Economía
¿Por qué 1,9 millones sin trabajar aparecen como ocupados en la EPA?
El dato de 1,9 millones de ocupados con cero horas existe, pero bajas, vacaciones y permisos explican por qué no equivalen a parados ocultos.

El dato existe. En el segundo trimestre de 2026, la Encuesta de Población Activa registró 1.904.200 personas ocupadas que no habían trabajado ninguna hora durante su semana de referencia. Lo que no se sostiene es el salto posterior: concluir que esas 1,9 millones de personas son en realidad parados ocultos y que, al sumarlos al desempleo, la tasa de paro española debería dispararse hasta el 17,4 %. Esa operación mezcla dos conceptos distintos —horas efectivamente trabajadas y situación laboral— como si fueran intercambiables. No lo son.
La explicación aparece en los propios datos. De esos 1,9 millones, 1.040.200 estaban de baja, otros 631.800 estaban de vacaciones y 129.800 disfrutaban de un permiso relacionado con el nacimiento de un hijo. Es decir, el grueso del supuesto ejército de trabajadores que “no trabajan” estaba temporalmente ausente de un empleo que seguía existiendo. El detalle cambia bastante la fotografía. Una persona no deja de tener empleo porque pase una semana enferma, esté tomando el sol en agosto o cuide a un recién nacido.
El dato de los 1,9 millones es correcto; la interpretación, no
La polémica nace de un artículo publicado el 8 de agosto por El Debate. Su autor tomó una tabla de la EPA que distribuye a los ocupados según las horas efectivamente trabajadas y reparó en los 1.904.200 que figuraban con cero horas. A partir de ahí sostuvo que, si no habían trabajado, deberían ser considerados parados. Su cálculo reducía los ocupados desde los 22,78 millones hasta unos 20,85 millones y elevaba los desempleados hasta aproximadamente 4,4 millones, con una tasa de paro del 17,4 %.
El problema no está, por tanto, en haber encontrado una tabla misteriosa ni en que el INE esconda esos 1,9 millones entre la maleza estadística. La tabla es pública y precisamente existe para conocer por qué algunos ocupados no trabajaron durante la semana analizada. El error aparece al identificar “cero horas efectivas” con “cero empleo”.
Pensemos en algo mucho más cotidiano. Un empleado que disfruta de cinco días de vacaciones puede haber trabajado cero horas durante esa semana y conservar exactamente el mismo contrato, sueldo, puesto y relación laboral que siete días antes. Lo mismo ocurre con una baja médica o con determinados permisos. La estadística no puede convertirlo en desempleado el lunes y devolverlo mágicamente a la ocupación cuando vuelve a la oficina la semana siguiente.
Ahí está el pequeño truco semántico que agranda el titular: “no trabajar ninguna hora” suena casi igual que “no tener trabajo”. Estadísticamente son cosas muy diferentes.
Qué considera realmente la EPA una persona ocupada
La EPA utiliza criterios armonizados internacionalmente. El INE define como ocupadas a las personas de 16 o más años que durante la semana de referencia hayan trabajado al menos una hora a cambio de una remuneración y también a quienes, teniendo un empleo, hayan estado temporalmente ausentes por enfermedad, vacaciones u otras circunstancias admitidas por la metodología.
No es una extravagancia española diseñada en un despacho para embellecer la tasa de paro. Eurostat y la Organización Internacional del Trabajo emplean el mismo principio: una persona temporalmente ausente puede seguir considerándose ocupada cuando mantiene un vínculo con su puesto. Entre las causas previstas figuran las vacaciones, la baja médica, los permisos de maternidad o paternidad, determinados ajustes de jornada y otras ausencias temporales.
La razón es bastante terrenal. Las estadísticas laborales intentan medir quién tiene empleo, no cuántas personas estaban físicamente trabajando durante cada minuto de una semana determinada. Confundir ambas cosas llevaría a resultados pintorescos. Los domingos aparecerían millones de nuevos parados; en agosto, España sufriría un pequeño apocalipsis laboral; después volverían todos a encontrar trabajo en septiembre sin haber firmado un solo contrato.
Una semana de referencia no equivale a perder el empleo
Hay otro detalle importante. La EPA es una encuesta continua y trimestral realizada sobre unas 55.000 familias —alrededor de 130.000 personas— y pregunta por la situación laboral de la semana inmediatamente anterior a cada entrevista. No estamos ante una fotografía tomada simultáneamente a toda España un martes a las once de la mañana.
Por eso, cuando se habla de personas que hicieron cero horas en la “semana de referencia”, se está utilizando el concepto técnico de la encuesta. Ese dato sirve para analizar horas efectivas, ausencias, bajas, vacaciones y organización del trabajo. No sustituye a la clasificación entre ocupados, parados e inactivos.
Y tampoco puede hacerse la operación inversa de coger esos 1,9 millones y volcarlos íntegramente en la casilla del paro. Para ser considerado parado por la EPA no basta con no haber trabajado. Hay que estar sin empleo, disponible para incorporarse al trabajo y buscando activamente uno, salvo determinadas excepciones para quienes tienen prevista una incorporación próxima.
Una persona de vacaciones no cumple la primera condición: tiene empleo. Una persona con una baja médica temporal también puede conservar plenamente su vínculo laboral. Así que sumar ambas directamente al paro no corrige la estadística; fabrica otra estadística con criterios propios.
Quiénes son realmente los ocupados con cero horas
Las cifras permiten bajar la discusión del terreno ideológico al suelo. De los 1.904.200 ocupados sin horas efectivas durante su semana de referencia, más de la mitad —1.040.200— estaban ausentes por una baja. Otros 631.800 se encontraban de vacaciones y 129.800 disfrutaban de un permiso por nacimiento. Entre esas tres circunstancias se explican aproximadamente 1,8 millones de los 1,9 millones señalados.
Queda un grupo mucho menor repartido entre otros motivos contemplados por la encuesta, como determinadas reducciones temporales de actividad, permisos, conflictos laborales o razones personales. El propio INE distingue expresamente entre vacaciones, permisos, enfermedad, incapacidad temporal, regulación de empleo y huelgas, entre otras situaciones.
Esto tampoco significa que todas las estadísticas laborales españolas sean estupendas ni que el mercado de trabajo haya alcanzado una especie de nirvana mediterráneo. Hay cuestiones perfectamente legítimas que examinar: subempleo, temporalidad, jornadas parciales involuntarias, salarios, productividad, fijos discontinuos o número real de horas trabajadas. Pero cada problema requiere su indicador.
Contar a quien está una semana de baja como parado sería tan esclarecedor como medir la ocupación hotelera contando como habitaciones vacías aquellas cuyos huéspedes han bajado a desayunar. El número puede impresionar; la comparación estadística deja de tener sentido.
Los fijos discontinuos tampoco explican esos 1,9 millones
Otro argumento que suele acompañar a esta polémica apunta a los trabajadores fijos discontinuos, cuya situación durante los periodos de inactividad lleva años generando discusión política y estadística.
Aquí también conviene afinar. La EPA no considera automáticamente ocupado a cualquier fijo discontinuo por el mero hecho de conservar esa modalidad contractual. Su metodología examina si existe un vínculo efectivo con el empleo durante el periodo de ausencia. Los criterios europeos establecen también condiciones específicas para los trabajadores estacionales durante las fases sin actividad.
Eso significa que un fijo discontinuo en periodo de inactividad no entra sin más en el bloque de ocupados con cero horas. Dependiendo de su situación, disponibilidad, búsqueda de empleo y relación efectiva con el puesto, puede terminar clasificado en otra categoría laboral.
La discusión sobre cómo conocer mejor cuántos fijos discontinuos están inactivos sigue teniendo interés. También lo tiene comparar EPA, afiliación a la Seguridad Social y paro registrado, porque miden realidades distintas. Lo que no resulta correcto es utilizar los 1,9 millones de ausentes temporales como si fueran una aproximación a ese colectivo. Los datos muestran otra cosa.
La EPA cerró el trimestre con 22,779 millones de ocupados
La fotografía general del segundo trimestre de 2026 tampoco depende de aquella tabla aislada. La EPA situó el número de ocupados en 22.779.000 personas, 486.000 más que tres meses antes. El paro descendió en 213.300 personas, hasta 2.495.300, y la tasa de desempleo quedó en el 9,87 %, por debajo del 10 % por primera vez desde 2008.
Son datos favorables, aunque no convierten en irrelevantes las debilidades del empleo español. Puede aumentar el número de ocupados mientras sobreviven jornadas insuficientes, empleos de baja productividad o salarios que no acompañan al coste de vida. Una cifra récord de ocupación no responde por sí sola a todas esas cuestiones.
También hay que tener cuidado con otro razonamiento utilizado en la misma polémica: deducir la jornada completa únicamente de las horas efectivamente trabajadas durante la semana de referencia. Un trabajador contratado a jornada completa puede haber hecho menos horas esa semana por un festivo, vacaciones parciales, enfermedad, reducción temporal de actividad o cualquier otra incidencia. Las horas efectivas y la jornada habitual son variables diferentes en la EPA.
Hay problemas reales suficientes en el mercado laboral español como para no necesitar fabricar otros mezclando columnas de una hoja estadística. Criticar los datos es legítimo; cambiar su significado, otra cosa.
Cuando cero horas no significa cero empleo
La cifra de 1,9 millones de ocupados que trabajaron cero horas no es falsa. De hecho, es útil. Permite conocer cuántas personas mantuvieron su empleo pese a no prestar actividad durante la semana tomada como referencia y estudiar por qué ocurrió. Lo engañoso aparece cuando se borra precisamente ese contexto.
Más de un millón estaban de baja, más de 600.000 disfrutaban de vacaciones y cerca de 130.000 estaban de permiso por nacimiento. Convertirlos a todos en desempleados produce una tasa de paro espectacular, sí, pero no una tasa de paro comparable con la calculada mediante los criterios de la EPA, Eurostat y la OIT.
La diferencia cabe casi en una línea: no trabajar esa semana no significa no tener trabajo. Parece una sutileza hasta que se pone un ejemplo delante. Quien está tumbado en una playa durante sus vacaciones puede llevar siete días sin pisar la empresa y seguir teniendo nómina, contrato y escritorio esperándole a la vuelta. La estadística lo llama ocupado. El sentido común, curiosamente, también.

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