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¿Quién compra los Padres y qué cambia con Feliciano y Jones al mando?

Los Padres cambian de manos por 3.900 millones: Feliciano y Jones toman el control de una franquicia que aspira a seguir creciendo en la MLB.

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vidriera con cosas de Los Padres

Foto: ewen and donabel / Wikimedia Commons, CC BY 2.0.

La Major League Baseball (MLB) ha aprobado por unanimidad el cambio de control de los Padres de San Diego a un grupo de inversores encabezado por José E. Feliciano y Kwanza Jones. Feliciano será la denominada “persona de control” de la franquicia, la figura reconocida por la liga como principal representante de la propiedad, mientras ambos dirigirán conjuntamente el nuevo grupo propietario. La operación está valorada en 3.900 millones de dólares, una cifra récord en la historia de la MLB, aunque el cierre formal de la transacción todavía debe completarse.

El nombre que pasa al primer plano es el de José E. Feliciano, empresario nacido en Puerto Rico, cofundador y socio director de Clearlake Capital Group y también vinculado a la propiedad del Chelsea inglés. Pero la compra no es una aventura individual: su esposa y socia empresarial, Kwanza Jones, comparte el liderazgo del proyecto. El matrimonio toma las riendas de unos Padres que han dejado atrás buena parte de su histórica condición de actor secundario para convertirse en una franquicia deportiva mucho más valiosa, seguida y ambiciosa.

La MLB da vía libre a un cambio de era en San Diego

La votación de los propietarios de las Grandes Ligas se realizó mediante conferencia y terminó con apoyo unánime al nuevo grupo. No es un mero trámite decorativo. La MLB debe autorizar los cambios de control de sus franquicias y ha designado expresamente a Feliciano como “persona de control” conforme a sus normas de gobierno. En términos sencillos: será quien represente al club en la estructura de poder de la liga, aunque la propiedad y la gestión económica tengan más protagonistas.

Queda un último escalón jurídico y financiero, el cierre definitivo de la compraventa, previsto próximamente. Después llegará la puesta de largo. Feliciano y Jones tienen programada su presentación pública como nuevos propietarios en Petco Park el 24 de agosto. Hasta entonces, y también después si no hay cambios posteriores, el funcionamiento deportivo cotidiano seguirá en manos de la estructura que ya conoce el vestuario: Erik Greupner continuará como consejero delegado y A.J. Preller como presidente de operaciones de béisbol y gerente general.

Es una continuidad importante. Cambia la planta noble, pero no se desmonta la oficina deportiva en mitad de la temporada. Algo bastante razonable cuando los Padres siguen peleando por la postemporada y cada partido empieza a pesar un poco más que el anterior.

Quién es José E. Feliciano, el nuevo hombre fuerte de los Padres

Feliciano, de 53 años, nació en Puerto Rico y ha construido su carrera lejos del diamante, en el mundo de la inversión. Es cofundador de Clearlake Capital Group, firma de inversión privada creada en 2006 y con sede en Santa Mónica, California. Su trayectoria empresarial lo había llevado ya al deporte de élite antes de aparecer en San Diego: forma parte de la propiedad del Chelsea FC, uno de los grandes clubes del fútbol inglés.

Su llegada tiene también una dimensión poco habitual dentro de la estructura de propietarios del béisbol estadounidense. Feliciano se convierte en el segundo propietario principal latino de la MLB, junto a Arte Moreno, propietario de Los Angeles Angels. Es un dato llamativo en una competición donde una parte muy relevante de sus jugadores procede de Latinoamérica o tiene raíces hispanas.

No aterriza, por tanto, como un desconocido que acaba de descubrir el negocio deportivo al mirar una cuenta de resultados. Conoce las peculiaridades de convertir una institución deportiva en activo empresarial y, a la vez, sabe que un club no funciona como una fábrica de tornillos. Los aficionados no figuran en el balance, pero pueden llenar un estadio, vaciarlo o convertir una propiedad en algo bastante incómodo.

Clearlake, Chelsea y la experiencia de manejar grandes activos

El perfil de Feliciano ayuda a entender por qué la familia Seidler eligió su oferta después de un proceso competitivo. La propiedad de los Padres había despertado un fuerte interés entre grandes inversores y la carrera quedó reducida durante la primavera a varios candidatos con considerable músculo financiero. El acuerdo con Feliciano y Jones se anunció finalmente a comienzos de mayo, sujeto entonces a la autorización que la MLB acaba de conceder.

Clearlake ha convertido a Feliciano en una figura conocida dentro del capital privado estadounidense, mientras su participación en el entramado propietario del Chelsea le ha proporcionado experiencia directa en una entidad deportiva global. El béisbol, claro, tiene sus propias reglas económicas y culturales. No hay ascensos ni descensos, las franquicias son escasas y el precio de entrada es enorme. Tanto, que la valoración de los Padres parece escrita con marcador grueso.

Kwanza Jones, la otra mitad del nuevo mando

Reducir la operación a “los Padres de Feliciano” dejaría fuera una parte sustancial de la historia. Kwanza Jones será copropietaria mayoritaria y dirigirá junto a él el grupo. Ambos son matrimonio, socios empresariales y cofundadores de una oficina familiar creada en 2014, desde la que han desarrollado inversiones y proyectos filantrópicos. Jones ejerce como consejera delegada de esa estructura y ha formado parte de consejos y órganos asesores de distintas organizaciones.

El grupo incorpora además otros inversores. Entre ellos aparecen Joey y Jesse Buss, hijos del histórico propietario de Los Angeles Lakers, Jerry Buss. La composición completa y el reparto detallado de las participaciones no han sido publicados por los Padres, una diferencia relevante frente a la enorme cifra de valoración que ha acompañado a la operación desde que comenzó a conocerse.

3.900 millones y un récord que explica cuánto han cambiado los Padres

En el deporte estadounidense los récords no siempre llegan con un bate en la mano. A veces llegan desde un despacho. La valoración de 3.900 millones de dólares atribuida a la compraventa supera ampliamente el anterior máximo de una franquicia de la MLB: los 2.420 millones pagados por Steve Cohen por los New York Mets en 2020. Los Padres no han hecho públicos todos los términos económicos del acuerdo, pero la valoración difundida sitúa la operación en otra escala.

La comparación con 2012 resulta todavía más gráfica. Ese año, el grupo en el que participaba la familia Seidler compró los Padres por 800 millones de dólares. Catorce años después, la valoración de la franquicia se acerca a cinco veces aquella cantidad. No todo responde a inflación o al aumento general del precio de los equipos profesionales. San Diego ha cambiado deportivamente, comercialmente y también en su relación con la ciudad.

Los Padres han alcanzado los playoffs cuatro veces en las últimas seis temporadas, una secuencia excepcional para sus estándares históricos. Paralelamente, Petco Park se ha convertido en uno de los estadios con mayor tirón de la MLB: el club fue segundo en asistencia de todas las Grandes Ligas durante las dos últimas campañas y ha batido su propio récord de público tres años consecutivos. Ahí aparece una parte menos vistosa de esos 3.900 millones. Asientos ocupados, consumo, patrocinio, eventos, televisión, marca. El negocio que se construye alrededor de nueve entradas.

La figura de Peter Seidler resulta inseparable de esta transformación. Entró en el grupo propietario en 2012, asumió el control mayoritario en 2020 y murió en noviembre de 2023, a los 63 años. Durante su etapa los Padres elevaron considerablemente el gasto en plantilla y asumieron riesgos financieros con una obsesión muy sencilla de explicar y bastante difícil de cumplir: ganar. No consiguieron todavía las Series Mundiales, pero cambiaron las expectativas de una afición acostumbrada durante décadas a mirar a otros clubes desde abajo.

Qué cambia en los Padres y qué seguirá exactamente igual

La primera consecuencia de la venta es institucional, no deportiva. Feliciano y Jones controlarán la propiedad, pero Greupner y Preller seguirán encargándose de las operaciones diarias. Eso permite mantener una línea de continuidad en plena temporada y evita que el cambio accionarial se convierta en una pequeña revolución administrativa con el equipo jugando partidos que cuentan.

El momento, de hecho, tiene bastante peso. A 18 de agosto, San Diego presenta un balance de 67 victorias y 59 derrotas, segundo en la División Oeste de la Liga Nacional por detrás de Los Angeles Dodgers y todavía dentro de la batalla por la postemporada. La nueva propiedad no compra un edificio vacío ni un proyecto a cinco años vista; entra en un club competitivo que aspira a jugar en octubre.

La incógnita más interesante vendrá después: cuánto capital estará dispuesta a comprometer la nueva dirección para mantener ese nivel. Feliciano y Jones han colocado el listón muy alto al declarar que pretenden construir una organización capaz de competir por campeonatos de forma recurrente y conquistar las primeras Series Mundiales de la historia de los Padres.

Aquí las declaraciones son la parte barata. Después llegan las renovaciones, los contratos, el desarrollo de jugadores, las instalaciones y las decisiones sobre nóminas de cientos de millones. El recuerdo de Peter Seidler hace que en San Diego la palabra “ambición” tenga una referencia concreta: gastar cuando se considera necesario para competir. La nueva propiedad será medida, inevitablemente, con ese rasero.

San Diego cambia de manos sin bajar la ambición

La venta de los Padres no es solo una de las grandes operaciones económicas recientes del deporte estadounidense. También retrata la transformación de una franquicia que durante buena parte de su historia vivió lejos del centro del escenario y que ha terminado valorada en 3.900 millones de dólares, con un estadio lleno y aspiraciones deportivas bastante mayores que las de hace una década.

José E. Feliciano será la cara institucional principal ante la MLB; Kwanza Jones compartirá el liderazgo de la propiedad. Detrás queda la etapa de la familia Seidler y, sobre todo, la huella de Peter Seidler, el propietario que elevó el gasto, la exigencia y las expectativas. Delante aparece un grupo inversor que promete continuidad competitiva y una meta que San Diego persigue desde que la franquicia nació en 1969: ganar por fin las Series Mundiales.

El dinero ya ha establecido su récord. Falta el otro, el que realmente contará cuando se enciendan las luces de Petco Park.

Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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