de Jalisco
Los ejemplares fueron estudiados en los bosques tropicales del oeste de México, especialmente en los alrededores del Jardín Botánico Haravéri, en San Sebastián del Oeste, Jalisco. Es un escenario casi demasiado apropiado: humedad, vegetación espesa, troncos, hojas y rocas donde las hormigas infectadas terminan fijadas como pequeñas estatuas macabras.
Las seis especies descritas son Ophiocordyceps camponoti-striati, Ophiocordyceps cephalotiphila, Ophiocordyceps deltoroi, Ophiocordyceps haraveriensis, Ophiocordyceps jaliscana y Ophiocordyceps pseudocamponoti-atricipis. Para separarlas no bastó con mirar una hormiga muerta y observar qué sobresalía de ella: los investigadores combinaron morfología, microscopía, secuenciación de ADN, análisis filogenéticos y datos ecológicos.
El estudio también amplió lo conocido sobre sus huéspedes. Los investigadores detectaron asociaciones con hormigas de distintos géneros, entre ellos Camponotus, Colobopsis y Cephalotes. Precisamente la susceptibilidad de dos especies de Cephalotes resultó interesante porque cuestiona la idea de que este complejo de hongos estuviera restringido a un grupo más estrecho de hormigas. La naturaleza, como suele ocurrir, había leído poco los manuales.
Así convierte el hongo a una hormiga en su vehículo
La infección comienza cuando las esporas alcanzan al insecto y penetran su cutícula. Una vez dentro, el hongo se desarrolla en el organismo del huésped y produce compuestos —metabolitos especializados— relacionados con los cambios de comportamiento observados en las hormigas infectadas. Estas empiezan a desplazarse de manera anómala hasta terminar en determinados puntos del bosque.
No es un paseo caprichoso. Para el parásito, la ubicación final importa mucho. Luz, humedad, temperatura y posición pueden facilitar el crecimiento de la estructura reproductiva y la posterior dispersión de las esporas. La hormiga acaba agarrándose con las mandíbulas o las patas a una hoja, una corteza o incluso una roca. Después muere.
Y entonces empieza la escena verdaderamente extraña. Del cadáver emerge la estructura del hongo, que utiliza el cuerpo como fuente de nutrientes y plataforma reproductiva. En determinadas zonas se acumulan numerosos ejemplares infectados, formando lo que los investigadores denominan coloquialmente “cementerios” de hormigas. No hay voluntad ni resurrección, claro; “zombi” es una metáfora popular para describir una manipulación biológica extraordinariamente sofisticada.
Por qué uno de ellos se llama Ophiocordyceps deltoroi
Entre seis nombres científicos poco cómodos para una sobremesa, uno destaca. Ophiocordyceps deltoroi rinde homenaje a Guillermo del Toro, nacido en Jalisco y formado también en la Universidad de Guadalajara antes de convertirse en uno de los grandes nombres del cine fantástico contemporáneo.
La elección tiene bastante más sentido del que podría parecer. Ballesteros ha descrito esta especie como algo “monstruoso y bello”, una combinación que encaja de manera casi sospechosamente perfecta con el universo del director de El laberinto del fauno, La forma del agua o Pinocho. El nombre científico quedó dedicado formalmente al cineasta por su vínculo con Jalisco y por sus criaturas fantásticas.
La especie presenta, además, peculiaridades propias. El trabajo científico señala diferencias morfológicas, ecológicas y de huésped respecto a otros miembros cercanos del complejo Ophiocordyceps unilateralis. No es simplemente el mismo hongo con una etiqueta cinematográfica. Es una especie diferenciada mediante caracteres microscópicos, análisis genéticos y observaciones de campo.
El parentesco real con The Last of Us
La asociación es inevitable. El videojuego y la serie The Last of Us construyen su apocalipsis alrededor de un hongo inspirado en organismos del grupo Cordyceps/Ophiocordyceps, capaces en la naturaleza de parasitar artrópodos y, en algunos casos, modificar su comportamiento.
La realidad es espectacular, pero bastante menos cómoda para Hollywood: estos hongos muestran una fuerte adaptación a huéspedes concretos. El salto desde una hormiga hasta un ser humano no consiste en que una espora tenga un mal día y decida cambiar de menú. No existen huéspedes vertebrados conocidos para los Cordyceps de este tipo y la temperatura corporal humana representa, entre otras barreras, un obstáculo importante para muchos hongos.
Así que no: el descubrimiento mexicano no anuncia una versión tropical del fin del mundo. Sí recuerda algo más interesante —y real—: hasta qué punto la evolución puede producir relaciones entre parásito y huésped que parecen escritas por un guionista con cierta afición al horror.
Hormigas sí; con las arañas conviene precisar
Algunas informaciones difundidas estos días han señalado que los hongos estudiados infectan hormigas y arañas. Los hongos entomopatógenos, como grupo amplio, pueden parasitar diferentes artrópodos, incluidas arañas. Sin embargo, el trabajo científico que describe específicamente estas seis nuevas especies mexicanas se ocupa de hongos del complejo Ophiocordyceps unilateralis asociados a hormigas.
La distinción parece pequeña, pero importa. Las seis especies que protagonizan el hallazgo no deberían presentarse como seis nuevos hongos mexicanos demostrados por el estudio sobre hormigas y arañas indistintamente. Su aportación científica concreta está en las hormigas zombi del oeste de México, sus relaciones con diferentes huéspedes y la diversidad que permanecía sin describir.
También explica por qué encontrar una especie nueva requiere bastante más trabajo que tropezarse con algo raro durante una excursión. El equipo realizó muestreos periódicos, recogió especímenes, fotografió las estructuras, trabajó con microscopía y comparó secuencias genéticas. El nombre llega al final. Antes hay barro, bosque, laboratorio y muchas horas mirando organismos que casi nadie ve.
Qué aporta realmente este descubrimiento
Más allá de su irresistible etiqueta zombi, el trabajo ayuda a comprender la biodiversidad fúngica de México y las relaciones evolutivas entre estos parásitos y sus huéspedes. El propio estudio encontró combinaciones diferentes: una especie de hongo asociada a una hormiga, dos hongos capaces de utilizar una misma especie y una especie fúngica vinculada a más de un huésped. Ese mosaico ofrece pistas sobre cómo se especializan y evolucionan estos organismos.
Hay también interés bioquímico. Los hongos entomopatógenos producen moléculas capaces de interactuar con otros organismos y algunas de esas sustancias son objeto de investigación farmacológica. Eso no significa que los seis hongos de Jalisco sean una nueva farmacia contra el cáncer —ese salto sería bastante más rápido que el de una hormiga zombi—, sino que conocer su química abre líneas de investigación que todavía deben estudiarse y demostrarse.
Y queda un asunto más grande: cuánto falta por encontrar. Los autores señalan que probablemente existan todavía numerosas especies desconocidas debido a la diversidad de huéspedes y a la enorme especialización de estas relaciones. Un pequeño fragmento de bosque puede esconder varias historias evolutivas distintas bajo una hoja.
El bosque de Jalisco aún guarda más especies
La imagen que deja el hallazgo es poderosa: una hormiga abandona su comportamiento habitual, busca un lugar favorable para un organismo que crece dentro de ella, se aferra al sustrato y muere; días después, de su cuerpo emerge el aparato reproductor del hongo. Terror biológico en miniatura, aunque para el bosque no sea terror. Es simplemente evolución funcionando.
Las seis especies mexicanas permiten mirar ese proceso con más detalle y colocan a Jalisco en el mapa de investigación de los Ophiocordyceps. Una lleva el apellido de Guillermo del Toro, otra honra al propio estado y otra al Jardín Botánico Haravéri. Detrás de los nombres llamativos queda lo esencial: seis organismos que estaban allí mucho antes de recibir nombre y que muestran hasta qué extremos puede llegar la relación entre un parásito y su huésped.
La ficción imaginó humanos huyendo de Cordyceps. En los bosques mexicanos la escena es más pequeña, silenciosa y, precisamente por ser real, bastante más extraña.

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