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¿Qué pasa entre Natalie Portman y Rachel Cusk por la novela Life of M?
Natalie Portman queda en el centro de la polémica por Life of M, la novela de Rachel Cusk que muchos leen como un retrato apenas disfrazado.

Natalie Portman se ha convertido, sin haber dicho públicamente una palabra sobre el asunto, en el centro de una de las polémicas literarias más curiosas del verano de 2026. El motivo es Life of M, la nueva novela de Rachel Cusk, una obra protagonizada por una actriz llamada M cuya biografía guarda tantas semejanzas con la de Portman que atribuirlas todas al azar exige bastante imaginación. Hay infancia frente a las cámaras, una película sobre bailarinas, campañas de belleza, París, fama mundial y una vida privada observada desde fuera como si estuviera detrás de un cristal.
La controversia ha crecido porque fuentes anónimas cercanas a la actriz aseguran que Portman considera la situación “molesta”, aunque rechazan las versiones más estridentes que hablaban de indignación, devastación o una gran traición personal. Portman no ha confirmado públicamente ese malestar y tampoco consta una declaración suya acusando a Cusk. Conviene dejarlo claro porque, cuando Hollywood se cruza con el mundo editorial, dos adjetivos y una amistad supuesta pueden acabar convertidos en incendio forestal antes del desayuno.
La discusión interesante está en otro sitio. Life of M plantea hasta dónde puede llegar un novelista cuando utiliza una persona real como materia prima y después sostiene, legítimamente, que lo escrito es ficción. Cusk no publica una biografía de Natalie Portman. Pero tampoco parece haber trabajado demasiado para que el lector olvide que existe Natalie Portman.
La protagonista M se parece demasiado a Natalie Portman
El libro parte de una premisa aparentemente sencilla. Un escritor propone a una célebre actriz, M, contar su vida. Ella lleva siendo famosa desde niña, su rostro aparece por todas partes y la celebridad ha deformado las reglas normales de su existencia: puertas cerradas se abren, horarios cambian, empleados improvisan excepciones. La novela se adentra así en la fama, el poder, la belleza, la identidad y esa palabra tan manejable cuando conviene: la verdad.
Hasta ahí, M podría ser una estrella ficticia construida con retales de muchas estrellas reales. El problema —o el juego, según se mire— aparece cuando empiezan a acumularse detalles extraordinariamente concretos.
Cusk describe a una actriz que comenzó a trabajar siendo niña y cuya primera película contenía elementos relacionados con la sexualización del personaje infantil. Portman debutó internacionalmente muy joven en Léon: The Professional, la película de Luc Besson estrenada en 1994 que convirtió a Mathilda en uno de sus personajes más reconocibles. La novela menciona después una película sobre bailarinas. Portman protagonizó Black Swan, de Darren Aronofsky, y ganó por ella el Óscar a mejor actriz. También aparece la condición de imagen de una gran firma de belleza, otra coincidencia difícil de ignorar dada la prolongada relación profesional de Portman con Dior.
De Léon a Black Swan: las pistas que señalan a Portman
No se trata, pues, de que M tenga el pelo parecido o pida el mismo café. El esqueleto profesional del personaje reproduce episodios fundamentales de la carrera de Natalie Portman. Las referencias a una estrella infantil, al cine de enorme repercusión internacional y al universo del ballet hacen que la conexión resulte difícil de pasar por alto.
Cusk introduce, además, un último giro bastante más afilado. Hacia el final de la novela, M reprocha al escritor la manera en que ha sido retratada y considera que el texto la presenta prácticamente incapaz de amar. La respuesta del narrador apunta al corazón de toda esta discusión: aquello no sería ella, sino un personaje inventado. La ficción levantando una pared después de haber dejado la puerta abierta de par en par.
Ese choque dentro del propio libro ha alimentado inevitablemente la especulación sobre si reproduce también una tensión real entre Cusk y Portman. No existe confirmación pública de que esa escena ocurriera de esa forma en la vida real.
Natalie Portman no ha confirmado una ruptura con Rachel Cusk
Aquí aparece la parte más resbaladiza de la historia. Durante semanas circularon informaciones según las cuales Portman se habría sentido traicionada o profundamente enfadada. La información disponible rebaja considerablemente ese dramatismo: fuentes cercanas a la actriz sostienen que encuentra el asunto irritante o molesto, no que esté consumida por la furia, y niegan que Portman y Cusk fueran amigas íntimas.
Hay algo todavía más importante: Portman no ha hablado públicamente sobre la polémica. Las distintas versiones procedentes de fuentes sin identificar han descrito alternativamente a la actriz como muy afectada o prácticamente indiferente. Cuando dos relatos incompatibles descansan sobre voces anónimas, la prudencia deja de ser una exquisitez y se convierte en higiene básica.
Lo comprobable es que existía una relación intelectual entre ambas. Portman había mostrado públicamente su admiración por la obra de Cusk, eligió Second Place para su club de lectura y mantuvo con la escritora una conversación sobre literatura, arte y creación. También seleccionó posteriormente Parade. Es decir, Portman conocía y apreciaba la obra de Cusk; determinar si entre ambas existía una amistad íntima pertenece ya al terreno que ninguna de las dos ha aclarado.
Life of M no es una biografía encubierta convencional
Reducir el libro a un retrato envenenado de Natalie Portman sería, sin embargo, simplificar bastante lo que Cusk intenta hacer. La propia estructura de Life of M rompe con una narración biográfica tradicional. La novela combina perspectivas, identidades difusas y voces que aparecen como “I”, “M” y “We”; su preocupación central no consiste tanto en revelar secretos de una estrella como en discutir si una persona conserva una identidad estable cuando su imagen pública termina devorando a la privada.
M aparece rodeada por una realidad maleable. La celebridad modifica el espacio. Un jardín de hotel cerrado puede abrirse porque ella lo pide; coches, restaurantes, casas y personas se reorganizan alrededor de su presencia. Ese detalle, pequeño y casi cómico, explica mejor el libro que buena parte del escándalo: la fama crea una especie de gravedad propia. Los demás empiezan a orbitar.
La protagonista vive, recoge a sus hijos, pasea a sus perros y visita a sus amigos como cualquier otra persona, pero no del todo: las reglas ordinarias parecen ceder delante de ella. Ese contraste entre la rutina doméstica y el poder silencioso de la celebridad es uno de los nervios más interesantes de la novela.
Hay críticos que consideran que el experimento funciona y otros que ven una operación fría, incluso cruel. La discusión gira alrededor de la forma en que Cusk transforma personas reconocibles de su entorno en material narrativo y de si esa identificación termina funcionando como una forma calculada de exposición. Otros análisis dirigen la crítica menos hacia Portman y más hacia el propio proyecto literario de Cusk: M acaba siendo casi un instrumento abstracto para hablar de la desaparición del yo.
Rachel Cusk lleva años borrando la frontera entre vida y literatura
La polémica tampoco aparece en un vacío. Rachel Cusk tiene una relación larga, incómoda y productiva con la autoficción, ese territorio donde experiencia personal y ficción se mezclan hasta que buscar la costura resulta casi parte del juego.
Sus libros sobre maternidad, matrimonio y divorcio ya provocaron debates por la crudeza con la que retrataba relaciones familiares. Más tarde, la trilogía formada por Outline, Transit y Kudos convirtió esa incomodidad en una forma literaria: narradores que casi desaparecen y dejan que las historias de otras personas ocupen el espacio. Después llegaron Second Place y Parade, todavía más interesadas en desmontar la idea clásica de personaje.
Existe incluso un antecedente especialmente relevante. La primera edición de The Last Supper: A Summer in Italy, publicada en 2009, tuvo que ser retirada después de que una persona que aparecía retratada en el libro se reconociera y amenazara con emprender acciones legales. Cusk conoce, por tanto, mejor que casi nadie el terreno pantanoso que separa observar a alguien, convertirlo en literatura y conservar suficiente distancia respecto de la persona real.
Cuando una persona real entra en una novela
La literatura ha vivido siempre de apropiarse de la realidad. Philip Roth, Truman Capote, Nora Ephron y decenas de escritores antes y después convirtieron amantes, matrimonios, amigos y enemigos en personajes más o menos disimulados. El problema no es únicamente legal. Es moral, sentimental y, a veces, bastante doméstico: quien se reconoce en una novela puede descubrir que el autor no lo veía como él creía.
Life of M lleva esa tensión un poco más lejos porque parece incorporarla dentro de su propio argumento. La actriz ficticia termina cuestionando el retrato que el escritor ha construido de ella. Y ahí la novela deja de limitarse a utilizar una posible modelo real; empieza a representar también el conflicto producido por utilizarla.
Lo paradójico es formidable. Si M no fuera reconocible como Portman, buena parte de la conversación pública alrededor del libro desaparecería. Pero si se parece demasiado, la novela termina demostrando aquello mismo que pretende investigar: una celebridad ya no controla del todo su imagen. Ni siquiera dentro de un libro escrito por otra persona.
Una novela donde la ficción no consigue borrar el rostro real
Life of M saldrá a la venta en Estados Unidos el 25 de agosto de 2026, con 192 páginas, y llega convertida de antemano en algo más incómodo que un simple acontecimiento editorial. La pregunta sobre Natalie Portman seguirá flotando sobre cada lectura aunque Rachel Cusk jamás escriba su nombre.
Por ahora, los hechos permiten una conclusión bastante menos escandalosa que algunos titulares. M está claramente construida con elementos reconocibles de la vida y la carrera de Portman, pero Life of M sigue siendo una novela y no existe base para tratar todas las experiencias, pensamientos o conversaciones del personaje como hechos sobre la actriz. Tampoco existe una declaración pública de Portman confirmando una ruptura con Cusk.
Queda el malestar atribuido por fuentes cercanas, la vieja admiración literaria entre ambas y una novela que juega deliberadamente a acercarse mucho a una persona real para después recordarnos que la ficción tiene derecho a mentir. Un truco antiguo, en realidad. Solo que esta vez la silueta detrás del cristal se parece demasiado a Natalie Portman como para que nadie finja no haberla reconocido.

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