Economía
“50 de ustedes votaron a Milei», dijo un empresario antes de despedirlos
Will Der cerró dos plantas, dejó 120 empleos afectados y su dueño culpó a Milei entre lágrimas, mientras empeora la crisis textil argentina.

Un empresario argentino rompió a llorar delante de sus trabajadores mientras explicaba el cierre de dos plantas textiles y dejó una frase que, en pocas horas, salió de la fábrica y entró de lleno en la discusión política: “50 de ustedes votaron a Milei”. No era un recuento de votos ni el resultado de una encuesta entre la plantilla. Era una estimación lanzada en pleno discurso por Armando Anasal, socio del grupo Will Der, antes de pedir a los empleados que pensaran bien su voto la próxima vez.
Detrás de la escena viral hay algo bastante menos episódico. Will Der SA cerró sus plantas de Las Flores y la zona de General Pacheco, en la provincia de Buenos Aires, y dejó afectados a unos 120 trabajadores, alrededor de 30 en la primera fábrica y 90 en la segunda. Los responsables de la compañía atribuyeron la decisión a la falta de pedidos, el deterioro del consumo, las dificultades financieras y la competencia de la ropa importada. El caso se produce, además, en uno de los sectores industriales que peor está atravesando 2026 en Argentina.
La escena tiene la violencia tranquila de ciertos cierres empresariales: una nave que se vacía, máquinas paradas, empleados escuchando y varios directivos intentando explicar que ya no salen las cuentas. Nada de campanas ni grandes anuncios. Solo números, deudas, familias y una discusión política que esta vez ocurrió a pocos metros de las mesas de corte.
Dos plantas cerradas y 120 empleos afectados
El desenlace se comunicó el viernes 7 de agosto. Primero fueron informados los trabajadores de Las Flores y después los de la planta bonaerense conocida habitualmente como General Pacheco, situada en el partido de Tigre. Tras el fin de semana, varios empleados acudieron al establecimiento y se encontraron los accesos cerrados y personal de seguridad en el interior.
La cifra que aparece de manera más consistente en la información posterior es de 120 trabajadores afectados, aunque algunas publicaciones iniciales elevaron el número hasta aproximadamente 140. El propio municipio de Las Flores confirmó después que eran 120 los empleados que quedarían desvinculados y señaló que la empresa tenía a su plantilla registrada y debía afrontar indemnizaciones y seguros correspondientes.
Will Der no era precisamente un pequeño taller desconocido. Fundada en 2006 por Marcelo López Imizcoz, empresario con décadas de trayectoria en el negocio textil, confeccionó indumentaria para firmas como Adidas, Puma, Lacoste, Fila, Salomon, New Balance y Macron. El grupo había tejido una estructura productiva en la que Pacheco realizaba tareas como corte y estampado, Las Flores asumía parte de la confección y el producto regresaba después para su terminación y empaquetado.
Junto a López Imizcoz aparecen otros nombres. Santiago “Tati” Phelan, antiguo jugador y seleccionador de Los Pumas, figura como presidente de la compañía, mientras que Armando Anasal es uno de sus socios. Y conviene introducir un matiz importante: el cierre afecta a las dos plantas bonaerenses citadas, pero otras actividades vinculadas al grupo seguían funcionando, entre ellas una fábrica de medias en Malvinas Argentinas y Rocotex, instalada en Catamarca.
El discurso que convirtió un despido en una discusión política
Fue durante la reunión con la plantilla cuando el cierre dejó de ser únicamente una noticia empresarial. Phelan explicó a los empleados que llevaban tiempo buscando encargos y alternativas para mantener la producción. Habían intentado conseguir incluso trabajos alejados de su negocio habitual, como ropa para empresas mineras, mientras los pedidos de las marcas llegaban cada vez más tarde.
El problema, según el relato empresarial, no era uno solo. Menos consumo, más prendas extranjeras compitiendo con la fabricación local, clientes que no reponían existencias y cobros diferidos durante meses. Una mezcla bastante venenosa para una industria que necesita mantener ocupadas máquinas y personas para diluir sus costes fijos.
Phelan también explicó que habían recurrido a financiación para pagar el aguinaldo —la paga extraordinaria argentina— y contó una de esas pequeñas historias que describen mejor una crisis que veinte gráficos: un pedido de camisetas vinculadas a Lali Espósito les había ayudado a reunir dinero para cumplir ese pago salarial.
Después habló Armando Anasal. Y ahí cambió el tono.
El empresario, entre lágrimas, sostuvo que después de medio siglo dedicado al sector había llegado a la conclusión de que política y vida cotidiana no circulaban por carreteras separadas. “La política nos hundió”, resumió. Luego dirigió el mensaje hacia quienes habían respaldado electoralmente al Gobierno de Javier Milei.
“50 de ustedes votaron a Milei” no era un dato sobre la plantilla
La frase que se ha viralizado necesita una precisión. Anasal no sabía que exactamente 50 trabajadores hubieran votado a Javier Milei. Su razonamiento fue otro: partiendo del amplio apoyo electoral recibido por el presidente, supuso que dentro de una plantilla de unas cien personas habría decenas de votantes libertarios y calculó, de manera retórica, que podían ser unos 50.
El sentido político del mensaje, eso sí, fue inequívoco. Les pidió que recordaran aquella situación cuando volviesen a las urnas y defendió que las decisiones políticas terminan atravesando asuntos que parecen privados: el salario, una fábrica, una compra, una hipoteca o un empleo.
Hay una paradoja incómoda ahí. Un empresario que durante décadas evitó identificarse con la política terminaba dando, precisamente en el momento de despedir trabajadores, una lección política improvisada. La fábrica convertida en urna, podríamos decir, aunque esta vez las papeletas eran nóminas.
La escena también despertó críticas por motivos evidentes. Los empleados perdían su trabajo y algunos reclamaban todavía explicaciones sobre indemnizaciones y cantidades pendientes. Para ellos, las lágrimas del empresario podían ser sinceras, pero no pagaban el alquiler. Ambas cosas pueden coexistir: el dueño puede lamentar profundamente el cierre y el trabajador seguir siendo quien se marcha a casa sin empleo.
Qué razones dio Will Der para bajar la persiana
Los responsables de Will Der sostienen que venían intentando sostener las plantas desde hacía aproximadamente año y medio. Según su versión, cada vez resultaba más difícil conseguir producción suficiente para mantenerlas funcionando y las marcas estaban retrasando compras y reposiciones.
A eso añadieron un problema financiero clásico en la economía argentina: cobrar muy tarde. La empresa describió operaciones mediante cheques con vencimientos que llegaban hasta los 150 días, necesidad de descontarlos para conseguir liquidez y una acumulación creciente de deuda.
La otra variable señalada fue la importación de ropa. Phelan sostuvo ante los empleados que una parte del producto extranjero estaba sustituyendo producción nacional. Esa afirmación empresarial no aparece aislada. Los datos sectoriales muestran un fuerte incremento de la entrada de prendas terminadas durante 2026.
Entre enero y mayo, las importaciones argentinas de indumentaria alcanzaron 25.491 toneladas, un 73% más que durante los mismos meses de 2025. En valor fueron unos 369 millones de dólares, un incremento del 39%. La diferencia entre ambos porcentajes indica otra cuestión importante: entró mucha más ropa y a un precio medio menor.
Esto no convierte automáticamente cada cierre industrial en consecuencia exclusiva de una medida gubernamental. Las empresas tienen estructuras de costes distintas, niveles de deuda, productividad, gestión, contratos y clientes diferentes. Pero sí coloca el cierre de Will Der dentro de un fenómeno sectorial bastante visible.
La crisis textil pone cifras al relato
La estadística oficial permite escapar un momento del vídeo y mirar las máquinas desde arriba. En junio de 2026, mientras el conjunto de la industria manufacturera argentina logró crecer un 2% interanual, la producción de productos textiles cayó un 15,9% y la rama de prendas de vestir, cuero y calzado retrocedió un 8,4%. Es decir, el problema textil no puede confundirse sin más con una caída uniforme de toda la industria argentina. El comportamiento es mucho peor en este sector concreto.
Otro termómetro dice prácticamente lo mismo. En junio, las fábricas textiles utilizaron solo el 46,6% de su capacidad instalada. Más de la mitad del potencial productivo permanecía, por tanto, sin utilizar. El conjunto de la industria estaba en el 59,1%.
También se ha deteriorado el empleo. Los datos divulgados por la Federación de Industrias Textiles Argentinas situaban en 95.094 los trabajadores registrados del sector en abril de 2026, 15.468 menos que un año antes. Desde diciembre de 2023, la pérdida acumulada superaba los 25.600 puestos.
Aquí el llanto de una fábrica empieza a parecer menos anecdótico. Will Der tiene nombres propios y un vídeo especialmente potente, pero alrededor hay una industria funcionando a medio gas, menos empleo y una montaña creciente de producto extranjero entrando en un mercado interno que tampoco rebosa compradores.
La apertura importadora, la parte que el Gobierno defiende
El diagnóstico de los empresarios textiles no coincide, naturalmente, con el del Ejecutivo de Javier Milei. La apertura comercial forma parte de una política deliberada, no de un accidente.
En marzo de 2025 el Gobierno redujo los aranceles de importación de ropa y calzado del 35% al 20%, los de tejidos del 26% al 18% y los aplicados a diferentes hilados hasta niveles de entre el 12% y el 16%. La argumentación oficial fue muy distinta a la de Will Der: Argentina tenía ropa extraordinariamente cara frente a otros países y una mayor competencia exterior debía ayudar a bajar precios y obligar al tejido productivo a ganar competitividad.
También se flexibilizaron las compras internacionales mediante servicios de mensajería y otros procedimientos aduaneros. El Gobierno considera que proteger durante décadas determinadas actividades mediante aranceles elevados termina trasladando la factura al consumidor. Los industriales replican que abrir el mercado rápidamente, sin una reducción equivalente de impuestos y costes internos, les obliga a competir con mercancía producida bajo estructuras económicas difícilmente comparables.
Ese es, en realidad, el conflicto detrás del vídeo. No simplemente Milei contra un empresario que llora, ni empresarios contra consumidores que quieren ropa barata. La discusión es cuánto tiempo y qué condiciones necesita una economía para pasar de un modelo protegido a otro más abierto sin dejar por el camino una parte demasiado grande de su estructura productiva.
Y esa respuesta no cabe en un eslogan.
Cuando la política entra por la puerta de la fábrica
Will Der había fabricado durante años prendas para algunas de las marcas deportivas más reconocibles del mundo. En agosto de 2026, dos de sus plantas bonaerenses dejaron de producir y unos 120 empleados afrontaron la pérdida de sus puestos de trabajo. Las instalaciones, según el relato de quienes estuvieron allí, pasaron en cuestión de días del ruido habitual de la confección al silencio.
El vídeo ha circulado porque tiene todos los ingredientes de la época: Milei, despidos, importaciones, empresarios, trabajadores y lágrimas. Pero su parte más reveladora quizá sea menos espectacular. Los indicadores textiles acompañan buena parte del deterioro que describieron los propietarios, aunque no demuestran que una única política explique por sí sola la caída de una empresa concreta.
Tampoco aquellos “50 votos” eran 50 votos comprobados. Eran una cifra retórica, una manera abrupta de decirles a los trabajadores que las decisiones tomadas dentro de una cabina electoral pueden acabar llegando hasta una mesa de corte.
Durante años Anasal creyó que podía mantenerse lejos de la política mientras se ocupaba de producir. Acabó hablando de ella delante de una fábrica que se apagaba. A veces la política entra por televisión; otras, mucho menos abstracta, entra por la puerta de personal y deja una máquina sin nadie delante.

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