Actualidad
¿Qué ofensiva prepara Irán en Ormuz si fracasa el diálogo con EE.UU.?
Irán amenaza con pasar a la ofensiva en Ormuz si fracasa la diplomacia con EE.UU., elevando la tensión militar y el riesgo energético global.

Irán ha elevado un peldaño más la tensión en el golfo Pérsico al advertir de que está dispuesto a pasar de una postura militar defensiva a otra “totalmente ofensiva” si fracasan definitivamente los esfuerzos diplomáticos con Estados Unidos. La amenaza no significa que Teherán haya lanzado ya una nueva ofensiva: lo que ha anunciado es su disposición a emprender una acción militar contra el dispositivo estadounidense y a intensificar la presión en el Estrecho de Ormuz si Washington no acepta sus condiciones.
El aviso llega en un momento especialmente delicado. El plazo de 60 días establecido en el acuerdo provisional firmado el 17 de junio ha vencido sin un pacto definitivo, Donald Trump ha descartado prolongarlo y el tráfico marítimo por Ormuz continúa muy por debajo de los niveles anteriores a la guerra. El estrecho se ha convertido, otra vez, en el lugar donde una disputa regional puede acabar entrando en el depósito de gasolina de medio mundo.
Irán cambia el tono: de contenerse a amenazar con atacar
La advertencia fue transmitida por un alto funcionario iraní, que aseguró que las autoridades del país deben prepararse para una escalada en Ormuz y en el resto de la región. Según su versión, si la negociación fracasa, Irán podría ejecutar una operación militar destinada a romper el bloqueo naval estadounidense.
Hay un matiz importante. Teherán no ha precisado qué fuerzas emplearía, qué objetivos atacaría ni cuándo podría hacerlo. Tampoco ha anunciado formalmente el cierre total del estrecho. Habla de estar preparado para una respuesta ofensiva y de tomar decisiones difíciles si Washington mantiene su actual posición. Es una amenaza suficientemente seria como para alterar mercados y cálculos militares, pero sigue siendo, por el momento, una amenaza condicionada a la evolución de la diplomacia.
La formulación tampoco aparece en el vacío. Desde que se rompió la frágil tregua pactada en junio, Irán ha vuelto a actuar contra barcos que considera no autorizados para atravesar determinadas rutas del estrecho, mientras Estados Unidos ha restablecido su bloqueo sobre puertos y tráfico iraníes. El resultado es una especie de pulso marítimo en apenas unas decenas de kilómetros de agua.
Por qué el Estrecho de Ormuz vuelve a ser el centro de la guerra
Ormuz separa Irán de Omán y conecta el golfo Pérsico con el golfo de Omán y el mar Arábigo. Su importancia no procede de su tamaño, sino exactamente de lo contrario: es un paso estrecho por el que, antes de la guerra, circulaba aproximadamente una quinta parte del petróleo y del gas natural licuado comercializados en el mundo.
Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Qatar, Irak e Irán dependen en distinto grado de esta salida para colocar sus hidrocarburos en los mercados internacionales. De ahí que un petrolero detenido, un misil o unas pocas horas de incertidumbre tengan efectos que saltan rápidamente desde el golfo Pérsico hasta las mesas de negociación de las aseguradoras, las refinerías asiáticas y las grandes compañías de transporte europeas.
Un cuello de botella que Teherán utiliza como palanca
Irán sabe que su capacidad para dificultar la navegación proporciona una herramienta de presión que no necesita igualar barco por barco la potencia naval estadounidense. Una vía marítima tan estrecha convierte la geografía en arma. Bastan ataques selectivos, minas, drones, misiles costeros o simplemente un riesgo suficientemente alto para que navieras y aseguradoras empiecen a replantearse el tránsito.
Washington pretende que el estrecho vuelva a funcionar como una ruta abierta y sin peajes. Teherán, por el contrario, reivindica un papel decisivo en su gestión y sostiene que la reapertura completa depende de que Estados Unidos cumpla una serie de condiciones. El Gobierno iraní mantiene públicamente esa posición: su Consejo Supremo de Seguridad Nacional ha señalado que Ormuz no recuperará plenamente el tráfico mientras Washington no acepte las exigencias iraníes.
Del tránsito normal al casi silencio
Las cifras muestran hasta qué punto la crisis ya ha cambiado el mapa marítimo. Antes de la guerra atravesaban Ormuz más de 130 buques diarios. El viernes 14 de agosto, los datos de seguimiento marítimo detectaron únicamente dos barcos cruzando el paso, además de otro petrolero de productos licuados que se dirigía hacia el golfo. No se observaban cargamentos de crudo atravesando el estrecho aquel día.
No todos los barcos son necesariamente visibles en los sistemas de seguimiento —algunos pueden navegar con los transpondedores apagados—, pero la diferencia es demasiado grande para atribuirla a un problema estadístico. El tráfico está muy lejos de la normalidad y las empresas que dependen del crudo del golfo llevan meses buscando rutas, proveedores y reservas alternativas.
El acuerdo de junio se ha deshecho por Ormuz
El memorando firmado el 17 de junio daba a Estados Unidos e Irán 60 días para transformar una tregua provisional en un acuerdo más amplio. Sobre la mesa estaban el programa nuclear iraní, las sanciones estadounidenses, el final permanente de las operaciones militares y la reapertura del Estrecho de Ormuz. Sobre el papel, bastante. En la práctica, el documento empezó a resquebrajarse casi inmediatamente.
El principal choque apareció alrededor de la interpretación de una cláusula relativa a la gestión del estrecho. Irán considera que el texto reconoce un papel propio en su administración; Estados Unidos rechaza que pueda traducirse en un control iraní de la navegación internacional. Poco después del acuerdo, fuerzas iraníes comenzaron a disparar contra embarcaciones que utilizaban una ruta próxima a la costa omaní, diseñada precisamente para evitar la supervisión de Teherán. Washington respondió militarmente y restauró posteriormente el bloqueo.
Desde entonces, las posiciones se han endurecido. Irán reclama, entre otras condiciones, el levantamiento del bloqueo estadounidense, alivio de sanciones y compensaciones por los daños sufridos durante la guerra. Trump sostiene justamente lo contrario: considera que es Irán quien debería pagar reparaciones y asegura que Estados Unidos mantiene el control efectivo de Ormuz mediante su presencia naval.
La fecha límite llegó el 17 de agosto sin acuerdo. Cuando Trump fue preguntado por una posible ampliación del memorando, contestó que Washington no pretendía concederla. El calendario diplomático ha caducado; el problema, naturalmente, no.
Qué puede significar realmente una ofensiva iraní
El escenario más inmediato no tiene por qué ser una invasión convencional ni una batalla naval al estilo del siglo XX. La amenaza iraní apunta sobre todo hacia una intensificación de la presión militar en Ormuz: ataques contra barcos, operaciones contra el bloqueo naval estadounidense, acciones con drones y misiles o golpes sobre instalaciones vinculadas a las fuerzas de Washington en el golfo.
Hay precedentes dentro de esta misma guerra. Irán ha atacado instalaciones y posiciones estadounidenses o aliadas en distintos países de la región, mientras Washington ha respondido contra objetivos iraníes. Miles de personas han muerto desde que Estados Unidos e Israel iniciaron sus ataques contra Irán el 28 de febrero, especialmente en Irán y Líbano.
Una ofensiva alrededor del estrecho tendría, sin embargo, una dificultad evidente para Teherán. Irán necesita Ormuz tanto como sus adversarios: sus exportaciones y buena parte de su propia economía dependen del golfo. Una escalada que bloquee completamente la navegación puede infligir daños a Estados Unidos y sus aliados, pero también estrangular todavía más una economía iraní castigada por la inflación, las sanciones, la destrucción de infraestructuras y la pérdida de ingresos.
Ahí está la paradoja. Ormuz es la gran palanca iraní, pero tirar demasiado de ella puede romper también el mecanismo que sostiene al propio Irán.
Omán queda atrapado entre Washington y Teherán
Mientras la relación entre Estados Unidos e Irán se deteriora, Omán intenta conservar su tradicional papel de intermediario. Mascate negocia directamente con Teherán un posible sistema para gestionar el tráfico por el estrecho, una cuestión especialmente sensible porque Irán y Omán ocupan sus dos orillas.
Las conversaciones llegaron a considerarse cercanas a un acuerdo, pero la fórmula propuesta incluye aspectos que Washington considera problemáticos, especialmente el grado de control iraní sobre los barcos que entran en el golfo. Teherán insiste en que la futura gestión debe reconocer sus competencias y sus intereses; Estados Unidos exige libertad de navegación y rechaza que Irán pueda convertir el paso en una especie de aduana estratégica.
La tensión alcanzó un punto insólito cuando Trump amenazó públicamente con bombardear Omán si el país interfería en sus planes para el estrecho. Al mismo tiempo, distintos contactos indirectos entre Washington y sectores del aparato iraní sugieren que la diplomacia no ha desaparecido por completo. Las conversaciones por canales secundarios vinculados a la Guardia Revolucionaria reflejan precisamente las dudas de la Casa Blanca sobre hasta qué punto los negociadores civiles iraníes pueden comprometer al poderoso aparato militar.
Es una fotografía bastante peculiar de la diplomacia regional: amenazas militares por un lado, emisarios discretos por el otro y un pequeño sultanato intentando que el estrecho por donde circula buena parte de la energía mundial no se convierta de nuevo en un campo de batalla.
Petróleo, inflación y una crisis que viaja mucho más allá del golfo
La consecuencia económica más visible está en el petróleo. Durante la guerra, el Brent llegó a superar los 126 dólares por barril, alrededor de un 75% por encima de su nivel previo al conflicto. El lunes 17 de agosto cerró en 90,87 dólares, todavía condicionado por cualquier movimiento en Ormuz.
Para España y el resto de Europa el efecto no depende únicamente de cuánto petróleo importen directamente de los países del golfo. El crudo se negocia internacionalmente. Cuando cae la oferta disponible o aumenta el coste de transportar y asegurar los cargamentos, la presión termina filtrándose hacia combustibles, transporte e inflación. Con el gas natural licuado ocurre algo parecido: Qatar es uno de los grandes exportadores mundiales y sus barcos también necesitan atravesar Ormuz.
La amenaza iraní importa precisamente por eso. No hace falta que el estrecho quede herméticamente cerrado para producir una sacudida. Basta con que aumente el peligro percibido, que varias navieras retiren buques o que las pólizas de riesgo de guerra se disparen. El mercado energético suele reaccionar antes que los ejércitos.
La reducción del tránsito ya está obligando a refinerías asiáticas a buscar más suministros fuera del golfo, mientras Estados Unidos mantiene que puede sostener indefinidamente su presencia naval. Irán, por su parte, considera que esa misma capacidad de alterar el comercio mundial es una de sus mejores cartas para obligar a Washington a negociar.
Una paz que sigue existiendo, pero casi solo sobre el papel
La amenaza de adoptar una postura ofensiva no supone todavía que Irán haya decidido iniciar una nueva campaña militar en Ormuz. Ese detalle importa. Teherán está elevando el coste de un eventual fracaso diplomático y anunciando que no acepta mantener indefinidamente el actual bloqueo, mientras Washington responde que no ampliará un acuerdo provisional que considera incumplido.
Entre ambos queda el Estrecho de Ormuz, con mucho menos tráfico que antes de la guerra, tropas estadounidenses desplegadas, barcos comerciales calculando riesgos y Omán intentando rescatar alguna fórmula negociada. La diplomacia continúa por canales secundarios, pero la distancia entre Washington y Teherán es mayor que cuando se firmó el memorando de junio.
Ese es el dato que pesa. Irán no ha anunciado una fecha para atacar ni existe, por ahora, una ofensiva general confirmada. Sí ha avisado de que está dispuesto a atacar para romper el bloqueo si considera agotada la vía negociadora. En Ormuz, donde unos pocos kilómetros de mar pueden mover el precio de la energía mundial, la diferencia entre ambas cosas es enorme. Pero tampoco conviene fingir que es tranquilizadora.

Ocio¿Por qué Messi ha comprado el Eldense y qué proyecto prepara en Elda?
Actualidad¿Cómo sobrevivió Christa Pike a dos inyecciones letales en Tennessee?
Actualidad¿Habrá adelanto electoral? Bustinduy se prepara y Díaz evita hablar
Actualidad¿Qué pasó en Terrassa? Dos guardias civiles heridos y tres detenidos
Actualidad¿Por qué el 2-O vuelve a llenar las calles de España por la vivienda?
Viajes¿Por qué España bate récord con 70,4 millones de turistas en 2026?
Economía¿Qué cambia en la jubilación de 2027 y quién podrá retirarse a los 65?
Actualidad¿Qué zonas de Tarragona están bajo ES-Alert por lluvias torrenciales?
Actualidad¿Qué pasa en Francia? 65 heridos, incendios y 400 escuelas cerradas
Ciencia¿Qué es HD 3167 b, el planeta de lava fría que recuerda a la Tierra?
Economía¿Por qué China suspende sus exportaciones de combustible en octubre?
Tecnología¿Cómo es Kraaken, el barco que genera luz, agua y aloja centros de IA?









