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Economía

¿Por qué Jane Street perdió 15.000 millones con el desplome de la IA?

Jane Street perdió 15.000 millones en julio tras el desplome de la IA, el apalancamiento y una cadena de apuestas tecnológicas que se torció.

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Wall Street nuevos récords en 2026

Jane Street, uno de los gigantes más discretos y sofisticados de Wall Street, sufrió en julio un golpe de alrededor de 15.000 millones de dólares. El origen estuvo en una combinación bastante menos misteriosa que sus algoritmos: su exposición al fondo de inteligencia artificial Situational Awareness, las fuertes caídas de acciones tecnológicas y otras posiciones que habían funcionado magníficamente durante los meses anteriores. Hasta que dejaron de hacerlo.

No significa que Situational Awareness le hiciera perder por sí solo esos 15.000 millones. Ese matiz importa. Las pérdidas de Jane Street abarcaron también otras inversiones tecnológicas y posiciones largas en compañías asiáticas ajenas a la IA. El resultado, sin embargo, fue excepcional: julio se convirtió en su primer mes con ingresos de negociación negativos desde 2016. Y aun así, la firma acumula más de 40.000 millones de dólares de ingresos de trading en 2026, por encima de los 39.600 millones obtenidos durante todo 2025. Un mal mes, sí. Pero un mal mes de dimensiones que en otro banco ocuparían varios ejercicios.

El fondo de IA que pasó de estrella a problema

Para entender el golpe hay que mirar hacia Situational Awareness, el hedge fund fundado por Leopold Aschenbrenner, antiguo investigador de OpenAI y una de las figuras más llamativas de la fiebre inversora alrededor de la inteligencia artificial.

Aschenbrenner había construido una tesis sencilla de explicar y mucho más complicada de ejecutar: si la IA iba a transformar la economía, harían falta cantidades gigantescas de chips, memoria, centros de datos, energía e infraestructura informática. En vez de limitarse a apostar por las empresas creadoras de modelos, el fondo se colocó alrededor de toda esa enorme maquinaria.

Durante un tiempo fue extraordinariamente bien. Situational Awareness llegó a obtener una rentabilidad de aproximadamente 439% en el primer semestre de 2026. El éxito atrajo capital, multiplicó el tamaño del fondo y convirtió a Aschenbrenner en una pequeña celebridad financiera. Jane Street estaba entre sus inversores.

Ese detalle es importante porque la participación de Jane Street también había crecido simplemente porque el fondo ganaba dinero. Tras el desplome de julio, esa inversión quedó aproximadamente plana en 2026, aunque seguía siendo rentable desde que Jane Street había entrado en ella. Es decir: parte de lo perdido era una montaña de beneficios acumulados que se evaporó a una velocidad poco decorosa.

Cuando el apalancamiento empieza a trabajar en dirección contraria

El ingrediente que convirtió una corrección bursátil en algo mucho más serio fue el apalancamiento. Situational Awareness utilizaba financiación prestada para aumentar el tamaño de sus posiciones. Mientras las acciones suben, ese mecanismo amplifica las ganancias. Cuando bajan, conserva exactamente el mismo entusiasmo matemático, solo que al revés.

En julio llegó el vuelco. Varias compañías relacionadas con semiconductores, memoria e infraestructura de IA sufrieron caídas muy pronunciadas. Algunos de los grandes valores de memoria y chips llegaron a retroceder alrededor del 50% durante el mes. Situational Awareness perdió cerca del 67% en julio después de haber firmado aquel espectacular primer semestre.

Las llamadas de margen hicieron el resto

Cuando un inversor opera con dinero prestado y sus activos pierden demasiado valor, sus financiadores pueden exigir nuevas garantías. Es la llamada de margen. Si no aparece suficiente capital fresco, hay que vender activos.

Y vender cuando todo el mundo sabe que necesitas vender suele ser un negocio estupendo. Para el comprador.

Situational Awareness terminó deshaciendo la mayor parte de una cartera de acciones cotizadas que había rondado los 16.000 millones de dólares. Entre sus posiciones figuraban compañías como Broadcom, Intel y CoreWeave. Grandes operadores de Wall Street participaron en la operación y Citadel compró buena parte de los activos. Tras la reestructuración, Situational mantuvo una cartera mucho menor, incluida su participación privada en Anthropic.

Jane Street tenía seguros, pero protegían contra otro accidente

Hay un detalle especialmente interesante porque explica cómo una casa famosa precisamente por gestionar riesgos pudo recibir semejante golpe.

Jane Street utilizaba opciones de venta, o puts, para protegerse frente a desplomes repentinos. Una put puede ganar valor cuando cae el activo subyacente y actuar como una especie de seguro financiero. El problema fue la forma de la caída.

Las acciones de IA no se desplomaron todas de golpe en una única sesión apocalíptica. Fueron perdiendo terreno a lo largo del mes. Las coberturas de muy corto plazo diseñadas para un shock rápido ofrecieron así bastante menos protección de la esperada. Esas defensas ayudaron poco porque las pérdidas estuvieron relativamente repartidas durante julio.

Es una paradoja bastante elegante, aunque cara: se había preparado el paraguas para una tormenta y terminó calándose con una lluvia persistente.

La firma también perdió dinero con posiciones largas en Asia, incluidas compañías que no estaban directamente relacionadas con la inteligencia artificial y que habían destacado durante el segundo trimestre. En buena medida, fueron precisamente algunas de las apuestas que habían producido fuertes beneficios semanas antes las que se volvieron contra ella.

El mes negro de los hedge funds tecnológicos

Jane Street y Situational Awareness no estaban aislados. Julio fue particularmente duro para los fondos que se habían concentrado en el gran negocio bursátil de los últimos años: semiconductores, infraestructura digital e inteligencia artificial.

El índice tecnológico de HFR cayó alrededor de un 7%, su peor mes desde 2008. Determinados hedge funds especializados en tecnología, medios y telecomunicaciones sufrieron pérdidas próximas al 10%, incluso dejando aparte el extraordinario hundimiento de Situational Awareness.

El mecanismo era conocido. Muchos fondos poseían prácticamente las mismas acciones ganadoras. Algunos habían aumentado las posiciones con deuda. Cuando los precios comenzaron a caer, tuvieron que reducir exposición; esas ventas presionaron todavía más las cotizaciones y provocaron nuevas reducciones de riesgo. El mercado financiero tiene estas delicadezas: en ocasiones todos descubren simultáneamente que la puerta de salida es mucho más estrecha que la de entrada.

Jane Street reaccionó cerrando una parte importante del riesgo relacionado con las áreas que habían provocado las pérdidas y reduciendo exposición también en otras estrategias. La firma considera que sus posiciones encajan mejor con su tolerancia al riesgo. No parece una retirada de los mercados tecnológicos, sino una reducción del tamaño de determinadas apuestas.

Citadel encontró la otra cara del derrumbe

Mientras Situational Awareness vendía bajo presión, Citadel compraba. Y el contraste fue notable.

El fondo Wellington de Citadel ganó alrededor del 6% en julio; su estrategia Tactical Trading avanzó un 11%, mientras que su fondo centrado en renta variable subió aproximadamente un 14,2% durante el mes. Citadel adquirió buena parte de los activos liquidados por Situational Awareness cuando el fondo estaba sometido a llamadas de margen.

No demuestra que Citadel tenga razón sobre cada empresa de IA ni que Situational estuviera equivocado acerca del futuro de la tecnología. Demuestra algo bastante más antiguo que la inteligencia artificial: el precio de entrada importa casi tanto como la historia que se cuenta sobre una inversión.

Aschenbrenner había ganado cantidades extraordinarias apostando pronto y con intensidad por la expansión de la IA. Citadel pudo beneficiarse comprando parte de aquellas mismas apuestas cuando otro inversor estaba obligado a desprenderse de ellas.

La tecnología es nueva. Esa escena lleva siglos funcionando.

La IA sigue creciendo; el riesgo también era real

El episodio tampoco equivale a demostrar que la llamada burbuja de la inteligencia artificial haya estallado definitivamente. Después de la sacudida de julio, algunos valores de semiconductores recuperaron parte del terreno perdido y el índice Philadelphia Semiconductor rebotó alrededor de un 10% durante los primeros días de agosto.

Lo ocurrido sí desmonta una idea bastante más cómoda: que acertar sobre una transformación tecnológica garantiza acertar continuamente en Bolsa.

Una empresa puede tener un futuro extraordinario y estar demasiado cara. Una industria puede multiplicar su tamaño y ofrecer, entretanto, pérdidas brutales a quien compre con demasiado apalancamiento. Incluso una tesis correcta puede convertirse en una inversión desastrosa si el tiempo, el precio o la financiación son equivocados.

Situational Awareness fue durante meses uno de los ejemplos más espectaculares del dinero ganado con la carrera de la IA. En julio pasó a representar el reverso: concentración, deuda y liquidez convertidas en un cóctel peligroso cuando el mercado cambia de dirección.

Wall Street descubre que los algoritmos también sangran

Jane Street continúa siendo una de las firmas de negociación más poderosas del mundo. Opera en más de 200 mercados, mueve desde acciones y bonos hasta divisas, materias primas, derivados y ETF, y su facturación de 2026 sigue siendo extraordinaria pese al agujero de julio. El episodio difícilmente puede describirse como una crisis existencial.

Pero sí resulta revelador. Una firma construida alrededor de modelos cuantitativos, datos en tiempo real y una cultura casi obsesiva de control del riesgo sufrió unos 15.000 millones de dólares de pérdidas cuando varias operaciones que habían funcionado demasiado bien comenzaron a fallar a la vez.

Ese es quizá el dato más útil de toda la historia. La inteligencia artificial puede cambiar industrias enteras, y probablemente lo hará. No ha cambiado una vieja costumbre de los mercados: después de meses de beneficios extraordinarios, resulta peligrosamente fácil confundir una posición ganadora con una ley de la naturaleza. Julio recordó que no lo era.

Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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