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¿Cómo siguen Javier Calvo y Ambrossi tras su ruptura sentimental?

Javier Calvo y Javier Ambrossi hablan de su ruptura, su nueva relación y el motivo por el que creen que trabajar juntos funciona mucho mejor.

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los javis en los goyas 2020

Javier Calvo y Javier Ambrossi ya no son pareja, pero tampoco han convertido su separación en una demolición controlada de todo lo que construyeron juntos. Los dos cineastas mantienen su amistad, su vínculo familiar y su sociedad creativa. Es más: sostienen que trabajar juntos resulta ahora más fácil que cuando vida sentimental y profesional ocupaban exactamente el mismo espacio.

La ruptura, que se hizo pública en noviembre de 2025 después de más de una década de relación, se produjo durante el rodaje de La bola negra. Meses después, en su primera gran entrevista conjunta tras la separación, han puesto palabras a lo ocurrido. No hablan de reconciliación ni dejan una puerta romántica cuidadosamente entreabierta para alimentar titulares. La pareja terminó; la relación entre ambos, no. Ambrossi lo sintetiza de una manera bastante poco melodramática para los estándares de la prensa del corazón: siguen siendo familia y considera que todo ha mejorado.

La ruptura de Javier Calvo y Ambrossi ocurrió en pleno rodaje

Durante meses se sabía lo esencial. Javier Calvo y Javier Ambrossi habían terminado su relación sentimental, pero continuarían trabajando juntos. Faltaba, sin embargo, una parte bastante más interesante que el habitual inventario de mudanzas, casas y fotografías de Instagram: saber cómo se había producido realmente la separación.

Ambrossi ha explicado que ocurrió a mitad del rodaje de La bola negra. Fue difícil y, según reconoce, todavía existe una parte dolorosa porque había imaginado que permanecerían juntos para siempre. La frase importa precisamente porque evita la caricatura de las rupturas impecables, esas que parecen redactadas por un departamento de comunicación. Separarse puede ser la decisión correcta y doler al mismo tiempo. Las dos cosas caben en la misma habitación.

Calvo y Ambrossi habían compartido durante años bastante más que una relación sentimental. Había casa, amistades, una productora, equipos de trabajo, proyectos, viajes, promoción, premios y hasta una identidad pública común: Los Javis. Pocas parejas han convertido dos nombres propios en una marca cultural tan reconocible en España.

Ahí estaba parte del problema.

De pareja a familia: qué relación tienen ahora Los Javis

Ambrossi explica que la convivencia entre lo sentimental y lo profesional había terminado invadiéndolo todo. Trabajo y vida privada se mezclaban hasta dejar poco espacio individual. Después de separarse, asegura, esa frontera reapareció: cuando trabajan, trabajan; fuera de ahí cada uno dispone de una vida propia.

No parece una revelación revolucionaria. Sin embargo, aplicada a dos personas que durante años fueron pareja, amigos, socios, guionistas, directores y productores simultáneamente, cambia bastante el paisaje. La distancia personal ha reducido la fricción profesional.

Calvo describe esa nueva dinámica con otra idea: cada uno puede enriquecerse por su cuenta y regresar al trabajo con experiencias propias. El resultado, dicen, es una relación donde existe más admiración y menos competición.

Es un matiz interesante porque rompe con la imagen pública construida alrededor de Los Javis. Durante mucho tiempo parecían funcionar como una sola criatura creativa de cuatro brazos: uno empezaba una frase, el otro la completaba; uno dirigía, el otro estaba al lado; entrevistas, alfombras rojas y proyectos aparecían firmados casi siempre en plural.

Menos fusión, más espacio para Javier Calvo y Javier Ambrossi

Ambrossi llevaba tiempo hablando de la necesidad de recuperar una identidad propia. Antes incluso de que la separación fuese conocida públicamente, había explicado que necesitaba reconectar con amistades anteriores y entender quién era fuera de ese ente llamado Los Javis.

Calvo, por su parte, dejó claro tras conocerse la ruptura que Ambrossi seguía siendo una de las personas fundamentales de su vida y que mantenían su amistad. Lo que entonces podía interpretarse como el lenguaje prudente de dos socios con muchos proyectos en común ha adquirido más contexto con sus declaraciones recientes.

No han decidido fingir que nada ocurrió. Tampoco necesitan convertir trece años compartidos en territorio enemigo. Parece una obviedad, pero el ecosistema de la celebridad suele tratar una separación como si hubiera que repartir también los recuerdos, los amigos y hasta los restaurantes frecuentados. Aquí el modelo es distinto.

Siguen viéndose, siguen creando y siguen considerándose familia. La diferencia es que ya no necesitan ser pareja para sostener todo lo demás.

La bola negra, la película atravesada por la separación

Que la ruptura sucediera precisamente durante La bola negra añade una capa peculiar a la historia. No hablamos de un proyecto menor terminado por compromiso, sino de una de las películas más ambiciosas de la carrera de Javier Calvo y Javier Ambrossi.

El filme toma como punto de partida una obra inacabada de Federico García Lorca y también dialoga con La piedra oscura, de Alberto Conejero. Entrecruza las vidas de tres hombres en tres momentos de una España fracturada —1932, 1937 y 2017— y coloca en el centro el deseo, la sexualidad, la violencia, la memoria y aquello que una generación termina dejando a la siguiente.

Está protagonizada por Guitarricadelafuente, Miguel Bernardeau, Carlos González y Milo Quifes, con Lola Dueñas, Penélope Cruz y Glenn Close en el reparto. No precisamente una pequeña producción hecha entre amigos un fin de semana.

La película compitió en el Festival de Cannes y Javier Calvo y Javier Ambrossi obtuvieron allí el premio a la mejor dirección ex aequo. Su recorrido internacional continúa antes de llegar a las salas españolas, con presencia también en festivales como Toronto y San Sebastián. Su estreno comercial en España está previsto para el 25 de septiembre de 2026.

Hay cierta ironía en el asunto. Mientras filmaban una obra sobre el deseo, la pérdida, la identidad y las vidas transformadas por aquello que heredamos, su propia relación estaba cambiando de forma fuera de cámara. Conviene no convertir esa coincidencia en psicología barata; una película no es el diario secreto de sus autores. Pero resulta difícil no advertir el eco.

La marca Los Javis sigue existiendo después de la ruptura

La gran incógnita cuando trascendió la separación era bastante terrenal: qué ocurriría con Los Javis como sociedad artística. Tenían demasiado construido en común para que la pregunta fuese simple cotilleo. Suma Content, su productora, y una larga cadena de proyectos dependen de una colaboración creativa cultivada durante años.

Hasta el momento, la respuesta es clara: siguen juntos profesionalmente.

Calvo y Ambrossi escriben, dirigen y producen como equipo. No presentan su separación como una etapa transitoria hasta que cada uno desarrolle una carrera independiente, sino como una reorganización de la relación. Los Javis continúan existiendo aunque Javier Calvo y Javier Ambrossi hayan dejado de ser pareja.

Su trayectoria explica por qué importa. La llamada convirtió un pequeño fenómeno teatral en película; Paquita Salas pasó de producción modesta a icono pop; Veneno transformó la historia de Cristina Ortiz en una de las series españolas con mayor resonancia internacional de los últimos años; La Mesías confirmó que podían abandonar parte de su registro más reconocible y entrar en un terreno mucho más oscuro sin perder identidad.

Con La bola negra han llevado esa ambición al cine de gran escala. Cannes, un reparto internacional, Lorca, memoria histórica, sexualidad, guerra. El salto es considerable. Y ha ocurrido, paradójicamente, mientras la pareja sentimental que estaba detrás de la firma común desaparecía.

Una pareja terminó; Los Javis no

La historia de Javier Calvo y Javier Ambrossi después de su ruptura tiene menos misterio del que algunos titulares permiten imaginar. No han vuelto como pareja. Tampoco se han distanciado hasta convertirse en dos antiguos socios que intercambian correos a través de abogados.

Han encontrado otro lugar.

Ambrossi admite que separarse fue doloroso porque imaginaba una vida entera junto a Calvo, pero considera que la decisión les permitió recuperar espacio personal y mejorar su relación. Calvo coincide en que la independencia individual ha aportado aire nuevo a su trabajo conjunto. Hay afecto, amistad, familia y proyectos compartidos; lo que desapareció fue el componente sentimental.

Quizá esa sea la parte menos espectacular y, precisamente por eso, la más interesante. Después de tantos años vendiéndonos culturalmente que una ruptura debe terminar con portazos, bloques en WhatsApp y amigos obligados a escoger bando, dos personas pueden descubrir que dejar de ser pareja no obliga a borrarse de la vida del otro.

Los Javis continúan. Solo que el plural significa otra cosa.

Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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