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Economía

¿Por qué OpenAI supera los 40.000 millones y acelera hacia su OPV?

OpenAI supera los 40.000 millones anualizados y acelera hacia su OPV con suscripciones, empresas, Codex y publicidad como motores del salto.

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hombre usando chatgpt en portatil

OpenAI ha superado una tasa anualizada de ingresos de 40.000 millones de dólares, prácticamente el doble del ritmo con el que terminó 2025. El salto comercial de la empresa que convirtió ChatGPT en un producto de masas se apoya en tres motores que empiezan a funcionar al mismo tiempo: las suscripciones, el negocio corporativo —con herramientas como Codex y ChatGPT Work— y una publicidad que todavía está arrancando, pero a una velocidad poco habitual.

Conviene afinar el dato porque la diferencia no es pequeña. OpenAI no ha ingresado ya 40.000 millones durante 2026. La cifra describe el ritmo anualizado de facturación: tomando el nivel actual de ingresos y proyectándolo durante doce meses, la compañía rebasa ese umbral. Es el velocímetro, no el cuentakilómetros. Y el velocímetro se ha disparado: solo en julio, el ritmo mensual de ingresos habría aumentado más de un 20%.

Más de 40.000 millones, pero no son los ingresos de todo 2026

La fotografía permite entender hasta qué punto se ha acelerado el negocio. OpenAI cerró 2025 con una tasa anualizada superior a 20.000 millones de dólares. En marzo de 2026 comunicaba que estaba generando alrededor de 2.000 millones mensuales. Unos meses después, el ritmo anualizado rebasa los 40.000 millones.

El contraste con las cuentas reales del ejercicio anterior es todavía más llamativo. Los ingresos de OpenAI en 2025 rondaron los 13.000 millones de dólares. Es decir, la empresa está entrando en una escala comercial muy distinta a la que tenía hace apenas unos trimestres.

No es un detalle contable menor. Presentar 40.000 millones como facturación acumulada de 2026 daría una imagen equivocada. Lo extraordinario de la noticia está precisamente en otra parte: OpenAI está convirtiendo un crecimiento explosivo de usuarios en dinero con una rapidez que hace apenas dos años parecía más propia de las presentaciones de Silicon Valley que de una cuenta de resultados.

Suscripciones, empresas y software: el negocio ya no es solo ChatGPT Plus

Durante la primera etapa comercial de ChatGPT, el modelo era bastante sencillo: millones de usuarios gratuitos y una minoría dispuesta a pagar una suscripción mensual. Ese esquema sigue aportando mucho dinero, pero se ha quedado pequeño para describir a OpenAI. El negocio empresarial pesa cada vez más.

La compañía comunicó en marzo que ChatGPT tenía más de 900 millones de usuarios activos semanales y más de 50 millones de suscriptores. En agosto asegura que sus productos alcanzan ya a más de 1.000 millones de usuarios semanales y a más de dos millones de empresas. La dimensión corporativa ha dejado de ser un complemento.

A comienzos de año, el negocio empresarial representaba ya más del 40% de los ingresos de OpenAI y la compañía esperaba que pudiera alcanzar aproximadamente la mitad de la facturación antes de terminar 2026. Ahí entran ChatGPT Work, las API utilizadas por empresas y, cada vez más, herramientas capaces de ejecutar tareas en lugar de limitarse a contestar preguntas.

Codex convierte la programación en una fuente de ingresos estratégica

Codex ilustra bien el cambio. Nació asociado principalmente al desarrollo de software, pero ha evolucionado hacia un agente capaz de trabajar sobre proyectos, ejecutar tareas y automatizar procesos más largos. Su crecimiento entre desarrolladores y compañías lo ha convertido en uno de los productos comerciales que están empujando las cuentas.

OpenAI había comunicado en marzo más de dos millones de usuarios semanales de Codex y posteriormente elevó esa cifra por encima de los cinco millones. Buena parte de su importancia económica está precisamente ahí: el uso profesional consume muchos más recursos que una conversación ocasional con un chatbot, pero también permite cobrar más y construir relaciones comerciales mucho más estables.

El futuro negocio de la inteligencia artificial puede parecerse menos a vender un chatbot simpático y más a cobrar por una plantilla invisible de trabajadores digitales. Ahí está la auténtica batalla.

La publicidad abre una segunda caja registradora

La otra transformación está ocurriendo en un terreno que Sam Altman contemplaba hace años con evidente desconfianza: los anuncios dentro de ChatGPT.

OpenAI empezó 2026 probando publicidad en determinados planes gratuitos y de bajo coste. La compañía sostiene que los anuncios se mantienen separados de las respuestas y que no condicionan lo que responde el asistente. Plus, Pro, Business y Enterprise permanecen sin publicidad.

Los primeros números explican por qué el experimento interesa tanto. El piloto publicitario alcanzó una tasa anualizada superior a 100 millones de dólares en menos de seis semanas. Proyecciones conocidas posteriormente apuntaban a unos 2.500 millones de dólares de ingresos publicitarios durante 2026 y dibujaban una expansión mucho mayor durante los próximos ejercicios.

Todavía es una fracción pequeña comparada con las suscripciones y el software empresarial, pero plantea una posibilidad gigantesca: monetizar a los usuarios gratuitos que utilizan ChatGPT sin pagar una cuota. Google construyó buena parte de su imperio sobre una ecuación parecida —servicio gratuito, intención del usuario y publicidad—, aunque trasladarla a una conversación con una inteligencia artificial es bastante más delicado. La confianza pesa más cuando uno no está buscando zapatillas, sino hablando con una máquina sobre trabajo, dinero o decisiones personales.

La salida a Bolsa se acerca, aunque el calendario sigue abierto

Todo este crecimiento llega mientras OpenAI prepara uno de los movimientos financieros más observados de los últimos años. La empresa presentó en junio de forma confidencial documentación para una oferta pública de venta en Estados Unidos, aunque todavía no ha fijado oficialmente ni el tamaño de la operación ni la fecha de estreno bursátil.

La valoración a la que aspira explica buena parte del vértigo. OpenAI cerró en marzo una gigantesca ronda de financiación que la valoró en unos 852.000 millones de dólares. En torno a la futura salida a Bolsa se ha manejado una posible valoración de hasta un billón de dólares.

El calendario, eso sí, no está escrito en mármol. Durante el verano ganó fuerza la posibilidad de retrasar la OPV hasta 2027, precisamente para intentar preservar esa valoración en lugar de aceptar un precio inferior por acelerar el debut. La compañía dispone de margen para esperar.

Los 40.000 millones anualizados llegan, por tanto, en un momento especialmente oportuno. Antes de presentarse ante inversores públicos, OpenAI necesita demostrar algo más difícil que fabricar modelos impresionantes: que puede construir alrededor de ellos un negocio gigantesco y repetible.

Crecer no basta cuando la inteligencia artificial cuesta una fortuna

Aquí aparece la cara menos fotogénica del fenómeno. 40.000 millones de ingresos anualizados no significan 40.000 millones de beneficios. Ni remotamente.

Entrenar modelos, mantener centros de datos, servir centenares de millones de consultas, comprar capacidad informática y contratar talento especializado cuesta cantidades difícilmente comparables con las de una empresa convencional de software. OpenAI ha manejado planes que podrían llevar su gasto acumulado en capacidad de computación hasta alrededor de 600.000 millones de dólares de aquí a 2030.

La empresa generó unos 13.000 millones en ingresos durante 2025, pero continuó soportando enormes inversiones. En sus conversaciones con inversores ha situado la rentabilidad varios años por delante. El mercado tendrá que juzgar, cuando llegue la OPV, no solo cuánto vende OpenAI, sino cuánto cuesta producir cada dólar de esos ingresos.

Esa pregunta resulta especialmente incómoda porque la competencia tampoco duerme. Anthropic ha avanzado con enorme rapidez en programación y clientes corporativos y llegó a comunicar una tasa anualizada de ingresos de unos 47.000 millones de dólares en mayo. Comparar directamente ambas cifras sería temerario —las metodologías contables de dos compañías privadas pueden diferir—, pero el mensaje es evidente: OpenAI ya no corre sola.

El crecimiento coincide además con un cambio significativo dentro de la dirección. OpenAI anunció el 13 de agosto el nombramiento de Dali Rajic como director de ingresos, responsable de dirigir la organización comercial global. Rajic llega tras haber ocupado puestos ejecutivos en Wiz, Zscaler y AppDynamics.

Sustituye a Denise Dresser, que abandona la compañía después de un periodo relativamente breve. El movimiento no parece casual en una empresa que está pasando de vender principalmente suscripciones individuales a negociar grandes contratos corporativos y preparar unas cuentas que algún día tendrán que exponerse cada trimestre ante Wall Street.

OpenAI define el momento como un punto de inflexión. La frase empresarial es previsible; los números, bastante menos. Más de dos millones de compañías utilizan ya sus productos y la competición se desplaza rápidamente hacia contratos empresariales, agentes autónomos y herramientas capaces de integrarse en tareas cotidianas.

De fenómeno tecnológico a máquina comercial

Durante años, la gran incógnita alrededor de OpenAI fue cuánto dinero podía generar ChatGPT. Esa fase empieza a quedar atrás. La cuestión que importa es otra: qué tamaño puede alcanzar el negocio y a qué coste.

Superar los 40.000 millones de dólares de tasa anualizada muestra que la monetización avanza muchísimo más deprisa de lo previsto hace apenas un año. Las suscripciones proporcionaron la primera base; las empresas están aportando una segunda capa mucho más profunda; Codex y los agentes amplían lo que puede venderse, y la publicidad abre la puerta a obtener ingresos de cientos de millones de usuarios gratuitos.

La futura OPV obligará a quitar parte de la niebla que todavía rodea las finanzas de las grandes compañías privadas de inteligencia artificial. Los mercados públicos son menos aficionados a los milagros narrativos: preguntan por márgenes, costes, caja y beneficios.

OpenAI llega a ese examen con una cifra difícil de ignorar: más de 40.000 millones de dólares anualizados y un negocio que prácticamente ha duplicado su velocidad en menos de un año. Ahora debe demostrar que semejante máquina de ingresos puede convertirse también en una empresa sostenible.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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