Síguenos

Actualidad

¿Por qué el Supremo frena a Trump por el voto por correo en EE. UU.?

El Supremo mantiene bloqueadas las nuevas reglas de Trump para el voto por correo y evita un cambio electoral de última hora antes de noviembre.

Publicado

el

miembros 2026 del supremo de eeuu

Foto: Fred Schilling / U.S. Supreme Court / Wikimedia Commons — dominio público.

Resumen

  • El Supremo mantiene bloqueadas las nuevas reglas de Trump sobre voto postal
  • Los estados podrán seguir enviando las papeletas con el sistema vigente
  • El litigio continúa, pero las restricciones no regirán en noviembre

El Tribunal Supremo de Estados Unidos ha propinado un importante revés a Donald Trump al impedir que entren en vigor las nuevas restricciones al voto por correo antes de las elecciones legislativas del 3 de noviembre de 2026. La Administración había pedido a los magistrados que levantaran de urgencia el bloqueo impuesto por una jueza federal. No lo consiguió.

La decisión mantiene, de momento, el sistema que los estados llevan años utilizando para enviar las papeletas electorales por correo. Y esa precisión importa: el Supremo no ha resuelto definitivamente todo el litigio ni ha declarado inconstitucional en sentencia firme toda la política de Trump, pero sí ha concluido que el Gobierno tiene pocas posibilidades de prosperar en su intento de derribar la medida cautelar que paralizó las nuevas reglas. Con las papeletas empezando a circular, el calendario pesó casi tanto como el Derecho.

El Supremo bloquea las nuevas restricciones antes de las elecciones

La batalla gira alrededor de una norma aprobada por el Servicio Postal de Estados Unidos, el USPS, después de que Trump firmara en marzo una orden ejecutiva destinada a endurecer las condiciones aplicables al voto por correo.

El Gobierno defendía los cambios como una forma de reforzar la seguridad electoral y prevenir fraudes. Sus adversarios veían algo bastante distinto: una transferencia de poder hacia Washington capaz de alterar, a pocas semanas de las elecciones, procedimientos que tradicionalmente gestionan los estados.

El Supremo rechazó la petición urgente de la Administración para permitir la aplicación inmediata de las nuevas normas. Los jueces Samuel Alito y Clarence Thomas mostraron públicamente su desacuerdo. El resto no se sumó a esa posición, mientras Brett Kavanaugh escribió por separado para explicar una objeción especialmente significativa.

Kavanaugh dejó abierta la posibilidad de que el Servicio Postal pueda disponer de cierta autoridad legal para regular este tipo de envíos. El problema, sostuvo, está en intentar aplicar semejante transformación prácticamente con las urnas en marcha. Las autoridades estatales y locales no disponen de tiempo suficiente para adaptar razonablemente sus sistemas antes de las elecciones de 2026.

Y ahí aparece una de las claves del caso. Una administración puede defender que posee una determinada competencia y, aun así, perder porque la forma concreta de ejercerla resulta jurídicamente insostenible. En materia electoral, cambiar las reglas con la votación en marcha es una operación especialmente delicada.

Qué quería cambiar Trump en el voto por correo

La norma impulsada por el Gobierno no consistía simplemente en colocar una etiqueta diferente en un sobre. El sistema previsto suponía una modificación considerable de la maquinaria electoral.

Los estados tendrían que utilizar sobres que cumplieran nuevos requisitos del Servicio Postal, incluidos elementos específicos para su procesamiento automatizado y códigos de barras vinculados a cada elector. Los diseños debían pasar previamente por la aprobación del USPS.

También estaba previsto que las autoridades electorales facilitaran información de los votantes mediante un nuevo portal. El Servicio Postal podría comprobar después si los envíos cumplían las condiciones establecidas y rechazar o devolver determinadas remesas de papeletas cuando no se ajustasen al sistema.

El problema práctico salta a la vista. Una errata, un fallo en el código, una plataforma que no responde como debería o un estado incapaz de transformar a tiempo millones de sobres dejaban de ser pequeñas molestias burocráticas. Podían convertirse en ciudadanos que esperaban una papeleta y no la recibían.

Las autoridades electorales alegaron precisamente eso ante los tribunales. Algunos estados dependen enormemente del voto postal y no cuentan con una alternativa capaz de absorber, de repente, a una masa de electores obligados a votar presencialmente. Alabama, Carolina del Norte y Wisconsin ya habían comenzado a enviar papeletas mientras la disputa judicial seguía abierta.

Los tribunales inferiores ya habían puesto el freno

La jueza federal Indira Talwani, en Massachusetts, bloqueó la nueva normativa a comienzos de septiembre. Consideró probable que existieran problemas constitucionales porque la organización de las elecciones corresponde en gran medida a los estados dentro del marco establecido por la Constitución y el Congreso.

Otro juez federal, Carl Nichols, nombrado durante la presidencia de Trump, también paralizó la norma en un procedimiento separado. La circunstancia resulta incómoda para cualquier lectura demasiado partidista del asunto: la resistencia judicial no procedió únicamente de magistrados vinculados a administraciones demócratas.

La Corte de Apelaciones del Primer Circuito se negó asimismo a suspender el bloqueo. Sus jueces advirtieron del riesgo de que las nuevas exigencias terminaran privando del voto a un número muy elevado de ciudadanos a cambio de unos beneficios reducidos, cuando no dudosos, en la lucha contra el fraude electoral.

El Supremo tenía entonces delante una cuestión urgente: no decidir todavía todo el conflicto constitucional, sino determinar si las restricciones podían empezar a funcionar mientras continuaban los litigios. Su respuesta fue negativa.

Por qué el fallo supone un revés político para Trump

El voto por correo ocupa desde hace años un lugar extraño en la política estadounidense. Es un procedimiento habitual, utilizado por millones de ciudadanos y especialmente importante en varios estados, pero Trump lo convirtió después de las elecciones de 2020 en uno de los grandes campos de batalla de su discurso sobre el fraude electoral.

Las investigaciones disponibles no han acreditado el fraude masivo que el presidente ha atribuido repetidamente a este sistema. Los casos documentados existen, como ocurre con otras modalidades de voto, pero son extraordinariamente infrecuentes en relación con el volumen total de papeletas emitidas.

El choque de 2026 tiene además una evidente dimensión electoral. En las legislativas de noviembre estará en juego el control del Congreso y el voto por correo representa una parte relevante de la participación estadounidense. En elecciones recientes ha llegado a concentrar cerca de un tercio de los votos emitidos.

Durante los últimos ciclos electorales, los demócratas han recurrido proporcionalmente más que los republicanos al voto postal. Eso convierte cualquier restricción de esta modalidad en una decisión con consecuencias políticas previsibles, aunque la norma se presente formalmente como una cuestión administrativa del servicio de correos.

Trump sostiene que pretende proteger la integridad electoral. Sus críticos replican que la Casa Blanca intenta utilizar una agencia federal para intervenir en competencias electorales estatales. Entre ambas versiones está lo que realmente importa en un tribunal: qué permite la ley y quién tiene autoridad para hacerlo.

El Supremo ya había dado antes una victoria a Trump

La historia tiene un giro que conviene no perder. El mismo Tribunal Supremo que ahora frena al Gobierno había favorecido a Trump el 24 de agosto en una fase anterior del conflicto.

Entonces levantó una medida cautelar relacionada con la orden ejecutiva presidencial. La razón era fundamentalmente procesal: el Servicio Postal todavía no había aprobado su regulación definitiva y la impugnación contra una norma que aún no existía estaba, a juicio del tribunal, planteada demasiado pronto.

Aquella resolución no significaba que las futuras restricciones fueran legales. De hecho, el Supremo dejó abierta expresamente la posibilidad de que la normativa definitiva pudiera ser recurrida cuando existiera.

Eso ocurrió pocos días después. El USPS publicó la regla final el 26 de agosto y los estados regresaron a los tribunales. Esta vez ya había algo concreto sobre la mesa: sobres, códigos de barras, bases de datos y verificaciones, además de la posibilidad de impedir determinados envíos.

La Administración ganó, por así decirlo, el combate sobre cuándo podía presentarse la demanda. Ha perdido el siguiente, mucho más importante para las elecciones de noviembre, sobre si el nuevo mecanismo podía empezar a utilizarse inmediatamente.

Qué ocurre ahora con las papeletas enviadas por correo

La consecuencia inmediata es bastante sencilla para los votantes: los estados pueden continuar preparando y enviando las papeletas conforme a los procedimientos existentes, sin adaptar sus sistemas de emergencia a las nuevas exigencias promovidas por la Administración Trump.

La resolución proporciona especialmente estabilidad a territorios donde el correo no es una modalidad secundaria, sino una pieza central de las elecciones. Washington, Oregón y otros estados cuentan desde hace años con estructuras diseñadas alrededor de este sistema.

No significa que el debate jurídico haya desaparecido. El litigio puede continuar y algunas de las cuestiones sobre la autoridad del Servicio Postal podrían regresar al Supremo en otro momento. El propio Kavanaugh ha señalado que existe al menos una posibilidad razonable de que determinadas competencias del USPS encuentren respaldo legal.

Pero las reglas de Trump no se aplicarán a las elecciones de medio mandato de 2026 mientras siga vigente el bloqueo judicial. A estas alturas, con el proceso electoral iniciado en varios estados, esa es la consecuencia que más importa fuera de las facultades de Derecho.

Un límite judicial en plena carrera hacia noviembre

La decisión del Supremo tiene una lectura inmediata y otra de mayor recorrido. La inmediata afecta a millones de papeletas: el voto por correo continúa funcionando esencialmente bajo las reglas anteriores y los estados no tendrán que reconstruir sus sistemas semanas antes de unas elecciones decisivas para el Congreso.

La segunda toca un problema más profundo de la política estadounidense, el de los límites del poder presidencial. La Casa Blanca intentó utilizar las competencias del Servicio Postal para imponer nuevas condiciones sobre una actividad situada en el corazón mismo de la administración electoral. Dos tribunales federales pusieron el freno y el Supremo ha decidido mantenerlo.

Trump todavía puede seguir litigando. Tampoco todo el debate sobre la autoridad federal está jurídicamente cerrado. Pero la fotografía de septiembre de 2026 es bastante nítida: el presidente quería que sus nuevas restricciones estuvieran operativas para noviembre y el máximo tribunal estadounidense ha dicho que no.

En unas elecciones donde cada décima de participación puede decidir un escaño —y unos cuantos escaños, el Congreso— no es una derrota menor. Es una de esas decisiones judiciales cuya onda expansiva llega mucho más lejos que el mármol del tribunal.

Newsletter

Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

Lo más leído