Economía
¿Por qué el PIB de la eurozona crece un 0,4% pese al freno alemán?
El PIB de la eurozona crece un 0,4%, con España destacando mientras Alemania, Francia e Italia avanzan poco y Europa recupera algo de pulso.

La economía europea ha recuperado algo de pulso. El PIB de la eurozona creció un 0,4% en el segundo trimestre de 2026 respecto a los tres meses anteriores, mientras que el conjunto de la Unión Europea avanzó un 0,5%. El movimiento importa porque llega después de un primer trimestre prácticamente congelado: la zona euro se había quedado en el 0,0% y la UE apenas había sumado un 0,1%. No es un despegue espectacular, desde luego, pero sí un cambio de temperatura.
La comparación anual también mejora la fotografía. Entre abril y junio, el PIB de los países del euro fue un 1,0% superior al de un año antes y el de la UE aumentó un 1,2%. En el trimestre precedente, esas tasas habían sido del 0,5% y del 0,8%, respectivamente. Europa, por tanto, crece más deprisa que al comenzar el año, aunque debajo del dato agregado aparece una economía bastante menos uniforme: España conserva un ritmo elevado, Alemania sigue débil y la sorprendente Irlanda vuelve a mover las cifras como si tuviera un regulador propio.
La eurozona sale del parón, pero no todos arrancan igual
El 0,4% trimestral de la eurozona confirma la estimación preliminar difundida a finales de julio. El dato está corregido de efectos estacionales, lo que permite comparar mejor un trimestre con otro sin que vacaciones, calendarios laborales u otros movimientos recurrentes deformen demasiado el dibujo. Aun así, sigue siendo una estimación rápida y las cuentas nacionales pueden revisarse cuando se incorpore información más completa.
La parte interesante está bajo el capó. Entre los países para los que existen estimaciones del segundo trimestre, Eslovenia creció un 1,8%, Lituania un 1,7% y Suecia un 1,4%. Polonia avanzó un 0,9%, Portugal un 0,8% y España un 0,7%. Son velocidades bastante alejadas de las observadas en el corazón industrial de la zona euro.
Bélgica, Austria y Rumanía, por el contrario, registraron un crecimiento trimestral del 0,0%. No hay recesión por definición en ese dato aislado, pero tampoco movimiento. Europa vuelve a avanzar y, al mismo tiempo, una parte de su economía continúa caminando con los cordones atados.
España crece más que las grandes economías del euro
España vuelve a destacar dentro de las principales economías europeas. Su PIB aumentó un 0,7% entre abril y junio, frente al 0,6% registrado en el primer trimestre. En comparación con el segundo trimestre de 2025, el crecimiento español se situó en el 2,7%. Es una distancia considerable respecto a Alemania, Francia e Italia, las tres grandes economías del euro que avanzaron solamente un 0,2% durante el trimestre.
No conviene convertir esa diferencia en una competición de medallas. Las estructuras económicas son distintas: España tiene un peso fuerte de los servicios y del turismo, Alemania depende mucho más de la industria y de las exportaciones, Italia arrastra problemas de productividad de largo recorrido y Francia combina una amplia economía de servicios con una industria más reducida que la alemana. Pero la divergencia sí cuenta. Cuando los países grandes crecen poco, los socios que avanzan con más energía ganan peso en el resultado agregado.
Alemania, Francia e Italia avanzan solo un 0,2%
Alemania creció un 0,2%, después del 0,4% del primer trimestre. Francia logró también un 0,2%, aunque en su caso representa una mejora después de haberse contraído un 0,1% entre enero y marzo. Italia pasó del 0,3% al 0,2%. Eslovaquia registró igualmente un avance del 0,2%.
La debilidad alemana sigue siendo especialmente relevante. No hace falta dramatizar cada decimal para entender el problema: la mayor economía de la UE lleva años lidiando con costes energéticos elevados, una industria sometida a mayor competencia exterior y una transformación particularmente difícil en sectores como el automóvil. Durante el segundo trimestre, la economía europea mostró más resistencia en actividades digitales, manufactureras de alta tecnología y sectores relacionados con defensa, mientras los servicios más ligados al consumo sufrían más el golpe de la energía y la incertidumbre internacional.
Ese contraste ayuda a explicar el extraño paisaje económico de 2026. Hay inversión, producción y gasto público empujando en determinados nichos; al mismo tiempo, familias y empresas siguen pagando una factura energética considerable y miran el futuro con bastante menos tranquilidad de la que sugeriría un simple signo positivo delante del PIB.
Irlanda vuelve a poner un asterisco sobre el dato europeo
El número que más llama la atención ni siquiera es el español. Irlanda creció un 3,9% en el segundo trimestre, después de desplomarse un 7,0% en el primero. Pasar de una caída semejante a un rebote cercano al 4% en apenas tres meses dice menos sobre el ciudadano que toma café en Dublín que sobre la peculiar estructura de la economía irlandesa.
Las grandes multinacionales tecnológicas y farmacéuticas tienen un peso extraordinario en las cuentas nacionales del país. Movimientos contables, activos de propiedad intelectual, exportaciones y decisiones internas de esos grupos pueden hacer oscilar el PIB irlandés con una violencia rara en otras economías desarrolladas. De hecho, los análisis europeos suelen separar Irlanda para observar mejor la tendencia subyacente de la zona euro. En el primer trimestre, por ejemplo, el PIB agregado quedó estancado, pero sin el efecto de los volátiles datos irlandeses la actividad había crecido alrededor de un 0,3%.
Por eso el rebote irlandés del segundo trimestre merece atención. No invalida el crecimiento europeo, ni mucho menos, pero obliga a mirar el 0,4% con algo más de lupa. Un promedio es útil; a veces también es un biombo elegante.
El empleo aguanta mientras la inflación sigue incomodando
El crecimiento del PIB vino acompañado de otro dato bastante menos vistoso, pero quizá más importante para los hogares. El número de personas ocupadas aumentó un 0,1% tanto en la eurozona como en la UE durante el segundo trimestre. Frente al mismo periodo de 2025, el empleo avanzó un 0,5% en ambos bloques. Hay creación de puestos de trabajo, aunque claramente más lenta que en los años inmediatamente posteriores a la pandemia.
El mercado laboral europeo continúa mostrando resistencia. La tasa de paro de la eurozona se situó en el 6,3% en junio de 2026, sin cambios respecto a mayo y también estable frente a junio de 2025. En el conjunto de la Unión Europea fue del 6,0%. La economía no crece con fuerza, pero tampoco está trasladando por el momento su debilidad a una destrucción generalizada de empleo. Ese colchón laboral resulta decisivo para el consumo y, por extensión, para evitar que una desaceleración termine alimentándose a sí misma.
La energía sigue siendo la piedra en el zapato
El problema está al otro lado de la ecuación. La inflación anual de la eurozona repuntó provisionalmente al 2,9% en julio, desde el 2,8% de junio. Y el detalle explica buena parte de la inquietud: la energía registró una inflación del 10,0%, mientras los servicios subieron un 3,3%. La inflación excluyendo energía, alimentos, alcohol y tabaco se situó en el 2,5%. Es decir, los precios están muy lejos de la tormenta inflacionista de otros años, pero tampoco han regresado dócilmente al 2% que persigue el BCE.
Ese encarecimiento energético se cruza con la guerra en Oriente Medio y la enorme incertidumbre asociada a los suministros y al precio del petróleo. Durante el segundo trimestre, los efectos sobre la actividad fueron contenidos pero desiguales: los servicios orientados al consumidor sufrieron más, mientras la manufactura, la tecnología, la inversión relacionada con inteligencia artificial y determinados sectores vinculados al gasto en defensa resistieron mejor.
Las proyecciones del Eurosistema dibujaban un crecimiento anual del PIB de la zona euro de apenas el 0,8% en 2026, antes de una aceleración al 1,2% en 2027 y al 1,5% en 2028. Para los precios, el escenario central situaba la inflación media de este año en el 3,0%, con una reducción al 2,3% en 2027 y al 2,0% en 2028. Son previsiones, no profecías grabadas en mármol, y la incertidumbre económica continúa siendo elevada.
El 0,4% del segundo trimestre proporciona en cualquier caso algo de aire. Sugiere que la economía ha soportado mejor de lo previsto un entorno complicado de energía cara, tensión geopolítica y confianza empresarial frágil. El inconveniente es evidente: crecer mientras los precios de la energía vuelven a presionar deja menos margen para cantar victoria y complica las decisiones de política monetaria.
Europa vuelve a crecer, pero la recuperación sigue siendo desigual
El dato del segundo trimestre cambia ligeramente el tono de 2026. La eurozona ha pasado del estancamiento a un crecimiento trimestral del 0,4%, la UE alcanza el 0,5% y economías como España, Portugal o Polonia mantienen velocidades bastante superiores a las de Alemania, Francia e Italia. El empleo continúa aumentando y la comparación anual del PIB también mejora. Son señales positivas, sin necesidad de adornarlas.
Pero debajo de esos promedios queda una Europa de varias velocidades, con una industria alemana todavía débil, una extraordinaria volatilidad irlandesa y una inflación que vuelve a sentir el mordisco de la energía. España crece un 0,7%; Alemania, Francia e Italia, un 0,2%. Ahí está quizá la fotografía más reveladora del trimestre. La economía europea se mueve otra vez. Lo que aún no ha conseguido es que todos sus motores empujen a la vez.

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