Economía
¿Por qué los precios no dejan de subir mientras los salarios no acompañan?
Los precios subieron un 4,9% en septiembre y los salarios pactados solo un 3%. Esta es la brecha que se come tu poder adquisitivo y lo que viene.

Resumen
- El IPC de septiembre escaló al 4,9% interanual, su nivel más alto desde febrero de 2023, empujado por una energía más de un 20% más cara.
- Los convenios vigentes suben de media un 3%: seis de cada diez acuerdos no tienen cláusula de revisión automática, así que los salarios pierden casi dos puntos de poder de compra.
- El Gobierno prepara una subida del SMI cercana al 5% antes de las elecciones del 29-N y la revalorización de las pensiones de 2027 se jugará con el IPC del 27 de noviembre.
Los precios subieron un 4,9% en septiembre. Los salarios pactados en convenio, un 3%. La resta es sencilla y duele: casi dos puntos de poder adquisitivo evaporados en doce meses. Y no es un mal dato puntual — el IPC de septiembre fue el más alto desde febrero de 2023 y, según los analistas, probablemente el pico del año.
La brecha entre lo que cuesta la vida y lo que pagan las empresas se ha convertido en el tema económico de la campaña electoral. Conviene entender por qué se ha abierto, quién la paga y qué puede cerrarla.
Las cuentas exactas de la pérdida de poder adquisitivo
El Instituto Nacional de Estadística confirmó que el IPC cerró septiembre en el 4,9% interanual, seis décimas por encima de agosto, con la inflación subyacente —la que descuenta alimentos frescos y energía— en el 3,1%, su tasa más alta del año. Con el indicador armonizado, el que permite comparar países, España se sitúa en el 5,0%, 1,2 puntos por encima de la media de la eurozona (3,8%).
Frente a ese 4,9%, la negociación colectiva avanza a otro ritmo. Los convenios firmados en lo que va de año recogen incrementos medios del 3,76%, pero la subida ponderada del conjunto de acuerdos vigentes —contando los pactados en años anteriores con efectos en 2026— se queda estancada en el 3%. La tabla completa queda así:
| Indicador | Valor | Lectura |
|---|---|---|
| IPC general (septiembre) | 4,9% | máximo desde febrero de 2023 |
| Inflación subyacente | 3,1% | la más alta del año |
| Convenios de nueva firma | 3,76% | por debajo del IPC |
| Convenios vigentes (ponderado) | 3,0% | pérdida de ~2 puntos de compra |
| Armonizado España vs eurozona | 5,0% vs 3,8% | 1,2 puntos peor que Europa |
| Pensiones contributivas 2026 | +2,7% | caída real de más del 2% |
Fuente: INE, Eurostat y registros de convenios colectivos · Datos de septiembre-octubre de 2026
El problema de fondo es estructural: las cláusulas de garantía salarial solo aparecen en el 30% de los convenios y protegen a unos cuatro de cada diez trabajadores amparados por ellos. Seis de cada diez, simplemente, no tienen ningún mecanismo que reenganche su sueldo a los precios. Y la negociación de un nuevo Acuerdo para el Empleo y la Negociación Colectiva (AENC), donde sindicatos y patronal pactan las recomendaciones salariales, está paralizada por incomparecencia de la patronal.
Por qué la energía arrastra a todo lo demás
El motor de este repunte no es misterioso: los productos energéticos se han encarecido más de un 20%, con la guerra en Oriente Próximo tensionando el petróleo y el gas. En septiembre los combustibles subieron justo cuando un año antes habían bajado, y ese efecto escalón disparó la tasa interanual.
Lo preocupante no es el surtidor, sino lo que viene detrás. El gas natural es insumo clave de los fertilizantes; la energía encarece el transporte y los costes de producción de prácticamente todo. Es lo que los economistas llaman efectos de segunda ronda: la subida energética se filtra a los alimentos, a la industria y a los servicios. Raymond Torres, director de Coyuntura Económica de Funcas, cree que septiembre marca el pico y que el IPC bajará paulatinamente hasta dejar la media anual entre el 3,7% y el 3,9%, en línea con el Banco de España.
Qué pasará con el salario mínimo, las pensiones y la huelga del 11-N
La respuesta política ya está en marcha. CC OO y UGT exigen subidas del salario mínimo interprofesional de entre el 4% y el 7% anual durante los próximos tres años, y el Ministerio de Trabajo prepara un incremento que previsiblemente rondará el 5%, con la intención de aprobarlo antes de las elecciones generales del 29 de noviembre.
El calendario aprieta por todos lados:
- ✓11 de noviembre: huelga general convocada con la subida salarial y el acceso a la vivienda como principales motivos.
- ✓27 de noviembre: el IPC adelantado de ese mes cerrará la media que fija la revalorización de las pensiones de 2027, estimada entre el 3,4% y el 3,7%.
- ✓29 de noviembre: elecciones generales, dos días después del dato que decidirá la subida de los pensionistas.
- ✓1 de enero de 2027: entrada en vigor de la nueva pensión, que deberá aprobarse con los Presupuestos de 2023 prorrogados.
Los pensionistas llegan a la cita con los deberes hechos de la pérdida: sus pensiones subieron un 2,7% en enero y con los precios un 4,9% más altos, su poder de compra ha caído algo más de un 2% en doce meses. La revalorización de 2027, la mayor desde el 3,8% de 2024, solo compensará una parte del agujero.
Qué prevén los organismos: PIB fuerte, inflación incómoda
El cuadro macro añade paradoja a la paradoja: la economía española crece más que la media europea mientras los precios castigan más que en Europa. El Banco de España mejoró en octubre su previsión de crecimiento hasta el 2,6% este año y el 2,2% el próximo, pero elevó al mismo tiempo la inflación media anual hasta el entorno del 3,9% y anticipó un invierno de facturas de luz y gas elevadas. Funcas mantiene el 2,5% de avance para 2026 y rebaja al 1,8% el de 2027 por la persistencia inflacionista. Y el FMI, en su último informe, advierte de que el «crecimiento mediocre» de la zona euro se prolongará a medio plazo, con un PIB del 1,1% y una inflación anual del 3,1% empujada por los costes energéticos.
Torres insiste en un matiz tranquilizador: por ahora no hay señales claras de los temidos efectos de segunda ronda generalizados —los salarios no están retroalimentando la espiral—. Pero esa calma depende precisamente de que los sueldos sigan contenidos. Si la negociación colectiva continúa paralizada, la inflación se modera… a costa del bolsillo de los trabajadores. Si se desbloquea con subidas fuertes, las empresas trasladarán parte del coste a precios. Es la pescadilla que se muerde la cola, y alguien acaba pagando la cena.
¿Y si los salarios no se revisan al alza? Los analistas coinciden en el diagnóstico: la capacidad de compra de las familias seguirá reduciéndose y el golpe recaerá sobre todo en las rentas más bajas, que dedican un porcentaje mayor de su bolsillo a energía y alimentos. La brecha, al final, no la decide solo el IPC. La decide quién puede negociar.












