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¿Qué está pasando en Ceuta? Cifras, Marruecos y el pulso con Argelia
Ceuta afronta una entrada masiva sin cifras cerradas: Marruecos, Argelia, tensión política y los escenarios que se abren en la frontera sur.

Ceuta ha despertado convertida en una ciudad imposible. Parques llenos, jóvenes durmiendo sobre cartones, unidades militares desplegadas, patrulleras cruzando frente al Tarajal y una frontera que durante varias horas pareció dejar de ser frontera. El mar, oscuro y estrecho, se llenó de flotadores, cámaras de neumático, cuerpos exhaustos y también cadáveres.
La magnitud de lo ocurrido durante las últimas horas todavía no cabe en una cifra definitiva. Las primeras estimaciones manejadas por fuentes oficiales hablan de más de 40.000 entradas desde Marruecos y algunos cálculos elevan el balance hasta unas 49.000 personas en apenas 24 horas. Entre ellas habría alrededor de 7.000 menores de edad. Al menos 19 personas han muerto intentando llegar por mar o durante las aglomeraciones producidas junto a la frontera.
Son datos provisionales y extraordinarios. Ceuta tiene alrededor de 83.600 habitantes: aceptar como válida la estimación más alta significaría que en un solo día habría recibido una cantidad de personas equivalente a más de la mitad de su población censada.
La cuestión ya no es únicamente qué está pasando en Ceuta. La pregunta verdaderamente incómoda es cómo pudieron decenas de miles de personas recorrer territorio marroquí, concentrarse junto a una frontera vigilada y cruzarla de forma simultánea sin que el aparato de seguridad de Marruecos lograra impedirlo. O decidiera hacerlo a tiempo.
Qué está pasando en Ceuta y cuáles son las cifras reales
La crisis comenzó como un aumento sostenido de las entradas a nado durante la última semana. En un primer momento se hablaba de algo más de 1.000 personas y después de entre 1.500 y 2.000 llegadas en diez días. La situación cambió por completo el jueves 30 de julio, cuando miles de personas avanzaron hacia Ceuta por tierra, atravesaron zonas fronterizas y bordearon a nado el espigón del Tarajal.
La avalancha continuó durante la noche y la madrugada. Llegaron principalmente jóvenes marroquíes, pero también adultos, familias con niños pequeños, ciudadanos argelinos y numerosos menores que viajaban solos. Mientras unos utilizaban flotadores, otros se lanzaban al agua únicamente con la ropa puesta y el teléfono envuelto en una bolsa de plástico.
Las estimaciones difundidas durante la mañana del viernes oscilan entre más de 40.000 y cerca de 49.000 entradas, aunque el Ministerio del Interior todavía no ha presentado un balance completo basado en identificaciones individuales. Esta precaución importa: contar una multitud en movimiento, con personas que entran, regresan voluntariamente a Marruecos o son interceptadas, no es lo mismo que cerrar un padrón.
Una ciudad materialmente desbordada
Antes incluso del episodio más grave, el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes ya albergaba a más de 700 residentes pese a contar con unas 512 plazas. Alrededor de 800 personas aguardaban en sus inmediaciones. Después llegó la gran oleada.
Hoteles, instalaciones deportivas, espacios públicos y recursos de emergencia se han utilizado para ofrecer una respuesta mínima. Muchos recién llegados han pasado la noche en parques, paseos y aceras. Falta comida, agua, ropa seca, atención médica y lugares donde realizar las identificaciones con garantías.
La presión ha llevado al Gobierno a desplegar efectivos del Ejército para apoyar a la Guardia Civil y a la Policía Nacional. También se han movilizado refuerzos policiales, embarcaciones y servicios de salvamento. Mientras tanto, cientos de personas han comenzado a regresar voluntariamente a Marruecos al comprobar que Ceuta no es una estación de paso automática hacia la Península.
La tensión también ha alcanzado Melilla, donde entre 300 y 400 personas habrían logrado entrar durante la noche después de enfrentamientos en el entorno de Beni Enzar. La frontera melillense fue cerrada temporalmente.
La sentencia del Supremo y el rumor que corrió como gasolina
Una de las explicaciones ofrecidas por el Gobierno apunta a una sentencia del Tribunal Supremo conocida el 8 de julio. El tribunal estableció que el procedimiento especial de rechazo en frontera —las llamadas devoluciones en caliente— no puede aplicarse automáticamente a quienes intentan acceder a Ceuta o Melilla nadando por el mar.
La legislación permite el rechazo inmediato cuando la persona supera los elementos físicos de contención de la frontera, como las vallas. El Supremo consideró que cámaras, drones o sistemas electrónicos de vigilancia no equivalen jurídicamente a una barrera física marítima. Quien es interceptado en el agua debe pasar, por tanto, por un procedimiento con identificación, asistencia jurídica y posibilidad de solicitar protección internacional.
La sentencia no significa que quien llegue nadando obtenga residencia, nacionalidad española o permiso para quedarse. Tampoco impide una devolución posterior cuando se cumplen los requisitos legales. Sin embargo, en redes sociales y grupos de mensajería se difundió una interpretación mucho más sencilla y seductora: quien alcanzara Ceuta por mar no podría ser devuelto.
Ese mensaje actuó como una cerilla en un terreno seco. Interior sostiene que las redes dedicadas al tráfico de personas y determinados organizadores utilizaron el fallo judicial para alimentar las salidas. La explicación tiene fundamento, aunque no resuelve la pregunta central: un rumor puede convencer a miles de jóvenes para intentarlo, pero no puede retirar controles, abrir corredores ni vaciar por sí solo una frontera.
Qué responsabilidad tiene Marruecos en la crisis de Ceuta
Marruecos posee una responsabilidad inevitable, aunque todavía no pueda afirmarse públicamente que haya organizado la entrada. Las personas que llegaron a Ceuta tuvieron que atravesar carreteras, poblaciones y zonas controladas por las fuerzas marroquíes antes de concentrarse frente al Tarajal. Una movilización de esta escala no surge detrás de una duna ni aparece por generación espontánea.
Rabat dispone de policía, gendarmería, servicios de inteligencia, vigilancia costera y una extensa red de control territorial. Cuando decide impedir una concentración, suele hacerlo. El propio Ministerio del Interior español reconoce que las fuerzas marroquíes han frustrado miles de intentos durante los últimos días. También existen imágenes de agentes empleando cañones de agua, patrulleras rescatando nadadores y embarcaciones marroquíes devolviendo personas a su costa.
La colaboración, por tanto, ha existido en determinados momentos. Lo discutible es si fue tardía, insuficiente o deliberadamente relajada durante las horas decisivas.
La frontera como grifo diplomático
Las relaciones entre España y Marruecos contienen una anomalía difícil de maquillar: España controla formalmente su frontera, pero la eficacia real depende en gran medida de que Marruecos vigile el lado sur. Rabat conoce esa dependencia y sabe que puede modular la presión sin realizar una amenaza pública.
Cuando la vigilancia marroquí se intensifica, las llegadas disminuyen. Cuando se relaja, el efecto se percibe inmediatamente en Ceuta, Melilla, Canarias o las costas andaluzas. La inmigración se convierte así en una palanca silenciosa, un grifo que puede abrirse unos centímetros para enviar un mensaje sin necesidad de redactar una nota diplomática.
El precedente de mayo de 2021 permanece fresco. Entonces unas 10.000 personas entraron en Ceuta después de que España atendiera en secreto al líder del Frente Polisario, Brahim Ghali. Marruecos negó haber utilizado la migración como represalia, pero la retirada de sus controles fue evidente y la crisis terminó cuando Rabat volvió a actuar.
La diferencia es que la magnitud estimada en julio de 2026 sería muy superior.
Argelia, Pedro Sánchez y la hipótesis de una represalia marroquí
Pedro Sánchez viajó a Argelia el 20 de julio, diez días antes del episodio más grave. Allí se reunió con el presidente Abdelmadjid Tebboune y anunció una nueva etapa bilateral, consultas políticas y una Reunión de Alto Nivel prevista para octubre. También recordó el peso de Argelia como proveedor energético de España.
La visita tenía valor económico, migratorio y estratégico. Pero en el Magreb ningún movimiento es inocente: Marruecos y Argelia mantienen una rivalidad regional profunda, tienen cerrada su frontera terrestre y sostienen posiciones enfrentadas sobre el conflicto del Sáhara Occidental. Rabat interpreta cualquier acercamiento de un socio europeo a Argel como una posible alteración del equilibrio.
La secuencia temporal resulta llamativa: Sánchez visita Argelia el 20 de julio, las entradas en Ceuta aumentan durante los días posteriores y el 30 de julio se produce la gran ruptura fronteriza. Es suficiente para alimentar sospechas, no para demostrar una represalia.
El Ministerio de Asuntos Exteriores desvincula ambos acontecimientos y asegura que la relación con Marruecos sigue siendo excelente. Los servicios españoles tampoco habrían establecido, al menos de momento, una conexión directa entre la visita y la avalancha.
Lo que puede haber detrás de la presión
La hipótesis argelina es posible, pero no es la única. También confluyen la sentencia del Supremo, los mensajes virales que prometían una entrada sin devolución inmediata, el malestar de miles de jóvenes marroquíes sin perspectivas laborales, la actividad de redes organizadas y una eventual relajación de los controles durante la Fiesta del Trono.
A ello se suma un elemento más político: Marruecos podría estar recordando a España que la estabilidad fronteriza depende de la cooperación marroquí y que esa cooperación tiene precio. Rabat mantiene abiertas cuestiones sensibles como el Sáhara, las aguas territoriales, las aduanas comerciales, la delimitación marítima y sus reclamaciones sobre Ceuta y Melilla.
No hace falta imaginar una orden escrita desde el palacio real. En la diplomacia de presión basta a veces con mirar hacia otro lado durante unas horas.
Qué han dicho Sánchez, Vivas, el Gobierno y la oposición
Pedro Sánchez ha afirmado que el Gobierno está movilizando los recursos necesarios y trabajando con Marruecos para recuperar la normalidad. El presidente se ha desplazado a Ceuta acompañado por el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, para reunirse con las autoridades locales, los responsables policiales y los servicios de acogida.
El presidente ceutí, Juan Jesús Vivas, ha reclamado la declaración de emergencia nacional y un mando único que coordine seguridad, asistencia humanitaria, identificación y traslado. Su argumento es sencillo: ninguna ciudad de 83.600 habitantes puede absorber por sí sola una llegada de decenas de miles de personas.
El Gobierno central responde que la legislación de protección civil no contempla un flujo migratorio como supuesto para declarar una emergencia nacional. Eso no impide desplegar al Ejército, reforzar la Policía, habilitar espacios extraordinarios o coordinar recursos estatales, pero revela una laguna evidente entre la realidad y las categorías administrativas.
Interior, por su parte, evita acusar a Marruecos. Habla de colaboración ejemplar, agradece a las fuerzas marroquíes los intentos frustrados y atribuye buena parte de la crisis a las redes que han manipulado la sentencia del Supremo. España y Marruecos aseguran que trabajarán para agilizar las readmisiones.
El Partido Popular exige explicaciones parlamentarias a Sánchez y acusa al Ejecutivo de falta de previsión. Vox utiliza términos como “invasión”, denuncia un supuesto efecto llamada y reclama devoluciones inmediatas y un cierre más duro de la frontera.
La discusión política ya está servida, pero conviene no confundir planos. Una entrada masiva puede constituir una crisis de seguridad y una operación de presión exterior sin convertir a todas las personas que cruzan —incluidos niños, familias y jóvenes desesperados— en integrantes conscientes de una maniobra contra España. Son personas utilizadas como ariete. El ariete golpea; quien lo maneja suele permanecer varios metros detrás.
Por qué Ceuta y Melilla son españolas y no colonias marroquíes
La expresión “Ceuta y Melilla son más españolas que marroquíes” funciona como consigna, pero necesita una explicación histórica y jurídica. Su soberanía española no deriva del Protectorado de Marruecos ni del colonialismo europeo de los siglos XIX y XX.
Ceuta fue conquistada por Portugal en 1415. Tras la separación de las coronas portuguesa y española en 1640, la ciudad permaneció vinculada a España. Portugal reconoció formalmente la soberanía española mediante el Tratado de Lisboa de 1668.
Melilla fue incorporada al ámbito de la Corona de Castilla en 1497, inicialmente bajo el Ducado de Medina Sidonia, y pasó después a depender directamente de la Corona. Su presencia española también es anterior al Protectorado establecido en el norte de Marruecos en 1912.
Ceuta y Melilla quedaron fuera de aquel Protectorado. Cuando Marruecos obtuvo la independencia en 1956, España abandonó los territorios administrados bajo ese régimen, pero conservó las dos ciudades porque jurídicamente no formaban parte de la zona protegida: eran territorio español con una administración diferenciada.
Tratados, Constitución y reconocimiento internacional
Los límites y la presencia española fueron reconocidos o regulados en distintos acuerdos firmados con los sultanes marroquíes durante los siglos XVIII y XIX, incluidos los tratados de 1767, 1799 y 1860 y los posteriores acuerdos de delimitación.
En la actualidad, Ceuta y Melilla forman parte del ordenamiento constitucional español. Sus estatutos de autonomía de 1995 las definen expresamente como partes integrantes de la nación española. Sus ciudadanos eligen representantes, votan en las elecciones generales y europeas, poseen nacionalidad española y están sometidos a las mismas instituciones básicas del Estado.
Tampoco aparecen en la lista de territorios no autónomos pendientes de descolonización de Naciones Unidas. Marruecos pidió en 1975 que fueran incluidas, pero su solicitud no transformó su estatuto internacional.
Rabat mantiene una reclamación política y las denomina en ocasiones ciudades ocupadas. Sin embargo, una reivindicación repetida no equivale a un título jurídico. La geografía tampoco decide automáticamente la soberanía: Alaska no pertenece a Canadá, la Guayana Francesa no pertenece a Brasil y las fronteras no se dibujan siguiendo únicamente la forma de los continentes.
La respuesta breve a por qué Ceuta y Melilla son españolas es, por tanto, una combinación de continuidad histórica, tratados, administración efectiva, integración constitucional y voluntad política sostenida de sus ciudadanos.
Qué puede pasar a partir de ahora en Ceuta
El escenario más probable es una reducción rápida de las entradas cuando Marruecos restablezca completamente sus controles. Las patrulleras marroquíes ya participan en rescates y retornos, mientras cientos de personas han optado por regresar al comprobar que permanecer en Ceuta no garantiza el traslado inmediato a la Península.
Después llegará el trabajo más lento: identificar a decenas de miles de personas, distinguir adultos y menores, detectar solicitudes de asilo, localizar familias, atender a quienes necesiten protección y tramitar las devoluciones legalmente posibles.
Las repatriaciones colectivas no son jurídicamente admisibles. Los menores requieren expedientes individualizados y garantías reforzadas. En el caso de los adultos, Marruecos debe reconocer la nacionalidad y aceptar cada readmisión. El anuncio político de devolver rápidamente a “todos” será mucho más sencillo que su ejecución administrativa.
Traslados a la Península y presión sobre Europa
Ceuta no dispone de capacidad para alojar durante semanas a una población equivalente a la de una ciudad mediana. El Gobierno tendrá que organizar traslados a recursos de la Península, tanto de solicitantes de protección como de personas vulnerables. Esa decisión alimentará la disputa sobre la crisis migratoria en España y el supuesto efecto llamada.
También puede crecer la presión europea. Francia ha reforzado controles y desde Italia han surgido críticas a la gestión española. No existe una expulsión automática del espacio Schengen, pero la discusión sobre qué es el espacio Schengen, quién protege sus fronteras exteriores y cómo se reparten las llegadas volverá a ocupar Bruselas.
España podría solicitar apoyo logístico y operativo de la Unión Europea, incluida la intervención de Frontex. Sin embargo, ninguna agencia europea sustituye la cooperación del país del que parten las personas. El problema sigue estando al otro lado de una playa de pocos metros.
Una reforma legal no resolverá la cuestión diplomática
El Gobierno puede estudiar cambios en la Ley de Extranjería, ampliar barreras marítimas o adaptar el procedimiento de rechazo en frontera a la doctrina del Supremo. Todo ello exigiría respetar el derecho de asilo, la prohibición de expulsiones colectivas y la protección especial de los menores.
Pero incluso una legislación más dura tendría un efecto limitado ante una concentración de decenas de miles de personas. Una valla no puede sustituir a una política exterior y una sentencia judicial no explica por qué un Estado vecino deja de controlar durante horas una zona fronteriza especialmente sensible.
Ceuta vuelve a ser el termómetro de Marruecos
Lo ocurrido no puede reducirse a una única explicación. Hay un rumor jurídico, redes sociales, desesperación económica, menores dispuestos a jugarse la vida, organizaciones que empujan y una frontera cuya vigilancia depende de dos gobiernos con intereses cambiantes.
Pero tampoco conviene refugiarse en la niebla. Marruecos controla el territorio desde el que partieron las concentraciones y posee capacidad suficiente para frenarlas. Si decenas de miles de personas lograron alcanzar la frontera y cruzarla, Rabat debe explicar qué falló, cuándo falló y por qué.
La posible represalia por el viaje de Sánchez a Argelia permanece en el terreno de las hipótesis. No hay pruebas públicas que permitan afirmarla. Sí existe un precedente, una rivalidad regional evidente y una coincidencia temporal que obliga a mantener los ojos abiertos.
Ceuta no es una colonia marroquí ocupada ni una pieza que España conserve por nostalgia imperial. Es una ciudad española, europea y norteafricana al mismo tiempo; una esquina de apenas veinte kilómetros cuadrados donde chocan la pobreza, la soberanía, la diplomacia y el miedo.
Cuando las relaciones con Rabat funcionan, el Tarajal parece una frontera ordinaria. Cuando se tuercen, el mar se convierte en un mensaje. Esta vez, escrito con una cifra todavía provisional y al menos 19 vidas perdidas.

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