Economía
¿Dónde quedó la inflación cero que Milei prometió para mitad de 2026?
Milei prometió inflación cero para mitad de 2026 pero los precios siguieron subiendo. Los datos muestran qué ocurrió con la promesa de Milei.

La inflación cero que Javier Milei situó repetidamente en torno a mediados de 2026 no llegó. El dato oficial de junio fue del 1,9% mensual y el de julio volvió a subir hasta el 2,1%. En los primeros siete meses del año, los precios acumularon un aumento del 19,3%. La inflación, por tanto, bajó muchísimo respecto a los niveles que Argentina padecía cuando el libertario llegó al poder, pero no desapareció ni se acercó todavía al cero mensual anunciado.
Hay una precisión importante. Milei fue modificando con el tiempo el alcance de su pronóstico: pasó de hablar de una inflación que desaparecería a mediados de 2026 a plantear después que en agosto el índice podría “empezar con cero”, es decir, situarse por debajo del 1% mensual. Agosto todavía se está midiendo y su IPC no se conocerá hasta septiembre. Esa última versión de la previsión conserva técnicamente unas semanas de vida; la promesa original, la de una inflación extinguida a mitad de año, no.
Milei puso fecha a la desaparición de la inflación
No fue una frase perdida entre cientos de entrevistas. Durante 2025, el presidente argentino convirtió la segunda mitad de 2026 en una suerte de estación final para uno de los problemas más persistentes de la economía del país.
En abril de aquel año habló de una “fecha de defunción” para la inflación y la colocó a mitad de 2026. Un mes después insistió en que para entonces Argentina dejaría de tener inflación. En junio sostuvo que pasaría a formar parte del pasado; en los meses siguientes volvió sobre la misma idea, mientras vinculaba el pronóstico al retraso con el que, según su interpretación monetarista, actúan las decisiones del Banco Central.
El argumento presidencial era bastante sencillo de explicar, aunque bastante menos sencillo de convertir en calendario. El Gobierno había restringido fuertemente la creación de dinero y Milei sostenía que los efectos completos de esa política tardaban entre 18 y 24 meses; más adelante incluso habló de 26. Si el control monetario decisivo se había producido a mediados de 2024, el golpe final contra la inflación debía sentirse entre mediados y agosto de 2026.
El reloj económico, sin embargo, ha resultado bastante menos puntual que el presidencial.
De “se termina” a “cero coma algo”
La formulación fue cambiando a medida que se acercaba la fecha. En octubre de 2025, Milei trasladó el horizonte hasta agosto de 2026 y habló directamente de inflación cero. En diciembre afinó el lenguaje: para mitad de año o agosto, dijo, el índice debía situarse en “cero coma algo”.
Ya en marzo de 2026, la afirmación era más cautelosa. El Gobierno seguía confiando en que durante agosto el dato pudiera empezar por cero. La diferencia parece pequeña escrita sobre un papel, pero económicamente no lo es. Una inflación del 0,8% mensual no equivale a ausencia de inflación; significa que los precios continúan subiendo, aunque a un ritmo muy reducido.
Ahí está una de las peculiaridades de esta historia. La promesa inicial era rotunda, casi funeraria: la inflación iba a morir. El objetivo posterior pasó a ser más modesto: que siguiera respirando, pero muy despacio.
Los datos de 2026 dejaron atrás aquel calendario
El comienzo del año hizo difícil sostener el pronóstico original. La inflación mensual fue del 2,9% en enero y otro 2,9% en febrero. Marzo empeoró el cuadro, con un 3,4%, antes de que comenzase una nueva etapa de desaceleración: abril bajó al 2,6%, mayo al 2,1% y junio al 1,9%.
Ese 1,9% de junio tenía una doble lectura. Era un dato claramente mejor que el registrado apenas tres meses antes y confirmaba que la desinflación volvía a avanzar. Pero junio era también, precisamente, uno de los meses que Milei había utilizado como referencia para anunciar el final del problema. Los precios no habían dejado de subir: lo habían hecho casi un 2% en treinta días.
Julio terminó de enfriar el entusiasmo. El IPC aumentó un 2,1% mensual, dos décimas más que en junio, mientras el acumulado de enero a julio alcanzaba el 19,3%. La inflación interanual se situó en torno al 34%.
Tampoco todos los precios se movieron igual. El componente núcleo —que intenta observar la tendencia más persistente dejando fuera precios estacionales y regulados— avanzó un 1,8% en julio. Los productos estacionales, por contra, registraron aumentos bastante mayores. Para un hogar, claro, estas categorías estadísticas tienen menos poesía: el ticket de caja no distingue entre inflación núcleo y una verdura que se ha encarecido porque tocaba.
La promesa falló, pero la desinflación existe
Convertir este episodio simplemente en “Milei mintió” sería cómodo y políticamente rentable para sus adversarios, pero explicaría mal lo ocurrido. Presentarlo como una promesa cumplida también exigiría una gimnasia verbal considerable.
La realidad queda en medio, ese lugar bastante poco cinematográfico donde suelen vivir los datos económicos. Argentina ha reducido de manera muy importante su inflación desde la llegada de Milei, y ese descenso constituye uno de los resultados centrales de su Gobierno. El país venía de cerrar 2023 con una inflación anual superior al 200%, después de décadas en las que la moneda perdió valor de forma casi rutinaria y las crisis inflacionarias dejaron de ser excepcionalidad para convertirse en paisaje.
La velocidad de la mejora, sin embargo, dejó de seguir la trayectoria que el presidente había dibujado. Tras alcanzar un mínimo mensual del 1,5% en mayo de 2025, el IPC volvió a acelerarse durante los meses posteriores y llegó al 3,4% en marzo de 2026. Después descendió otra vez. Desinflación, sí; inflación cero, no.
Esa distinción importa. Desinflación significa que los precios continúan aumentando, pero más lentamente. Deflación significa que el nivel general de precios disminuye. Y una inflación del 0% supone, literalmente, que el índice general permanece estable. Son tres fenómenos distintos, aunque en la conversación política a veces se los vista con el mismo abrigo.
El Gobierno mantiene su explicación monetaria
Milei no ha abandonado el fundamento de su pronóstico. Cuando le recordaron a finales de julio que había situado la inflación cero en esta parte de 2026, respondió que la política monetaria opera con retraso y puso el foco también sobre los precios mayoristas, que en algunos periodos habían mostrado variaciones especialmente bajas.
Ese indicador ofrece información útil sobre precios en fases anteriores a la venta al consumidor, pero no sustituye al IPC. Un mayorista puede registrar estabilidad o incluso caídas mientras alquileres, servicios, transporte, alimentos u otros componentes de la cesta familiar siguen aumentando. Para medir la inflación que soportan los consumidores, el termómetro de referencia sigue siendo el índice de precios al consumidor.
Luis Caputo, ministro de Economía, ha defendido igualmente que el proceso de desinflación continúa. El Ejecutivo atribuye parte de los movimientos recientes a factores estacionales y sostiene que la combinación de disciplina fiscal, ausencia de financiación monetaria del déficit y control de la cantidad de dinero terminará llevando a Argentina hacia tasas comparables con las internacionales.
La cuestión ya no es tanto si la inflación ha bajado —eso muestran los números— como cuánto tardará en recorrer la parte más difícil del camino. Pasar del 25% mensual al 3% puede ser espectacular sobre un gráfico. Bajar desde el 2% hasta unas pocas décimas suele ser una montaña con bastante menos pendiente aparente y muchas piedras escondidas.
Agosto se convierte en el último examen de aquella previsión
El dato de agosto tiene ahora una relevancia casi simbólica. No porque vaya a decidir por sí solo el éxito o fracaso del programa económico, sino porque Milei mencionó expresamente ese mes cuando fue desplazando su pronóstico original.
Para cumplir la versión más reciente de su previsión, el IPC tendría que situarse por debajo del 1% mensual. Las expectativas del mercado conocidas antes de terminar julio seguían contemplando una inflación cercana al 2% en el corto plazo, bastante por encima de ese umbral. Son previsiones, no resultados; la estadística oficial de agosto será publicada por el INDEC el 10 de septiembre.
Incluso un eventual 0,9% permitiría al presidente reivindicar literalmente que el índice “empieza con cero”, pero no borraría lo ocurrido en junio y julio ni convertiría retrospectivamente en correcta la previsión de que la inflación desaparecería a mitad de año. Son dos afirmaciones distintas. Y en política económica, como en las facturas, los decimales también cuentan.
Hay otro dato incómodo para el Ejecutivo: el 19,3% acumulado hasta julio deja muy atrás la inflación del 10,1% contemplada para todo 2026 en las previsiones presupuestarias. El Banco Central, a través de su relevamiento entre analistas y entidades financieras, maneja un escenario anual considerablemente superior y proyecta una convergencia mucho más lenta.
Una victoria económica con una promesa demasiado grande
Milei puede exhibir una caída de la inflación que, observada desde el punto de partida de Argentina, es profunda. Sus críticos pueden responder que puso fechas concretas y que esas fechas no resistieron el contacto con los precios. Ambas cosas pueden ser ciertas al mismo tiempo, aunque la política moderna tenga cierta alergia a semejante extravagancia.
El error estuvo sobre todo en convertir una previsión económica dependiente de numerosas variables —dinero, expectativas, salarios, tarifas, tipo de cambio, materias primas, actividad y shocks externos— en una fecha prácticamente contractual. La economía no suele respetar ese tipo de citas. Menos aún la argentina, un mecanismo que históricamente ha demostrado especial talento para arrojar una llave inglesa justo cuando alguien anuncia que el motor está reparado.
A mediados de 2026, la inflación no murió. Está bastante más débil que años atrás, continúa siendo el principal terreno donde Milei reivindica el éxito de su programa y podría seguir descendiendo. Pero aquella promesa repetida de una Argentina sin inflación para estas fechas quedó superada por los datos: 1,9% en junio, 2,1% en julio y 19,3% acumulado en siete meses. Lo que queda en pie es una meta más estrecha, agosto por debajo del 1%, cuyo resultado todavía no existe. Esta vez, el calendario estadístico tendrá la última palabra.

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