Tecnología
¿Qué batería de sodio de CATL dura 30 años y alcanza 15.000 ciclos?
CATL presenta una batería de sodio con 15.000 ciclos y hasta 30 años de vida, pensada para almacenar energía a gran escala con menos costes.

Resumen
- CATL promete 15.000 ciclos y hasta 30 años de vida útil
- TENER Sodium está pensada para redes eléctricas, no para coches
- El sodio reduce la dependencia del litio y mejora el rendimiento térmico
CATL ha presentado una batería de sodio para almacenar electricidad a gran escala que, según los datos divulgados por la compañía, puede completar 15.000 ciclos de carga y descarga y conservar todavía el 70% de su capacidad. Esa resistencia permitiría mantenerla en servicio durante unos 25 o 30 años, una vida útil poco habitual en una industria donde la degradación termina convirtiéndose en dinero, mantenimiento y toneladas de equipos reemplazados.
El producto se llama TENER Sodium y conviene despejar una confusión desde el principio: no es una batería destinada a coches eléctricos. Está diseñada para instalaciones de almacenamiento estacionario que guardan la energía producida por parques solares y eólicos, estabilizan la red eléctrica o alimentan infraestructuras con un consumo intenso y continuo, como los centros de datos. En otras palabras, no va bajo el asiento de un turismo; vivirá dentro de enormes complejos eléctricos, trabajando día y noche mientras nadie la mira.
La presentación se celebró el 22 de junio en Múnich. CATL sostiene que el sistema está preparado para su fabricación comercial, con las primeras entregas previstas en China para septiembre de 2026 y el desembarco internacional programado para junio de 2027. El anuncio es ambicioso, incluso para el mayor fabricante mundial de celdas de almacenamiento. La química, sin embargo, no suele dejarse impresionar por los focos.
Una batería para la red, no para el coche
TENER Sodium supera los 30 MWh de capacidad nominal por módulo y utiliza una arquitectura modular. Cada unidad pesa alrededor de 42 toneladas y una instalación de 1 GWh podría construirse con 34 módulos. Son dimensiones industriales: una sola planta de ese tamaño puede guardar suficiente electricidad para alimentar durante horas a decenas de miles de hogares, dependiendo del consumo y de la potencia de descarga.
El sistema permite configurar proyectos de almacenamiento eléctrico de una, dos, cuatro, seis u ocho horas. Esa flexibilidad importa porque una batería conectada a la red no cumple siempre la misma función. A veces debe reaccionar durante unos segundos para corregir una oscilación; otras, guardar el excedente solar del mediodía y devolverlo cuando cae la tarde, justo cuando las placas dejan de producir y las cocinas empiezan a encenderse.
CATL ha separado los bloques de energía y potencia para adaptar cada proyecto sin rediseñar toda la instalación. Si uno de los módulos falla, puede aislarse y sustituirse de manera independiente. Menos cirugía mayor, vaya. La compañía busca así reducir los periodos de inactividad y los costes de mantenimiento durante una vida operativa que pretende medir en décadas.
Los 15.000 ciclos, traducidos al mundo real
La cifra que acapara los titulares necesita contexto. CATL afirma que la batería alcanza 15.000 ciclos a 25 °C hasta quedar en un 70% de estado de salud. Un ciclo equivale, de manera simplificada, a cargar y descargar toda la capacidad disponible, aunque en una instalación real puede formarse mediante muchas operaciones parciales.
Llegar al 70% tampoco significa que la batería haya muerto. Significa que, después de ese uso acumulado, puede almacenar aproximadamente siete de cada 10 kilovatios-hora que admitía al salir de fábrica. Dependiendo de las necesidades del proyecto, aún podría continuar trabajando, pasar a una aplicación menos exigente o retirarse.
CATL traduce ese desgaste en una duración estimada de 25 a 30 años. No es que la empresa haya tenido una TENER Sodium funcionando desde los años noventa, naturalmente. Se trata de una proyección construida a partir de pruebas y modelos de degradación bajo determinadas condiciones de funcionamiento. La comprobación definitiva llegará con el uso comercial prolongado, cuando las baterías tengan que convivir con calor, humedad, averías, redes inestables y operadores de carne y hueso.
Aun con esa cautela, 15.000 ciclos constituyen un dato relevante. La rentabilidad del almacenamiento no depende solo del precio inicial, sino de cuánta electricidad puede entrar y salir durante toda la vida del equipo. Una batería algo más cara puede acabar siendo mejor negocio si trabaja más años, pierde menos capacidad y exige menos sustituciones.
El frío deja de ser una condena
Las baterías suelen sufrir cuando el termómetro se aleja de una franja confortable. El frío ralentiza las reacciones electroquímicas; el calor acelera la degradación y obliga a gastar electricidad en refrigeración. TENER Sodium intenta atacar ambos extremos.
Según las pruebas difundidas por CATL, el sistema conserva más del 92% de su capacidad a –20 °C y puede superar los 10.000 ciclos a 45 °C sin requerir medidas térmicas adicionales. Esto abriría la puerta a instalaciones en regiones donde las bajas temperaturas castigan a otras químicas o donde el calor convierte la climatización en una factura permanente.
La compañía también atribuye al sodio una respuesta más estable ante situaciones térmicas críticas. En caso de fuga térmica, la temperatura superficial se situaría en torno a 200 °C, notablemente por debajo de algunos sistemas de ion-litio. No elimina el riesgo —ninguna infraestructura eléctrica seria vive en ese cuento de hadas—, pero puede reducir la propagación del incendio y facilitar su control.
El sodio no jubila al litio, pero le quita el monopolio
El atractivo del sodio comienza en la tabla periódica y termina en la geopolítica. Es un elemento mucho más abundante y ampliamente distribuido que el litio. Su suministro no depende de un puñado de regiones mineras ni está tan expuesto a los mismos picos de precios, restricciones comerciales y cuellos de botella industriales.
Eso no convierte automáticamente cada batería de sodio en una batería barata. El coste final incluye materiales, fábricas y electrónica, además de certificaciones, refrigeración, transporte y escala productiva. Durante años, el ion-litio ha levantado una cadena industrial gigantesca; desmontar esa ventaja no se consigue sustituyendo un mineral por otro y agitando una calculadora.
El sodio tiene, además, una densidad energética inferior a la de las mejores baterías de litio. En un coche, donde cada kilogramo resta autonomía y espacio, esa desventaja pesa. En una planta estacionaria situada junto a una subestación, unas toneladas adicionales resultan bastante menos dramáticas. El terreno no viaja a 120 kilómetros por hora.
Por eso TENER Sodium apunta al almacenamiento eléctrico y no al garaje doméstico ni al automóvil. Su valor está en ofrecer muchos ciclos, resistencia térmica, seguridad y materias primas abundantes, aunque el sistema resulte más voluminoso.
La ventaja está en el sistema completo
CATL no ha presentado únicamente una celda. Ha desarrollado una plataforma con electrónica de potencia, refrigeración, gestión digital y compatibilidad con instalaciones de litio-ferrofosfato, conocidas como LFP. Ambos tipos de batería pueden compartir el mismo espacio físico y buena parte de la infraestructura, lo que facilitaría cambiar de química sin rehacer el proyecto desde los cimientos.
Un sistema bidireccional de regulación adapta el amplio rango de voltaje de las celdas de sodio y mejora cerca de un 2% la eficiencia de ida y vuelta, es decir, la proporción de electricidad que se recupera después de cargar y descargar la batería. Dos puntos parecen poca cosa hasta que se aplican a una planta de 1 GWh durante décadas. Entonces aparecen millones de kilovatios-hora que antes se perdían como calor.
El consumo auxiliar se habría reducido del promedio industrial del 2% al 1%, gracias a la gestión térmica y al diseño de ventilación superior. La instalación funciona a unos 65 decibelios, 10 menos que equipos convencionales comparables. No es silencio de biblioteca, pero puede facilitar la construcción de sistemas cerca de zonas industriales o núcleos de consumo sin que el vecindario sienta que le han aparcado una turbina en la ventana.
Del laboratorio a la producción masiva
CATL comenzó a investigar baterías de sodio en 2016 y cifra su inversión acumulada en cerca de 1.200 millones de euros. Más de 300 investigadores habrían participado en el desarrollo, con unas 1.600 familias de patentes y más de 200 patentes concedidas en distintos mercados.
La industrialización ya no se limita a unas pocas celdas fabricadas para una feria. La compañía ha invertido 5.000 millones de yuanes en ampliar sus líneas de Fuding, que añadirán 40 GWh anuales, y proyecta otros 160 GWh de capacidad en su planta de Jining, en la provincia china de Shandong.
El primer termómetro comercial será el acuerdo firmado con HyperStrong para suministrar 60 GWh de baterías de sodio durante tres años. CATL prevé entregar sus primeros sistemas en China en septiembre y acumular 1 GWh antes de terminar 2026. Para los clientes internacionales, la fecha marcada es junio de 2027.
El calendario revela tanto la fortaleza como el límite del anuncio. La tecnología parece lista para entrar en grandes proyectos, pero todavía debe demostrar que puede fabricarse a escala, mantener una calidad uniforme y ofrecer un coste competitivo durante años. Pasar del prototipo al gigavatio-hora es el momento en que muchas revoluciones tecnológicas descubren el precio de los tornillos.
La prueba que falta está fuera del PowerPoint
CATL no ha publicado un precio detallado por kilovatio-hora instalado, por lo que aún resulta prematuro afirmar cuánto abaratará una planta frente a una solución LFP equivalente. La abundancia del sodio es favorable, pero el dato decisivo será el coste total de la electricidad almacenada durante toda la vida útil.
Ahí entran la degradación, la eficiencia, los ciclos reales, el mantenimiento, la refrigeración, el seguro, el coste financiero y el valor residual. También habrá que comprobar cómo responde el sistema ante ritmos de carga cambiantes, climas húmedos y operaciones menos cuidadas que las de un laboratorio.
La estimación de 30 años debe leerse como lo que es: un objetivo de ingeniería respaldado por ensayos del fabricante, no una garantía universal aplicable a cualquier instalación. El clima, la intensidad de uso y la estrategia de carga pueden acortar o prolongar la vida del equipo.
Una segunda columna para la red eléctrica
TENER Sodium no supone la desaparición del litio. CATL plantea una convivencia en la que cada química ocupe el terreno que mejor le conviene: el litio seguirá dominando donde pesan la autonomía, el volumen y la densidad energética; el sodio puede crecer donde importan la longevidad, la seguridad, la estabilidad de precios y la disponibilidad de materias primas.
La novedad profunda no está solo en alcanzar 15.000 ciclos. Está en que una de las mayores compañías de baterías del mundo ha preparado fábricas, contratos y una plataforma comercial para convertir el sodio en infraestructura energética real. Ya no es una curiosidad de laboratorio ni una eterna promesa colocada cinco años por delante.
Queda comprobar el precio, la fiabilidad fuera de China y el comportamiento después de millones de horas de funcionamiento. Pero el movimiento ya ha alterado el tablero: almacenar electricidad durante décadas sin depender exclusivamente del litio empieza a parecer una opción industrial. Y cuando una alternativa consigue salir del laboratorio, firmar pedidos y ocupar una fábrica, el mercado suele escuchar. Aunque finja que no.

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