Economía
¿Cómo superó la cocaína al petróleo en las exportaciones de Colombia?
Colombia afronta una paradoja histórica: la cocaína habría generado más ingresos externos que el petróleo, impulsada por una producción récord.

La cocaína habría desplazado al petróleo como principal fuente de ingresos por exportación de Colombia en 2024. La estimación elaborada por investigadores de la Universidad EAFIT calcula que el narcotráfico colombiano generó unos 16.500 millones de dólares, frente a unos 15.000 millones obtenidos por las exportaciones de crudo. Un sorpasso económico difícil de digerir: el producto que más divisas estaría dejando al país no pasa por la aduana, no paga impuestos y ni siquiera figura en las estadísticas comerciales convencionales.
La comparación exige, eso sí, una precisión importante. Los 16.500 millones no son exportaciones oficiales de cocaína —obviamente no existe semejante casilla en los registros del comercio exterior—, sino una estimación del dinero captado por organizaciones criminales colombianas a lo largo de la cadena internacional del narcotráfico. El petróleo, en cambio, sí se contabiliza mediante operaciones legales registradas. Dicho esto, la magnitud del cálculo revela hasta qué punto ha crecido una economía clandestina que hace apenas una década tenía un peso mucho menor.
La cocaína mueve más dinero que el petróleo colombiano
El estudio atribuido al centro Valor Público de EAFIT y a los investigadores Santiago Tobón y Daniel Mejía coloca la economía colombiana de la cocaína en torno al 4,4% del producto interior bruto. El dato no significa que ese dinero se incorpore íntegramente a la economía nacional, porque una parte importante de los beneficios se genera, circula o permanece en el extranjero. Pero permite medir la escala del negocio.
En esa fotografía económica, el petróleo habría aportado unos 15.000 millones de dólares en exportaciones durante 2024. Bastante por detrás aparece el carbón, con alrededor de 7.100 millones. El oro legal rondaría los 4.100 millones y el ilegal, según otras estimaciones de EAFIT, se movería cerca de los 3.500 o 3.600 millones. La paradoja colombiana queda dibujada con bastante crudeza: dos economías criminales, cocaína y minería ilegal, compiten en tamaño con sectores que sostienen empleo, impuestos y exportaciones formales.
No es una comparación puramente contable. El narcotráfico utiliza carreteras, puertos clandestinos, corredores marítimos, redes financieras, testaferros, empresas pantalla y estructuras armadas. Genera actividad económica, claro, pero de la peor especie: riqueza privada acompañada de costes públicos. Violencia, corrupción, desplazamientos, lavado de dinero y pérdida de control territorial suelen llegar en el mismo paquete.
De menos de 300 toneladas a unas 3.000 en una década
Detrás del salto económico hay, sobre todo, muchísimo más producto. La producción potencial colombiana de cocaína se ha multiplicado durante la última década. Las estimaciones citadas por EAFIT sitúan el volumen por debajo de las 300 toneladas en 2013 y alrededor de las 3.000 toneladas en 2024.
La última cifra publicada oficialmente por la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito para Colombia situó en 2023 la superficie cultivada de coca en 253.000 hectáreas, un 10% más que el año anterior, mientras la producción potencial de clorhidrato de cocaína alcanzó 2.664 toneladas, un aumento del 53%. En 2024, datos posteriores apuntaron a unas 262.000 hectáreas y una producción potencial cercana a 3.001 toneladas, aunque esa última estimación provocó discrepancias metodológicas entre el Gobierno colombiano y Naciones Unidas y no debe tratarse como una cifra indiscutible.
Ahí está buena parte de la historia. No hace falta que el precio de la cocaína se dispare cuando la cantidad disponible crece de semejante manera. Más hectáreas, mayor productividad de los cultivos, laboratorios más eficientes y redes logísticas capaces de colocar enormes cargamentos en mercados extranjeros han ensanchado el negocio internacional de la cocaína.
El 70% de la cocaína mundial sale de Colombia
La estimación divulgada por The Economist sitúa a Colombia como origen de aproximadamente el 70% de la oferta mundial de cocaína. La cifra encaja, al menos en orden de magnitud, con los datos internacionales más recientes.
El Informe Mundial sobre las Drogas 2026 de Naciones Unidas calcula que la fabricación potencial mundial alcanzó un récord de unas 4.100 toneladas en 2024, dentro de un intervalo estimado de entre 3.800 y 4.700 toneladas. Si la producción potencial colombiana estuvo realmente alrededor de las 3.000 toneladas, la proporción se aproxima a siete de cada diez kilos. Naciones Unidas identifica además a Colombia como el principal país de salida de cargamentos de cocaína durante el periodo 2020-2024.
Conviene mantener la palabra estimación bien visible. Nadie pesa la cocaína mundial en una gigantesca báscula antes de que salga al mercado. Las cifras se reconstruyen mediante imágenes satelitales, extensión de los cultivos, rendimientos de la hoja, productividad de los laboratorios, incautaciones y estudios sobre el terreno. Hay márgenes de error, cambios metodológicos y zonas a las que resulta difícil acceder. El narcotráfico, por naturaleza, tampoco suele colaborar con el instituto nacional de estadística.
El gran negocio está después de salir de Colombia
Un kilo de cocaína vale relativamente poco cerca del lugar donde se produce. La rentabilidad se multiplica mientras cruza fronteras y se acerca al consumidor. Según los cálculos recopilados por EAFIT, el producto procesado puede valer alrededor de 1.400 dólares por kilo en Colombia y venderse para exportación por unos 2.000 o 3.000 dólares. Al alcanzar México, Estados Unidos o Europa, la cifra crece varias veces.
Ese detalle explica por qué medir el narcotráfico únicamente en los campos de coca ofrece una imagen incompleta. Las organizaciones colombianas ya no tienen necesariamente que limitarse a producir y entregar mercancía en la costa. Algunas participan en fases posteriores del transporte y la distribución, donde se concentra una parte mucho mayor del margen económico del narcotráfico.
Es el viejo principio comercial llevado al subsuelo de la economía: quien controla más eslabones de la cadena gana más dinero. Solo que aquí el departamento de logística puede incluir semisumergibles, contenedores contaminados, pistas clandestinas y rutas atlánticas.
Europa se ha convertido, además, en una pieza cada vez más importante. Naciones Unidas señala que el tráfico mundial continúa concentrándose en América y Europa occidental, con España, Francia, Bélgica y Países Bajos entre los grandes puntos de destino o incautación. España registró en 2024 el mayor volumen de cocaína decomisada de Europa según el Informe Mundial sobre las Drogas 2026.
Por qué cayó el petróleo mientras crecía la cocaína
El adelantamiento no se explica únicamente porque haya crecido el narcotráfico. También influye el comportamiento del sector petrolero colombiano, sometido a la evolución de los precios internacionales, el volumen de producción y la capacidad exportadora del país.
Colombia lleva años intentando reducir su dependencia de los hidrocarburos, aunque sustituir petróleo por una economía criminal no es precisamente la transición productiva que figuraba en ningún programa de desarrollo. La caída relativa de los ingresos petroleros ha coincidido con una expansión extraordinaria de la oferta de cocaína, favorecida por una demanda internacional persistente.
El mercado mundial tampoco muestra demasiadas señales de agotamiento. Naciones Unidas estima que alrededor de 25 millones de personas consumieron cocaína en 2024, mientras tanto la superficie mundial cultivada con coca como la fabricación potencial alcanzaron máximos históricos. La oferta encuentra clientes y los clientes sostienen la oferta; una rueda bastante antigua, pero que gira cada vez más deprisa.
Más cocaína no significa necesariamente más riqueza para el campesino
Uno de los aspectos menos intuitivos del negocio es la enorme distancia entre el dinero que mueve en los mercados internacionales y lo que recibe quien cultiva la hoja de coca. El gran margen aparece después, durante el procesamiento, el transporte y, sobre todo, la distribución internacional.
Por eso una economía de miles de millones puede convivir con territorios productores marcados por pobreza, baja presencia estatal y servicios públicos precarios. El narcotráfico genera rentas enormes, pero las distribuye de forma extraordinariamente desigual. Cuanto más cerca de los mercados consumidores está un actor de la cadena, mayor suele ser el valor de la mercancía que controla.
La coca también se concentra en determinadas regiones. En 2023, Naciones Unidas señalaba como principales zonas productoras el Pacífico, Putumayo-Caquetá, Catatumbo y la región central. Cauca y Nariño figuraban entre los territorios donde más había aumentado el cultivo. No son puntos casuales en el mapa: varios combinan salida al Pacífico, fronteras, selva, escasa infraestructura estatal y presencia de organizaciones armadas.
Una economía clandestina con consecuencias muy visibles
Los 16.500 millones de dólares sirven para entender el tamaño del fenómeno, pero no cuentan toda la historia. El problema de una economía criminal de semejante escala es su capacidad para comprar poder, no únicamente mercancías.
El dinero del narcotráfico financia grupos armados, corrompe funcionarios, paga redes de información, permite controlar comunidades y sostiene organizaciones capaces de disputar al Estado determinados territorios. También busca incorporarse a la economía legal mediante inmuebles, comercios, ganadería, minería, sociedades instrumentales y operaciones financieras. El billete, una vez lavado, pierde rápidamente el olor del laboratorio.
Ese es el lado menos espectacular y quizá más importante del dato. Que la cocaína pueda generar más ingresos externos que el petróleo no convierte al narcotráfico en el nuevo motor económico colombiano; revela, más bien, el tamaño de una economía paralela capaz de competir en volumen con algunos de los sectores formales más importantes del país.
Y obliga a leer con cuidado la frase que está dando la vuelta al mundo. La cocaína no exportó oficialmente 16.500 millones de dólares desde Colombia como lo hace el sector petrolero con el crudo. Es una estimación académica del valor capturado por redes colombianas en un mercado ilegal transnacional. Pero incluso con esa cautela, el resultado sigue siendo extraordinario: hace una década habría parecido una exageración afirmar que el negocio de la cocaína podía superar al petróleo. Las cifras disponibles para 2024 indican que esa frontera, al menos en términos económicos estimados, ya habría sido cruzada.












