Ciencia
¿Qué es Betelgeuse B, la compañera hallada tras un siglo de búsqueda?
La imagen más clara obtenida de Betelgeuse B aporta la prueba más sólida de que la célebre supergigante roja forma parte de un sistema binario.

Betelgeuse llevaba siglos ocupando en solitario el hombro de Orión. Una estrella rojiza, enorme y cambiante, tan reconocible en las noches despejadas como desconcertante para quienes intentaban explicar sus repentinos altibajos de brillo. Ahora sabemos que aquella soledad era, probablemente, una ilusión fabricada por la luz.
Un equipo internacional de astrónomos ha obtenido la imagen más nítida hasta la fecha de Betelgeuse B, una estrella mucho menos luminosa que gira alrededor de la famosa supergigante roja. El hallazgo culmina una búsqueda científica iniciada hace aproximadamente un siglo y aporta la evidencia directa más convincente de que Betelgeuse no es una estrella aislada, sino el miembro dominante de un sistema binario.
La escena tiene algo de truco óptico cósmico: durante generaciones, la compañera estuvo ahí, escondida junto a uno de los faros más deslumbrantes del cielo. Como intentar distinguir una cerilla encendida junto a un foco de estadio.
La imagen que ha sacado a Betelgeuse B de las sombras
Las observaciones se realizaron en diciembre de 2024 con el Very Large Telescope, instalado en el desierto chileno de Atacama. El equipo dirigido por Miguel Montargès, del Observatorio de París, empleó el instrumento SPHERE y dedicó meses a procesar las imágenes, separando la tenue señal de la compañera del resplandor descomunal de Betelgeuse.
El resultado muestra directamente la luz de lo que los investigadores identifican como Betelgeuse B. No se trata únicamente de una alteración en el movimiento de la estrella principal o de una sombra inferida mediante cálculos: en las imágenes aparece un punto luminoso situado en la posición que los modelos habían previsto.
Conviene, eso sí, afinar el lenguaje. El hallazgo deja muy poco margen para la duda, pero los propios autores consideran necesaria otra observación, cuando la compañera aparezca al otro lado de Betelgeuse, para cerrar definitivamente la identificación. La ciencia funciona así: incluso cuando la puerta parece abierta de par en par, alguien comprueba todavía la cerradura.
Una estrella pequeña solo al lado de un monstruo
La nueva compañera tendría entre dos y tres veces la masa del Sol, bastante más de lo que estimaban algunos modelos iniciales. También sería más brillante que nuestra estrella, aunque junto a Betelgeuse parezca poco más que una mota azulada.
La comparación resulta casi injusta. Betelgeuse tendría entre 16,5 y 19 masas solares, un diámetro cientos de veces superior al del Sol y una luminosidad cercana a 100.000 soles. Si ocupase el centro del sistema solar, su superficie se extendería más allá de la órbita de Júpiter. Su compañera es una estrella considerable; Betelgeuse, en cambio, es una catedral de gas.
Ambas se encuentran aproximadamente a 500 o 600 años luz de la Tierra y orbitan separadas por una distancia comparable a la que existe entre el Sol y Saturno. Desde nuestra perspectiva aparecen prácticamente pegadas, sepultada una dentro del fulgor de la otra.
Un misterio que empezó hace aproximadamente cien años
Los astrónomos sospechaban desde hacía décadas que algo acompañaba a Betelgeuse. La estrella presenta diversos ciclos de brillo y movimiento que no encajaban del todo con las pulsaciones normales de una supergigante roja.
Uno de esos ritmos dura alrededor de 400 días y se relaciona con la expansión y contracción de la propia estrella. Otro, mucho más largo, se repite aproximadamente cada 2.100 días, casi seis años. Esa segunda cadencia era la pista: un latido lento que sugería la presencia de un objeto orbitando muy cerca.
Los estudios publicados en 2024 calcularon dónde debía encontrarse la posible compañera y señalaron diciembre de aquel año como un momento especialmente favorable para observarla. La predicción colocaba a la estrella secundaria en uno de los puntos de mayor separación aparente respecto a Betelgeuse. El equipo de Montargès apuntó allí. Y allí estaba.
No partían de cero. En 2025, otro grupo había anunciado una detección probable mediante el telescopio Gemini North de Hawái y propuso para la compañera el nombre de Siwarha, una palabra árabe que significa “su brazalete”. El nombre encaja con el origen tradicional de Betelgeuse, relacionado con “la mano” de una figura celeste de la antigua cultura árabe.
A comienzos de 2026 llegó otra pieza del rompecabezas: observaciones del telescopio Hubble y de varios observatorios terrestres detectaron una especie de estela de gas denso en la atmósfera exterior de Betelgeuse. La compañera parece atravesar esas capas gaseosas como una lancha que deja una ondulación sobre el agua.
¿Betelgeuse B explica los cambios de brillo?
En parte, sí; pero no todos.
La compañera puede ayudar a explicar el ciclo de aproximadamente seis años y ciertas alteraciones en los gases que rodean a la supergigante. Su gravedad, su movimiento orbital y el rastro que abre dentro de la atmósfera extendida de Betelgeuse podrían modificar la cantidad de material que vemos y la forma en que nos llega su luz.
Betelgeuse, sin embargo, no es una bombilla con un único interruptor. Su superficie hierve en gigantescas células de convección, pulsa, expulsa materia y produce polvo. Los cambios observados desde la Tierra son el resultado de varios fenómenos superpuestos, una orquesta desordenada en la que Betelgeuse B sería un instrumento importante, no el único.
La gran atenuación de 2019 no anunció una supernova
Entre finales de 2019 y comienzos de 2020, Betelgeuse perdió buena parte de su brillo visible. La llamada Gran Atenuación provocó una cascada de titulares sobre una posible explosión inminente.
Las observaciones posteriores mostraron una explicación bastante menos apocalíptica: la estrella había expulsado material que se enfrió y formó una nube de polvo, ocultando parcialmente su superficie desde nuestro punto de vista. Fue como ver una farola a través de una bocanada de humo, no el ensayo general de una supernova.
La presencia de Betelgeuse B tampoco convierte aquel episodio en una señal de explosión inmediata. La compañera puede influir en la pérdida de masa y en la compleja atmósfera de la supergigante, pero no existe una cuenta atrás fiable que permita señalar un año, un siglo o siquiera un milenio concreto.
Qué cambia en la futura supernova de Betelgeuse
Betelgeuse se encuentra en una fase avanzada de su evolución. Ha consumido con rapidez buena parte del combustible que sostiene a las estrellas masivas y terminará explotando como supernova. Eso no es una predicción extraordinaria, sino el destino esperado para una estrella de semejante tamaño.
Lo que cambia con el descubrimiento de su compañera es la letra pequeña. Las interacciones entre ambas estrellas podrían alterar la pérdida de materia, la rotación y la evolución final de Betelgeuse. Dependiendo de cómo hayan intercambiado o intercambien material, la compañera podría acelerar ciertos procesos o retrasarlos. Los investigadores reconocen que las estimaciones anteriores sobre la fecha de la explosión deben revisarse.
Esto no significa que Betelgeuse vaya a estallar de manera inminente. Tampoco representa una amenaza para la Tierra. La estrella se encuentra a cientos de años luz, una distancia suficiente para que su futura supernova sea un espectáculo astronómico extraordinario, no una catástrofe planetaria.
Cuando ocurra, podría llegar a ser tan luminosa como la Luna durante un tiempo y resultar visible incluso de día. Pero el universo no consulta calendarios humanos: podría suceder dentro de miles o decenas de miles de años.
Por qué ha sido tan difícil encontrar a su compañera
El principal obstáculo era el contraste. Betelgeuse es enorme, brillante y está envuelta en una atmósfera turbulenta. Su resplandor cubre la región en la que debía aparecer la estrella secundaria.
Los astrónomos tuvieron que combinar óptica adaptativa, coronografía y técnicas de procesamiento desarrolladas inicialmente para observar exoplanetas. La óptica adaptativa corrige las deformaciones que introduce la atmósfera terrestre; el coronógrafo bloquea parte de la luz de la estrella principal, y el tratamiento informático elimina ruido hasta recuperar señales casi enterradas.
La hazaña no consiste únicamente en mirar más lejos. Consiste en mirar junto a algo demasiado brillante. Como descubrir una luciérnaga volando alrededor de una hoguera desde otra montaña.
Qué falta para confirmar por completo a Betelgeuse B
El próximo examen será comprobar que el punto luminoso se desplaza exactamente como debe hacerlo una estrella ligada gravitatoriamente a Betelgeuse. Los investigadores esperan observarla al otro lado de la supergigante y comparar su posición con la órbita calculada.
Las campañas previstas para 2027 serán especialmente importantes, porque la compañera volverá a emerger de las regiones más difíciles de observar. Si aparece donde predicen los modelos, con el movimiento esperado y las mismas características luminosas, el caso quedará prácticamente sellado.
Mientras tanto, la formulación más fiel es también la más interesante: existe una evidencia directa extraordinariamente sólida de que Betelgeuse tiene una compañera, aunque la astronomía todavía quiera fotografiarla dando otro paso de su baile.
Betelgeuse ya no puede estudiarse como una estrella solitaria
El descubrimiento obliga a revisar muchos cálculos sobre una de las estrellas más observadas de la historia. Su brillo, su pérdida de materia, el movimiento de su atmósfera e incluso su futura muerte tendrán que estudiarse teniendo en cuenta la presencia de Betelgeuse B.
También deja una lección menos técnica y bastante hermosa. Betelgeuse ha sido contemplada durante milenios, aparece en relatos antiguos y puede verse sin telescopio. Parecía familiar, casi doméstica, colgada sobre el hombro de Orión cada invierno. Sin embargo, guardaba a plena vista una estrella completa.
El cielo conocido conserva escondites.

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